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sábado, 29 de enero de 2011

Monseñor José Gregorio Castro OFM

Fray José Gregorio Castro, OFM, nació en Cusco en 1866 y falleció en San Francisco de Lima en 1924. Su vestición fue en La Recoleta del Cusco en 1896 y su ordenación sacerdotal en 1900: Fue promovido al Obispado del Cusco en 1910, desempeñándose por ocho años. Fundó el orfelinato de Belén y llevó a las madres Franciscanas Misioneras de María. Escribió un diccionario en quechua y muchas composiciones musicales. (Tomado de "Necrología de la Familia Franciscana. Convento de San Francisco, Lima, Perú).
Asimismo, en el libro "Obispos franciscanos en el siglo XX" (Lima, Instituto de Historia Franciscana del Perú, 2005, edición pro manuscripto), se señala lo siguiente: "Seguramente ingresó como postulante y después como novicio e el Convento Grande de San Francisco del Cusc. Fue un verdadero misionero y excelente quechuista, escribiendo un Diccionariio en dicho idioma que fuera "usado" en años posteriores por el P. Jorge Lira, ex franciscano  y admitido en el Clero Diocesano del Cusco. Fundó el Orfanato de Nuestra Señora de Belén, en dicha ciudad, ayudado eficazmente por el Padre Juan José Indacochea, trayendo para ello a las religiosas Franciscanas Misioneras de María. Buen músico, dejó hermosas composiciones de estilo incaico.
Escribió también una "Gramática Quechua". Renunció al cargo de Obispo del Cusco, viviendo hasta su muerte en el Convento de Jesús de Lima, ejemplarizando con su modestia, sencillez y espíritu de trabajo.
Falleció el año de 1926, a los 64 años de edad y 27 de religión, habiéndolo encontrado muerto en su celda, con el Rosario en sus manos, según relató el enfermedo Fray Diego Segovia. Su retrato figura en la Galería de Obispos, en la Sacristía de la Basílica Catedral del Cusco.

FechaEdadSucesoLugar / Cargo
28 Nov 1859NacimientoCusco
28 Mar 191050.3NombramientoObispo del Cusco, Perú
13 Nov 191758.0RenunciaObispo del Cusco, Perú
13 Nov 191758.0NombramientoObispo titular de Clazomenae
30 Ene 1924
64.2FallecimientoObispo emérito del Cusco, Perú


A continuación reproducimos un artículo relacionado a la actividad artística y musical de Monseñor Castro:

"Maestros de capilla, mestizaje musical y catolicismo en los andes del sur"(*)
Por Enrique Pilco Paz

La interpretación de himnos en quechua, durante conmemoraciones religiosas cuzqueñas, es una práctica frecuente en las interacciones rituales entre los fieles y las divinidades católicas. Cada circunstancia de pesar, en el caso de los funerales, o de regocijo en el marco de las festividades patronales, tiene un correspondiente musical2. Aunque en ciertos casos estas manifestaciones son obra de la acción directa de algunos fieles organizados en cofradías de músicos, son los maestros de capilla los que aparecen como los principales artífices en la materia. En contraparte, no se conoce claramente en qué consiste el desempeño musical de estos músicos y en qué radica la relevancia social de su repertorio. Lo que se busca a través de este artículo es explicar la posición de los maestros de capilla en la práctica musical religiosa del Cusco, desde su mejor momento, las primeras décadas del siglo XX, hasta su declive en la segunda mitad del mismo. ¿Cuál es su perfil social? ¿Qué aspectos referidos tanto al repertorio,  como al proceso de su socialización, dan contenido a su cultura musical? Y, finalmente ¿qué rasgos de esta cultura musical permiten a los maestros de capilla articularse con la colectividad en la cual se desenvuelven?
Los maestros de capilla son personajes de colectividades urbanas y rurales, que gracias a sus aptitudes y prácticas musicales manejan un lenguaje musical diverso y versátil, netamente popular. Este comprende: un variado material religioso, dentro del cual resalta el repertorio litúrgico en quechua, y un conjunto de temas profanos. Estos dos tipos de repertorio destinados a dos ámbitos diferentes de la experiencia social –el primero al culto católico y el segundo a la vida mundana– comparten sin embargo una fórmula musical común, cuyos rasgos melódicos y armónicos se remiten a los del yaraví y huayno mestizos. Esta cultura musical ha permitido a los maestros de capilla hacer viable, durante el rito católico, la interacción entre los creyentes y los santos. La conexión de la feligresía con las divinidades católicas a través del yaraví y huayno sacros, recae en la identificación popular con este repertorio. La formulación de peticiones, el alcance de ofrendas o todo ritual lazo extendido hacia los santos de parte de los creyentes, se concretizan con el auspicio de esta propuesta musical. De esta manera, los maestros de capilla pueden desempeñar un papel mediador en la organización simbólica de las interacciones entabladas entre las comunidades de fieles y el contenido del ritual eclesiástico.
Aunque sin desentrañar la dimensión musical, el papel de los maestros de capilla ya fue estudiado en otros ámbitos geográficos de la América hispana. El más acucioso y revelador sigue siendo el enfoque de Nancy Farriss acerca de los maestros cantores mayas que, como lo ha demostrado, eran miembros de las élites indígenas que ocupaban el lugar central en la estructura organizativa de las parroquias3. En lo concerniente al espacio andino, aún no se ha planteado de forma directa el problema de la relación musical de los maestros de capilla con la identidad religiosa indígena. Los trabajos recientes con mayor afinidad al tema, tratan acerca de la instauración del catolicismo andino, con énfasis y profundidad en su dimensión política (Juan Carlos Estenssoro: 1989, 1992, 2003); sobre el repertorio de música sacra de la colonia en sí (José Quezada Machiavelo 2004); y acerca de los maestros de capilla de los siglos XVI y XVII (Geoffrey Baker 1999; 2002). Estos estudios enfocados en las primeras fases de la organización musical de la iglesia peruana, particularmente los dos últimos en la Catedral y parroquias cuzqueñas, siguen un derrotero bastante privilegiado en los últimos lustros: el tema del barroco musical cuzqueño, que no es sino una reproducción del español4, tendencia que alcanzó mayor convocatoria con Les Chemins du baroque dans le Nouveau Monde, 1996, de Alan Pacquier. Sin embargo, el repertorio de los maestros de capilla que interesa, responde a otro ámbito de influencia y formación: el de la cultura musical litúrgica gestada a partir de una combinación del modelo gregoriano con fuentes musicales indígenas. Este repertorio se impuso desde el siglo XVIII en las cartillas de catequización “para el uso de las doctrinas5” arraigándose como un vigoroso medio de interacción musical con las promesas divinas que encarnan los santos patrones. Como lo reseñan Arguedas, para el caso de la sierra peruana; Lira,  Delgado y Benavente en el caso particular del Cusco, este repertorio compuesto por cantos estróficos en quechua seguía profusamente cultivado en las parroquias de los años cuarenta6. Debe quedar claro que no sólo se utilizaban los célebres himnos Apu Yaya Jesucristo o Qanmi Dios Kanki que provienen de inicios del siglo XIX. En el Cusco el repertorio religioso popular se iba renovando con los himnos que componían miembros del clero, como Fray José Gregorio Castro Miranda O.F.M., obispo del Cusco entre 1910 y 19177; o el cura predicador Nemesio Zúñiga8 ; así mismo por músicos eclesiásticos como Don Ricardo Castro Pinto, maestro de capilla de la Catedral del Cusco, Don Damián Rozas, maestro de capilla de la iglesia de San Blas, entre los más conocidos. Gracias a la labor de los maestros de capilla, este repertorio está presente en todas las iglesias urbanas y rurales del Cusco, y su práctica asegurada hasta mediados del siglo XX. A partir de entonces, esta presencia decae de forma paralela al número de músicos drásticamente reducidos como producto de la modernización urbana de 1950. Asimismo, el contenido del repertorio sacro es severamente afectado por la aplicación de las reformas conciliares de 1962. Si bien estos factores fueron en contra de la permanencia de muchos maestros de capilla en sus puestos, la vigencia del repertorio tradicional en quechua, en la vida ritual, no se vio necesariamente interrumpida. Debido a que el valor ritual de los himnos en quechua recae en la simpleza de sus formas melódicas con las que fácilmente se identifica el pueblo (“en cadenciosas y concisas frases expresan los sacrosantos Dogmas de nuestra religión” tal como señalaba monseñor Gregorio Castro), simpleza que caracteriza precisamente el saber y la práctica musical de los maestros de capilla.
* Tomado de:
rhttp://www.evistandina.perucultural.org.pe/textos/40pilco.doc

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