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lunes, 14 de noviembre de 2011

Fray Juan Gómez, el fraile milagrero

UN ENFERMERO FRANCISCANO EN LA LIMA DEL SIGLO XVI
Por Nivardo Córdova Salinas
Fuentes: Archivo San Francisco de Lima / Museo San Francisco y Catacumbas de Lima


Don Ricardo Palma, en sus sabrosas “Tradiciones peruanas”, divulga la noticia de un fraile que vivió en el Convento de San Francisco de Lima y trabajó en la Enfermería franciscana en el siglo XVI durante cuarenta años consecutivos. Nos referimos a Fray Juan Gómez, a quien el tradicionista llama simplemente Fray Gómez y a quien califica como “milagrero”. Estudiosos franciscanos como Luis Julián Plandolit OFM, también han dado fe de la existencia de este personaje de la Lima virreinal que trabajó en la enfermería franciscana.
Dicho fraile no es un invento afiebrado salido de la imaginación del ilustre tradicionista peruano Ricardo Palma sino un personaje de carne y hueso, de cuya existencia no sólo da fe el escritor limeño sino también diversos cronistas históricos del Convento de San Francisco de Lima como Fray Diego de Córdova y Salinas (1) y más recientemente el sacerdote franciscano e historiador Luis Julián Plandolit (2).
Sin duda, Fray Juan Gómez es parte de la historia de la medicina peruana, aun desde su modesta condición de “enfermero franciscano”.  Por ejemplo fue el médico de cabecera de San Francisco Solano, el santo andaluz que vivió en Lima, fundó el Convento de los Descalzos en el Rímac y está sepultado en el Convento de San Francisco de Lima.
Al mismo tiempo, como religioso conventual de la Orden de los Frailes Menores (nombre oficial de la orden franciscana) a Fray Juan Gómez se le atribuyen varios milagros. El hecho de que Palma abordara la figura del fraile franciscano en una tradición titulada “El alacrán de fray Gómez” sitúa a este personaje también en un terreno que oscila entre el mito y la realidad. Más allá de estas consideraciones, dicha tradición  es una de las estampas más memorables que Palma nos ha legado, no sólo de la vida franciscana, sino de la Lima virreinal donde vivieron Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, así como San Francisco Solano y Santo Toribio de Mogrovejo.
Palma ofrece una versión literaria, basada en hechos reales:
“Éste era un lego contemporáneo de don Juan de la Pipirindica, el de la valiente pica, y de San Francisco Solano; el cual lego desempeñaba en Lima en el convento de los padres seráficos las funciones de refitolero en la enfermería u hospital de los devotos frailes. El pueblo lo llamaba fray Gómez, y fray Gómez lo llaman las crónicas conventuales, y la tradición lo conoce por fray Gómez. Creo que hasta en el expediente que para su beatificación y canonización existe en Roma, no se le da otro nombre”, escribe Palma.
Y añade: “Fray Gómez hizo en mi tierra milagros a mantas, sin darse cuenta de ellos y como quien no quiere la cosa. Era de suyo milagrero como aquel que hablaba en prosa sin sospecharlo”.
En “El alacrán de Fray Gómez” Palma introduce al lector contando dos milagros del fraile, antes de adentrarse en el prodigio del alacrán. En primer lugar, refiere que el fraile salvó a un hombre que cayó de un caballo desbocado y quedó mal herido:
Sucedió que un día iba el lego por el puente, cuando un caballo desbocado arrojó sobre las losas al jinete. El infeliz quedó patitieso, con la cabeza hecha una criba y arrojando sangre por boca y narices.
-¡Se descalabró, se descalabró! -gritaba la gente-. ¡Que vayan a San Lázaro por el santo óleo!
Y todo era bullicio y alharaca.
Fray Gómez acercóse pausadamente al que yacía en la tierra, púsole sobre la boca el cordón de su hábito, echóle tres bendiciones, y sin más médico ni más botica el descalabrado se levantó tan fresco, como si golpe no hubiera recibido.
-¡Milagro, milagro! ¡viva fray Gómez! -exclamaron los infinitos espectadores.
Y en su entusiasmo intentaron llevar en triunfo al lego. Este, para substraerse a la popular ovación, echó a correr camino de su convento y se encerró en su celda.
La crónica franciscana cuenta esto último de manera distinta. Dice que fray Gómez, para escapar de sus aplaudidores, se elevó en los aires y voló desde el puente hasta la torre de su convento. Yo ni lo niego ni lo afirmo. Puede que sí y puede que no. Tratándose de maravillas, no gasto tinta en defenderlas ni en refutarlas.”
EL MILAGRO DE LOS PEJERREYES
Palma añade también el otro famoso “milagro de los pejerreyes” que Fray Juan Gómez convida a un convaleciente San Francisco Solano, cuando el fraile andaluz estaba internado de gravedad en la enfermería del Convento de San Francisco de Lima y Fray Gómez lo atendía.
Aquel día estaba fray Gómez en vena de hacer milagros, pues cuando salió de su celda se encaminó a la enfermería, donde encontró a San Francisco Solano acostado sobre una tarima, víctima de una furiosa jaqueca. Pulsólo el lego y le dijo:
-Su paternidad está muy débil, y haría bien en tomar algún alimento.
-Hermano -contestó el santo-, no tengo apetito.
-Haga un esfuerzo, reverendo padre, y pase siquiera un bocado.
Y tanto insistió el refitolero, que el enfermo, por librarse de exigencias que picaban ya en majadería, ideó pedirle lo que hasta para el virrey habría sido imposible conseguir, por no ser la estación propicia para satisfacer el antojo.
-Pues mire, hermanito, sólo comería con gusto un par de pejerreyes.
Fray Gómez metió la mano derecha dentro de la manga izquierda, y sacó un par de pejerreyes tan fresquitos que parecían acabados de salir del mar.
-Aquí los tiene su paternidad, y que en salud se le conviertan. Voy a guisarlos.
Y ello es que con los benditos pejerreyes quedó San Francisco curado como por ensalmo.
Esta tradición, mejor dicho este milagro, no es una fantasía de Palma, sino que tiene asidero real incluso dentro de las crónicas franciscanas y hasta en una pintura que se conserva en el Convento de San Francisco de Lima. En la exposición misional dedicada a San Francisco Solano por los 400 años de su muerte –organizada en 2010 por el Museo San Francisco de Lima y Catacumbas que dirige Fr. Ernesto Chambi OFM- se expuso un cuadro alusivo al “milagro de los pejerreyes”, que también es referido por el padre Luis Julián Plandolit en su libro biográfico sobre Solano, trabajo considerado como el más acucioso sobre la vida del santo montillano.
Escribe Plandolit refiriéndose a la enfermedad de Solano: “Cuando los comedidos le importunaban que comiese les respondía: - `No se ha de hacer más de lo que el enfermero ordena´. Pues a ellos sí obedecía con grandísimo respeto (…) Por dar gusto al hermano Juan Gómez, cuando le traía una higadilla de gallina o algún huevo procuraba comerlo. Y no comía más de la mitad, por no poder digerir cosa alguna. A veces, un solo sorbo de caldo que tomaba le empachaba el estómago. Una vez que el doctor Pedro Rodríguez instaba al padre Solano que comiese algo, y que fuese lo que le apetecía, le preguntó. Respondió el santo que un pejerrey. Hizo diligencia el médico por el Callao y el Surco, pero el mar alborotado no permitía pesca. Afligido el médico, al amanecer vino a disculparse, cuando entra el hermano fray Juan (Gómez) con una fuente de Talavera lleva de pejerreyes. Admirado el doctor, y averiguando de dónde debían haber venido, aunque infructuosamente, encerróse con fray Juan y le pidió encarecidamente que le dijese de dónde procedían aquellos pescados. - `Para que me aflige –respondió el hermano-. Viendo la necesidad del padre Solano, fui a mi Niño Jesús al oratorio, y le supliqué la remediase. Y allí me trajeron ese plato de pejerreyes, y me la hallé en las manos´”.
Como se dijo líneas arriba, el milagro de los pejerreyes ha quedado perennizado en un lienzo de gran formato sobre el cual Ricardo Palma también hace referencia en la tradición “El alacrán de Fray Gómez”, cuadro que hasta hoy se conserva en el Museo San Francisco y Catacumbas de Lima. Palma lo describe así:
Sin embargo, apuntaré, para satisfacer curiosidades exigentes, que sobre la puerta de la primera celda del pequeño claustro que hasta hoy sirve de enfermería, hay un lienzo pintado al óleo representando estos dos milagros, con la siguiente inscripción: «El venerable fray Gómez.- Nació en Extremadura en 1560. Vistió el hábito en Chuquisaca en 1580. Vino a Lima en 1581.- Enfermero fue cuarenta años, ejercitando todas las virtudes, dotado de favores y dones celestiales. Fue su vida un continuado milagro. Falleció en 2 de Mayo de 1631, con fama de santidad. En el año siguiente se colocó el cadáver en la capilla de Aránzazu, y en 13 de Octubre de 1810 se pasó, bajo del altar mayor, a la bóveda a donde son sepultados los padres del convento. Presenció la traslación de los restos el señor doctor don Bartolomé María de las Heras. Se restauró este venerable retrato en 30 de Noviembre de 1882 por M. Zamudio».
Fray Gómez, quien tiene el título de “Venerable” –dado solamente a personas que en vida hicieron méritos para ser santos- representa los valores del franciscanismo: pobreza, alegría, amor al prójimo y minoridad, es decir una condición modesta, humildad, casi invisibilidad, sin brillo ni ostentación. Un auténtico fraile franciscano.


(1)      En la Revista de Historia de América, Nº 40, diciembre de 1955,"Uno de los franciscanos más distinguidos e ilustres en el mundo de las letras en siglo XVII, en Sudamérica, fue el celebrado cronista Fray Diego de Córdova y Salinas. Su pluma, en ocasiones churrigueresca y ágil, fecunda y florida, aunque a veces un tanto pesada y embarazosa, le coloca en un sitial preponderante en el templete de los escritores americanos, y sus Crónicas y escritos, son y serán una fuente de cristalinas aguas de la historiografía y de la consulta documental. Fray Diego de Córdova nació en el último tercio del siglo XVI (1591) en la capital del Virreinato del Perú, la Ciudad de los Reyes...El original de la partida bautismal del cronista limeño -escribe el siempre bien documentado Guillermo Lohmann Villena, nos es desconocido por haberse extraviado desde hace mucho tiempo, el libro donde ellas se asentaban en la Catedral de Lima, desde 1578 hasta 1597. Felizmente en la actual parroquia del Sagrario de esta misma ciudad, existe un Índice alfabético de partidas de bautismo, 1561.1750, confeccionado a mediados del siglo XVIII. Allí consta que en el folio 135 del aludido libro, figuraba entre las partidas asentadas en 1591, una correspondiente a la cristianización (bautismo) de Diego, hijo legítimo del doctor Diego Salinas y de Juana de Silva. Guillermo Lohmann Villena, "Fray Diego de Córdoba Salinas (alcance a un articulo)" en Revista de Indias (Madrid, 1952), Nº 48, pp. 343-345.
(2)     Luis Julián Plandolit inició su investigación en 1949 (año del cuarto centenario del nacimiento de San Francisco Solano) bajo la premisa de que “al santo Solano más se le conoce por los contornos esfumados y claroscuros de la leyenda, que por los matices precisos de la historia”. Plandolit reviso toda la documentación sobre el santo en el Archivo Secreto Vaticano, Biblioteca Vaticana (sección Manuscritos y sección Impresos), Archivo de San Isidoro (padres irlandeses, Roma), Biblioteca Nacional San Isidoro, Biblioteca Nacional de París, Archivo San Francisco de Lima, Archivo de la Curia Arzobispal de Lima, Biblioteca Nacional de Lima (sic), Biblioteca del Convento de Ocopa, Archivo General de Indias (Sevilla) y Archivo de la Embajada Española de Roma.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

porque no lo han canonizado como santo

Anónimo dijo...

esto es muy interesante