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RADIO FRANCISCANA

miércoles, 21 de octubre de 2020

APRENDER A ORAR CON FRANCISCO Y CLARA DE ASÍS

Atolladeros del deseo enroscado sobre sí mismo
por Michel Hubaut, OFM
El joven Francisco, hijo de un pañero forrado, es lo contrario de un aguafiestas. Rebosa de vida y de proyectos. Incluso tiene los medios para lograrlos. Rico, inteligente, afable, alegre, pertenece más bien al género de «joven lobo» que desea morder en la vida a dentellada plena. Su apetencia de vivir es inmensa. En la tienda de su padre se inicia en el comercio y triunfa. Su porvenir no ofrece problemas. Dinero, compañías divertidas, banquetes refinados, alocadas rondas nocturnas..., no le falta nada.
Pero su deseo de dicha no halla asiento en todo eso. La vida de joven burgués acaba por hastiarle. Una existencia trazada ya de antemano le resulta de repente terriblemente encogida. Le deprime la legítima pequeña dicha humana con que parecen contentarse muchos de sus amigos. El horizonte es bajo. Contra él chocan el corazón y la frente de Francisco, que desea apasionadamente una vida lograda. Pero ¿qué es lograr la vida? Sueña con hacerse caballero. Este ideal entusiasma su juventud. La figura a la vez de héroe y de vedette, cuyas hazañas militares y locos amores se cantan, ejerce sobre él una verdadera fascinación. El proyecto madura y se realiza. Pero una vez más, recién equipado lujosamente a cuenta de sus padres, interrumpe brutalmente esta carrera de honores. Una extraña voz interior le persigue. La dicha que busca él, Francisco, no va en esta dirección. Ignora todavía que ya el Espíritu de Dios inspira y ahonda su «deseo de dicha». No ha tomado todavía conciencia de que Dios es un amor vivo que llama al «varón de deseos» para hacerle vivir y colmarle. No sabe todavía que su llamamiento se torna deseo de infinito en el corazón del hombre: «Dios infundió en nuestro corazón el Espíritu de su Hijo que clama: Abba, Padre».
A los veintitrés años, Francisco ha sufrido ya la amarga experiencia de ciertos callejones sin salida de su deseo de dicha. Sabe un poco mejor donde no se encuentra la dicha, pero todavía no ha dado con ella. Dios continúa trabajándole secretamente. Para esta difícil y necesaria conversión del deseo, el Espíritu le da dos pedagogos: los pobres y el silencio de la oración. Dos lugares privilegiados para la purificación del deseo. Dos escuelas donde Francisco aprende a descentrar su deseo de sí mismo. Entre los leprosos descubre que el deseo esencial del hombre es amar y ser amado. En el silencio de la oración descubre que su deseo de vivir es un deseo de Dios. Hace la experiencia decisiva de ser « habitado» por el Espíritu que es deseo de Dios en él.
De hecho, desde el comienzo de su conversión siente la necesidad, cada vez más frecuente, de retirarse a la soledad de la campaña, de tomar distancias de la agitación mundana y del mundo de los negocios. Peregrino ya de lo absoluto, siente afección particular por una caverna de las cercanías de la ciudad de Asís. Pasa horas en el hueco del roquedal. Poco a poco, en el silencio, se ve invadido por un espíritu nuevo y todavía desconocido que reza a Dios en el secreto de su corazón como a un Padre y retiene su atención sobre Jesucristo. Hace así su aprendizaje del diálogo de la oración. Una oración que está ya marcada, anotémoslo, por el misterio del Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta primera etapa de interiorización será determinante para el resto de su vida evangélica.
En el silencio de la oración aprende, en fin, a callarse para escuchar allende el murmullo de las palabras y de sus propios pensamientos. Aprende a no fabricar él mismo cuestiones y respuestas, sino a dejarse cuestionar por el Invisible. El silencio es con frecuencia la mejor colaboración que podemos aportar a Dios. Hacer silencio para respetar la acción de Dios en nosotros, dejarse amar y ser modelado a la medida de su amor creador. Aprende a reemprender el camino de su «corazón», santuario interior donde Dios le precede y le aguarda. ¡Estoy «habitado» por mi Creador! Tal es la primera y decisiva experiencia para osar una vida de oración.
San Francisco descubre en la soledad que el diálogo de la oración es posible porque Dios mismo ha tomado la iniciativa y nos da los medios convenientes. «El Espíritu de Dios viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque nosotros no sabemos pedir como se debe, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con aspiraciones secretas que sobrepasan nuestras pobres palabras humanas. Y Dios, que sondea los corazones, sabe bien discernir cuál es en nosotros el deseo del Espíritu» (Rom 8,26-27).
Francisco ha encontrado, pues, la clave fundamental de la vida de oración cristiana: el deseo del Espíritu en nosotros. Y san Pablo subraya que este deseo del Espíritu corresponde al proyecto de amor de Dios sobre nosotros.
Imposible osar rezar, perseverar en la plegaria, si no estoy convencido de estar «habitado» por el Espíritu que es deseo de Dios. Jamás sería yo un hombre o una mujer de oración si continuara creyendo que la oración es primeramente «mi» actividad. La plegaria es esencialmente una actividad del Espíritu en mí. Y este Espíritu, yo no me lo doy, yo lo acojo como Francisco, con asombro. Yo no soy su fuente, sino el lugar donde brota. Sin duda, el Espíritu utiliza los canales de mis deseos humanos, de mis aspiraciones, pero no se confunde con ellos. Pasa por las fronteras de mi razón, el impulso de mis sentimientos, el envoltorio de mis palabras, pero brota de más allá. Es mayor que mis impresiones siempre frágiles y efímeras.
Así, la verdad de mi plegaria no se mide con la riqueza de mi vocabulario, con la coherencia de mi discurso interior, con el grado de mis emociones, sino que está a la medida de la apertura de mi corazón al deseo del Espíritu. La plegaria es un don de Dios: «Si conocieras el don de Dios», dijo Jesús. San Francisco se conciencia en la soledad de que su plegaria es mucho más que un simple fenómeno psicológico. Es ante todo una manifestación del Espíritu en él. ¿Orar no es finalmente, más allá de los «ejercicios de oración», liberar en mí esa fuente que mana del deseo del Espíritu? «El Espíritu se une a nuestro espíritu».
FUENTE: DIRECTORIOFRANCISCANO.ORG

21 de Octubre, San Hilarion de Gaza

Nació de padres paganos hacia el año 291 en Tabata, pequeña ciudad de Palestina, cercana a Gaza. Lo enviaron a estudiar a Alejandría de Egipto, y pronto se distinguió por su ingenio vivo y su integridad moral. Allí se convirtió al cristianismo y, entusiasmado por el ejemplo de los monjes, los visitó en la Tebaida y estuvo viviendo algún tiempo con san Antonio Abad. El año 307 volvió a su casa paterna y recibió la herencia que le habían dejado sus padres, ya difuntos. Dio parte de sus bienes a sus hermanos y parte a los pobres, y se retiró a vivir como ermitaño, dedicado a la oración, el estudio de la S. Escritura y el trabajo manual, junto a Majuma en Palestina. En el 329 fundó el primer monasterio para los muchos discípulos que se le habían unido. Se difundió su fama de santidad y de milagros y, para librarse del acoso de los devotos, emprendió una peregrinación por Egipto, Sicilia, Dalmacia y Chipre, donde vivió tranquilo sus últimos cinco años. Murió en Pafos el año 371.
FUENTE: DIRECTORIOFRANCISCANO.ORG
FOTO: RADIORSD.PE

viernes, 16 de octubre de 2020

Santoral Franciscano, 16 de octubre, Beato Aniceto Koplinski

Nació en Debrzno (Polonia) el año 1875 de padre polaco y madre alemana. A los 18 años vistió el hábito capuchino en la Provincia alemana de Renania-Westfalia, y en 1900 fue ordenado de sacerdote. Atendió pastoralmente a los polacos que vivían en Renania y Westfalia (Alemania) hasta que, en 1918, lo trasladaron a Varsovia, donde fue apóstol de los pobres, en especial los parados y los vagabundos, a los que protegía y para los que pedía limosna. Fue arrestado por la Gestapo el 26 de julio de 1941 por la noche, junto con otros 22 religiosos. No se valió de su ascendencia alemana para salvarse de la muerte. El 4 de septiembre del mismo año fue trasladado al campo de concentración de Auschwitz, donde murió en la cámara de gas el 16 de octubre de 1941. En los interrogatorios declaró: "Soy sacerdote y donde quiera que haya hombres, allí trabajo, sean ellos hebreos o polacos, y más si sufren y son pobres". Es uno de los mártires de la II Guerra Mundial (1940-43) beatificados por San Juan Pablo II en 1999.
FUENTE: DIRECTORIO FRANCISCANO
FOTO: CATHOLIC.NET

16 de octubre, Santa Margarita María de Alacoque

Hoy recordamos a la Santa que recibió las Promesas del Sagrado Corazón de Jesús y la misión de propagar su devoción al mundo entero.
Les presentamos de las Cartas de Santa Margarita María de Alacoque una reflexión sobre el amor de Cristo.
Debemos conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento.
Pienso que aquel gran deseo de nuestro Señor de que su sagrado Corazón sea honrado con un culto especial tiende a que se renueven en nuestras almas los efectos de la redención. El sagrado Corazón, en efecto, es una fuente inagotable, que no desea otra cosa que derramarse en el corazón de los humildes, para que estén libres y dispuestos a gastar la propia vida según su beneplácito.
De este divino Corazón manan sin cesar tres arroyos: el primero es el de la misericordia para con los pecadores, sobre los cuales vierte el espíritu de contrición y de penitencia; el segundo es el de la caridad, en provecho de todos los aquejados por cualquier necesidad y principalmente, de los que aspiran a la perfección, para que encuentren la ayuda necesaria para superar sus dificultades; del tercer arroyo manan el amor y la luz para sus amigos ya perfectos, a los que quiere unir consigo para comunicarles su sabiduría y sus preceptos, a fin de que ellos a su vez, cada cual a su manera, se entreguen totalmente a promover su gloria.
Este Corazón divino es un abismo de todos los bienes, en el que todos los pobres necesitan sumergir sus indigencias: es un abismo de gozo, en el que hay que sumergir todas nuestras tristezas, es un abismo de humildad contra nuestra ineptitud, es un abismo de misericordia para los desdichados y es un abismo de amor, en el que debe ser sumergida toda nuestra indigencia.
Conviene, pues, que os unáis al Corazón de nuestro Señor Jesucristo en el comienzo de la conversión, para alcanzar la disponibilidad necesaria y, al fin de la misma, para que la llevéis a término. ¿No aprovecháis en la oración? Bastará con que ofrezcáis a Dios las plegarias que el Salvador profiere en lugar nuestro en el sacramento del altar, ofreciendo su fervor en reparación de vuestra tibieza; y cuando os dispongáis a hacer alguna cosa, orad así: "Dios mío, hago o sufro tal cosa en el Corazón de tu Hijo y según sus santos designios, y os lo ofrezco en reparación de todo lo malo o imperfecto que hay en mis obras". Y así en todas las circunstancias de la vida. Y siempre que os suceda algo penoso, aflictivo, injurioso, decíos a vosotros mismos: "Acepta lo que te manda el sagrado Corazón de Jesucristo para unirte a sí".
Por encima de todo, conservad la paz del corazón, que es el mayor tesoro. Para conservarla, nada ayuda tanto como el renunciar a la propia voluntad y poner la voluntad del Corazón divino en lugar de la nuestra, de manera que sea ella la que haga en lugar nuestro todo lo que contribuye a su gloria, y nosotros, llenos de gozo, nos sometamos a él y confiemos en él totalmente.
FUENTE: DIRECTORIOFRANCISCANO.ORG
FOTO: https://web.tekton.info/

jueves, 15 de octubre de 2020

15 de Octubre, Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús​ (Gotarrendura​ o Ávila, 28 de marzo de 1515 ​- Alba de Tormes, 15 de octubre de 1582) fue una religiosa fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos—rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo—, mística y escritora española. También es conocida simplemente como santa Teresa de Ávila. Su nombre secular fue Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada. Fue beatificada en 1614 (a poco más de treinta años de su muerte), canonizada en 1622 y proclamada doctora de la Iglesia Católica en 1970 durante el pontificado de Pablo VI.
Junto con San Juan de la Cruz, se la considera la cumbre de la mística experimental cristiana​ y una de las grandes maestras de la vida espiritual de la Iglesia.
FUENTE: ES.WIKIPEDIA.ORG
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15 de Octubre, radio Santa Rosa cumple un aniversario más

Saludamos a radio Santa Rosa, la primera emisora católica del Perú por sus 64 años al aire.
Radio Santa Rosa es la estación de radio fundada por los Padres Dominicos (Orden de Predicadores) el 15 de octubre de 1958 en la ciudad de Lima, Perú. 
Actualmente transmite también en línea para el público internacional con diversos temas católicos de interés.
Radio Santa Rosa, buenas nuevas en tu vida!
FOTO: FACEBOOK RADIO SANTA ROSA



miércoles, 14 de octubre de 2020

14 de Octubre, San Diego de Alcalá

Como cada 14 de mes, celebramos en San Francisco de Lima, a San Diego de Alcalá.
¿Quién fue San Diego de Alcalá?
Fray Diego de San Nicolás, O.F.M., conocido como san Diego de Alcalá (San Nicolás del Puerto, Sevilla, 1400-Alcalá de Henares, 13 de noviembre de 1463), fue un fraile franciscano español considerado santo por la Iglesia Católica.
Vistió el hábito franciscano de hermano lego en la Orden de los Frailes Menores de la Observancia. Fue misionero en Canarias, donde llegó a ocupar el puesto de guardián del convento.
Fue canonizado por el papa Sixto V en 1588 en la primera canonización realizada por la Iglesia Católica tras la creación de la Sagrada Congregación de Ritos. Es considerado patrono de los Hermanos legos franciscanos (no clérigos) por haber sido el primer hermano lego canonizado en la Orden.
Su fiesta litúrgica tiene lugar el 13 de noviembre.
FUENTE: WIKIPEDIA.ORG
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