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martes, 10 de mayo de 2011

Mayo 9: Santa Catalina de Bolonia. Virgen de la Segunda Orden (1413‑1463). Canonizada por Clemente XI el 22 de mayo de 1712.


Catalina nació en Bolonia el 8 de septiembre de 1413, hija de Juan Vigri de Ferrara y de Bienvenida Mammolini, de Bolonia. A los 11 años de edad fue llevada por el Duque del Este a la corte de Ferrara para ser educada con la princesa Margarita de Este. Creció bien educada e instruida. Leía y escribía corrientemente en latín con admirable elegancia hasta para los humanistas. La vida lujosa del ambiente cortesano no la atrajo. No se ensoberbeció por su vasta cultura. A los 13 años volvió su ánimo a Dios, combatiendo las tentaciones y las ambiciones, con aquellas que ella llamó en su propio tratado «Las siete armas espirituales». Con un grupo de otras jóvenes, guiadas por la condesa Dal Verde, entró en el monasterio de Ferrara, donde escogió la rígida regla de Santa Clara y en 1432 hizo la profesión religiosa entre las Hermanas Clarisas.
Pronto se distinguió por la humildad y la delicadeza para con las hermanas enfermas, mientras se hacía siempre más profunda su unión con el celestial Esposo. Pero cuántas luchas debió sostener, inclusive antes de estar ligada a la regla de Santa Clara, sobre todo por parte del demonio que intentó con falsas apariciones lanzarla a la desesperación. Después comenzaron los gozos más profundos, que transformaron su vida haciendo de ella una de las contemplativas más célebres. Toda inmersa en la vida espiritual, tuvo visiones y éxtasis. Anunció la caída del Imperio de Oriente, acaecida en 1453, con la toma de Constantinopla por los Turcos y la muerte del último emperador.
Santa Catalina de Bolonia.
Catalina no desdeñaba los oficios más humildes del monasterio. Fue hornera, encargada de amasar y cocer el pan cada día para sus cohermanas. Pasó luego a la portería, donde sus oraciones eran continuamente interrumpidas por las llamadas, sin que esto la turbara o impacientara. Aunque rehusaba todo cargo, fue maestra de novicias, a quienes supo guiar por los caminos de la perfección seráfica. Les enseñaba la simplicidad,  aceptación constante de la voluntad de Dios, silencio, modestia, cortesía, observancia perfecta de la Regla, tenerse por inútil y ponerse siempre al serviciod e los demás.  En los ratos libres, Catalina se deleitaba alabando al Señor también con el arte de la puntura, o tocando el violín, o también dando rienda suelta a su vena poética.
Entretanto en Bolonia se estaba construyendo por voluntad del pueblo y de las autoridades, el monasterio del Corpus Domini, por lo cual en 1456 viajó a Ferrara una delegación para pedir una abadesa y hermanas para el nuevo monasterio, de modo que el 22 de julio Catalina volvió a su ciudad natal con un grupo de Clarisas de Ferrara, acogida con gran deferencia por el legado de la Santa Sede cardenal Besarión, por el arzobispo, las autoridades y el pueblo.
Como una nueva Santa Clara, durante ocho años formó un grupo de religiosas. Aunque muchas veces enferma, siempre estaba en comunión con su Señor. El Beato Marcos Fantuzzi de Bolonia fue por un tiempo su maestro y director de espíritu. El 9 de marzo de 1463, a los cincuenta años, después de haber hecho a las cohermanas su última exhortación, expiró mientras su rostro se volvía luminoso y hermosísimo. Su cuerpo incorrupto se conserva en la iglesia del Corpus Domini, en Bolonia, y es objeto de gran veneración.

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