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lunes, 3 de octubre de 2011

Tránsito de San Francisco de Asís.


Francisco, hijo de Pedro Bernardone y de doña Pica, nació en Asís en 1181 o 1182. Después de una juventud descuidada, a la edad de 24 años, en la iglesita de San Damián, oyó la invitación de Cristo que lo llamaba a seguirlo y a reparar su casa. Renunció entonces a todas las cosas terrenas para adherirse solamente a Dios y desde entonces no tuvo otra preocupación que “vivir según la norma del Santo Evangelio, en obediencia, pobreza y castidad”, imitando en todo a Cristo pobre y humilde.


Unido a algunos compañeros, dio comienzo a una nueva Orden religiosa en 1209, que por humildad llamó “Orden de los Hermanos Menores”, y se estableció primero en Rivotorto y luego en Santa María de los Angeles. Para sus Hermanos escribió una Regla que fue después aprobada por el papa Honorio III en 1223.

Francisco y sus hermanos fueron por todas partes a predicar el evangelio en los países cristianos y en los de infieles con palabras simples, pero eficaces y sobre todo con el ejemplo de su vida santa. Fundó también una segunda Orden, llamada de las “Damas Pobres” o de las “Clarisas” y una Tercera Orden para aquellos que viven en el mundo. Dos años antes de su muerte, en el monte Alvernia recibió de Cristo el sumo privilegio de los estigmas, que lo hizo conforme al Crucificado también en su cuerpo.

Murió en Santa María de los Angeles, acostado sobre la desnuda tierra, la tarde del 3 de octubre de 1226. La enfermedad, que se había manifestado algún tiempo antes, iba agravándose. Fue llamado meser Bongiovanni, valiente médico de Arezzo, a quien preguntó: “¿Qué te parece esta mi enfermedad?” El médico, con expresión sibilina, le respondió: “Animo, vamos, hermano bendito, curarás por la gracia del Señor!”. Pero San Francisco no se dejaba ilusionar con mentiras piadosas: “Dime la verdad. No soy tan pusilánime como para temer la muerte, que la deseo ardientemente!”. Entonces el médico le dijo: “Padre Francisco, según la ciencia tu enfermedad es incurable y creo que hacia fines de septiembre o hacia el 4 de octubre morirás!”. Entonces Francisco exclamó: “Bienvenida, mi hermana muerte!”.

De Asís, donde había obtenido la reconciliación del obispo con el podestá se hizo llevar a Santa María de los Angeles. En mitad de camino se hizo colocar de cara a Asís y bendijo a la ciudad, luego el cortejo continuó hasta la Porciúncula, donde se hizo tender desnudo sobre la desnuda tierra y se hizo cantar por los caballeros de la mesa redonda el cántico de las criaturas, al cual añadió la alabanza de “nuestra hermana la muerte corporal”. El sábado 3 de octubre de 1226 las condiciones de salud empeoraron, y hacia el atardecer, sintiéndose morir entonó el salmo que comienza: “A voz en grito clamo al Señor”, y lo prosiguió cantando hasta el fin. A las palabras: “Sácame de la prisión...”, la hermana muerte le apagó la voz.

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