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martes, 26 de julio de 2011

Julio 26: Beato Arcángel de Calatafimo


Sacerdote, ermitaño de la Primera Orden (1390‑1470). Aprobó su culto Gregorio XVI el 9 de septiembre de 1836.

Arcángel nació en Calatafimi, provincia de Trapani, Sicilia, en el extremo occidental de la isla, hacia 1390. En este pintoresco pueblito de origen árabe, vio la luz en la noble familia Piacentini, o Piacenza y era todavía muy joven cuando, abandonando la casa paterna, se estableció en una gruta arriba en los montes. Por algún tiempo permaneció oculto en la soledad, pero luego la fama de sus virtudes y de su austeridad atrajo cada vez más numerosas gentes de la vecindad hacia su refugio, ansiosas de conocerlo y consultarle.
Para recuperar la soledad, Arcángel dejó aquel lugar y se dirigió a Alcamo, donde nuevamente se refugió en un eremitorio solitario. Pero tampoco allí pudo rehuir por mucho tiempo a los habitantes de la región. Éstos fueron más hábiles para rodear a su devoto ermitaño y atraerlo a su ciudad: Le pidieron que dirigiera un hospital en Alcamo, el cual estaba abandonado, pero la ciudad sentía vivamente su necesidad.
De esta manera Arcángel se vio apremiado entre su vocación de ermitaño y el deber de la caridad. Y naturalmente no pudo rechazar la invitación. Se puso en el trabajo reorganizando el hospital para que todo marchara bien, con respeto total al deber de la caridad hacia los necesitados. Cuando el hospital comenzó a marchar bien, Arcángel regresó a su soledad predilecta, entró en una nueva caverna. Esta vez lo hizo salir fuera un decreto del Papa Martín V, con el cual eran suprimidos los ermitaños de Sicilia.
Arcángel, obediente, abandonó de nuevo su gruta, pero no volvió al mundo. Se dirigió a Palermo, a donde los Hermanos Menores y allí recibió el hábito de la pobreza de manos del Beato Mateo de Agrigento. Después del noviciado fue enviado a Alcamo, donde fundó un convento franciscano, precisamente junto al hospital que antes había dirigido. Por la austeridad con que vivió la más estricta regla franciscana, por su sabiduría y su prudencia, fue ordenado sacerdote. Más tarde fue elegido Ministro provincial en la Orden, y se destacó como administrador y organizador. Pero él prefería la predicación en las diversas ciudades y pueblos de Sicilia al gobierno de los religiosos; por medio de la evangelización convirtió a muchos pecadores inveterados.
Murió en Alcamo el 10 de abril de 1460 en el convento de Santa María de Jesús, por él fundado. Tenía 70 años. Su memoria con el eco de muchos milagros, perduró entre Alcamo y Calafatimi.

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