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lunes, 18 de abril de 2011

Abril 17: Santa Bernardita Soubirous. Virgen Cordígera de la Tercera Orden (1844‑1879). Canonizada por Pío XI el 8 de diciembre de 1933

Nació en Lourdes el 7 de enero de 1844, la mayor de nueve hijos del molinero Francisco y Luisa Casterot. En 1845 estuvo a punto de morir por el cólera, debido a lo cual siembre tuvo una salud precaria. Por cuidar a sus hermanitos y a las ovejas no pudo frecuentar la escuela. Deseosa de hacer la primera comunión, fue preparada por las Hermanas de Nevers. Se propuso entonces recibir la comunión con la mayor frecuencia posible.
Del 11 de febrero al 16 de julio de 1858, en la gruta de Massabielle, en el transcurso de 18 apariciones la Bienaventurada Virgen María viene a Bernardita, la hace su confidente, instrumento de su maternal ternura y de la misericordia omnipotente del Hijo. La primera aparición tiene lugar el 11 de febrero. Hacía frío y en la casa Soubirous no había leña. Bernardita, su hermana Antonieta y una compañera fueron enviadas a buscar ramas secas. Atravesaron el río Gave, en la roca de Massabielle, que formaba una pequeña gruta, había mucha leña. Bernardita, que había quedado sola, oyó un rumor, la gruta se llenó de luz, una espléndida Señora apareció sobre la roca de la gruta. Instintivamente la muchacha se arrodilló, sacó el rosario y comenzó a rezar, haciendo pasar entre sus dedos las cuentas del rosario. La Señora tenía en la mano el Rosario sin responder al Ave María, solamente al final de la decena se unía a Bernardita para rezar el Gloria. Cuando terminó el Rosario, la bella Señora desapareció. Las apariciones se repitieron dieciocho veces y Bernardita no se contradijo nunca describiendo a la bella Señora. Cuando por tres veces le preguntó quién era, por tres veces la oyó responder: «Yo soy la Inmaculada Concepción».

A la gruta acudían fieles numerosos en oración. Del lado del monte brotó una fuente milagrosa: los ciegos recobraban la vista, los sordos el oído y todos quedaban curados... El 3 de julio de 1858 Bernardita recitó la última oración en la gruta, luego partió para Nevers e ingresó en la vida religiosa. El día en que tomó el hábito dijo a sus cohermanas: “He venido aquí para esconderme”. Por 20 años llevó  vida oculta como religiosa, en medio de grandes pruebas y sufrimientos. El 22 de septiembre de 1878 pronuncia los votos perpetuos y el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, es recibida como “cordígera de San Francisco de Asís”, en la gran familia franciscana. Sin fuerzas, oprimida por el asma, respiraba difícilmente. A las expresiones de extrañeza, ella respondía que tales sufrimientos eran necesarios, era preciso que ella sufriese para seguir siendo digna de haber visto a la Virgen Inmaculada.

El 28 de marzo de 1879 recibió con viva fe los últimos sacramentos; el 16 de abril se unió a las oraciones por los agonizantes murmurando: “Rogad por mí, pobre pecadora”. Luego inclinó la cabeza y su alma voló al cielo para contemplar a Dios y a la bella Señora que había visto ya en la tierra. Tenía 35 años.

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