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jueves, 28 de abril de 2011

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO


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Sus padres, Luis de Mogrovejo y Ana de Robledo y Morán, pertenecían a la nobleza española. A los doce años, Toribio fue enviado por sus padres a estudiar a Valladolid, donde fue admirado de todos por su comportamiento ejemplar, sus virtudes y sus dotes intelectuales.
Después de algunos años, deseando estudiar Derecho civil y eclesiástico, se trasladó a la Universidad de Salamanca. Allí recibió la influencia de su tío Juan de Mogrovejo, profesor en dicha Universidad y en el Colegio Mayor de San Salvador en Oviedo. Habiendo sido invitado por Juan III, Rey de Portugal, a enseñar en la ciudad de Coimbra, Juan de Mogrovejo llevó consigo a su sobrino, y ambos residieron algunos años en la Universidad de esa ciudad.
De vuelta a Salamanca, su tío falleció poco después del regreso. Toribio resolvió seguir la carrera de éste, llegando a ser profesor de leyes en la Universidad de Salamanca, donde su erudición y virtud le llevaron a ser designado como Gran Inquisidor de España. El emperador Felipe II al conocer sus cualidades le propuso al Papa Gregorio XIII su nombramiento como Arzobispo de Lima, sucediendo a Jerónimo de Loayza.
En marzo de 1579, recibió el nombramiento para el cargo por parte del Papa Gregorio XIII. Como ni siquiera era sacerdote, habiendo recibido dispensa papal para la recepción de las diversas órdenes menores, fue ordenado en Granada y poco después, recibió la consagración episcopal en Sevilla. Finalmente, en septiembre de 1580 embarcó con destino a su sede episcopal, donde llegó en mayo del año siguiente. Lo acompañó su hermana, Grimanesa de Mogrovejo y el esposo de ésta, Francisco Quiñones, quien llegó a ser corregidor y alcalde de Lima.

Arzobispo de Lima

En marzo de 1579, Gregorio XIII lo nombró arzobispo de Lima en virtud a una cédula de presentación del rey. Llegó al puerto de Paita,(Perú), en mayo de 1581 e inció su trabajo como misionero viajando a Lima a pie, bautizando y enseñando a los nativos.
Al llegar a Lima, como Arzobispo, tomó posesión de su sede el viernes 12 de mayo de 1581, se dedicó a lograr el progreso espiritual de sus fieles. La ciudad había quedado sin Arzobispo durante seis años, de 1575 a 1581 y estaba en una grave decadencia espiritual con un sistema en que el régimen de patronato facultaba a los Virreyes a intervenir en asuntos eclesiásticos, dando origen a frecuentes disputas entre el poder espiritual y el temporal, por lo cual los conquistadores cometían muchos abusos y los sacerdotes no se atrevían a corregirlos. Muchos para excusarse del mal que estaban haciendo, decían que "esa era la costumbre". Toribio de Mogrovejo les respondía que "Cristo es verdad y no costumbre". y empezó a atacar fuertemente todos los vicios y escándalos. Las medidas que tomó contra los abusos que se cometían, le atrajeron muchas persecuciones y atroces calumnias. Sin embargo, prefirió callar y solía decir: "Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor".
Toribio de Mogrovejo se destacó por su fuerza de trabajo. Desde muy de madrugada ya estaba levantado y repetía frecuentemente: "Nuestro gran tesoro es el momento presente. Tenemos que aprovecharlo para ganarnos con él la vida eterna. El Señor Dios nos tomará estricta cuenta del modo como hemos empleado nuestro tiempo". Su generosidad lo llevaba a repartir a los pobres todo lo que poseía. Un día al regalarle sus camisas a un necesitado le recomendó: "Váyase rápido, no sea que llegue mi hermana y no permita que Ud. se lleve la ropa que tengo para cambiarme".
Son abundantes los testimonios de su caridad, entrega y desinterés total por lo material: antes de poner su firma a cualquier decreto que lo requiriese, anteponía la palabra "gratis". En una ocasión, cuando se desató una terrible peste en la ciudad que causó innumerables muertos y enfermos, muchos de ellos pobres que abarrotaban los hospitales, le mandó decir a su cuñado que gastase todo su dinero en socorrerlos y que si faltaba, que pidiese prestado que luego él lo devolvería. En otra ocasión, un altercado gravísimo entre dos nobles limeños terminó con la condena a muerte de uno de ellos. Sólo el perdón del otro, que los ruegos de medio Lima no consiguieron, podía salvar de la ejecución al condenado. Ya a punto de realizarse el ajusticiamiento, el arzobispo de Lima fue a buscarlo, se arrodilló a los pies del ofendido y suplicó por su perdón como si fuera para él mismo obteniéndolo. Fue, además, una de las primeras personas contrarias a las corridas de toros. Mandaba cerrar las ventanas de su casa cuando había corridas en la plaza, que es donde antes se hacían, y prohibió a su familia asistir a ellas.

Labor Pastoral

Toribio de Mogrovejo estaba consciente de la extensión de su arzobispado, que comprendía desde la población de Lambayeque a la ciudad de Quito. A este hecho, y a las tres visitas pastorales que realizó recorriendo y organizando su jurisdicción, se debe el origen de las circunscripciones políticas que asumiría la colonia y continuaría posteriormente la república peruana. Estas visitas pastorales lo forzaron a pasar sólo ocho de sus veinticuatro años como arzobispo en la ciudad de Lima, lo que le granjeó algunas críticas de parte de las autoridades virreinales. El resto del tiempo, lo pasó viajando por el país. La primera de estas visitas, se inició en 1584 recorriendo el norte de la sierra peruana desde Lima hasta Cajamarca, pasando por Chachapoyas y Moyobamba, inviertiendo en ella seis años. En la segunda visita, realizada entre 1593 y 1597, se dirigió nuevamente hacia el norte, pero esta vez por la zona litoral de Ancash, Trujillo, Chiclayo y Lambayeque. La tercera, que inició en enero de 1605, quedó inconclusa por su muerte. Entre una y otra, realizó viajes a pueblos de Lima, Callao, Mala, Cañete, Chincha y Nazca. La mayor parte del recorrido lo hizo generalmente a pie, indefenso y a veces solo; expuesto a las inclemencias del clima, desiertos, animales salvajes, fiebres y tribus de indígenas hostiles. En esta visita, bautizó y confirmó a cerca de medio millón de personas, entre ellas a Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano, San Juan Masías y San Martín de Porres.
Respecto a su labor pastoral entre los pueblos indígenas, buscaba la manera de hacerse entender por estos, bien fuera aprendiendo y hablándoles en su propia lengua o, cuando la lengua de éstos le era desconocida, buscando otras maneras, como varias veces le sucedió. Su interés por los indigenas no se limitaba a la evangelización, pues se empeñó en mejorar sus condiciones de vida, especialmente de aquellos empleados en las grandes propiedades rurales y en las minas. Reivindicó que sus derechos fuesen debidamente respetados por los españoles y que hubiese verdadera armonía entre las clases sociales, como preconizaba la Escuela de Salamanca, que había conocido en sus años de estudio en España.
Durante su trabajo episcopal en Lima, Mogrovejo convocó y presidió el III Concilio Limense (1582-1583), al cual asistieron prelados de toda Hispanoamérica, y en el que se trataron asuntos relativos a la evangelización de los indígenas. De esta asamblea se obtuvieron importantes normas de pastoral, como la predicación en las lenguas nativas, para lo cual fue creada una facultad de lenguas nativas en la Universidad de San Marcos y la catequesis a los esclavos negros, así como la impresión del catecismo en idiomas castellano, quechua y aymara que se constituirían en los primeros textos impresos en Sudamérica.
Hizo construir caminos, escuelas, varias capillas, hospitales, conventos y fundó el primer Seminario Americano en Lima en 1591 que en la actualidad lleva su nombre. En obediencia a las directrices dictadas en el Concilio de Trento, se propuso reunir a los sacerdotes y obispos de América para promulgar leyes acerca del comportamiento que deben tener los católicos, para lo cual congregó a trece sínodos diocesanos y tres concilios provinciales. Insistió y obtuvo que los religiosos aceptaran parroquias en sitios supremamente pobres. Gracias a sus gestiones, el número de parroquias o centros de evangelización en su Arquidiócesis, aumentó de 150 a 250 parroquias en su territorio, al momento de su fallecimiento veinticinco años después.

Fallecimiento

A los sesenta y ocho años, Toribio de Mogrovejo cayó enfermo en la población de Pacasmayo, al norte de Lima, pero aún así continuó trabajando hasta el final, llegando a la ciudad de Saña en condición agonizante. Allí hizo su testamento en el que dejó a sus criados sus efectos personales y a los pobres el resto de sus propiedades. Murió a las tres y media de la tarde del Jueves Santo el 23 de marzo de 1606, en el Convento de San Agustín.

Canonización y culto

Monumento a Santo Toribio en su localidad natal.
Su proceso de canonización fue iniciado de inmediato, con el reconocimiento de sus virtudes heroicas. Fue beatificado el 28 de junio de 1679 por el Papa Inocencio XI, mediante su Bula "Laudeamus" y canonizado el 10 de diciembre de 1726 por el Papa Benedicto XIII, mediante su Bula "Quoniam Spiritus".
Su fiesta en el Santoral católico se celebra el 23 de marzo, aniversario de su muerte. Sin embargo, en la ciudad de Lima se celebra la Solemnidad de Santo Toribio de Mogrovejo el 27 de abril, día de la traslación de sus reliquias desde Saña hasta la Ciudad de los Reyes. Hoy sus restos son venerados en su capilla de la Basílica Catedral.
Su devoción se encuentra muy extendida principalmente en el Perú. Sus parientes de las familias Bravo de Lagunas, Arias de Saavedra y Goyeneche han velado durante siglos por la difusión y conocimiento en América y Europa de la vida y obra del religioso.

Abril 27: Santa Zita de Lucca (1218-1278)

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Empleada doméstica TOF. Canonizada en 1696.
Nació Zita en 1218, de padres pobres y devotos. Desde la edad de 12 años trabajó al servicio de la familia Fatinelli, en Lucca. Trabajadora incansable, piadosa y generosa, se hizo famosa por su ayuda a los enfermos, pobres y prisioneros.  Su dedicación al servicio le provocó envidia de sus colegas, que soportó pacientemente.
Es un buen ejemplo para aquellas personas que no hacen el bien esperando hacer algo mejor. Es la patrona de las empleadas del servicio doméstico.

Beato Jaime de Bitetto (Ilírico) Abril 27

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Religioso de la Primera Orden (1400‑1490) Clemente XI aprobó su culto.
Nació en Dalmacia (de ahí el sobrenombre de Ilírico), más probablemente en Zara (según otros en Estridonio) hacia 1400, hijo de Leonardo y Beatriz Varinguer. De unos veinte años de edad entró a la Orden de los Hermanos Menores en Zara, en calidad de hermano religioso. En 1438 acompañó a Italia a su provincial; al llegar a Bari, pidió y obtuvo el poder permanecer en dicha provincia. Vivió doce años en diversos conventos y luego fue destinado a Bitetto, donde, salvo breves temporadas, permaneció hasta su muerte, por lo cual se le apoda también de Bitetto. Ejercitó principalmente el oficio de limosnero, y de esta forma ejerció un fructuoso apostolado; se distinguió por su caridad heroica durante la peste de 1482. Obró prodigios, algunos de ellos un tanto extraños y dignos del mundo de las «Florecillas». Los habitantes de la Apulia del siglo XV, durante 40 años vieron y admiraron al humilde penitente fray Jaime recorrer sus caminos, tocar de puerta en puerta, para pedir la limosna en el nombre del Señor y dar a cambio una palabra de aliento que brotaba de su gran corazón rebosante de caridad divina. Sólo Dios sabe cuánto bien hizo él con el buen ejemplo y con la palabra sencilla y persuasiva.
El nombre de nuestro Beato ha permanecido ligado a la gruta de nuestra Señora llamada «La Bendita», no muy lejos del convento. Enamoradísimo de la celestial Madre, pasaba largas horas en oración ante la imagen de María; muchas veces fue visto arrobado en dulcísimos éxtasis.
Dotado de espíritu profético, predijo muchas cosas que luego se cumplieron, entre ellas la curación o la muerte de personas enfermas que recurrían a él. Estos y muchos otros hechos prodigiosos glorificaron la santidad del humilde hermano limosnero y cocinero, quien en su vida nada buscó, nada pidió, nada amó sino a Dios.
Era ya muy anciano y su cuerpo estaba desgastado por las prolongadas penitencias. En los últimos años tenía que ayudarse con el bastón para sostenerse en pie. Finalmente vino la hermana muerte a invitarlo al reposo eterno. Siempre había vivido en el silencio y en la humildad y así su muerte fue rodeada de oración y de silencio. Una antigua pintura lo representa recostado en la dura estera, rodeado de sus cohermanos y de los fieles llorando. El rostro del moribundo está rodeado de una misteriosa luz, el gozo de los santos en el acto solemne de recibir el premio eterno. El Beato Jaime de Bitetto murió el 27 de abril de 1490. Tenía 90 años.



Beata María Bernarda Bütler

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Orden Regular, Fundadora de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora (1848 1924).
Beatificada por Juan Pablo II el 29 de octubre de 1995. (Su fiesta es el 19 de mayo).
María Bernarda (Verena) Bütler nació en Auw, Suiza, el 28 de mayo de 1848, cuarta entre ocho hijos de Enrique y Catalina Bütler, modestos campesinos pero sabios padres cristianos. En 1867, acogiendo la invitación del Señor y guiada por su párroco, Verena ingresó entre las Clarisas Capuchinas del monasterio de Altstätten, en la diócesis de San Gall, edificando a sus hermanas con una vida ejemplar. Fue maestra de novicias y posteriormente superiora del Monasterio durante nueve años. Advirtiendo en su corazón una fuerte atracción por la vida misionera, aceptó de buen grado el llamado de Mons. Pedro Schumacher, obispo de Portoviejo, en Ecuador, que le pedía ir como misionera a su diócesis. Superadas las dificultades iniciales y obtenido el indulto pontificio, el 19 de junio de 1888 María Bernarda y seis compañeras partieron para Ecuador, donde fundó la Congregación de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, para dedicarse con mayor libertad a las obras de caridad.
La meta de su evangelización era la extensión del Reino de Dios, la contemplación de la Trinidad, de la cual emana todo amor y misericordia, el Corazón de Jesús, la Eucaristía y María Santísima fueron el centro de su espiritualidad. El Señor guiaba a su sierva hacia otros campos necesitados. En 1895, la violenta persecución religiosa acaecida en el Ecuador, obligó a María Bernarda a refugiarse en Colombia. Recibida por Mons. Eugenio Biffi, la madre llegó a Cartagena en compañía de sus 15 primeras hermanas, el día 2 de agosto, fiesta de Santa María de los Angeles. Colombia fue la tierra donde Dios quiso que la heroica Madre se quedara para siempre y donde finalmente se consolidó su obra.
Después de haber guiado a su Congregación religiosa por casi treinta años, María Bernarda se durmió en el Señor el 19 de mayo de 1924, llorada por todos los pobres de la ciudad y por todos aclamada como santa.

Abril 25: Beato Pedro de Betancur. Religioso de la Tercera

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Orden Regular (1626‑1667). Fundador de los Hermanos y las Hermanas Betlemitas. Beatificado por Juan Pablo II el 22 de junio de 1980.
Pedro de Betancur de San José nació de una familia pobre en Chasna o Villaflor (Tenerife) el 21 de marzo de 1626 y recibió una sana y sólida educación cristiana. Gran parte del día la pasaba pastoreando el rebaño en las cañadas de Teide. En el contacto con la naturaleza reforzó su afición a la contemplación y a la experiencia de Dios. Era el mayor entre cinco hermanos y llegó a ser un joven modelo. El capitán de las milicias Pedro Soler de Padilla lo escogió como compañero en su viaje a España, viviendo en Madrid. Oyó hablar de las Indias, meta en aquel tiempo de exploradores y cazadores de riquezas. En Pedro nació la vocación de mensajero del Evangelio. A los 24 años de edad dejó a Tenerife y se embarcó para el nuevo mundo el 18 de septiembre de 1649. La navegación fue prolongada y no exenta de dificultades. Sólo después de 17 meses tocaron tierra firme. El 18 de febrero de 1651 atravesó el puente de Matasanos por el que se llegaba a la floreciente ciudad de Santiago de los Caballeros en Guatemala, en el valle de Panchoy. En llegando allí exclamó: «Aquí quiero vivir y morir!».
En la nueva tierra trabajó, estudió, conoció la dura vida de los indios y de los esclavos. Maduró la vocación de ser pobre y consagrarse a los pobres, vivir y morir con ellos. Abrió su pequeña vivienda a los niños, a los cuales enseñaba catecismo y nociones elementales del saber. El método era original: con el canto, el juego, la danza. También la oración, como el Rosario, se podía hacer cantando y caminando. Así dio comienzo a su obra de evangelización. Transcurría los días entre el trabajo, la escuela, visita a los pobres y a los enfermos.
Guatemala ya era rica en conventos. Pedro se sintió atraído hacia el ideal franciscano. Se hizo terciario para ser franciscano y al mismo tiempo tener la libertad de un laico. Con el hábito de la penitencia tomó el oficio de encargado de la capilla del Calvario y de organizador de celebraciones de la Palabra de Dios. Una casita de paja fue el primer centro de su obra de caridad. «Casita de nuestra Señora de Belén», como la llamó. Transformada, servía de oratorio, escuela, enfermería, centro catequístico. Su ejemplo movió a otros terciarios que lo siguieron. Así se formó el primer núcleo de la Compañía Betlemita. Pensó también en los enfermos y en los convalecientes, contribuyendo a edificar un hospital con sus mismas manos. Dio comienzo a una Congregación de Hermanas Terciarias Franciscanas Betlemitas.

Una enfermedad repentina, quizás pulmonía, lo redujo al lecho. El 20 de abril de 1667 dictó su testamento. El 25 siguiente pareció entrar en éxtasis. Fue su muerte. A su sucesor, a todos los hermanos y hermanas de su Congregación les recomendó la humildad, la pobreza y la caridad. Quiso que el misterio de la Natividad del Señor fuera el emblema de su Orden. El testimonio de la vida y la heroicidad de las virtudes le merecieron la glorificación.

INICIA NOVENA EN HONOR A VIRGEN DE CHAPI



El 25 de Abril, se celebro en la Basílica San Francisco el inicio de la novena en honor a la Virgen de Chapi, y contó con la participación de la Hermanad de Nuestra Señora De Chapi, quienes estuvieron a cargo de la liturgia, es decir, las lecturas, ofrendas, peticiones y colecta económica, también participaron como invitados los hermanos del apostolado Franciscano de Caballeros de San Judas Tadeo y los hermanos de la Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar XII Apóstoles de Lima. Además muchos fieles participaron en esta fiesta con un gran recogimiento. Encontrándonos en plena octava de pascua, el Ciro Pascual, presencia de Cristo,  estuvo en un lugar predomínate y  encendido durante la celebración eucarística.

A las 7 pm se rezó el Santo Rosario, y a las 7 y 30 pm. inició la santa Eucaristía. El padre Fray Carlos Montesinos Ampuero OFM que presidió la celebración y el diácono Fray Héctor Checya OFM, iniciaron la procesión de entrada escoltados por los miembros de la hermandad. La imagen de la Virgen de Chapi lucía impresionante a un costado del altar, para alegría de todos los fieles.


Durante la predicación Fray Héctor Checya, nos comentaba sobre las virtudes de María y que sobre todo María es figura importante de la Historia de Salvación en cuanto está relacionada con Jesús, ella como las mujeres del Evangelio (Mateo 28:8-15), anuncia al Salvador.  

Con fe y esperanza muchos fieles se acercaron a comulgar. Al final de la Misa el padre Carlos junto con todos los fieles rezó la Oración a Nuestra Señora de Chapi.

El 1 de mayo a las 8:00 am, se realizará en la basílica San Francisco la Misa de fiesta en honor a la Virgen de Chapi y procesión, donde todos estamos invitados.


MISA DE DÍA PASCUA DE RESURRECCIÓN DEL SEÑOR


DOMINGO 24 DE ABRIL

EL día 24 de abril en que celebramos la misa de Pascua de Resurrección, en la basílica de San Francisco de Jesús de Lima, se congregaron los fieles para celebrar el día más importante de la Iglesia católica. Cabe notar que en el transcurso del día se han ido celebrando la santa Misa tanto en la mañana como en la noche.

Presidió la Santa Eucaristía a las 11 de la mañana, el padre Guardián del Convento, Fray Anselmo
Díaz. Estuvieron a cargo de la liturgia los Hermanos del Apostolado Franciscano de Caballeros de San Judas Tadeo, hermanos que desde el inicio acompañaron al sacerdote en la procesión de entrada. Intervinieron en las lecturas de la Palabra de Dios, entonaron la secuencia (narración en prosa generalmente cantada, es la prosa Victimae pascháli, que dramatiza el hecho de la Resurrección), apoyaron en la procesión de ofrendas, en  la colecta económica y todo el acto.

En la homilía, que a continuación ponemos a su disposición en este blog, el padre franciscano inicio su predicación con un llamado al gozo y la alegría porque Jesús ha Resucitado.  Enfatizó los siguientes puntos:
1.       Puso de relieve  la importancia incomparable de la Resurrección porque  es la fiesta que marca el paso de las celebraciones en la Iglesia católica a través de todo el año litúrgico. Cristo con la Resurrección  ha vencido el pecado y la muerte, y con su muerte en la Cruz, nos abrió las puertas de la vida cerradas por el pecado de nuestros primeros padres.
2.        Asevero que la Resurrección es un misterio tan grande e  incomprensible para la mente humana, pero que podemos acceder a é  por la fe.
3.       La predicación de los apóstoles siempre pone de manifiesto la convivencia con Jesús, quien al resucitar tiene poderío sobre el tiempo y el espacio, no como nosotros que dependemos de ellos.
4.       La resurrección tiene importancia para nosotros, porque también resucitaremos y ya que sube después a los cielos, nosotros igualmente tenemos la esperanza de ir allá, porque creemos en la resurrección de los muertos y disfrutar de la vida eterna.
5.       Para esta Pascua nos hemos preparado cuarenta días  con la Cuaresma llevando una vida de oración, penitencia y servicio al prójimo,  así también nuestra vida ha de ser tiempo de oración, mejoramiento personal y servicio a los demás cumpliendo los Mandamientos de la Ley de Dios, el Mandamiento nuevo de la Caridad, o sea las 14 obras de misericordia con el prójimo, los 5 preceptos y enseñanzas de la Iglesia, y finalmente las obligaciones  personales de nuestra ética o función laboral.


Como todos los domingos, también hubo participación masiva de los fieles, con recogimiento y devoción en oraciones, canciones y recepción de la Eucaristía.

La conclusión después de la bendición solemne fue con el canto de la invocación final BENDIGAMOS AL SEÑOR, ALELUYA, ALELUYA…   DEMOS GRACIAS AL SEÑOR, ALELUYA, ALELUYA.
 Ha sido un tiempo de profunda devoción religiosa, para gloria de Dios. 


MISA DE LA VIGILIA PASCUAL

SABADO 23 DE ABRIL 2011
La misa de la Vigilia Pascual en la Basílica san Francisco de Jesús de Lima, se inicio a las 8 pm, como todos los años la celebración empezó en  el atrio del templo, con las puertas de la Basílica cerradas.
Al inicio de la celebración: La bendición del fuego, contó con la participación de: padre Guardián del convento Fray Anselmo Díaz, el padre Ministro Provincial Fray Emilio Carpio Ponce, el padre Fray Fausto Dávila, el padre Fray Ramos Delgado, el padre Fray Alejandro Palacios, Fray Ernesto Chambi, y desde luego el padre Jorge Cuadros quien desde su silla de ruedas celebraba el misterio admirable de Cristo, y otros sacerdotes y frailes del convento. La participación multitudinaria de los fieles que esperaron el inicio de la gran fiesta fue el marco de la celebración de la Vigilia de la Vigilias y centro de nuestra vida cristiana.
Cabe resaltar que los fieles llegaron desde antes del inicio de la celebración y esperaron con mucho recogimiento y alegría el momento indicado con sus velas listos para participar en el Lucernario, la bendición del fuego y la signación  del Cirio Pascual. También apoyaron en la acción litúrgica nuestros Hermanos del Apostolado Franciscano de Caballeros de San Judas Tadeo y otros movimientos de la basílica.

Fray Anselmo Díaz, bendijo el fuego, ante la alegría y atención de todos los fieles y se inició la procesión de entrada al templo, que estaba con las luces apagadas, al ingresar al recinto santo de manera ordenada y silenciosa, los sacerdotes y fieles encendían sus cirios, y respondían a la proclamación pascual: LUZ DE CRISTO, con la expresión “DEMOS GRACIAS A DIOS”.
 
Al llegar al altar el padre Fray Alejandro palacios entona el hermoso Pregón Pascual que anuncia y aclama la victoria de Cristo sobre el pecado.
Una vez más el canto del Gloria se hace presente en la Santa Eucaristía luego de 40 días de silencio vividos en la Cuaresma. Las voces de los fieles retumban en todo el templo alabando al Señor, al compás de las campanas que suenan jubilosas anunciando la Resurrección de Cristo.
En la liturgia de la Palabra, se escuchan tres importantes pasajes del Antiguo Testamento, y uno del Nuevo Testamento que nos explican la Historia de Salvación. Intervienen hermanos de diferentes grupos y movimientos de la basílica, leyendo tres importantes pasajes de las Sagradas Escrituras y entonando los salmos que acompañan a estas lecturas.  El Evangelio de Lucas, que lleva el mensaje central de la Palabra de Dios en esta celebración es predicado por el padre que preside la santa Eucaristía Fray Anselmo Díaz.
El padre Anselmo, inicia su predicación con el saludo alegre y vigoroso del Aleluya a todos los hermanos. Pone de relieve   la bondad de la creación y la Resurrección de Jesucristo. El padre franciscano enfatiza que la Cuaresma es el camino de preparación para vivir la Semana Santa, si morimos al hombre viejo, resucitamos con Cristo como hombres nuevos. Recuerda a los fieles, como dice Pablo en su carta a los romanos que la Resurrección de Cristo es nuestra propia Resurrección. El Cirio Pascual es Cristo Resucitado en medio de nosotros, y que depende nosotros que esa luz santísima penetre en nosotros  y nos convierta pues Dios esta siempre disponible y dispuesto a perdonar. El evangelio se sintetiza en dos partes perdón y amor, Dios amador y Dios perdonador, si nosotros amamos y perdonamos como Dios nos amo y perdono, alcanzaremos la salvación.




domingo, 24 de abril de 2011

MILES DE FIELES ACUDIERON A LA CATEDRAL DE LIMA



Oficina de Comunicaciones y Prensa
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DEL VIERNES 22 DE ABRIL
Cardenal Cipriani: “Juan Pablo II nos dejó su huella de humildad y oración en su visita al Perú”


“Acércate a la confesión para que no quede huella del odio ni de los rencores. Quiere a tu hijo, acompaña a los ancianos, da hasta que te duela, no son problemas políticos, son problemas anteriores, problemas humanos”, recordó el Cardenal Juan Luis Cipriani en el tradicional Sermón de las 7 Palabras que se llevó a cabo en la Catedral de Lima el Viernes Santo, 22 de abril.

Como es tradicional, el Arzobispo de Lima predicó la última palabra de Jesús en la Cruz: "Todo está consumado" (Jn 19,30). Durante su prédica recordó la figura del Santo Padre Juan Pablo II quien será beatificado el próximo 1 de mayo.

“El Santo Padre Juan Pablo II, las dos veces que vino al Perú, nos trajo gozo, alegría, paz, fuerza. Dejo su huella de humildad y de oración en el pueblo peruano”, mencionó.
Asimismo, animó a la multitud de fieles que se congregó en la Basílica Catedral a acercarse de manera especial a Dios en esta Semana Santa.
“Señor de los Milagros, ojalá que nos quitaras la flojera, el egoísmo, el abuso del sexo, la codicia del dinero. Que el Señor de los Milagros sepa que el pueblo limeño está aquí junto a él en estos momentos previos a la muerte. Gracias porque siempre nos escuchas”, señaló.
“Le pedimos al Señor: ilumina nuestra mente a la santidad, que brille la luz que nos quita el pecado”, prosiguió.
CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
Culminado el Sermón de las Siete Palabras el Cardenal Cipriani presidió la celebración de la Pasión del Señor. Como se recuerda, el Viernes Santo, la Iglesia no celebra ninguno de los Sacramentos, tampoco la Santa Misa. Por ello, se celebra una liturgia especial en donde se lee la Pasión del Señor según el Evangelio de San Juan.

En esta liturgia tuvo lugar la Adoración de la Cruz, donde los miles de fieles congregados en la Iglesia Primada adoraron la cruz.



PROCESIÓN DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Como ya es una tradición en el Viernes Santo, la venerada imagen del Señor de los Milagros salió en procesión acompañada por miles de fieles.


miércoles, 20 de abril de 2011

JUEVES SANTO: MISA CRISMAL BASILICA CATEDRAL DE LIMA

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Se invita a todos los fieles este Jueves Santo, 21 de abril, en la Basilica Catedral de Lima donde el Cardenal Juan Luis Cipriani oficiará la Misa Crismal a las 10 am.
Misa Crismal
Como se recuerda la Misa Crismal es  aquella que celebra el obispo reunido con todos los sacerdotes de la diócesis, como un signo de la plenitud sacerdotal del Obispo y de la unión de todos sus sacerdotes con él. Se espera la concelebración de más de 200 sacerdotes.
Durante la Misa Crismal los sacerdotes renovarán sus promesas sacerdotales emitidas el día de su Ordenación. Asimismo, durante esta celebración litúrgica se bendicen los Santos Óleos. El Cardenal Cipriani consagrará el Santo Crisma y bendecirá el óleo de los catecúmenos y de los enfermos, los cuales se utilizan en la liturgia
Con el óleo de los catecúmenos se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados se vigorizan, reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan renunciar al mal, antes de que renazcan de la fuente de la vida en el bautizo. Este aceite es un jugo untuoso de color verde amarillento que se extrae del olivo o de otras plantas.
El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias de alma y cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados. El aceite simboliza el vigor y la fuerza del Espíritu Santo. Con este óleo el Espíritu Santo vivifica y transforma nuestra enfermedad y nuestra muerte en sacrificio salvador como el de Jesús. Por lo general antes de comenzar la celebración de la Cena del Señor se reciben solemnemente estos Santo Óleos consagrados en la Misa Crismal celebrada en la mañana por el Obispo reunido con el presbiterio. En una procesión solemne los óleos son llevados en tres ánforas preciosas que se guardan en un lugar previamente destinado solo para la Iglesia.

Fiesta, abril 19: Sierva de Dios Maria Josefa del Niño Jesús (Bárbara Micarelli) (1845‑1909). Fundadora de las Misioneras Franciscanas del Niño Jesús.




Nacida en Sulmona el 3 de diciembre de 1845, hija de Bernardino Micarelli y Celestina Santini, Bárbara Micarelli vive la infancia y la niñez en su ciudad natal. En 1858 viven en L’Aquila. Hace sus estudios con las Hermanas Maestras Pías del Niño Jesús, Hacia los 20 años gravemente enferma es sanada milagrosamente por intercesión de San José y siente la inspiración de dedicarse al servicio de los miserables, huérfanos, abandonados y a fundar un Instituto de Hermanas al servicio de la Iglesia. Simultáneamente se siente movida fuertemente a buscar luz y apoyo en San Francisco de Asís. A la muerte de su madre y el matrimonio de su hermana María Donata, 1869, con su hermana Carmela se dedica a las obras de caridad. El 21 de noviembre de 1870 sale de su casa y comienza a llevar vida común con su hermana Carmela y Catalina Vicentini, con quienes, bajo la autoridad del Arzobispo de L’Aquila se dedica a enseñar el catecismo, la educación e instrucción, organiza la escuela de trabajo, visita a los enfermos y a los pobres en sus casas. Al crecer el número de alumnas se traslada a la casa paterna y muy pronto a otro local más amplio junto a Santa María
di Farfa. Este servicio atrae a muchos pero despierta la resistencia del ambiente masónico de L’Aquila de la época.
En la Navidad de 1879, en Roma, con el nombre de Sor María Josefa del Niño Jesús, recibe el hábito franciscano de la penitencia de manos del Ministro general de los Hermanos Menores, Fr. Bernardino de Portogruaro, y nace así la comunidad de las Misioneras Franciscanas del Niño Jesús.
La comunidad crece incesantemente en L’Aquila, no sin dificultades, como la muerte de los dos primeros Comisarios franciscanos PP. Eusebio da Pratola y Pascual da Gambatesa, y las posteriores incomprensiones. Comienzan las nuevas fundaciones, entre ellas la de Santa María de los Angeles, a donde traslada la madre fundadora el noviciado para arraigar la formación del Instituto en la fuente de la espiritualidad franciscana. Allí abre la escuela de estudio y trabajo, visita a los enfermos, asiste a los moribundos, enseña el catecismo. Entretanto son aprobadas las Reglas y Constituciones del Instituto.
En el primer Capítulo general del Instituto, en 1894, por incomprensiones personales, por interferencias externas, y contradicciones respecto al gobierno del Instituto, la madre Fundadora es depuesta del gobierno, nombrada maestra de novicias y luego enviada a Cerdeña (noviembre de 1897) con el pretexto de fundar allí una casa. Al enfermarse gravemente regresa a Italia, y no pudiendo continuar su viaje a Asís a causa de su enfermedad, permanece en Roma hospedándose en casa de dos piadosas señoras; debido a sus dificultades con el Instituto se ve forzada a permanecer en Roma por diez años, en medio de enfermedades y el abandono de las suyas. Cuando cree superadas las dificultades en el Instituto, después del Capítulo de 1906, regresa a Santa María de los Angeles el 25 de marzo de 1909, deseosa de encontrar y abrazar nuevamente a sus hermanas; pero no es acogida en la casa. ¿Una nueva versión de la Perfecta Alegría? Por esto se ve obligada a buscar hospedaje entre las Hermanas Franciscanas de Asís, donde muere perdonando y pidiendo perdón el 19 de abril de 1909, asistida por el P. Feliciano Brinci, franciscano. Sus restos mortales fueron trasladados a la capilla de la casa Madre construida en Santa María de los Angeles por la Madre Matilde Zambini para acoger en su Instituto a la Madre Fundadora.
El Instituto de las Hermanas Misioneras Franciscanas del Niño Jesús se abre a la misión “ad gentes” y funda en Perú (1927), Libia (1929), Bélgica (1952), Estados Unidos (1961), Colombia (1964), Argentina (1964), Filipinas (1980), Bolivia (1982) Albania (1992), Paraguay (1997). Está en proceso de Beatificación.

Abril 19: Beato Conrado de Ascoli Piceno. Sacerdote de la Primera Orden (1234‑1289). Pío VI concedió Oficio y Misa en su honor el 30 de agosto de 1783

http://www.franciscanos.net/santoral/diario/04abril19.htm

Nació en Ascoli Piceno, de la familia Miliani, el 18 de septiembre de 1234. Junto con Jerónimo Masci, el futuro Nicolás IV, se hizo religioso en Ascoli y estudió en el Sacro convento de Asís y en Perusa, donde obtuvo el título de doctor. Siempre en compañía de su amigo Jerónimo Masci, enseñó luego en las escuelas de la Orden en Roma, Y cuando Jerónimo fue hecho Ministro general de la Orden, Conrado obtuvo de él licencia para ir como misionero al Africa. Recorrió evangelizando varias regiones de Libia y fue el primer misionero y explorador de Cirenaica.
Cuando Nicolás III encargó a Masci inducir al rey de Francia a desistir de la guerra contra España, le asignó por compañero a Conrado. Resuelta felizmente la misión de paz, regresaron a Roma, donde Masci en 1278 fue nombrado cardenal. Conrado, después de una permanencia de dos años en Roma, fue enviado a París para enseñar teología en la Universidad de dicha ciudad, donde se mostró como insigne maestro. En 1288, Jerónimo Masci fue elevado al trono pontificio con el nombre de Nicolás IV, y llamó a su lado a Conrado para aprovechar sus luminosos consejos.
Cuando oyó rumores de su inminente elevación al cardenalato, que se habían difundido en el ambiente parisino, él respondió en el discurso de despedida en una plaza pública exhortando a todos a amar las virtudes cristianas, sobre todo la vida oculta. Extenuado por el largo viaje, a principios de marzo llegó a Ascoli, donde fue recibido con grandes honores. Un mes después enfermó y predijo el día y hora de su muerte. Cuando se agravó el mal, recibió con angelical fervor los últimos sacramentos, se hizo colocar sobre el desnudo suelo y se durmió serenamente en el Señor. Era el 19 de abril de 1289. Tenía 55 años.
Nicolás IV sintió profundamente su muerte, y, confirmando que había tenido la intención de hacerlo cardenal, ordenó que se levantara un solemne mausoleo sobre su tumba en San Lorenzo delle Piagge. Después sus despojos mortales fueron transportados a la iglesia de San Francisco (mayo 28 de 1371).
Entre las virtudes practicadas por Conrado, fue característica la de la penitencia: revestido de un áspero hábito, caminaba con los pies descalzos, descansaba solamente unas pocas horas en una dura tabla, ayunaba a pan y agua cuatro de los siete días de la semana. Como base de su apostolado había puesto la devoción a la Santísima Trinidad, gracias a la cual obtuvo curaciones de toda clase y dos casos de resurrección de muertos. Florecieron mientras vivía aún, muchas leyendas sobre su santidad. Se le rindió culto popular desde tiempo inmemorial en las Marcas y en las diversas familias de la Orden minorítica.

lunes, 18 de abril de 2011

Francisco…ocho siglos luz

Por el Hno. Lazaro Ruiz,
de la Fraternidad Seglar Franciscana
de Pablo Arenas. ( Imbabura)                                            

Francisco,
solamente tu presencia
revitaliza la materia ierte de este cosmos.
Tu mirada sigue siendo transparencia.

Son tus llagas
las heridas profundas de este siglo.
Nunca le ha faltado al mundo
tu sonrisa de bondad para los triste…

Tu piedad para los grandes pecadores…
y tus brazos bien abiertos
a los pobres y humildes pequeñuelos.

Van a ser ocho siglos…
que brillas todo luz para este mundo.
Desde entonces se escribieron
por millares los libros humanismo.
Pero el tuyo ha superado a todos,
por ser breve, profundo y muy conciso:
            se resume en un ferviente beso
            al hermano leproso.

        Francisco,                                                       
el mundo se congela,
pero siente nostalgia de tu fuego.
Sigue cantando al sal, robusto y fuerte,
a nuestra hermana madre tierra,
a la hermana luna bonacible y bella,
que preside en el cielo
el divino madrigal de las estrellas…

Canta y canta
tus mejores endechas,
por aquel que ama, sufre y perdona,
por amor al luminoso Cristo del Calvario.
Canta con intima ternura
a la hermana muerte buena…
Francisco
hermano luz y claridad del cielo,
el mundo en sombras todavía te ama…
Y por eso yo te invito
a visitarlo…
          
      No sus templos y convetos,
sino sus antros, plazas y callejas.
Sólo tú podrás curar al drogadicto,
al enfermo del alma,
al cielo de espíritu,
al maniático defensor de la violencia,
al que goza en destrozar la inocencia…

Francisco, ven…
Ven, Astro luminoso del Alvernia.
Vuelve cantando otra vez resurrecciones.
Grita a este mundo de odio y de pasiones:
No más egoísmo, no más revoluciones.

El orgullo mata, su obsesión deprime,
la Fe nos salva y el amor redime.
Elevamos a Cristo entre tus manos,
haciendo que vivamos como hermanos.


     Extraído del Libro: Familia Franciscana del Ecuador(Nº1, marzo 1981)