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miércoles, 16 de marzo de 2011

Marzo 16: Siervo de Dios Cándido Barbieri. Sacerdote de la Primera Orden (1819‑1907). En proceso de beatificación.


El P. Cándido Barbieri nació en Nonantola, provincia de Modena, el 11 de agosto de 1819. En el bautismo fue llamado José. Realizó sus primeros estudios en la abadía benedictina local y los continuó en el Colegio de los Jesuitas de Modena. A los 21 años, atraído por el ideal franciscano, entró en el convento de S. Cataldo el 24 de septiembre de 1840. Sacerdote el 23 de septiembre de 1843, se dedicó con fervor juvenil a la predicación con gran provecho de los fieles. En 1852 fue nombrado superior del convento de S. Francisco de Mirándola, donde se prodigó en la asistencia a los enfermos de la peste asiática. Deseoso de salvar almas pidió partir como misionero a América Latina. Estuvo un año en Roma en el convento de san Pedro de Montorio para aprender español y las costumbres de los pueblos que habría de evangelizar. El 18 de abril de 1856 se embarcó con Fr. Leonardo da Fanano, para iniciar la misión franciscana de Montevideo. Una terrible epidemia poco después lo privó de todos sus cohermanos, que, uno a uno murieron en sus brazos. Sin desalentarse regresó a Italia y gestionó ante su Provincial y el Ministro general el envío de nuevos misioneros; logró reclutar 10 sacerdotes y algunos hermanos, que tras un difícil viaje, en que estuvieron a punto de naufragar, llegaron a Montevideo; acogidos con vivísima alegría por aquellos a quienes él había ayudado. Después de dos años de intenso trabajo y dinámica reorganización, se suscitó en su contra una guerra de calumnias, hasta verse obligado a refugiarse en Potosí, paternalmente acogido y defendido por el obispo, vicario apostólico del Uruguay. En 1860 fue nombrado párroco de La Cruz, en Corrientes. Allí erigió la nueva iglesia y durante 15 años trabajó en medio de los salvajes. La revolución capitaneada por Francisco Solano López, que agitó a Uruguay, Argentina y Brasil, causó muchas privaciones y sufrimientos también al P. Cándido, quien a duras penas logró salvar su vida y la de sus fieles. Los revolucionarios lo tuvieron atado tres días y tres noches a un árbol, y uno de ellos le hizo en la cara una herida cuya cicatriz llevó toda su vida.
Pasó luego al Brasil, bajo la dependencia del obispo de Rio Grande do Sul, que le encomendó el cuidado pastoral de S. Luis de Missoes en 1875, en 1876 de S. Francisco de Borja, y en 1877 de San Patricio. Una grave caída de un caballo afectó su salud hasta el punto de decidir regresar a Italia. Antes de esto, el emperador del Brasil Pedro II lo condecoró por sus méritos y le dio la ciudadanía brasileña. Después de 22 años de apostolado misionero volvió en noviembre de 1878 a Mirándola, donde volvió a sus predicaciones por pueblos y ciudades. En 1885 fue nombrado párroco y superior en S. Cataldo de Modena, servicio que prestó durante 22 años. Murió a los 88 años de edad el 9 de enero de 1907.

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