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miércoles, 19 de octubre de 2011

San Pedro de Alcántara.

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Sacerdote de la Primera Orden (1499 1562). Canonizado por Clemente IX el 28 de abril de 1669.

Pedro, promotor de una reforma en la Orden Franciscana, nació en Alcántara, Extremadura, España, en 1499. Estudió en la universidad de Salamanca de 1513 a 1515. Luego ingresó en la Orden de los Hermanos Menores en Los Majaretes. Poco después, en 1519, aun antes de ser ordenado sacerdote, fue enviado como superior a fundar el convento de Badajoz. En 1524 fue ordenado sacerdote y pasó como superior a Robledillo, de allí a Placencia y nuevamente a Badajoz, hasta que en 1532 obtuvo permiso para recogerse a una vida más retirada en el convento de San Onofre de La Lapa. En 1538 fue elegido Ministro provincial de la Provincia de San Gabriel.

Durante el período en que fue ministro provincial redactó para sus religiosos estatutos muy severos aprobados en el capítulo de Placencia en 1540. Pero el comienzo de su reforma tuvo lugar en 1544 cuando, con el consentimiento de Julio III, se retiró a la pequeña iglesia de Santa Cruz de Cebollas, cerca de Coira. En 1555 construyó el célebre convento de Pedroso, seguido de otros. Desde este momento la reforma prosperó ampliamente, el 8 de mayo de 1559 obtuvo la aprobación de Pablo IV, que le permitió su difusión también en el exterior.

Pedro de Alcántara con su reforma quería volver la Orden Franciscana a la genuina observancia de la Regla. Mediante la suma pobreza, la rígida penitencia y un sublime espíritu de oración alcanzó las más altas cumbres de la contemplación y pudo atraer a numerosos Franciscanos por aquel camino de reforma que se proponía hacer revivir en su siglo el franciscanismo de los primeros tiempos. Siguiendo sólo a Cristo pisoteó todas las demás cosas humanas, feliz de estar crucificado con El.

Fue confesor y director espiritual de Santa Teresa de Avila y le ayudó en la reforma de la Orden Carmelitana. De él escribió la misma Santa: “Modelo de virtudes era Fray Pedro de Alcántara! El mundo de hoy ya no es capaz de una tal perfección. Este hombre santo es de nuestro tiempo, pero su fervor es robusto como el de otros tiempos. Tenía el mundo bajo sus pies. Qué valor dio el Señor a este santo para hacer durante 47 años tan áspera penitencia!”.

Rico en virtudes y méritos, murió dulcemente el 18 de octubre de 1562, a los 63 años. Apareciéndosele después de su muerte a Santa Teresa de Avila, le mostró el gozo que poseía en el cielo y le dijo: “Oh feliz penitencia que me ha merecido tanta gloria en el Paraíso!”. Santa Teresa de Avila fue llamada “honra de España”, pero ella compartió este honor con su contemporáneo y coterráneo, San Pedro de Alcántara.