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lunes, 13 de septiembre de 2010

Beato Gabriel de la Magdalena. Religioso y mártir en el Japón...

Septiembre 13: Beato Gabriel de la Magdalena. Religioso y mártir en el Japón, de la Primera Orden († 1632). Beatificado por Pío IX el 7 de julio de 1867.

Gabriel de la Magdalena es uno de los grandes apóstoles del Japón. Nació en Fonseca, en Castilla la Nueva, España. Después de haber estudiado medicina, a la edad de 30 años ingresó en la Orden de los Hermanos Menores en calidad de religioso no clérigo. Alcanzó una tal perfección que el Señor lo favoreció con éxtasis y visiones. En las diversas tareas que realizó revivió el espíritu y las virtudes de San Diego y de San Pascual: fue portero, cocinero, enfermero y limosnero. Tuvo una aspiración, la de ir como misionero al extremo Oriente para conquistar almas para Dios.

En 1612 llegó a las costas del Japón, que por veinte años debía ser el campo de sus fatigas apostólicas y el testigo de sus prodigios. Su apostolado fue maravillosamente fecundo en frutos por el celo, la santidad de su vida, el esplendor de las curaciones que obtuvo del Señor. Difícil resulta calcular el número de paganos que bautizó en 20 años de apostolado.

Las curaciones obtenidas por él a favor de paganos y de cristianos y de familiares de la corte, le ganaron popularidad en todo el Japón, por lo cual en la furia de la persecución los gobernadores no se atrevieron a poner mano en él, y, dada la popularidad de que gozaba, le permitieron ir donde fuera llamado por los enfermos. Varias veces fue arrestado junto con otros cristianos, pero en cuanto lo reconocían, lo ponían en libertad. Alentado por la confianza que le concedían, prosiguió su trabajo en favor de los enfermos, cristianos y paganos.

Gabriel anhelaba inmolar su vida por la fe junto con sus demás cohermanos. El Señor escuchó su deseo. El 20 de marzo de 1630 fue arrestado junto con otros religiosos y encarcelado en las prisiones de Omura. Cuando supo que había llegado la hora del último sacrificio, sintió una inmensa alegría y quedó absorto en prolongada oración. Numerosas instancias llegaron al emperador para pedir su liberación, pero tales peticiones del pueblo no fueron escuchadas. Solamente los príncipes obtuvieron que el Beato pudiera ir con una buena escolta al palacio para curar a los miembros de la familia. En efecto la sobrina del gobernador estaba muy enferma. Gabriel le alcanzó la curación y le administró el bautismo. En cuanto el gobernador supo de la conversión de su sobrina, se enfureció contra Fray Gabriel y la sobrina. Este hecho en realidad agravó su situación. Después del suplicio de las aguas sulfurosas del monte Ungen fue conducido a Nagasaki a la santa colina donde, de rodillas ante el poste que le estaba reservado, oró fervorosamente, luego fue atado al poste y quemado vivo. Así consumó su glorioso martirio.

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