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jueves, 28 de abril de 2011

Abril 25: Beato Pedro de Betancur. Religioso de la Tercera

www.franciscanos.net/santoral/index.htm

Orden Regular (1626‑1667). Fundador de los Hermanos y las Hermanas Betlemitas. Beatificado por Juan Pablo II el 22 de junio de 1980.
Pedro de Betancur de San José nació de una familia pobre en Chasna o Villaflor (Tenerife) el 21 de marzo de 1626 y recibió una sana y sólida educación cristiana. Gran parte del día la pasaba pastoreando el rebaño en las cañadas de Teide. En el contacto con la naturaleza reforzó su afición a la contemplación y a la experiencia de Dios. Era el mayor entre cinco hermanos y llegó a ser un joven modelo. El capitán de las milicias Pedro Soler de Padilla lo escogió como compañero en su viaje a España, viviendo en Madrid. Oyó hablar de las Indias, meta en aquel tiempo de exploradores y cazadores de riquezas. En Pedro nació la vocación de mensajero del Evangelio. A los 24 años de edad dejó a Tenerife y se embarcó para el nuevo mundo el 18 de septiembre de 1649. La navegación fue prolongada y no exenta de dificultades. Sólo después de 17 meses tocaron tierra firme. El 18 de febrero de 1651 atravesó el puente de Matasanos por el que se llegaba a la floreciente ciudad de Santiago de los Caballeros en Guatemala, en el valle de Panchoy. En llegando allí exclamó: «Aquí quiero vivir y morir!».
En la nueva tierra trabajó, estudió, conoció la dura vida de los indios y de los esclavos. Maduró la vocación de ser pobre y consagrarse a los pobres, vivir y morir con ellos. Abrió su pequeña vivienda a los niños, a los cuales enseñaba catecismo y nociones elementales del saber. El método era original: con el canto, el juego, la danza. También la oración, como el Rosario, se podía hacer cantando y caminando. Así dio comienzo a su obra de evangelización. Transcurría los días entre el trabajo, la escuela, visita a los pobres y a los enfermos.
Guatemala ya era rica en conventos. Pedro se sintió atraído hacia el ideal franciscano. Se hizo terciario para ser franciscano y al mismo tiempo tener la libertad de un laico. Con el hábito de la penitencia tomó el oficio de encargado de la capilla del Calvario y de organizador de celebraciones de la Palabra de Dios. Una casita de paja fue el primer centro de su obra de caridad. «Casita de nuestra Señora de Belén», como la llamó. Transformada, servía de oratorio, escuela, enfermería, centro catequístico. Su ejemplo movió a otros terciarios que lo siguieron. Así se formó el primer núcleo de la Compañía Betlemita. Pensó también en los enfermos y en los convalecientes, contribuyendo a edificar un hospital con sus mismas manos. Dio comienzo a una Congregación de Hermanas Terciarias Franciscanas Betlemitas.

Una enfermedad repentina, quizás pulmonía, lo redujo al lecho. El 20 de abril de 1667 dictó su testamento. El 25 siguiente pareció entrar en éxtasis. Fue su muerte. A su sucesor, a todos los hermanos y hermanas de su Congregación les recomendó la humildad, la pobreza y la caridad. Quiso que el misterio de la Natividad del Señor fuera el emblema de su Orden. El testimonio de la vida y la heroicidad de las virtudes le merecieron la glorificación.

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