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sábado, 24 de septiembre de 2011

San Pacífico de San Severino.


Sacerdote de la Primera Orden (1653 1721). Canonizado por Gregorio XVI el 26 de mayo
 de 1839.


Pacífico (Bautizado como Carlos Antonio), nació en San Severino, Marcas, el 1 de marzo de 1653, hijo de Antonio María Divini y María Angela Bruni, último de 13 hijos. Después de la muerte de sus padres, fue acogido por el tío materno Luzizo Bruni, prior de la catedral de San Severino Marcas, culto y buen sacerdote pero muy austero. A los 17 años abrazó la vida religiosa entre los Hermanos Menores y el 28 de diciembre de 1671 fue admitido a la profesión religiosa, estudió luego filosofía y teología y el 4 de junio de 1678 fue ordenado sacerdote en Fossombrone.

En el convento del Crucifijo de Treia trabajó intensamente para prepararse al apostolado y a la enseñanza. El 25 de septiembre de 1681 fue nombrado predicador y lector. Por tres años enseñó filosofía y ejerció la predicación.

Durante 10 años recorrió muchas veces los caminos de las verdes Marcas, repetidamente anduvo por pueblos y ciudades; predicó en las iglesias, en las plazas, en los santuarios, incansable difusor de la verdad. Su palabra sacudió a los fieles; su celo conmovió a los tibios; su humildad mortificó a los soberbios. Se recordó mucho tiempo en las Marcas la predicación elevada y persuasiva del fraile franciscano, inclusive cuando las fatigas de su vida de predicador volante lo forzaron a retirarse inmóvil al convento de Forano, enfermo de las rodillas. No tenía sino 45 años y vivió hasta los 68, siempre más enfermo y siempre más severo consigo mismo, afligido por la incomprensión, y herido por la calumnia. Ante las injustas acusaciones, Pacífico no se defendió. Conservó en silencio aquella paz del alma laboriosamente conquistada con una vida de trabajo y sufrimiento.

Su salud cada vez empeoraba más. A la llaga de su pierna derecha, se añadieron la sordera y la ceguera progresiva, tanto que en los últimos años de su vida se le hizo imposible celebrar la Misa, escuchar las confesiones de los fieles y participar en la vida de la comunidad. Alejandro Calvi, obispo de San Severino el 11 de junio de 1721 fue a visitarlo y en aquella ocasión con estupor oyó que lo apostrofaba: “Excelencia, al Paraíso, al Paraíso, usted va primero y yo lo seguiré un poco después”. Esa misma tarde cayó enfermo el obispo y murió el 25 de julio. Poco más tarde lo seguiría Pacífico, a la edad de 68 años, el 24 de septiembre de 1721.




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