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viernes, 9 de septiembre de 2011

Una década del atentado terrorista a Torres gemelas de Nueva York


Prensa Franciscana del Perú.- Pasado mañana, 11 de septiembre, se conmemora una década del atentado terrorista a las Torres gemelas de Nueva York y en todo el mundo se ha recordado esta tragedia no sólo para rechazarla y condenarla, sino también para concluir que la violencia -de cualquier tipo- no es el camino apropiado.
En Nueva York y en todos los Estados Unidos se han redoblado las alertas de seguridad, en prevención de atentados similares, mientras que los deudos de los fallecidos y desaparecidos alistan homenajes in memoriam. Además de estas manifestaciones, privadas y públicas, los medios de comunicación vuelven a recordar el hecho desde diversos ángulos.
Por ejemplo, el diario El Comercio editó un informe especial titulado "Testimonios: Nueve historias de peruanos y el 11-S" conel testimonio de varios peruanos que sobrevivieron a este atentado terrorista.
Como dijo San Francisco: ¡Paz y bien!

Por Fernando Lozano Chávez

Todos tenemos nuestra propia historia de ese día. Muchos estaban en el colegio, en la universidad, o rumbo a su primer día de trabajo, un día cualquiera que fue interrumpido cuando el avión del vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center en el corazón de Nueva York. Ese fue el comienzo.
Los peruanos lo vimos por televisión, pero muchos compatriotas estuvieron en Estados Unidos, cerca del centro de la tragedia, conociendo el miedo de cerca. A través de la página de Facebook de El Comercio les pedimos a todas esas voces ocultas que nos cuenten lo que vivieron ese fatídico día. Aquí están los testimonios más impactantes.

A 30 CUADRAS DEL HORROR, por Vanessa Fiorella Delgado. Yo estuve en Nueva York ese día, un día que nunca voy a poder olvidar. Vi a personas cubiertas en cenizas, llorando porque no podían encontrar a sus familias, caminando sobre el puente hacia Brooklyn o Queens. Personas poniendo volantes en las paredes de edificios buscando por sus seres queridos. Ese día me quedé en shock porque no estaba cerca de mi familia, estaba sola en Nueva York, casi a 30 cuadras de donde pasó todo, viendo personas saltar del edificio por la desesperación. Si alguien se ha subido en esas torres, uno puede imaginar la desesperación que deben haber sentido. La noche anterior me había quedado en Nueva Jersey, y esa mañana antes de pasar por el túnel Lincoln, vi la primera torre con fuego saliendo de las ventanas. Aunque fue un gran ataque hacia Estados Unidos, nos unió más que nada. Y pensar que mi primer pensamiento ese día cuando me desperté fue “¡qué día tan hermoso!”. No había ninguna nube en el cielo. Yo tenía 18 años, pero me acuerdo de todo esto como si fuera ayer. Nunca me olvidaré del 9/11.

EL ATAQUE AL PENTÁGONO, por Pedro Díaz. Ese día recuerdo bien claro haber estado en un techo de una casa en Georgetown, y vi claramente la caída del avión al Pentágono. Nos alertaron de un ataque terrorista, los teléfonos no funcionaban Washington DC, Maryland y Virginia. Paralizaron todo. Fue un momento que difícilmente voy a olvidar. Si fue el gobierno o terroristas, ¿qué más da? Muchas vidas y sangre se derramaron en el suelo de tierra libre. Es un momento difícil recordar las escenas de esa tragedia.

PÁNICO EN NEW JERSEY, por Alberto Jr. Portanova. Estaba en el trabajo esperando el camión que venía con comida para Mc Donalds, pero no llegaba. Yo estaba en New Jersey, a cinco minutos de New York City. El camión llegó tarde y el conductor dijo que algo pasaba en New York City. Prendió la TV que teníamos en la sala de empleados y vimos que llegó el segundo avión y le dio a la segunda torre. Comprendí como peruano, como testigo y sobreviviente del terrorismo en Perú, que no era una casualidad… estábamos bajo ataque. El pánico corrió por toda la tienda y la ciudad y país. Se cerraron las principales avenidas, se envió a los niños de las escuelas a casa y el pánico corrió por toda la ciudad. Todo cambió. Ver una persona libanesa o árabe o palestino era sinónimo de terrorismo. Créanlo o no era así. Setiembre 11 nos cambió la vida.

TEMOR EN WASHINGTON, por Dan Carbajal. Estaba en mi trabajo en el aeropuerto de Washington DC, muy cerca al Pentágono que también fue atacado. Nos hicieron evacuar el aeropuerto porque dijeron que había otro avión que venía hacia la capital y no sabían donde se iba a estrellar. Todos estábamos muy confundidos. Me tomó casi dos horas para llegar a casa, algo que solo me toma 15 minutos. Fue desastroso y el humo tenía olor a carne quemada. Solo se oían los patrulleros, los carros de bomberos y las ambulancias. Un tributo a todas las vidas inocentes perdidas y a los héroes que lucharon para evitar más desgracias, como los pasajeros del vuelo de United 93 que se estrello en Pennsylvania después de luchar contra los terroristas.

A UNA HORA DEL FUEGO, por Ernesto Giraldo. Yo estaba trabajando a una hora de allí, cuando vi las imágenes en la televisión de la cafetería. Pensaba que era una película. Cuando vi que era real estaba me sentía como si me hubiera despertado recién. Luego fui de vuelta a casa, justo enfrente del río Hudson. Vi de lejos la humareda gigante y se me partió el corazón por dentro. Mire el desastre y recé por dentro por todas las personas. Es algo muy triste.
COLIN POWELL SE ENTERÓ EN LIMA, por Fernando Sosa Ferrucci. Un amigo trabajaba en el gimnasio del hotel Marriot en Miraflores me contó que él le paso la voz al Secretario de Estado Colin Powell, quien justo estaba haciendo sus ejercicios en el gimnasio puesto que estaba de visita oficial en Perú. Se puso blanco, no entendía lo que pasaba, se quedo paralizado, balbuceando, hasta que llegó gente del servicio secreto y se lo llevó prácticamente cargado de los hombros de frente al aeropuerto.
DESDE UN HOSPITAL DE NY, por Martín San Bartolomé. Aquel día estuve laborando en New York, en el North Shore University Hospital. Todo fue muy rápido, penoso, nadie daba fe de lo que transmitían las televisoras. No teníamos señal en radioemisoras, el servicio de telefonía celular colapsó, el transporte en bus era restringido y el ferroviario simplemente cerró. La incertidumbre era enorme. Por esa época vivía en Great Neck, una zona donde viven familias judías, algunas laboraban en Manhattan. Una de las cosas impactantes fue que el bus que tomaba de la casa a la estación de tren para ir a laborar siempre estaba repleto con las personas que trabajaban en Manhattan. Después de ese día, el bus nunca más se llenó. VH1 y MTV, tanto el 11 y 12, solo ponían música suave, cada media hora daban un mensaje de aliento a los familiares de las víctimas. Espero que esto nunca más se repita.

DESDE NEW JERSEY, por Luis Zárate. Mi experiencia fue muy triste. Yo vivo en New Jersey. En la mañana a la hora del ‘break time’, todos fuimos a tomar desayuno y nos encontramos con la sorpresa en la TV de lo que estaba ocurriendo. Todos mis compañeros de trabajo y yo nos pusimos mal al ver las imágenes y luego nos dieron la alerta de protegernos ya que la compañía trabajaba para el Gobierno. Después de unas horas nos mandaron a casa con nuestras familias. Ya manejando a casa pude observar en el cielo nubes negras inmensas que eran producto del humo que salía de New York. Jamás voy a olvidar ese día, pero ruego mucho a Dios para que nos dé fuerza y seguir siempre para adelante, como hacemos toda la gente que vivimos aquí en USA.

EL ESPOSO EN WASHINGTON Y LA HIJA EN NY, por Gisella Orihuela Shea. Terrible. Estaba en una clase con niños preescolares en USA, haciendo como que no pasaba nada para no asustarlos, sin acceso a la TV, los celulares no andaban, mi marido en Washington DC y una hija en New York. Después se politizó tanto esta tragedia que ya no quiero saber más. Lo convirtieron en algo heroico y se olvidaron de las verdaderas víctimas.


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