Buscar en la Página

RADIO FRANCISCANA

VIDEOS FRANCISCANOS

Loading...

miércoles, 6 de julio de 2011

Monasterio de Santa Clara (Barrios Altos, Lima)

En: "Rumbo al bicentenario",
blog del historiador  Juan Luis Orrego Penagos
Iglesia de Santa Clara (grabado de 1849).

Frontis de la Iglesia de Santa Clara, en Barrios Altos (Lima).
Según algunas fuentes, el origen de esta casa religiosa se remontaría al 10 de agosto de 1592 cuando Toribio de Mogrovejo, segundo Arzobispo de Lima, la fundó como beaterio; el Papa la sancionó en 1596. Las monjas vinculadas a su creación fueron Justina de Guevara, Ana de Illescas, Bartola de la Vega e Isabel de la Fuente. Como era de rigor en estos acontecimientos, la fiesta y procesión por esta inauguración fueron solemnes. La fundación oficial del Monasterio fue en 1606 por santo Toribio de Mogrovejo, en 1606, quien impulsó personalmente su construcción.
Ubicado en un extremo de los Barrios Altos (jirón Jauja, cuadra 4), este Monasterio nació con un perfil humilde, pues estaba destinado para las mujeres nativas que quisieran vivir en clausura dedicadas a la contemplación. Se construyó con las limosnas de los indios, los antiguos limeños y, especialmente, por el aporte del portugués Francisco de Saldaña. Cerca de él había un molino donde habría estado –según María Rostworoski- una piedra redonda que sería un ídolo, el famoso "dios que hablaba", es decir, un oráculo. Recordemos que a unas cuadras está la roca horadada. El monasterio es grande y su iglesia está en emergencia. Las clarisas actuales han sido precavidas y han retirado del templo las imágenes, las bancas y lo han dejado vacío. En su antiguo relicario se guardaba el corazón Santo Toribio, que así lo pidió antes de que encontrara la muerte en Saña. Es famosa también la capilla del Señor de Burgos, una escultura con leyenda y se mantiene por fortuna; los fieles entran por una pequeña puerta que da al exterior. Dicen que en 1765 su imagen se apareció en una visión cuando rezaba en el huerto la madre priora Sor Jerónima de Jesús, y le dijo que quería que se le hiciera en ese lugar una capilla. En la noche ella lo vio nuevamente en sueños indicándole que no se preocupara en buscar escultor que éste lo llevaría. La sorpresa de la madre no tuvo límites cuando se presentó un agustino y le dijo que le traía una talla de un Cristo Crucificado: su precio era de 400 pesos. La madre reunió 300 y le rogó un descuento. Aquel dijo que la imagen era una buena talla y que se la habían pedido para Chile pero no pudo llevarla porque cada vez que embarcaba el mar se encrespaba. No había trato y quiso levantarlo para llevárselo pero no pudo. La imagen había duplicado su peso. Buscó unos hombres y cuando quiso moverlo, la cruz se enraizó en el piso de la portería, de los brazos y del cabezal salieron ramas frondosas y comenzó un tremendo vendaval. Asustado, el autor aceptó la cantidad ofrecida y lo dejó. Actualmente, los devotos de los Barrios Altos visitan la capilla del Señor de Burgos, sobre todo en Semana Santa, y rezan también por la causa de la venerable Úrsula, una novicia negra que –dicen- hizo muchos prodigios. Asimismo, en ocasiones muy especiales, cuando alguien necesita agua bendita, las madres sacan uno de los clavos de los pies del Cristo, lo ponen en agua y rezan tres credos; también limpian sus llagas con algodón para curar a los enfermos. Por último -cuenta la tradición- cuando sale en procesión, abre los ojos y elige a las solteras que ingresarán a la orden. Las Clarisas se mantienen haciendo trabajos de repostería, alfajores, turrones y panteones, pero, lamentablemente, no les alcanza para contratar expertos en restauración (jirón Jauja 449, Cercado de Lima).