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lunes, 22 de agosto de 2011

Agosto 22: Beato Timoteo de Monticchio


Sacerdote de la Primera Orden (1444‑1504). Aprobó su culto Pío IX el 10 de marzo de 1870.

Timoteo nació en Monticchio a pocos kilómetros del Aquila, precisamente el mismo año en que el amable San Bernardino de Siena voló al cielo en el Aquila. En el cielo de la santidad seráfica se extinguía un astro en torno al cual surgieron muchas estrellas, entre ellas también nuestro Beato.
De familia campesina, vivió totalmente entregado a la oración. Temiendo los peligros del mundo se propuso evitarlos y junto con un hermano suyo ingresó en la Orden de los Hermanos Menores, que en aquellos días había alcanzado el vértice de la celebridad por la santidad de numerosos de sus hijos. Ordenado sacerdote, fue enviado a Campli, provincia de Téramo, con el cargo de maestro de novicios. Su vida era más celestial que terrena, alegrada con frecuentes visiones de la Bienaventurada Virgen María y de San Francisco y favorecida con el don de milagros. Reflejó fielmente el espíritu de aquellos santos religiosos que renovaron la observancia de la regla en la Orden Seráfica, San Bernardino de Siena, San Jaime de la Marca, San Juan de Capistrano, Beato Bernardino de Fossa, Beato Marcos Fantuzzi de Bolonia y muchos otros.
De Campli pasó al conventico de San Angel de Ocre, en la comuna de Fossa, donde permaneció largos años, hasta su muerte. Toda su vida estuvo tejida de oración y contemplación, de ejemplo sacerdotal y de fidelidad heroica a la regla franciscana.
Las virtudes que brillaron en él fueron especialmente el desprendimiento del mundo, la exacta observancia de la regla profesada, el fervor en el servicio divino, la meditación de la pasión de Cristo y una filial devoción a la Virgen y al Seráfico Padre. Su amor a la soledad era tanto, que sus conversaciones siempre eran breves, pero siempre llenas de cordialidad y de bondad.
Tanta era su humildad, que se reputaba siempre el más pequeño de todos; su obediencia era tan perfecta, que obedecía inclusive al último de sus cohermanos; para conservar intacta su pureza, mortificaba su cuerpo con cilicios y otras austeridades. Tuvo caridad hacia todos; socorría de muchos modos; asistía pacientemente a los moribundos; era asiduo a las confesiones y a la dirección espiritual. Con la predicación anunció en las ciudades y en los poblados vecinos el mensaje evangélico.
El 22 de agosto de 1504 a la edad de 60 años, en el solitario conventico de Sant Angelo de Ocre se durmió serenamente en el Señor.

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