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viernes, 9 de diciembre de 2011

La casa del Papa en Lima

Por Fr. Alberto de Santa María OFM

Corrían los días lejanos del 21de mayo del año del Señor de 1534, cuando en la ciudad de Toledo en las Españas, el Emperador Carlos V de Alemania y I de España firmaban una Cédula Real ordenando a don Francisco Pizarro concediera dos solares para que los Franciscanos construyesen su Convento e Iglesia en la Ciudad de los Reyes. Tres años después esta orden imperial se convertía en realidad, fue el primer convento y capilla pobre, sencilla y pequeña que los hijos de San Francisco tuvieron en Lima.
La Segunda Iglesia, amplia y hermosa de tres naves se construyó en tiempos del virrey don Andrés Hurtado de Mendonza, Marqués de Cañete. Los cronistas de la época nos cuenta que fue un portento de arte, pero a los ciento tres años de haberse construido el terremoto del 4 de febrero de 1656 la destruyó en su totalidad.
Un año después de aquel cataclismo, osea en 1657, se comenzó a construir en el mismo lugar la actual iglesia y convento y el 8 de mayo del mismo año, ponía la primera piedra el virrey Conde de Alba, don Luis Enrique de Guzmán. Fue el autor de esta colosal obra el padre Fray Francisco de Borja, junto con el eminente arquitecto portugués don Constantino de Vasconcelos y don Manuel de Escobar como ejecutor de los planos.
A medida que las obras avanzaban, San Francisco de Jesús el grande de Lima, se convertía en uno de los conventos franciscanos más bellos de América, ya que a él le dedicaron las mejores horas de sus creaciones artísticas, imagineros, tallistas, doradores, orfebres, escultores y pintores, a tal punto que concluido el templo y convento con tanta magnificencia se presentó la mayor dificultad.
Reunida la numerosa comunidad en capítulo especial, se trató si se podría aceptar el templo y el convento tan costoso, rico y artístico, tan poco en conformidad con la pobreza franciscana.
Las opiniones permanecían divididas y un grupo numeroso de religiosos afirmaban que junto a tanto esplendor de arte, el mejor testimonio de pobreza restaba en las celdas conventuales, como testimonio de austeridad de acuerdo al ideal de San Francisco.
La situación adquirió tales dimensiones que los religiosos tuvieron que recurrir a la máxima autoridad, es decir al romano pontífice, quien dio la solución definitiva al problema.
Y fue su santidad el papa Clemente X, el que mediante bula apostólica firmada en Roma el día 29 de septiembre de 1668 adjudicaba al templo de San Francisco de Jesús el grande de la ciudad de Lima, los mismos privilegios y gracias a que gozaba la Basílica Mayor de San Juan de Letrán de Roma.
Declarando, asimismo, "Palacio pontificio" el convento de San Francisco, y en consecuencia no perteneciendo, ni de propiedad de los franciscanos, sino del Papa entonces felizmente reinante y de sus legítimos sucesores, y esto para siempre. Correspondía a los franciscanos el simple uso y el cuidar del Palacio Pontificio, o que equivale a decir la casa del papa en Lima.
Como reconocimiento del dominio, superioridad y jurisdicción de los Papas sobre su casa pontificia, los hijos de San Francisco debñian a perpetuidad entregar una libra de cera blanca labrada, cada año en la Basílica de San Juan de Letrán en Roma. Igualmente se debían colocar en la fachada del templo las armas e insignias pontificias, tal requisito fue cumplido y hoy podemos conemplar grabada en la piedra granítica y en la parte superior del arco de entrada a la Basílica, la tiara y las llavez de Sa Pedro o la casa del papa en la ciudad de Lima.

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