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lunes, 21 de noviembre de 2011

Caso Ciro Castillo: lecciones para aprender

Dr. Ciro Castillo Rojo Salas, padre del fallecido estudiante
Ciro Castillo Rojo García Caballero.
(Prensa Franciscana del Perú).- El Dr. Ciro Castillo Rojo Salas -padre del fallecido estudiante Ciro Castillo Rojo García Caballero-, demostró durante este tiempo de búsqueda de su hijo no sólo su amor de padre, sino otros valores humanos trascedentes como fidelidad, paciencia, caridad, solidaridad,  humildad, justicia, fe…
En tiempos actuales en que actos de corrupción y hechos de violencia son noticias frecuentes, es necesario rescatar acciones nobles y gestos amables de los peruanos, para que no pasen desapercibidos y sirvan como ejemplo a seguir.
Últimamente somos testigos de denuncias contra algunos malos “padres de la patria”, vemos el incremento de la violencia urbana, violaciones, violencia familiar, crímenes contra menores de edad. Por otro lado y paradójicamente hay otra corriente de “nacionalismo” que pretende dar un valor extra a la “gastronomía peruana” o darle una nacionalidad a los recursos naturales. Escuchamos hablar de “el orgullo de nuestra Amazonía peruana”, “nuestra exquisita comida peruana”, “nuestro pisco sour”, “Machu Picchu maravilla del mundo”, Vargas Llosa el Nobel de Literatura, así como la ponderación de la “maca peruana”, la “quiwicha peruana”, la “cañihua”,  como si colocando el adjetivo “peruano” se estaría creando un valor trascendental inmanente.
Pero no debemos confundirnos, porque los valores no tienen nacionalidad, son valores éticos, validos para toda la humanidad.
Día a día –y quizás de manera imperceptible para la mayoría- tienen lugar acciones valerosas, hechos que resaltan el valor de la persona humana, gestos que merecen perpetuarse. Desde la humilde madre de familia que se levanta a las 5 de la mañana para ir a trabajar en un puesto del mercado, llevando a sus hijos en hombros, hasta el modesto obrero que “con el sudor de su frente” lleva un pan a casa. Esos valores hay que rescatar y difundir.
En los últimos meses hemos sido testigos de un hecho poco usual: un padre de familia buscando a su hijo perdido, y no abandonando esta tarea a pesar de que el “sentido común” y la “mayoría” le decían lo contrario.
Nos referimos al doctor Ciro Castillo-Rojo Salas, padre del fallecido estudiante universitario Ciro Castillo Rojo García Caballero, quien se perdió en los primeros días de abril en el Valle del Colca (Arequipa) y del que se desconocía su paradero.
El doctor Castillo Rojo buscó a su hijo por casi siete meses, en condiciones adversas y sin contar con los recursos materiales suficientes. Preguntó, indagó, caminó personalmente por los peñascos, tocó puertas, invocó a las autoridades, habló con la prensa, iba y venía con su pregunta: ¿Dónde está mi hijo? Y cuando las carencias aumentaban no dudó, junto a su esposa e hijos, en organizar actividades como polladas y o parrilladas para recaudar fondos, pues el doctor había dejado de trabajar, todo con el propósito de dedicarse íntegramente a buscar a su hijo extraviado.
Y en ese empeño, quizás bajo los efectos de la desesperación, intentó dar explicaciones en voz alta, hilvanar suposiciones e hipótesis, como la de un posible asesinato o secuestro, denunciando un supuesto homicidio ante las autoridades judiciales, aunque los peritos forenses acaban de decir que el joven falleció por los golpes de la caída a un abismo en las faldas del cerro Bomboya.
Todo esto lo hizo por amor a su hijo.
El doctor Ciro simplemente no se dejó vencer por la adversidad o los nulos resultados. En las primeras semanas, el optimismo se iba convirtiendo en pesimismo, pero esto no lo amilanó. Finalmente, nos ha conmovido el momento en que se anuncia el hallazgo del cadáver y el doctor fue al encuentro, manteniendo la serenidad. Incluso al momento del levantamiento y reconocimiento del cadáver en la morgue de Arequipa este padre de familia conmovió a todo el Perú y el mundo. Sus lágrimas ante el cadáver son las de un padre acongojado por lo irreparable.
El doctor Ciro Castillo Rojo nos ha dado un mensaje: ser padre implica amar hasta las últimas consecuencias, y al igual que nuestro padre celestial que deja al rebaño para ir a buscar a una oveja que se perdió, así un padre humano también deja todo lo que tiene que hacer para ir al rescate de su hijo.
Amor, fidelidad, paciencia, valentía, serenidad, amor a Dios, valores que hay que hacer nuestros todos los días.
Y es necesario destacar este valor del doctor Ciro, porque –en la otra orilla- existen antivalores: padre y madres que abandonan a sus hijos en la calle, padres que no cumplen con sus obligaciones familiares, padres que castigan con violencia a sus hijos y a sus esposas. Estos antivalores, lamentablemente son frecuentes en nuestro país, pero no debemos dejar que sigan aumentando.

Paralelamente, también destacamos a otros miles de padres que desde el anonimato están trabajando ahora por transmitir bnuenos ejemplos y valores éticos a su familia. Otros, casos como el del señor Walter Oyarce Delgado (cuyo hijo Walter Oyarce Domínguez fue asesinado en el estadio durante un partido de fútbol) también son ejemplares, porque más allá del dolor y el rencor han demostrado una entereza y dignidad humana como pocas veces se puede ver.
Es con ejemplo de grandeza, de solidaridad y de amor a Dios que se puede transmitir mejor a la sociedad el beneficio y la importancia de los valores éticos y morales, que deben erigirse como la guía de nuestro actual. Muchos dicen: si los seres humanos siguieran la ley de Dios no necesitaríamos tantas leyes penales para corregir a la sociedad y llevarla por el camino del bien.

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