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jueves, 16 de junio de 2011

Junio 16: San Antonio de Werten. Sacerdote y mártir en Gorcum, de la Primera Orden (1522‑1572).


Antonio nació en 1522 en la pequeña ciudad de Werten, en la región de Horn, en Holanda septentrional, de familia acomodada y católica. Dotado de ingenio vivaz, de corazón generoso, de carácter extrovertido, de espíritu franco y magnánimo, pidió y obtuvo ser admitido en la Orden de los Hermanos Menores. Después del noviciado, la profesión religiosa y los estudios filosóficos y teológicos, fue ordenado sacerdote. Junto con su paisano San Jerónimo de Werten trabajó intensamente para ser útil a sus conacionales. Fue eficaz predicador de la palabra de Dios y desarrolló este ministerio, no solamente en las iglesias, sino también en las plazas públicas, en las calles, en las aldeas y en las casas privadas, yendo de puerta en puerta, para refutar los errores que en aquellos días se difundían en su patria, para fortalecer a sus conacionales en la fe, tan amenazada por los calvinistas. El objetivo de su predicación era la auténtica exposición del evangelio según las directivas de la Iglesia católica y del Romano Pontífice.
En uno de sus últimos discursos pronunció estas solemnes palabras: “Hermanos míos, perseverad constantes en la oración junto con María, la Madre de Jesús. Amad a la Iglesia una, santa, católica, apostólica, romana, que nunca ha tenido tanta necesidad de las oraciones de sus hijos como hoy. Estad en vela y permaneced firmes en la fe. La persecución se avecina y subvertirá, arruinará y desolará nuestros campos”. Fue un verdadero profeta.
Era lema de los mártires de Gorcum este: “El Papa es la piedra angular, la roca sobre la cual está construida la Iglesia de Cristo; separarse del Papa es separarse de la Iglesia, renunciar a la Iglesia es renunciar a Jesucristo, de quien es esposa la Iglesia”. Este acto de fe con firme convicción fue repetido por los mártires. Una vez fue enviado a ellos en la cárcel un tal Juan Omal, sacerdote católico y canónigo de la catedral de Lieja, luego apóstata y fanático calvinista. Sus palabras no lograron remover a los heroicos confesores de la fe. Omal, lleno de furor, saliendo, gritó: “Muy bien, vilísimos papistas, preparaos para la más despiadada e infame muerte!, malditos, os arrepentiréis de vuestra obstinación!”.
En los Países Bajos la rebelión protestante tuvo también el carácter de lucha nacionalista contra los Aubsburgo, y lanzó a los Gueusos contra los religiosos católicos. En 1572, en Gorcum, los gueusos del mar, verdaderos piratas, ahorcaron a un dominicano, un agustino, cuatro sacerdotes seculares, once Hermanos Menores, entre ellos San Antonio de Werten, quien, torturado muchas veces, sostuvo a sus cohermanos hasta el final, y bajo la tortura agradecía al verdugo. Atormentados de mil modos para que renunciaran a la fe católica, en la eucaristía y en el primado del Romano Pontífice; todos permanecieron firmes en la fe y por eso fueron asesinados el 9 de julio de 1572. San Antonio de Werten tenía 50 años. Fue canonizado por Pío IX el 29 de junio de 1867.

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