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martes, 12 de octubre de 2010

Fray Pedro Regalado Mañaricúa e Irazola: De Durango al Catecismo en quechua

El caserío de la calle Intxaurrondo.

(Tomado de Deia: noticias de Biskaia.

De Durango al catecismo en quechua

Una revista de 1960 recuerda que fray Mañaricúa escribió el primer devocionario en esta lengua

I. Gorriti - Lunes, 11 de Octubre de 2010

La villa de Durango cuenta con más hijos e hijas ilustres de los que la ciudadanía conoce. El municipio vizcaino fue cuna de fray Pedro Regalado Mañaricúa e Irazola. La historia dice de él que fue la primera persona que escribió un catecismo en quechua, en alguna de las lenguas de la familia originaria de los Andes centrales que se extiende por la parte occidental de Suramérica, a través de seis países. El conjunto de estas lenguas lo habla entre 8 y 10 millones de personas y es la familia lingüística más extendida en Ecuador, Perú y Bolivia. Fray Pedro Mañaricúa vivió en Perú, sobre todo, en Ayacucho.
Quien falleciera a los 82 años en la citada ciudad, nació en las entonces cercanías de Tabira, junto a la antigua y desaparecida ermita de San Bartolomé. Curiosamente, a día de hoy la figura del santo se hereda en una hornacina colocada en un caserío de la calle Intxaurrondo que pudiera ser en el que este sacerdote franciscano nació. Este edificio está considerado como el último ubicado dentro del Casco Viejo de Durango que mantiene actividad rural.
Mañaricúa nació el 22 de febrero de 1876, según constata el presbítero Juan de Olazaran en una publicación que se editó en enero de 1960 en la villa y que llevaba por nombre Tavira. Costaba 3 pesetas y su redacción y administración tenía sede en Santa Ana, 8, 2º piso.
"Fundada la revista Tavira para recordar las anécdotas y hechos más notables de nuestra Villa y exaltar las virtudes morales de sus hijos más preclaros, bien merece los honores de un artículo la memoria del reverendo fray Pedro Regalado Mañaricúa e Irazola", rezaba el comienzo de la noticia de Juan de Olazaran.
De muy niño, Mañaricúa fue monaguillo en el convento próximo a su caserío, el de las Madres Clarisas de San Francisco, razón por la que el presbítero valoró que entonces "ya dio muestras de piedad". Mientras cursaba latín en el colegio San José de los padres jesuitas, por sugerencia del Padre Lucas Gasteiz, ingresó en el convento de los franciscanos de Aguilera. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1899 en el palacio episcopal de Burgo de Osma, comisionado por el padre Arbós para recolectar en el Estado vocaciones misioneras para Perú. Mañaricúa partió hacia el país andino a los 26 años y en 1903 se encontraba ya en Cuzco. También fue destinado a San Francisco de Lima, Arequipa y Huanuco hasta que afincó su residencia en Ayacucho, donde residió 45 años, hasta su muerte.
En Perú, realizó labores de apostolado e investigación histórica. En 1915 comenzó a predicar en alguna de las lenguas quechua, "idioma que -según testigos de la época- llegó a dominar a la perfección", apunta De Olazaran. Predicador de gran fama, "se distinguió en el confesionario por su bondad y buen consejo". El franciscano durangarra compiló todos los periódicos que durante más de un siglo vieron la luz pública en Ayacucho, dando a la imprenta un libro titulado Un siglo de periodismo en Ayacucho, así como otras obras, entre ellas el devocionario Cristianoruna, con doctrina, oraciones y cánticos. Fue el primero en lengua quechua. Además, tuvo títulos académicos, fue director del museo cultural de la ciudad y del histórico. A juicio de su biógrafo, Padre Braulio Romero, Mañaricúa fue "un ángel de paz, un misionero incansable y un religioso ejemplar. Fue gloria del pueblo de Durango que le vio nacer".







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