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miércoles, 31 de agosto de 2011

JMJ: Una experiencia de gracia

www.fratefrancesco.org

Por Fray Antonio J. Royo Tomás



No todos los lectores de esta revista habéis podido participar en vivo y en directo de lo que estos días tan especiales ha sucedido en Madrid. Gracias a Dios, los medios de comunicación cubrieron dignamente muchos de los momentos centrales de la JMJ. Sin embargo dicha cobertura mediática no llega, ni de lejos, a proporcionar la vivencia personal de encontrarse en medio de una multitud de jóvenes con ganas de cantar, bailar, orar, y expresar de forma sencilla y espontánea su fe en Jesucristo y su amor a la Iglesia, representada en ese momento en la figura del Papa.
Ni el fuerte calor del agosto madrileño, ni la típica tormenta de verano, pasajera pero aparatosa, fueron en ningún momento de la JMJ un impedimento para expresar al Papa el gran cariño que le tenemos todos los católicos. La serenidad y paciencia con la que los jóvenes soportaron la tormenta durante la Vigilia de Cuatro Vientos, el sábado 20 por la noche, son, a mi entender, todo un símbolo de lo que le sucede a la Iglesia frente a las hostigaciones del maligno. Ninguna homilía podría grabar tan fuertemente en el corazón de los participantes de esa Vigilia lo que el Evangelio de aquel domingo XXI del tiempo ordinario nos recordaba: “… Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará”. (Mt 16, 18)
Baste este pequeño recuerdo de lo que tan sólo fue una anécdota de esos días para que todos vosotros, queridos lectores de Antena Conventual, reviváis lo mucho que supuso de gracia la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud. Como suele suceder en todo lo humano, salvo las excepciones que el poder divino tenga a bien, cada uno habrá obtenido una gracia proporcional a su entrega. No es necesario haber participado físicamente en la JMJ para acabar beneficiándose de tanta gracia. Quien haya hecho de ello un motivo fuerte de oración en el tiempo en que se preparaba la JMJ o durante el desarrollo de la misma, seguramente habrá recibido el ciento por uno. Quien no quiso enterarse, muy probablemente se ha perdido sus frutos.

Algunos datos de los conventuales
Como ya sabéis por anteriores entregas, los Franciscanos Conventuales no hemos querido quedarnos al margen de esta JMJ. Ni a nivel de España, ni a nivel mundial. De hecho, entre nuestro Colegio San Buenaventura, la parroquia Ntra. Sra. del Rosario, el colegio Ntra. Sra. del Sagrado Corazón de las Franciscanas del Espíritu Santo (o de Montpelier) y las veintisiete familias del barrio que brindaron generosamente su casa, su tiempo y sus desvelos para acoger a peregrinos, hemos acogido a unos mil seiscientos cincuenta peregrinos; todos ellos pertenecientes a ámbitos pastorales más o menos vinculados con nuestra Orden y provenientes de treinta y cuatro países. De entre todos estos peregrinos unos ciento treinta y cuatro éramos frailes, dieciocho eran profesos temporales estudiantes de teología, veintitrés postulantes y veintidós, religiosas.
Por unos días el campo de fútbol del Colegio se convirtió en aparcamiento para unos dieciséis autobuses; hubo que instalar seis duchas en la parroquia y treinta y seis en el colegio que completaran la dotación fija, que es de treinta y siete; también hubo que usar cada rincón del colegio para que todos estos peregrinos tuvieran un trocito de suelo en el que poder dormir, desde las aulas normales hasta las salas de catequesis y el salón de actos. En el patio instalamos un escenario cuadrado de metro veinte de alto y diez metros de lado, imprescindible para la celebración de la Eucaristía del sábado por la mañana y para la actuación del grupo francés del que más adelante os hablaré.
En definitiva la Provincia de España de los Franciscanos Conventuales ha realizado un esfuerzo considerable para acoger este gran acontecimiento y estamos muy satisfechos de ello. Más discreta ha sido, sin embargo, la participación de nuestros jóvenes españoles; nada que ver con el número de italianos y franceses, que fueron, con mucho, los más numerosos. Nuestros peregrinos participantes en la JMJ han sido dieciocho navarros, otros dieciocho palentinos, cuatro barceloneses y dos vallisoletanos. La falta de jóvenes españoles de la mayor parte de nuestras presencias merece un buen análisis que detecte en qué estamos fallando. Ojalá que éste pueda ser un fruto de la JMJ para los Conventuales de España.
Además de los peregrinos normales, hemos de reseñar la importantísima labor de los voluntarios que tanto han colaborado para el éxito de estas Jornadas. Además de los catorce voluntarios italianos, los dos austríacos y los siete colombianos, también formaron parte de este grupo doce alumnos del Colegio San Buenaventura, una profesora, tres ex alumnos, cinco barceloneses, cuatro vallisoletanos, dos de Tarancón, un palentino, un valenciano, y veintiún feligreses del barrio. Esta ha sido nuestra modesta participación en ese inmenso grupo de casi treinta mil voluntarios que han hecho posible la JMJ de Madrid.


Los encuentros con el Papa
No cabe ninguna duda de que los participantes en la JMJ vivíamos las emociones más fuertes cuando, de la mano del sucesor de Pedro, escuchábamos palabras de vida y aliento como si de labios del mismo Cristo salieran. No corresponde a este espacio y momento recorrer todo lo dicho por nuestro querido Benedicto XVI. Sin embargo no me resisto a llamar vuestra atención sobre alguna de sus palabras.
En la homilía de la Vigilia en Cuatro Vientos, decía el Papa: “Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios”.
Y en la homilía de la Eucaristía final, decía: “Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios”.
Y, finalmente, en su encuentro con los voluntarios, decía algo que vale para la vida de cualquier cristiano, porque seguir a Cristo es asumir que vivimos para servir: “En cierto sentido, habéis hecho realidad las palabras del Señor: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Tengo la certeza de que esta experiencia como voluntarios os ha enriquecido a todos en vuestra vida cristiana, que es fundamentalmente un servicio de amor. El Señor trasformará vuestro cansancio acumulado, las preocupaciones y el agobio de muchos momentos en frutos de virtudes cristianas: paciencia, mansedumbre, alegría en el darse a los demás, disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios. Amar es servir y el servicio acrecienta el amor. Pienso que es éste uno de los frutos más bellos de vuestra contribución a la Jornada Mundial de la Juventud. Pero esta cosecha no la recogéis solo vosotros, sino la Iglesia entera que, como misterio de comunión, se enriquece con la aportación de cada uno de sus miembros”.


La experiencia de las catequesis y de los actos culturales.
Otros de los momentos que nos hicieron vibrar con especial intensidad fueron las catequesis con los obispos y los actos culturales a los que pudimos asistir. Tuvimos ocasión de descubrir unos pastores que están cercanos y que tienen auténtico interés en responder a las preguntas de los jóvenes de hoy. No son muchas las ocasiones en las que los jóvenes pueden plantear sus preguntas directamente a los obispos. La JMJ lo posibilita. Allí escuchamos sus enseñanzas y pudimos beneficiarnos de su sabiduría. Quien no se dejó llevar por el sueño o el cansancio pudo realmente aprender y reafirmar su fe.
Generalmente después de las Eucaristías presididas por los obispos también había ocasión de escuchar testimonios a veces increíbles de conversiones y de procesos vocacionales. ¡Cuántas vueltas, caídas y palos han tenido que experimentar algunos para llegar a reconocer que sólo en Cristo hay salvación y Vida verdadera!
Y de entre todos los actos culturales que hubo en aquellos días, permitidme que recuerde con especial emoción el llevado a cabo por unos ciento cincuenta peregrinos franceses. Se representó dos veces, una en el patio del colegio para nuestros propios jóvenes y feligreses del Batán, y otra vez en la Iglesia Santa Clara para todo aquel peregrino de la JMJ que quisiera acudir. En las dos ocasiones brilló la presencia fuertemente evocadora de la vida del pobre de Asís que, por la vía de la desapropiación y la vivencia literal del Evangelio, llegó a vivir en armonía con la creación, en comunión con todo hombre y en íntima unión con Cristo. La belleza de la música en vivo, los juegos de luces, la experiencia de los actores y los detalles de vestuario eran suficientes para hacer de ello un espectáculo impresionante; sin embargo, lo mejor de esos momentos se percibía en la profunda vivencia espiritual de cada “actor”. No estaban actuando, estaban recreando la experiencia de Francisco y sus primeros hermanos. Toda su labor estaba dirigida a suscitar en nosotros una oración de alabanza a Dios por la vida y obra de San Francisco de Asís. Y ciertamente lo consiguieron.


¿Y ya todo se acabó?
Pues no. Estoy convencido de que ahora comienza lo bueno: los frutos de la JMJ. Como anticipo sólo os traslado un pequeño comentario que me hacía una voluntaria. Me decía: “¡Cuánta sed de Dios hay en la gente y no se habían dado cuenta hasta ahora! Hay personas que me han dicho que tenemos que formarnos, que hemos de profundizar en todo lo que el Papa nos ha dicho”.
En palabras del director ejecutivo de la Jornada Mundial de la Juventud "estos días serán el punto de partida de la renovación espiritual de los jóvenes de Madrid, de España y de todo el mundo: ahora es tiempo de leer y releer los bellos mensajes que nos ha dejado el Papa, de desarrollar las preguntas vocacionales que muchos se han hecho durante estos días, de incorporar a la práctica habitual de vida cristiana la práctica de la confesión, a la que muchos se han acercado estos días”.
Es verdad, algo ha pasado en Madrid, y va a haber un antes y un después de la JMJ.
Gracias a Dios, edificados y arraigados en Cristo, hoy todos estamos más firmes en la fe.


Testimonio de tres jóvenes franceses sobre la JMJ
 JMJ: Las tres palabras que han dado sentido a mi vida como cristiano. Este viaje fue una oportunidad para mí de volver a conectar con Cristo. En mi vida yo a veces dudo y me hacen preguntas y me presentan dudas acerca de mi fe. Pero en este viaje, Cristo me dio la esperanza y la confianza en Él. Ir con los Franciscanos Conventuales ha sido una aventura única para mí y un recomenzar a pleno pulmón. Emeric, orgulloso de ser cristiano.

Jornada Mundial de la Juventud, puedo decir que he visto a la iglesia. Una Iglesia joven, viva, alegre y decidida, siguiendo a un Papa no menos confiado y determinado. Más allá del calor, las tormentas, y manifestaciones, he visto que podemos afrontar las dificultades con y para Cristo. Jornada Mundial de la Juventud, ¿un importante encuentro católico? En efecto, y mucho más que eso, una expresión de gracias dadas por Jesús a los jóvenes que le buscan, más allá de límites y obstáculos. Quentin.

Lo más importante de la Jornada Mundial de la Juventud ha sido ver hasta dónde llega la bondad de Dios para con los hombres (todos los pequeños y grandes servicios de los unos por los otros en lo necesario y a veces sólo para agradar).
También, he visto levantarse a la Iglesia del mundo entero... ¡los jóvenes han partido a todas las partes del mundo! Luego, ¡cuando se sumen todos los que estaban ausentes...! ¡Yo no estoy ya solo! A.
 

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