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jueves, 14 de julio de 2011

El “Espíritu de Asís” y el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural



Por Fr. Roger Marchal, OFM
Presidente del Servicio para el Diálogo



“Cada cual tiene la obligación y por consiguiente también el derecho de buscar la verdad en materia religiosa, a fin de que, utilizando los medios adecuados, se forme, con prudencia, rectos y verdaderos juicios de conciencia.” (Declaración del Concilio Vaticano II, Dignitatis humanae, 3). Esta verdad, continúa la Declaración, debe ser buscada por diferentes medios, entre los cuales el intercambio y el diálogo entre las personas de buena voluntad.
Proponiendo la jornada de encuentro y de oración en Asís, el 27 de octubre de 1986, al beato Juan Pablo II realizó un gesto al mismo tiempo profético y valiente. Profético, pues está en total sintonía con el espíritu del Concilio Vaticano II, y valiente, pues actuando así, se exponía a la critica de muchos. En efecto, fueron numerosos los que no vacilaron en reprobar esta iniciativa blandiendo los espectros del sincretismo, de la igualdad de las religiones, o incluso alguno que, como Mons. Lefevre, protestó públicamente contra “el abominable congreso de las Religiones” o ¡“la impostura de Asís”!.
Poco tiempo después, al Cuerpo diplomático, el papa Juan Pablo II comentaba así el acontecimiento: “Quien ora a Dios sinceramente, como nosotros hemos intentado hacerlo en Asís, contempla la armoniosa voluntad de Dios creador, el amor que está en Dios, el ideal de paz entre los hombres, ese ideal que San Francisco ha encarnado de un modo incomparable”.
Para nosotros, Franciscanos, esas palabras de aliento son clarísimas. Y así, en 1982, la Orden organizó en Asís un Congreso sobre el Islam, del que nacerá en 1983 la Comisión para el Diálogo con el Islam. De 1991 a 1997, con la animación del Ministro general, Fr. Hermann Schalück OFM, se organizaron varios encuentros con las Iglesias ortodoxas. Poco a poco fue tomando forma el servicio para el diálogo en sus tres dimensiones: Diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural. De modo que el Servicio para el Diálogo de la OFM fue instituido oficialmente el 13 de mayo de 1996.
En el último Capítulo general (2009), el mandato 28 del documento final pide que en todas las Entidades de la Orden actúe el “Servicio para el Diálogo (…) con la finalidad de animar el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural, como un aspecto fundamental de nuestra vida y de nuestra misión evangelizadora”.
La elección de la ciudad de Asís por Juan Pablo II, hace 25 años, no fue por casualidad. ¡Es la ciudad de S. Francisco! Es él, Francisco, quien invita al diálogo con toda persona. Ya en su tiempo existían conflictos entre cristianos (cátaros y albigenses) y, debido a las cruzadas, perduraba en Oriente una relación violenta con el Islam.
Es muy conocido su encuentro con el Sultán de Egipto, Al-Malik al-Kâmil (cf. S. Buenaventura, Leyenda Mayor 9,8). Se observará con interés que el primer deseo de Francisco embarcándose para Oriente, es el de anunciar el Evangelio al Sultán, aceptando el riesgo del martirio (cf. 9,7). El desarrollo de los acontecimientos le lleva a Francisco a cambiar de actitud. ¡Como no hay posibilidad de convertir al Sultán, hay que cambiar la mirada sobre él y verle como otro creyente! Esta actitud no es la actitud oficial de la Iglesia de su época. Francisco no tenía espíritu de cruzada, pero sin duda tenía, cuando partió, sed de martirio. ¡Pero ese deseo no se cumplió!
Hay que observar justamente, como dice Fr. Gwénolé Jeusset, en su obra “Saint François et le Sultan” , que Francisco desea ante todo dos cosas: sufrir y amar como Jesús. Si no consigue derramar su sangre por Cristo, al menos desea amar a los musulmanes porque también por ellos Cristo ha derramado su sangre. Es la diferencia entre Francisco y los primeros frailes que fueron a Marruecos. ¡Sufrir por Cristo, sí, pero sin despreciar ni insultar!
Para los hermanos y las hermanas de San Francisco, la única actitud posible según el Evangelio, no es el rechazo ni la condena – cosas que llegan del pasado- sino el diálogo. Es un rasgo dominante, a mi parecer, de la actitud cristiana y franciscana. Quisiera afirmar sin embargo que para “dialogar” con un creyente de otra religión, es importante que yo profundice personalmente y continuamente mi propia fe.
El diálogo supone, a ejemplo de Francisco, disponer todo el ser -por la mirada, la escucha y la palabra- a acoger con benevolencia al otro, quien quiera que sea, y acogerle tal como es, en sus convicciones, en su obrar, y reclamando una reciprocidad.
Diciéndolo brevemente, estamos llamados a convertirnos en “hermanos en relación”. En el contexto mundial actual, eso quiere decir mucho (mezcla de pueblos, de religiones, acogida de los “sin papeles” y de los inmigrantes, etc.). Eso quiere decir también superar las tendencias a la exclusión que todavía existen, incluso en el seno de la familia franciscana (relaciones clérigos- laicos, hombres-mujeres, etc.).
El diálogo ecuménico, interreligioso y con las culturas no es, sin embargo, fácil. ¡No seamos ingenuos! Debido a las persecuciones religiosas (se dice que los cristianos son actualmente el grupo más perseguido en el mundo) y a la intolerancia fanática, muchos entre nosotros no quieren creer en este diálogo. Construir una relación es difícil. Estar dispuesto a conocer mejor a aquel que es diferente de mí es un asunto delicado. Eso supone la valentía de reconocer mi propio miedo y mis propios prejuicios. El diálogo nos exige algunas condiciones a cada uno de nosotros: ¿Estoy dispuesto a escuchar al otro, a acoger y a respetar sus posiciones, relativizando todo lo que yo sé o creo saber? ¿Soy desinteresado en mi implicación? ¿Verdaderamente deseo encontrar y conocer al otro, por él mismo? Y yo ¿estoy dispuesto a confiarme, a hablar de mi experiencia de creyente, a dar cuenta y a compartir el contenido de mi fe? El diálogo ecuménico, interreligioso y con las culturas siempre ha de recomenzar. Es una escuela de paciencia, de humildad, de lucidez, de fidelidad y de determinación.
El 25° aniversario del encuentro de Asís que se celebrará el 27 de octubre próximo en la ciudad de San Francisco, con la presencia de Benedicto XVI y de dignatarios religiosos, nos recuerda que todos nosotros estamos invitados a tomar parte de este diálogo, en el encuentro personal o, más oficialmente, en los encuentros según el “espíritu de Asís”, organizados también, esperemos, en las Provincias de la Orden. Un aniversario como éste es importante, pero habrá cumplido todavía más su misión, si abre a relaciones duraderas y sinceras entre creyentes, a fin de que este camino que hay que recorrer juntos -nosotros cristianos con todos los otros-, no termine nunca y nos conduzca hacia la Verdad completa, en la paz y la reconciliación.
Sabemos, por otra parte, que “el diálogo con las Religiones y las Culturas recibe su fuerza interior, su característica y su dinámica franciscanas: del encuentro personal y comunitario con el Evangelio; de la Eucaristía; de la capacidad experimentada de vivir a nivel local y universal como una ‘Familia’ (…); de la atenta lectura de los signos de los tiempos a la luz del Evangelio, como también de la disponibilidad para traducir establemente en nuestro comportamiento de vida el gesto del ‘abrazo’ de nuestro hermano Francisco. Solamente entonces, llegaremos a ser personas de diálogo”. (Cf. “La vida como diálogo”, Servicio para el diálogo, tomo I, Roma 2005, pp. 12-13).


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