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domingo, 31 de julio de 2011

Beato Pedro Soler


Sacerdote y mártir de la Primera Orden (1827‑1860). Beatificado por Pío XI el 10 de octubre de 1926.



Pedro Soler nació en Lorca, provincia de Murcia, España, el 28 de abril de 1827. En su juventud conoció la pobreza y debió asumir un trabajo agotador para el sostenimiento suyo y de sus ancianos padres. En medio del difícil ambiente obrero supo mantenerse firme en su fe. Con asiduidad en el trabajo, el buen ejemplo, oportunas exhortaciones, fraternales correcciones, supo ganarse la simpatía de sus compañeros de trabajo. Un día rehusó un aumento de salario porque lo que ganaba era suficiente para sí y su familia. Cuando trabajaba en la fábrica, vivía en pensión donde una excelente señora, quien declaró que muchas veces lo encontró arrodillado en su habitación en largas oraciones; por espíritu de penitencia, a menudo dormía en el piso de la habitación.


Logró dividir su tiempo entre el trabajo y el estudio en clases nocturnas. Con férrea voluntad supo superar todas las dificultades y cumplir el ciclo de estudios que le permitiría, en poco tiempo alcanzar la meta del sacerdocio. De hecho, se hizo Hermano Menor a los 29 años, y tres años más tarde ya era sacerdote de Cristo. Se distinguía entre todos por la humildad, la obediencia, el fervor en la oración, su pureza sin mancha y sus austeras penitencias.


Después marchó como misionero al país de Jesús, Palestina. Con la predicación, confirmada por la caridad, llevó la evangelización en el difícil ambiente árabe. En el momento de la persecución de los drusos, fray Pedro con los dos jóvenes José Massabki y Antonio Tagliaci se escondieron en los locales de la escuela parroquial. Los musulmanes tumbaron la puerta y se precipitaron como fieras sobre la inerme víctima. Le preguntaron: ¿Dónde está tu dinero? Si quieres salvarte entréganos lo que tienes”. Cuando comprendió el significado de la petición respondió francamente: “No tengo dinero, y lo que tenía lo di ya a los pobres”. “Tú eres cristiano, si quieres salvar tu vida renuncia a tu falsa religión y abraza la del gran profeta Mahoma”. “No cometeré nunca semejante absurdo. Soy cristiano y estoy resuelto a morir por mi fe”. Se arrodilló en actitud de oración. Lo hirieron mortalmente con un golpe de cimitarra y lo remataron a puñaladas. Era el 10 de julio de 1860. Tenía 33 años.