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jueves, 9 de septiembre de 2010

SANTORAL FRANCISCANO: Beato Jerónimo Torres.

Septiembre 9: Beato Jerónimo Torres. Sacerdote de la Primera Orden y mártir en el Japón, de la Primera Orden († 1632). Beatificado por Pío IX el 7 de julio de 1867.

Jerónimo Torres de la Cruz nació en Nagasaki. Habiendo podido allegarse a los Franciscanos, que lo admitieron en la Tercera Orden, fue enviado por ellos al convento de Manila, donde se dedicó a los estudios, fue recibido en la Orden de los Hermanos Menores y fue ordenado sacerdote. Por varios años se ocupó en la conversión de sus compatriotas japoneses desterrados en Filipinas o residentes en aquella nación por motivos de comercio. El trabajo que desarrolló en medio de ellos fue bendecido por Dios con numerosas conversiones a la fe cristiana.

Jerónimo amaba con un intenso amor a su patria y rogaba intensamente al Señor que finalizaran las furiosas persecuciones y se llegase a un período de paz, y que la sangre de tantos mártires fuera semilla de ayuda a sus cohermanos perseguidos, en un momento crucial en que las filas de los misioneros, diezmadas por la persecución, disminuían cada vez más en al Iglesia católica del Japón.

En 1628 finalmente pudo regresar a su patria, pero su apostolado fue de breve duración, porque la persecución cobró todavía muchas víctimas.

En 1631 fue arrestado y llevado a la prisión de Omura junto con otros cohermanos. Después fue conducido a Nagasaki para ser allí torturado e inmolado con otros religiosos y cristianos. Soportó los tormentos con gran fortaleza.

Durante el viaje de Omura a Nagasaki no cesó de alabar al Señor y de predicar la palabra de Dios. Al llegar a la santa colina o Monte de los Mártires, fue derecho al poste en que habría de ser atado. Se arrodilló y oró fervorosamente. Cuando sus cohermanos fueron atados a sus postes, Jerónimo se entregó en manos del verdugo. Encendido el fuego de todas las hogueras, mientras sus cuerpos se iban quemando, los gloriosos mártires volaban al cielo para recibir la palma de la inmortalidad. Esta inmolación fue acompañada de prodigios: sobre los mártires brilló una luz vivísima y una paloma voló sobre sus restos mortales.

http://www.franciscanos.net/santoral/diario/09setiembre09.htm

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