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jueves, 15 de septiembre de 2011

Beato Antonio de San Buenaventura

Sacerdote y mártir en Japón, de la Primera Orden (1588‑1628). Beatificado por Pío IX el 7 de julio de 1867.
Imagen tomada de http://tudensia.blogspot.com/.

Fray Antonio de San Buenaventura, mártir en el Japón, nació en Tui en Galicia, España, en 1588. Realizados los estudios de filosofía en la universidad de Salamanca, en esta ciudad fue recibido en la Orden de los Hermanos Menores, e hizo la profesión el 14 de julio de 1605.
El mismo año partió con 59 compañeros para las Filipinas, y prosiguió los estudios teológicos, luego fue ordenado sacerdote y se dedicó con tanto celo al sagrado ministerio que los superiores lo consideraron idóneo para la peligrosa misión del Japón (1618). Su apostolado en los 10 años que lo separaron del martirio, fue resumido así por el comisario general de la Orden de los Hermanos Menores en aquella tierra.
“Antonio de San Buenaventura fue obrero incansable y ganó para Dios una multitud de almas. Noche y día velaba, confesando, bautizando, catequizando, levantando a los que habían caído por temor a la persecución, de los cuales en poco tiempo recondujo a la fe a más de 2.000, muchos de los cuales fueron constantes hasta el martirio. En tiempos tan difíciles en que el cristianismo era perseguido, bautizó a más de mil paganos y en los diez años que duró su ministerio, nada pudo frenar el ardor apostólico de su celo”.
Denunciado el 21 de enero de 1628 por un falso amigo, fue recluido en la terrible prisión de Omura, donde tuvo la posibilidad de prepararse con muchos compañeros al martirio, al cual miraba como una fiesta. Escribía en efecto desde la prisión el 6 de septiembre al padre Pedro Matías, comisario de Filipinas: “Estoy tan sorprendido cuando me veo donde estoy y pienso que desde hace dieciséis días están listos los postes y la leña para ser quemado vivo, que todavía dudo si se trata de mí precisamente. Oh misericordia de Dios, tan misericordioso que pagas tan generosamente a quien tan mal te ha servido!”.
Fray Antonio pasó veinte meses en la prisión, y sin embargo no se desalentó; el deseo del martirio irradiaba toda su vida. Trasladado a Nagasaki en la Santa Colina o Monte de los Mártires, fue quemado vivo en medio de terribles sufrimientos soportados con heroica fortaleza. Era el 8 de septiembre de 1628. Tenía 40 años.