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domingo, 4 de septiembre de 2011

Septiembre 4: Santa Rosa de Viterbo.

Virgen de la Tercera Orden (1234‑ 1252). Canonizada por Calixto III en 1457.

Santa Rosa de Viterbo.
Se recuerda con admiración y simpatía a esta muchacha, aunque no es un personaje de envergadura en la historia universal, aparece como una santa de extraordinaria precocidad en la gracia.
Nació en Viterbo, ciudad del Lacio, en 1234, hija de Juan y Catalina; no tenía sino tres años cuando, según la tradición, hizo su primer milagro, resucitando a una tía materna. A los ocho años tuvo el don de éxtasis. La Virgen le ordenó a los diez años tomar el hábito de la Tercera Orden Franciscana. Y a aquella edad Rosa emprendió su primera misión contra el emperador hereje Federico II, enemigo del Papa, quien ilícitamente había ocupado la ciudad. La niña predicaba por las calles y en las plazas de Viterbo, llevando en sus manos una pequeña cruz y un libro, enseñando el catecismo a los niños y recordando a los adultos la doctrina cristiana y los deberes morales, haciendo además ruidosos milagros. Nadie se atrevía a tocar a la misionerita que tenía que subirse en alguna piedra para hacerse ver de sus oyentes. Y las piedras se crecían bajo sus pies para mantenerla en alto.
A los 15 años, considerada peligrosa para el orden público, fue expulsada de su ciudad junto con su familia. Se trasladó a Soriano, donde continuó su misión de instrucción religiosa y su cruzada contra el emperador hereje, hasta que, una mañana, después de haber orado en la iglesia, anunció que Federico II había muerto, noticia que sólo al siguiente día fue confirmada por los mensajeros.
De Soriano, Rosa pasó a Vitorchiano, donde un hombre que se decía mago tenía embaucado a todo el pueblo. La jovencita hizo encender en la plaza del lugar un montón de leña, subió sobre la hoguera, donde permaneció por tres horas entre las llamas. Cuando bajó de allí ilesa, sin siquiera chamuscarse un cabello, el presunto mago se arrojó a sus pies.
Volvió a Viterbo ya de 16 años, y quiso ingresar en el convento para pasar en oración el resto de su vida. Pero no fue aceptada por las monjas de Santa María de las Rosas, desconcertadas por aquella adolescente terrible en su clamorosa santidad. Rosa aceptó el rechazo con tranquilidad y paciencia; luego, dijo sonriendo: “Ustedes no me aceptaron viva, pero estarán muy contentas cuando me acojan muerta”. Continuó durante dos años su apostolado como simple terciaria franciscana, quemando sus juveniles energías en el ejercicio de la más ardiente caridad. Murió en 1253 a los 18 años, y, como había predicho, el papa Alejandro IV, hallándose en Viterbo, por tres veces tuvo la visión de la joven muerta. Entonces en 1258 hizo colocar su cuerpo en la iglesia de Santa María de las Rosas. La solemne traslación tuvo lugar el 4 de septiembre, fecha que se conservó como día de la conmemoración de Santa Rosa de Viterbo, cuyo cuerpo, todavía incorrupto después de más de siete siglos, se conserva en aquella iglesia rodeado de la afectuosa y festiva veneración de sus conciudadanos.