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lunes, 27 de junio de 2011

| “Que en el Perú se defienda la familia, la vida y el matrimonio”




“Somos un pueblo grandioso, bueno y pacífico. No lo hagamos violento, no envenenemos a la gente con ideologías de pequeños grupos que pretenden distorsionar el matrimonio entre un hombre con una mujer, el derecho a la vida desde su concepción y el derecho a una familia”, manifestó el Cardenal Juan Luis Cipriani en una multitudinaria Santa Misa que presidió por la Solemnidad del Corpus Christi en el atrio de la Basílica Catedral de Lima.
 Durante su homilía, el Arzobispo de Lima recordó que los peruanos somos una nación pacífica y mayoritariamente católica, con una tradición de fe y cultura milenaria. 
“Jesús, ilumina a quienes tienen el pesado trabajo de conducir a los pueblos, no hay excusas para la violencia, la violencia nunca es camino hacia nada, la mentira nunca es camino hacia nada. Tenemos urgencias muy grandes en el campo de la educación y en el campo de la familia. No es el momento de estar abriendo nuevas heridas ni de tipo moral ni de tipo material”, animó.
Promoción de la vida desde la concepción
En otro momento, el Cardenal Cipriani pidió a la Santísima Virgen María proteger a todas las madres y a las criaturas que están a punto de nacer, para que no se vean amenazados por ideologías que quieren acabar con sus vidas.
“Madre mía, cuida a esas criaturas en el vientre de sus madres. Qué dolor, qué confusión. Hermanos, ¡recemos! No es humano el que esa criatura indefensa en el vientre de su madre tiemble de miedo al escuchar cómo se conversa cuando se planea su muerte. El aborto, en ninguna de sus formas, no es ni siquiera humano, es un asesinato, seamos claros, no es eso lo que el Perú necesita”, señaló.
“Yo le pido a María ese milagro de amor. Tú que concebiste a Jesús, sé quien custodia esos vientres para que siempre y en todos los rincones esos niños sean concebidos en paz”, continuó.
Identidad católica peruana
Asimismo, pidió a Jesús que ilumine, proteja y ayude a todos los peruanos y agradeció a los antelados obispos, sacerdotes, misioneros, familiares, que en todos los rincones del Perú sembraron esa semilla de la fe católica, haciendo que la identidad de nuestro pueblo peruano estuviera enriquecida con la presencia de la fe en Cristo.
“Cómo no recordar al grandioso Beato Juan Pablo II en esta Plaza, cómo no recordar al Papa Benedicto XVI que pronto cumplirá 60 años como sacerdote, cómo no recordar a mis antepasados empezando por Santo Toribio y siguiendo por Juan Landázuri y Augusto Vargas, cómo no recordar con agradecimiento a la Hermandad del Señor de los Milagros y a tantos que nos antecedieron. Que Dios los bendiga a todos y que el Perú siga siendo ese pueblo unido, fraterno, acogedor y católico”, reflexionó.
En tal sentido, recordó que la presencia social de la Iglesia es lejana de una presencia política partidaria, ya que tiene sus raíces en la donación del Cuerpo de Cristo y en el acto de dar la vida por el prójimo, una huella presente en cada rincón de nuestro país y del mundo entero.
“Hermanos, donde hay un alma eucarística debe haber el ejemplo vivo de un alma que da su vida por el prójimo, mucho más allá que una expresión meramente social o política. Quien reconoce a Jesús en la Hostia Santa, lo reconoce en el hermano que sufre y se compromete de modo concreto por todos los que tienen necesidad”, concluyó.
Concelebraron con el Cardenal Cipriani, los tres obispos auxiliares de Lima, Monseñores Adriano Tomasi, OFM, Raúl Chau y Guillermo Abanto; Monseñor José María Ortega, obispo de Juli y Monseñor Raimundo Revoredo, obispo emérito de Juli; así como numerosos sacerdotes de la arquidiócesis de Lima.
En la celebración eucarística, estuvo presente el presidente de la República, el Dr. Alan García Pérez.
Terminada la Santa Misa, se llevó a cabo la Procesión Eucarística del Santísimo Sacramento alrededor de la Plaza Mayor y ofreciendo su bendición a los miles de fieles de las parroquias de Lima, hermandades, movimientos y comunidades, quienes rezaron por la patria, la  la familia, la Iglesia y las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.