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lunes, 12 de septiembre de 2011

Beato Francisco de Calderola

Sacerdote de la Primera Orden (1430‑1507). Aprobó su culto Gregorio XVI el 1 de septiembre de 1843.
Beato Francisco de Calderola.

Francisco de Calderola fue gran colaborador de su cohermano Fray Bernardino de Feltre en la fundación y propagación de los Montes de Piedad en favor de los pobres y contra la usura. Ingresó muy joven en la Orden Franciscana. Aún antes de ser ordenado sacerdote fundó la Cofradía de María Santísima del Monte, con la finalidad de dirigir la marcha y la administración del hospital cívico y de los Montes de Piedad en contra de la usura y la explotación. El municipio, reconociendo la utilidad de la obra  y las buenas dotes adminsitrativas de Francisco, aprobó la iniciativa.
Provenía de una región de economía predominantemente agrícola, y conocía bien las miserias de los labradores de aquellos campos, forzados a endeudarse pesadamente, hasta convertirse en verdaderos esclavos de los usureros y víctimas del capitalismo. Pero el espíritu de caridad de Francisco no se agotó en la fundación de Montes de Piedad, sino que se reveló y brilló aun más en la predicación de la paz, en las regiones de su tierra, divididas por las luchas violentas entre facciones ambiciosas y familias poderosas. El secreto del éxito del predicador de paz era simple: hablar al pueblo de día y pasar la noche en oración. De la continua e infatigable oración las palabras del predicador tomaban fuerza y valor, y se hacían capaces de tocar las almas, aplacar los resentimientos y exhortar al bien.
Francisco se esforzaba siempre por progresar en la ciencia y la virtud. Ardiente sacerdote de Cristo estaba inflamado en el fuego de la caridad. De su predicación cosechó abundantes frutos, especialmente en su tierra natal, Calderola. En efecto no sólo logró reformar las costumbres de los habitantes, sino que también promovió su bienestar social con el apaciguamiento de los odios, la conciliación de las discordias públicas, y la fundación de los Montes de Piedad.
Después de una larga vida empeñada generosamente al servicio de Dios como predicador fervoroso con un lenguaje adaptado a la capacidad del pueblo sencillo y humilde, y en la realización de obras útiles y santas a favor del prójimo, murió en el convento de Colfano, donde había pasado la mayor parte de su vida religiosa, el 12 de septiembre de 1507 a la edad de 77 años. Después de su muerte realizó numerosos milagros y su culto está documentado desde 1511.