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lunes, 29 de agosto de 2011

Plegaria al Espíritu Santo (*)

Tú eres mi amigo, el más sincero.
Tú eres mi padre, el más amable.
Tú eres mi don, el más completo.

Tú, la energía, transfórmame.
Tú, la inteligencia, ilumíname.
Tú, el centro, atráeme hacia Ti.

En toda perplejidad,
hazme ver tu luz;
en toda debilidad
infúndeme fortaleza;
en toda adversidad
extiéndeme tu brazo.

Si en vez de bienes materiales,
me enriqueces de paz interior,
yo la prefiero.
Si en vez de realzarme en los honores,
me haces sincero en la humildad,
yo no la cambio.
Si en vez de pensar sólo a mi mismo,
me haces arder en el amor a mi prójimo,
me alisto en tu servicio.

Enséñame a hablar menos
y a construir más;
ayúdame a confiar más
y a dudar menos.
Aliéntame a compartir
con los que sufren,
el pan de mi alegría,
en mi jornada de cada día.

Porque no debe estar triste
quien a Ti sirve;
ni desalentado,
quien en Ti espera.

Hazme perseverar
en la necesidad y en el convencimiento
de orar todos los días (mejor en familia)
pidiéndote menos cosas,
puramente materiales, porque
Tú sabes bien lo que necesito; sino,
agradeciéndote y adorándote más.
Que en tu prudencia, está el temple;
en tu justicia, está la meta;
en tu fortaleza, la salud;
y en tu amor, toda la vida!
¡Gracias a tu infinito corazón!

(*) Esta plegaria que has leído es el fruto de un gran dolor. Quien la compuso, no por arte propio, sino porque Alguien se la inspiró, fue escuchado y recibió, en cambio, un gran favor. Después de haber tratado de difundirla, incuso en el extranjero, se nos ocurre, hacerlo de nuevo, a raíz de ciertas cartas que andan refiriendo ejemplos de favores recibidos a cambio de enviar 100 copias de una determinada oración con el supuesto de sufrir reveses de no hacerlo.
Creemos que nuestra relación con Dios no puede ser, de ninguna manera, comercial ("hago esto para que me des o para que no me castigues"... aunque eso es muy humano). Apelamos a tu fe sencilla o ilustrada, para que difundas esta plegaria al espíritu Santo, si le encuentras significado, sin temor ni sentirte obligado a hacerlo.
Tú también puedes encontrarte en un momento crucial. Pues confía, ora y agradece, que Alguien se hará cargo de tus problemas o de los problemas de quienes la reciban, y hagan propicio.
¿Complicado?... Pues ¡adelante! y que otros amigos o desconocidos se beneficien con la devoción del año dos mil: ¡la renovación por obra del Espíritu Santo!
Te deseo lo mejor y sólo te pido que me retornes un buen augurio, recordándote un pensamiento de Anatole Franca: "La suerte no existe. Es el seudónimo de Dios cuando él no quiere estampar su rúbrica". (Ernesto Arauco Travezán)

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