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miércoles, 20 de julio de 2011

Julio 20: Beato Nicolás María Alberca y Torres (1830‑1860).

Sacerdote y mártir de la Primera Orden. Beatificado por Pío XI el 10 de octubre de 1926.

Beato Nicolás María Alberca y Torres.
Nicolás Alberca es el más joven de los Mártires de Damasco. Nació en 1830. Entró en la Orden a los 25 años; después del noviciado y de los respectivos estudios fue ordenado sacerdote. El 27 de enero de 1859 partía como misionero para Tierra Santa, el 10 de julio de 1860 partía para el cielo redimido por la corona del martirio.
Fue religioso solamente 5 años, pero franciscano de toda una vida, pues su lema fue el de San Francisco, “Mi Dios y mi todo”. Cuando manifestó su voluntad de irse como misionero, se preparó para ello en el colegio de Priego junto con otros religiosos mártires como él en Damasco: Pedro Soler y Nicanor Ascanio. La santa educación recibida en la familia (de los 10 hermanos 6 se consagraron a Dios) lo llevaba a afirmar: “Sufriré mil veces la muerte pero no traicionaré a mi Señor”, y a prepararse casi conscientemente para el martirio. En 1859 Nicolás partió para la misión de Damasco. En Siria y Palestina la vida de los cristianos estaba constantemente en peligro: en efecto, los turcos preparaban una persecución contra los cristianos para vengarse del tratado de París de 1856, que había abolido las Capitulaciones. La intención de llevar a cabo una carnicería, era tan patente, que el gran patriota argelino ‘Abd‑el‑kadir, retirándose a Damasco después de una desesperada resistencia a la invasión francesa de su patria, disgustado, decidió servirse de sus fieles para proteger a los cristianos. Sin embargo, cuando el 9 de julio de 1860 se inició la cacería de los cristianos, ‘Abd‑el‑kadir no alcanzó a socorrer a los misioneros, que se habían encerrado en el convento, fiándose de sus fuertes muros. En la noche del 9 de julio un judío introdujo a los turcos en el convento por una puerta lateral, de la cual nadie se acordaba. Nicolás fue bárbaramente asesinado de un tiro de fusil, junto con los otros siete compañeros, la mañana del 10 de julio de 1860.
Unos meses antes del martirio Nicolás había escrito una carta a su madre lejana, en la cual expresaba el deseo de volver a verla todavía aquí en la tierra, siempre que esto fuera conforme a la voluntad de Dios. Por lo que sabemos, el joven misionero precedió a su madre en el cielo y sólo allí pudieron encontrarse nuevamente en un abrazo de santo y eterno amor.
El martirio de Nicolás fue el más breve registrado en la historia de nuestros mártires. Acosado por los musulmanes en un corredor, mientras la iglesia y el convento eran envueltos por las llamas, cuando le intimaron renunciar a Cristo para adherirse a Mahoma, respondió: “Sufriré mil veces la muerte, pero no traicionaré a mi Señor”. Un tiro de fusil mató al inerme religioso que cayó fulminado. Su deseo y presentimiento del martirio se hicieron así gloriosa realidad. Tenía sólo 30 años.

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