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domingo, 16 de octubre de 2011

Beato Tomás Tzugi.

Sacerdote y mártir de la Tercera Orden (1570‑1627). Beatificado por Pío IX el 7 de julio de 1867.
Tomás Tzugi nació hacia 1570 de una familia noble de Sonongai, en la provincia japonesa de Omura. Recibió educación y formación cristiana en el seminario de los Jesuitas y en 1589 se hizo terciario franciscano. Consagrado sacerdote, se distinguió como predicador excelente en la ciudad de Nagasaki, empleando a menudo un lenguaje duro al denunciar escándalos y vicios.
Por esto fue forzado a emigrar a Ficata en el Chicuyen, donde continuó con ferviente celo su apostolado. En 1614 estalló en el Japón una violenta persecución contra el cristianismo y gran parte de los misioneros y sacerdotes fueron expulsados. Tomás se trasladó entonces a Macao, donde permaneció cuatro años.
Hacia 1618 regresó al Japón fingiendo ejercer el oficio de mercader. De inmediato prosiguió el ministerio sacerdotal disfrazándose frecuentemente y ejerciendo otras ocupaciones, especialmente la de fakir. La extenuante persecución, los continuos y dolorosos contrastes, el peligro de los espías provocaron en Tomás una crisis de desconfianza y desesperación, pero luego tuvo una saludable reflexión y superó felizmente la crisis y con hechos demostró haber logrado un sereno equilibrio interior.
En este período se expuso valientemente a continuos peligros con tal de ser de ayuda para los cristianos y ejerció nuevamente su apostolado en Nagasaki, mientras la persecución se hacía cada vez más cruel.
Pero un día fue sorprendido por los guardias del gobernador Feizo en la casa de un cristiano, Luis Maki, después de la celebración de la Misa. Llevado ante el gobernador apóstata, confesó la fe cristiana valientemente. Fue luego trasladado a la prisión de Omura, donde permaneció 13 meses. Las presiones insistentes de los familiares para apartarlo de la fe fueron vanas, por lo cual el gobernador lo hizo trasladar a Nagasaki para ser quemado vivo. Durante el suplicio demostró extremada serenidad confortando a los dos compañeros de martirio, Luis y Juan Maki. Murió recitando el salmo “Laudate Dominum omnes gentes” (Alabad al Señor todas las naciones), el 7 de septiembre de 1627.