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viernes, 8 de julio de 2011

Julio 8: Santos Gregorio Grassi, Francisco Fogolla, Obispos, Elías Facchini, Teodorico Balat, sacerdotes, Andrés Bauer, No clérigo, Mártires en Shansi († 9 de julio de 1900); Beatificados por Pío XII el 24 de noviembre de 1946.


El obispo Gregorio Grassi (1833‑1900) es el jefe del grupo de los 28 mártires de la fe caídos bajo la espada de los boxers el 9 de julio de 1900 en Ta‑yuen‑fu. Noble figura de religioso, misionero y obispo. Nació en Castellazzo Bormida, (Alessandria), el 13 de diciembre de 1833, hijo de Juan Bautista y Paola Francisca Mocagetta. Consagrado a la Virgen por su madre para que lo protegiera toda su vida.
El 2 de noviembre de 1848 ingresó al noviciado en Montiano (Forlì). El 17 de agosto de 1855, terminados los estudios, fue ordenado sacerdote. Pidió ser enviado a las misiones. Dos años después estaba en el colegio misionero de San Bartolomé all’Isola en Roma, preparándose para las misiones de China, hacia donde partió hacia fines de 1860. Visitó devotamente la Tierra Santa y llegó a Schang‑tong. Durante 40 años ejerció su dinámico apostolado, primero como misionero, luego, en 1876, como Obispo coadjutor con derecho a sucesión, y en 1891 como Vicario Apostólico del Shansi septentrional, donde dio notable desarrollo a la conquista misionera.
Hablaba perfectamente el chino. Fue rector del seminario indígena. Las visitas pastorales a las numerosas pequeñas comunidades cristianas distantes a veces hasta 450 kilómetros, hechas con diligencia, por caminos en extremo difíciles. En 1878 una terrible carestía, seguida de graves epidemias, con siete millones de víctimas, entre ellos 4.000 cristianos. También él sufrió el mal, infectado en la asistencia a los enfermos, pero se curó milagrosamente, y reinició sus recorridos apostólicos consolando, alentando, ayudando generosamente. En 40 años de misión, construyó 60 iglesias, entre ellas el santuario de Santa María de los Angeles, a 2.000 metros de altura. Asiduo en el confesionario y en la catequesis de niños y adultos, en la asistencia a los pobres y necesitados y en la defensa y apoyo a los misioneros. Dedicaba largas horas a la oración y meditación. Pensaba volver a Italia para recobrar las energías, pero otro viaje lo esperaba: el martirio. Tenía 67 años.
Francisco Fogolla (1839‑1900). Obispo coadjutor de Mons. Grassi. Nació en Montereggio di Mulazzo, región situada en los Apeninos de Lunigiana, hijo de Joaquín e Isabel Ferrari, el 4 de octubre de 1839 y fue llamado así en honor de San Francisco de Asís. En 1858 recibió el hábito franciscano y profesó en 1859, fue ordenado sacerdote el 4 de octubre de 1863. En 1866 se embarcó para China. Se detuvo en Palestina un año para visitar los Santos Lugares y prepararse espiritualmente. El 11 de febrero de 1868 llegó a China y se dirigió a Ta‑yuen‑fu donde fue acogido con gran alegría por el Vicario Apostólico, Mons. Mocagatta. Su celo suscitó la admiración de los fieles y el odio de los adversarios. Tuvo un extraordinario conocimiento del idioma chino. Después de siete años fue nombrado rector del seminario y Vicario General de la misión de Lun‑ganfu. Era un año de carestía y la gente desnutrida y hambrienta moría de hambre en las casas, en las calles y en los campos. El misionero pidió y obtuvo recursos de Europa a cambio de estatuillas de bronce y objetos artesanales locales que recibió de sus feligreses y envió a París; así fue para todos amoroso dispensador de ayuda. Con ocasión de la Exposición misionera internacional de Turín, viajó con cuatro seminaristas, recorrió a Francia, Bélgica e Inglaterra en busca de ayuda. En París lo sorprendió la noticia de su nombramiento como obispo auxiliar de Tayuenfu, y allí mismo fue consagrado el 24 de agosto de 1898. Regresó a China con siete Franciscanas Misioneras de María para el orfanato. Entregado a su nuevo trabajo lo sorprendió la persecución: fue decapitado por los boxers. Sus últimas palabras fueron: “Nunca he hecho mal a nadie, en cambio he hecho el bien a muchos”. Era el 9 de julio de 1900. Tenía 61 años de edad, 30 de misionero y dos de obispo.
Elías Facchini, sacerdote de la Primera Orden (1839‑1900). José Pedro Facchini nació en Reno Centese, provincia de Ferrara, en 1839. Hijo de Francisco y Mariana Guaialdi. Los compañeros lo apodaban “el loco Facchini”. Cuando se regó la noticia de que se haría fraile, una viejecita exclamó: “Si ese se hace fraile me hago cortar la cabeza”. Poseía un carácter jovial y chistoso pero al mismo tiempo generoso y cándido. Profesó el 1 de noviembre de 1859, ordenado sacerdote en diciembre de 1864 en Ferrara. Su sueño era el apostolado misionero y ansiaba partir para China, a donde llegó en 1868 con otros cinco cohermanos con quienes compartía sus anhelos, sus fatigas y también las alegrías de la evangelización.
Su primer campo de apostolado fue Ta‑cong‑fu. Por 20 años fue rector del seminario de nativos y enseñó desde las clases elementales hasta las de teología. Trabajaba intensamente, dormía sólo cuatro horas por noche. Escribió textos de filosofía para los seminaristas y obras de formación espiritual, que infortunadamente desaparecieron en la persecución de 1900. Fue nombrado superior y maestro de novicios en el primer nuevo convento franciscano y también allí, como trabajador incansable, hacía miles de cosas con una facilidad asombrosa. Después de cuatro años, fue llamado nuevamente a tomar la dirección del seminario mayor de Ta‑yuen‑fu; vivía habitualmente en oración. En él admiramos al auténtico franciscano de vida austera, el rector de seminario sabio y prudente que formó para la vida cristiana y para el sacerdocio a numerosos jóvenes, el misionero incansable en la conversión de los infieles, el escritor iluminado que preparó y escribió textos de estudio y de formación religiosa. Cuando sufrió el martirio tenía 61 años, de los cuales había pasado 33 en la vida misionera en China.
Teodorico Balat. Mártir en China, sacerdote de la Primera Orden (1854‑1900). Nació el 23 de octubre de 1854 en San Martín de Tours, Francia. Hijo de Juan Francisco y Rosa Taillefer. Entró en el seminario de Lavour, y a los 20 años en el de Albi. Era de carácter inquieto y a ratos intratable. En 1880 ingresó en la Orden de los Hermanos Menores en Pau, Francia, pero al decretarse el destierro de los religiosos debió terminar el noviciado en Inglaterra, donde permaneció en el convento de Woodlands por 4 años, pero la vocación misionera lo entusiasmaba y decidió partir para China. Antes visitó los lugares franciscanos, La Verna y Asís, y luego la Tierra Santa. Allí su salud, ya frágil, empeoró: fiebre y fortísimos y agotadores espasmos al estómago, pero se alivió rápidamente. Llegó a Ta‑yuen‑fu, el 1 de diciembre de 1885. Aprendió admirablemente bien la difícil lengua. Siempre estuvo lleno de juvenil entusiasmo, activo, incansable. Luego fue llamado a Tong‑el‑kou, como maestro de elemental de una veintena de nativos, luego maestro de novicios. Fue luego nombrado ecónomo de la misión y director espiritual de las hermanas. Cuando estalló la revolución le aconsejaron huir, pero él respondió que su deber era permanecer en su puesto de responsabilidad. Así cuando la soldadesca furibunda entró en la residencia misionera, él bendijo a las hermanas y se enfrentó a la muerte.
Andrés Bauer. Religioso de la Primera Orden (1866‑1900). De Guebwiller, en Alsacia, fue el sexto de 8 hermanos y nació el 24 de noviembre de 1866, hijo de Lucas y Lucía Moser. Hombre simple, sin malicia, es recibido en la Orden de los Hermanos menores en calidad de religioso no clérigo en Clevedon, Inglaterra, el 12 de agosto de 1886. Pronto la ley militar de su país lo reclamó a Francia y él, vistió el uniforme militar por tres años. Luego, en vista de la necesidad de sus padres, decide ayudarles por un tiempo. Al prolongarse éste, la piadosa madre le dice: “Andrés, sigue tu vocación. No te preocupes por nosotros, la Providencia nos asistirá”. “No te demores para responder al Señor, que el mundo no quiere saber más de ti”. En 1895 vuelve a tomar el hábito en Amiens. Luego fue destinado a París, donde Andrés se entusiasma por el ideal misionero; Monseñor Francisco Fogolla, que se preparaba para la consagración episcopal, lo recibió para su vicariato en China. El 4 de mayo de 1899 Andrés se encontraba ya en China, listo a convertir muchos infieles. Servicial con todos, no sabía estarse quieto sino en la oración. Su vida misionera fue de sólo 14 meses, donde le encomendaron el dispensario de los hombres. Fue un enfermero apasionado, un verdadero samaritano. Cuando antes de ser herido, un soldado chino se presentó para atarle los brazos, el mártir hizo una profunda inclinación y le dijo: “Nunca he hecho la postración a ningún chino, pero no puedo rehusártela a ti, que vienes a abrirme las puertas del Paraíso!”. Sereno y cantando el salmo: “Alabad al Señor todas las naciones...”, se encaminó hacia la hermana muerte, que vino a su encuentro con la decapitación. Tenía 34 años.  Canonización: Juan Pablo II, octubre 1 de 2000.