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viernes, 30 de septiembre de 2011

Beata Feliza Meda de Milán


www.franciscanos.net/santoral
Virgen religiosa de la Segunda Orden (1378‑1444). Aprobó su culto Pío VII el 2 de mayo de 1807.

Feliza Meda nació de la familia Meda en Milán en 1378. Fue santamente educada por sus padres. Desde niña mostró un ánimo viril e inclinado a la espiritualidad. Quedó huérfana junto con un hermano y una hermana a los cuales quería mucho. Cuando ella sintió la vocación al estado religioso, aconsejó también a su hermano y a su hermana a hacer lo mismo. Distribuyeron a los pobres parte de su herencia familiar y todos tres se consagraron al servicio de Dios. Su hermano se hizo Fraile Menor, mientras Feliza y su hermana entraron entre las Clarisas en el monasterio de Santa Ursula de Milán (1400).
El mejor testimonio de la santa vida de la Beata Feliza lo tenemos por el Ministro general de los Hermanos Menores, padre Guillermo de Casale, el cual en 1439, destinándola como abadesa en Pésaro por sugerencia de San Bernardino de Siena, hacía un preciso retrato de ella: “Me he informado plenamente por testigos dignos de fe, de tu laudable vida, de tu honestidad, celo, prudencia, vigilancia, ejemplaridad; en los ejercicios claustrales eres infatigable, en las obras espirituales incansable, en las oraciones, eficaz, en el proveer, diligente, moderada en las correcciones, atemperada en los mandatos, excelente en la comprensión, rigurosa en el silencio, prudente en el hablar, diestra en el conciliar y dotada por el Altísimo de muchas prerrogativas y de singulares carismas en todas las cosas que miran al buen gobierno. No solamente con la autoridad del oficio mío, sino también de la sede apostólica, y con el consejo y el consentimiento de muchos padres, maestros y prelados de la Orden, te instituyo abadesa y madre del monasterio de Pésaro”. Confirmación de este elogio fue el gran disgusto de los milaneses al verla partir.
La vida claustral de la Beata Feliza fue más celeste que terrena; su pureza germinó como lirio, ásperas sus penitencias, su ayuno riguroso, llevaba sobre la desnuda carne un áspero cilicio, a menudo se flagelaba con cadenillas de hierro en recuerdo de la pasión del Redentor, caminaba a pie descalzo.
El demonio a veces se le apareció, asumiendo diversas formas, ora de un horrible dragón, o de un monstruo espantoso, pero con la oración y el ayuno ella siempre salió vencedora de las insidias del maligno.
La Beata Feliza vivió sólo cuatro años en el monasterio de Pésaro, donde numerosas fueron las nuevas vocaciones. A su floreciente comunidad ella supo comunicarle su espíritu y su celo por la perfección seráfica. Atacada por grave enfermedad, recibió con gran fervor los últimos sacramentos, tuvo un breve discurso a sus cohermanas, arrodilladas alrededor de su lecho, las bendijo y expiró serenamente. Era el 30 de septiembre de 1444. Tenía 66 años. Fue clarisa desde 1400 y Abadesa, primero en el monasterio de Santa Ursula en Milán en los años 1425‑1439, después en el monasterio del Corpus Domini de Pésaro de 1439 a 1444.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

HASTA PRONTO PADRE JORGE


 
El 28 de septiembre en el templo san francisco se congregaron los frailes franciscanos para despedir a su hermano el padre Jorge Luis Zapater Cateriano, quien murió el pasado 27 de septiembre en el convento San Francisco de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú.

 
Presidio la Eucaristía el padre provincial Fray Emilio Carpio Ponce y lo acompañaron en la Santa Misa los padres del convento, Ludio Quinteros, Amílcar Ramos, Enrique Palacios, Alfonso Gibu, Abel Pacheco, y de otras fraternidades de la provincia, incluso se hicieron presentes frailes de la provincia Misionera San Francisco Solano, como el padre Félix Santa María. El padre Emilio en su prédica ensalzó las virtudes del padre Jorge y su labor en distintas partes de la provincia. Terminada la santa Eucaristía, se realizo el sepelio del padre Jorge, con la presencia de los familiares y sacerdotes de la provincia.



MUERTE DE PADRE JORGE LUIS ZAPATER CATERIANO



Nació en Arequipa el 22 de octubre de 1928, hijo de Baltasar Zapater y Esther Cateriano. Realizó su vestición de hábito el 9 de marzo de 1943; al año siguiente asumió la profesión simple el 10 de marzo y el 16 del mismo mes de 1947 recibe la profesión solemne. Se ordenó de sacerdote el 21 de enero de 1951.

La obediencia lo probó en varios cargos conventuales y responsabilidades de colegios, ejerciendo la docencia y como director del colegio San Francisco de Mollendo, y Cusco, igualmente guardián del convento cuzqueño.

Sus últimos años transcurrieron en el convento de San Francisco de Lima, dedicándose arduamente al apostolado de la confesión, donde entregó su alma al creador el 27 de septiembre.

Deja una estela de humildad y paciencia, postrado por varios años en una silla de ruedas ofreciendo sus dolencias al apostolado de los enfermos en una continencia oración.

martes, 27 de septiembre de 2011

Beato Domingo de San Francisco.

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Religioso y mártir en el Japón, de la Primera Orden († 1628). Beatificado por Pío IX el 7 de julio de 1867.

Domingo de San Francisco, mártir japonés, nacido en Nagasaki, fue catequista y ayudante de Fray Antonio de San Buenaventura, que lo bautizó pocos días después de su llegada a Manila. Más tarde lo admitió a la Tercera Orden y lo escogió como compañero de ministerio.

Desde entonces durante 10 años, Domingo no abandonó más a su querido bienhechor sino que lo acompañó por todas partes, en medio de los peligros debido a la furia de la persecución. Se encontraba en su casa, al lado de su madre, viuda convertida por Antonio, cuando el 21 de enero de 1627 supo que el misionero había sido arrestado. Alegre con al noticia, al día siguiente, con sus mejores vestidos como si fuera para una fiesta, corrió derecho a los jueces pidiendo ser arrestado también él como hermano y siervo del misionero. Efectivamente pudo así volver a abrazarlo en la prisión de Omura. Con él había trabajado en el campo del Señor, con él deseaba asociarse al triunfo eterno.

Durante la prisión Domingo hizo al Padre Antonio una insistente petición. Hacía muchos años deseaba tomar el hábito de San Francisco, pero nunca había sido posible, ahora, pues, pedía humildemente hacer parte de la Primera Orden Franciscana. En la oscura prisión se celebró el rito de la vestición religiosa y fue admitido entre los religiosos hermanos con el nombre de Fray Domingo de San Francisco. Fray Antonio lo aceptó gustoso, hizo en la prisión el año de noviciado y la profesión de los votos de pobreza, obediencia y castidad. Esta breve vida franciscana concluiría en Nagasaki el 8 de septiembre de 1628 cuando maestro y discípulo subieron juntos a la Santa Colina de los mártires, fueron atados al poste, fue encendida la hoguera, y cantando alabanzas al Señor, volaron sus almas redimidas con la corona del martirio hacia la gloria del Paraíso



lunes, 26 de septiembre de 2011

San Elzeario de Sabran.

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Penitente de la Tercera Orden (1285 1323). Canonizado por Urbano V el 5 de abril de 1369.

Elzeario nació en el castillo de Ansouis, pequeño poblado de la Provenza (Francia) hacia 1285. Su padre Ermangao de Sabran era conde de Ariano, en el reino de Nápoles. Su madre Lauduna d’Albe de Roquemartine era una mujer de gran piedad y caridad para con los pobres. Elzeario era el primogénito, la madre, después del bautismo lo ofreció al Señor diciendo que estaba dispuesta a entregárselo antes que su alma fuera manchada en su vida por el pecado mortal. El voto heroico de la madre fue escuchado. Tuvo óptima educación al lado de su tío Guillermo de Sabran, abad del renombrado monasterio benedictino de San Víctor. Todavía muy joven, por voluntad de Carlos de Anjou, se desposó en 1299 con Delfina de Signe. Elzeario, muy inclinado a la piedad, y Delfina, que no quería el matrimonio, de común acuerdo resolvieron guardad castidad aún después de las nupcias, y cumplieron su acuerdo.

Elzeario, a la muerte de su padre, habiendo heredado con los otros títulos nobiliarios también el de Conde de Ariano, fue a Italia para tomar posesión del condado, bajo la directa dependencia del rey. En aquella ocasión brillaron las virtudes de Elzeario. Por su ardiente caridad y el sentido de moderación en las contrariedades, logró conquistarse el amor del pueblo. Sus dotes lo hicieron apreciado y querido para el rey de Nápoles. En 1312, cuando Roma era asediada por el ejército del emperador Enrique VII de Luxemburgo, Roberto de Anjou encomendó al conde de Ariano el mando de sus soldados que acudían en ayuda del Papa. Elzeario aceptó la gravosa tarea con tal empeño que forzó a los imperiales a abandonar a Roma.

Después de cuatro años de permanencia en Italia, Elzeario regresó a Provenza. Este regreso fue motivo de gran alegría para Delfina, y para todas las poblaciones de la región. En este tiempo los dos esposos recibieron el hábito de la Tercera Orden de San Francisco de manos del Padre Juan Julián de Riez. Se obligaron a perseverar en la virginidad, es más, hicieron voto de perpetua castidad. Cada día rezaban el oficio de los terciarios y multiplicaban las obras de caridad y de penitencia. Su hábito franciscano consistía en una túnica de paño gris que bajaba hasta las rodillas, ceñida con el cordón. Se preocupó de que en sus territorios floreciera la vida cristiana, se mantuvieran las buenas costumbres, se administrara la justicia, se defendiera a los pobres contra la opresión de los ricos.

Estando en París, en misión encomendada por el rey de Nápoles, enfermó gravemente y en poco tiempo murió. El 27 de septiembre de 1323 fue el último día de su vida. Quiso tener a su lado al famoso padre teólogo Francisco Mairone con quien hizo la confesión general y de quien recibió el Viático. Luego serenamente su alma voló hacia su creador. Fue canonizado por Urbano V el 15 de abril de 1369. En su canonización estaba presente su esposa Delfina. En Ariano Irpino (Avellino) es venerado como copatrono de la ciudad.



Santos Cosme y Damián


Mártires posiblemente del comienzo del siglo IV

Cosme significa "adornado, bien presentado". Damián: domador.

Patronos de: Cirujanos, Farmacéuticos, Médicos, Peluqueros, Dentistas, trabajadores de los balnearios.

Una tradición muy antigua atestigua la existencia de su sepulcro en Ciro (Siria), donde se erigió asimismo una basílica en su honor. Desde allí, su culto pasó a Roma y, más tarde, se propagó por toda la Iglesia.

Según la tradición son hermanos gemelos, nacidos en Arabia; estudiaron las ciencias en Siria y llegaron a distinguirse como médicos. Como eran auténticos cristianos, practicaban su profesión con gran habilidad pero sin aceptar jamás pago alguno por sus servicios. Por eso se les conoció en el oriente entre los santos llamados colectivamente "los sin dinero".

Vivían en Aegeae, sobre la costa de la bahía de Alejandreta, en Cilicia, donde ambos eran distinguidos por el cariño y el respeto de todo el pueblo a causa de los muchos beneficios que prodigaba entre las gentes su caridad y por el celo con que practicaban la fe cristiana, ya que aprovechaban todas las oportunidades que les brindaba su profesión para difundirla y propagarla. En consecuencia, al comenzar la persecución, resultó imposible que aquellos hermanos de condición tan distinguida, pasasen desapercibidos. Fueron de los primeros en ser aprehendidos por orden de Lisias, el gobernador de Cilicia y, luego de haber sido sometidos a diversos tormentos, murieron decapitados por la fe. Conducidos sus restos a Siria, quedaron sepultados en Cirrhus, ciudad ésta que llegó a ser el centro principal de su culto y donde las referencias más antiguas sitúan el escenario de su martirio.

Se cuentan muchos prodigios milagrosos sobre sus vidas pero poco se sabe con seguridad. Se dice por ejemplo que, antes de ser decapitados, salieron con bien de varios tipos de ejecuciones, como ser arrojados al agua atados a pesadas piedras, ser quemados en hogueras y ser crucificados. Cuando se hallaban clavados en las cruces, la multitud los apedreó, pero los proyectiles, sin tocar el cuerpo de los santos, rebotaron para golpear a los mismos que los arrojaban. Lo mismo sucedió con las flechas disparadas por los arqueros que torcieron su trayectoria e hicieron huir a los tiradores (se cuenta que el mismo caso ocurrió con San Cristóbal y otros mártires). Asimismo dice la leyenda que los tres hermanos de Cosme y Damián, llamados Antimo, Leoncio y Euprepio, sufrieron el martirio al mismo tiempo que los gemelos y sus nombres se mencionan en el Martiriologio Romano. Se habla de innumerables milagros, sobre todo curaciones maravillosas, obrados por los mártires después de su muerte y, a veces, los propios santos se aparecieron, en sueños, a los que les imploraban en sus sufrimientos, a fin de curarles inmediatamente.

Entre las personas distinguidas que atribuyeron su curación de males gravísimos a los santos Cosme y Damián, figuró el emperador Justiniano I, quien visitó la ciudad de Cirrhus especialmente para venerar las reliquias de sus benefactores.

A principios del siglo V, se levantaron en Constantinopla dos grandes iglesias en honor de los mártires. La basílica que el Papa Félix (526-530) erigió en honor de Cosme y Damián en el Foro Romano, con hermosísimos mosaicos, fue dedicada posiblemente el 27 de septiembre. Ese día se celebró la fiesta de Cosme y Damián hasta su traslado al 26 de septiembre en el nuevo calendario.

Los santos Cosme y Damián son nombrados en el canon de la misa y, junto con San Lucas, son los patronos de médicos y cirujanos.

Tres pares de santos llevan los mismos nombres

Por un error, los cristianos de Bizancio honraron a tres pares de santos con los nombres de Cosme y Damián. Los de Arabia, que fueron decapitados durante la persecución de Diocleciano (17 de octubre), los de Roma, que murieron apedreados en el curso del reinado de Carino y los hijos de Teódota, que no fueron mártires. Sin embargo, se trata de los mismos.

Pidamos al Señor por intercesión de los santos Cosme y Damián por los médicos, para que cumplan santamente con su profesión.



domingo, 25 de septiembre de 2011

CAMINATA POR LA PAZ


El 25 de septiembre a las 12 del mediodía, en el atrio del convento San Francisco se reunieron para realizar la CAM INATA POR LA PAZ, integrantes de las diferentes instituciones de la basílica San Francisco, entre ellas las fraternidades OFS XII Apóstoles de Lima, los jóvenes de la confirmación y otros. La caminata duro una hora aproximadamente, también estuvieron presentes los frailes de la comunidad franciscana. Fue un acto para comunicar al país que hay personas que quieren la paz y buscan por conseguirla, y fueron los jóvenes los principales actores de esta jornada.

Beata Lucía de Caltagirone.

Virgen religiosa de la Tercera
Orden Regular (1360 1400). León X concedió oficio y misa en su honor el 4 de junio de 1514.



Lucía nació en Caltagirone, Sicilia, hacia el año 1360. Sus padres la educaron en la piedad y ella supo maravillosamente corresponder a sus esperanzas. Ellos eran devotos de San Nicolás de Bari y experimentaron varias veces su protección. Un día en que Lucía se subió a una higuera para recoger frutas fue sorprendida por un furioso temporal con granizo y rayos. Un rayo cayó sobre el árbol donde estaba Lucía, la cual se precipitó a tierra medio muerta. En su mente vio perfilarse la figura de un santo anciano, San Nicolás de Bari, quien la tomaba de una mano y la entregaba de nuevo a la familia.


Hacia los 13 años abandonó su pueblo natal en Sicilia para seguir a una piadosa terciaria franciscana de Salerno. Al poco tiempo se le murió esta guía espiritual y Lucía entró en un convento salernitano de Hermanas que seguían la regla franciscana. Allí se distinguió por la fiel práctica de sus deberes y en especial por el amor a la penitencia, a la cual se había comprometido para expiar los pecados de la humanidad, y sobre todo por una más íntima participación en los dolores de Cristo. Por algún tiempo ejerció el oficio de maestra de novicias. La fama de su virtud se difundió. Muchos recurrían a ella para pedirle oraciones y consejo. Dedicaba mucho tiempo a la oración, a la meditación y a la contemplación de las cosas del cielo. A menudo flagelaba su cuerpo virginal; la desnuda tierra le servía de lecho; un poco de pan y agua eran su sustento diario. Los nobles acudían a ella, y ella consolaba a los afligidos, llamaba a penitencia a los pecadores, edificaba a los piadosos. Dios confirmó con prodigios su santidad.


Había llegado a los cuarenta años y ya estaba lista para el cielo. Su vida austera, los prolongados y dolorosos sufrimientos minaron su salud. A la invitación del esposo celestial, su alma gozosa voló al Paraíso para unirse al coro de las Vírgenes a las cuales ha sido dado seguir al Cordero divino. Lucía, terciaria regular, murió en Salerno el año 1400. Después de su muerte obró diversos prodigios. El culto y la veneración hacia ella siempre fue extendiéndose en el pueblo salernitano y en las regiones vecinas hasta que el Sumo Pontífice León X el 4 de junio de 1514 concedió en su honor el oficio y la misa.




sábado, 24 de septiembre de 2011

San Pacífico de San Severino.


Sacerdote de la Primera Orden (1653 1721). Canonizado por Gregorio XVI el 26 de mayo
 de 1839.


Pacífico (Bautizado como Carlos Antonio), nació en San Severino, Marcas, el 1 de marzo de 1653, hijo de Antonio María Divini y María Angela Bruni, último de 13 hijos. Después de la muerte de sus padres, fue acogido por el tío materno Luzizo Bruni, prior de la catedral de San Severino Marcas, culto y buen sacerdote pero muy austero. A los 17 años abrazó la vida religiosa entre los Hermanos Menores y el 28 de diciembre de 1671 fue admitido a la profesión religiosa, estudió luego filosofía y teología y el 4 de junio de 1678 fue ordenado sacerdote en Fossombrone.

En el convento del Crucifijo de Treia trabajó intensamente para prepararse al apostolado y a la enseñanza. El 25 de septiembre de 1681 fue nombrado predicador y lector. Por tres años enseñó filosofía y ejerció la predicación.

Durante 10 años recorrió muchas veces los caminos de las verdes Marcas, repetidamente anduvo por pueblos y ciudades; predicó en las iglesias, en las plazas, en los santuarios, incansable difusor de la verdad. Su palabra sacudió a los fieles; su celo conmovió a los tibios; su humildad mortificó a los soberbios. Se recordó mucho tiempo en las Marcas la predicación elevada y persuasiva del fraile franciscano, inclusive cuando las fatigas de su vida de predicador volante lo forzaron a retirarse inmóvil al convento de Forano, enfermo de las rodillas. No tenía sino 45 años y vivió hasta los 68, siempre más enfermo y siempre más severo consigo mismo, afligido por la incomprensión, y herido por la calumnia. Ante las injustas acusaciones, Pacífico no se defendió. Conservó en silencio aquella paz del alma laboriosamente conquistada con una vida de trabajo y sufrimiento.

Su salud cada vez empeoraba más. A la llaga de su pierna derecha, se añadieron la sordera y la ceguera progresiva, tanto que en los últimos años de su vida se le hizo imposible celebrar la Misa, escuchar las confesiones de los fieles y participar en la vida de la comunidad. Alejandro Calvi, obispo de San Severino el 11 de junio de 1721 fue a visitarlo y en aquella ocasión con estupor oyó que lo apostrofaba: “Excelencia, al Paraíso, al Paraíso, usted va primero y yo lo seguiré un poco después”. Esa misma tarde cayó enfermo el obispo y murió el 25 de julio. Poco más tarde lo seguiría Pacífico, a la edad de 68 años, el 24 de septiembre de 1721.




SAN PEDRO NOLASCO

www.corazones.org/santos/pedro_nolasco.htm
Fundador de la Orden de la Madre de Dios de la Merced (los Mercedarios)  1189-1258


Nace en Barcelona, España, 1189. A los 15 años sufre la muerte de su padre y se dispone a repartir santamente sus muchos bienes a lo que su madre asiente.

Años mas tarde, estando en edad de casarse, peregrina a Monserrat. Allí, a los pies de la Virgen, pudo comprender mejor el vacío de las vanidades mundanas y el tesoro que es la vida eterna. Prometió entonces a la Virgen mantenerse puro y dedicarse a su servicio.

Eran tiempos en que los musulmanes saqueaban las costas y llevaban a los cristianos como esclavos al Africa. La horrenda condición de estas víctimas era indescriptible. Muchos por eso perdían la fe pensando que Dios les había abandonado. Pedro Nolasco era comerciante. Decidió dedicar su fortuna a la liberación de el mayor número posible de esclavos. Recordaba la frase del evangelio: "No almacenen su fortuna en esta tierra donde los ladrones la roban y la polilla la devora y el moho la corroe. Almacenen su fortuna en el cielo, donde no hay ladrones que roben, ni polilla que devore ni óxido que las dañe" Mt 6,20.

En 1203 el laico San Pedro Nolasco iniciaba en Valencia la redención de cautivos, redimiendo con su propio patrimonio a 300 cautivos. Forma un grupo dispuesto a poner en común sus bienes y organiza expediciones para negociar redenciones. Su condición de comerciantes les facilita la obra. Comerciaban para rescatar esclavos. Cuando se les acabó el dinero forman grupos -cofradías- para recaudar la "limosna para los cautivos". Pero llega un momento en que la ayuda se agota. Pedro Nolasco se plantea entrar en alguna orden religiosa o retirarse al desierto. Entra en una etapa de reflexión y oración profunda.

Intervención de la Virgen para la fundación

La noche del 1 al 2 de agosto del año 1218, la Virgen se le apareció a Pedro Nolasco. Según una tradición dudosa, también se apareció la Virgen a San Raimundo de Peñafort, y al rey Jaime I de Aragón, y les comunicó a los tres por separado su deseo de fundar una orden para redimir cautivos.

El hecho es que la Virgen María movió profundamente el corazón de Pedro Nolasco para fundar la orden de la Merced y formalizar el trabajo que el y sus compañeros hacían ya por 15 años. El 10 de agosto de 1218 en el altar mayor de la Catedral de Barcelona, en presencia del rey Jaime I de Aragón y del obispo Berenguer de Palou, se crea la nueva institución. Pedro y sus compañeros vistieron el hábito y recibieron el escudo con las cuatro barras rojas sobre un fondo amarillo de la corona de Aragón y la cruz blanca sobre fondo rojo, titular de la catedral de Barcelona. Pedro Nolasco reconoció siempre a María Santísima como la auténtica fundadora de la orden mercedaria. Su patrona es La Virgen de la Merced. "Merced" significa "misericordia".(Mas sobre La Virgen de la Merced y San Nolasco).

La nueva orden fue laica en los primeros tiempos. Su primera ubicación fue el hospital de Santa Eulalia, junto al palacio real. Allí recogían a indigentes y a cautivos que regresaban de tierras de moros y no tenían donde ir. Seguían la labor que ya antes hacían de crear conciencia sobre los cautivos y recaudar dinero para liberarlos. Eran acompañados con frecuencia de ex-cautivos, ya que, cuando uno era rescatado, tenía obligación de participar durante algún tiempo en este servicio. Normalmente iban cada año en expediciones redentoras. San Pedro continuó sus viajes personalmente en busca de esclavos cristianos. En Argelia, Africa, lo hicieron prisionero pero logró conseguir su libertad. Aprovechando sus dones de comerciante, organizó con éxito por muchas ciudades colectas para los esclavos.

Los frailes hacían, además de los tres votos de la vida religiosa, pobreza, castidad y obediencia, un cuarto: dedicar su vida a liberar esclavos. Al entrar en la orden los miembros se comprometían a quedarse en lugar de algún cautivo que estuviese en peligro de perder la fe, en caso que el dinero no alcanzara a pagar su redención. Entre los que se quedaron como esclavos está San Pedro Ermengol, un noble que entró en la orden tras una juventud disoluta. Este cuarto voto distinguió a la nueva comunidad de mercedarios.

El Papa Gregorio Nono aprobó la comunidad y San Pedro Nolasco fue nombrado Superior General.

El rey Jaime decía que si había logrado conquistar la ciudad de Valencia, ello se debía a las oraciones de Pedro Nolasco. Cada vez que obtenía algún triunfo lo atribuía a las oraciones de este santo.

Antes de morir, a los 77 años, pronunció el Salmo 76: "Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste tu poder a los pueblos y con tu brazo has rescatado a los que estaban cautivos y esclavizados".

Su intercesión logró muchos milagros y el Sumo Pontífice lo declaró santo en 1628.

La misión redentora la continúa hoy la familia mercedaria a través de sus institutos religiosos y asociaciones de laicos. Es también la misión de todo buen cristiano.



Nuestra Señora de las Mercedes. Patrona de los presos

www.ewtn.com/spanish/saints/index.asp



Una antigua tradición narra que en el año de 1218 la Sma. Virgen se le apareció a San Pedro Nolasco recomendándole que fundara una comunidad religiosa que se dedicara a socorrer a los que eran llevados cautivos a sitios lejanos.


San Pedro Nolasco, apoyado por el rey Jaime el Conquistador y aconsejado por San Raimundo de Peñafort, fundó la Orden religiosa de Nuestra Señora de la Merced o de las Mercedes. La palabra merced quiere decir: misericordia, ayuda, caridad.

Esta comunidad religiosa lleva muchos siglos ayudando a los prisioneros y ha tenido mártires y santos. Sus religiosos rescataron muchísimos cautivos que estaban presos en manos de los feroces sarracenos.

Desde el año 1259 los Padres Mercedarios empezaron a difundir la devoción a Nuestra Señora de la Merced (o de las Mercedes) la cual está muy extendida por el mundo.

Recordemos que a quienes ayudan a los presos les dirá Cristo en el día del Juicio: "Estuve preso y me ayudaste. Todo el bien que le hiciste a los demás, aunque sea a los más humildes, a Mí me lo hiciste"(Mat. 25, 40).







V Semana Bíblica Diocesana

La diócesis del Callao invita a participar de la V Semana Bíblica Diocesana, cuyo tema este año es “el mensaje del Apocalipsis”. Se llevará a cabo del 26 al 30 de septiembre, de 7:00 a 9:00 pm, en el auditorio del Santuario de la Virgen del Carmen de la Legua (cruce de las avenidas Faucett y Colonial). Está dirigido a catequistas, docentes y público en general. Se entregará certificado.

Los temas a tratar son:
Lunes 26: "Signos de esperanza del Apocalipsis, hoy"
Expositor: hermano Francisco Sáez de Maturana, sc (Licenciado en teología por la Pontificia Universidad de Salamanca)

Martes 27: "Visión teológica del Apocalipsis"
Expositor: padre Enrique Segovia, ofm (Licenciado en teología dogmática por la Pontificia Universidad “Antonianum” de Roma)

Miércoles 28: "La historia y su final según el Apocalipsis"
Expositor: padre José Lera, sj (Doctor en teología por la Universidad de Innsbruck, Austria)

Jueves 29: "¿Anuncia el Apocalipsis el fin del mundo?"
Expositor: padre Eduardo Arens, sm (Doctor en teología por la universidad de Friburgo, Suiza)

Viernes 30: "Las visiones del hijo del hombre y del cordero como introducciones al Apocalipsis"
Expositor: padre Alejandro Wiesse, ofm (Licenciado en ciencias bíblicas y arqueología por el “Studium Biblicum Franciscanum” de Jerusalén, Israel)

Mayores informes en
bibliacallao@gmail.com y en portal web de la diócesis.

Comisión diocesana de Pastoral Bíblica del Callao.

viernes, 23 de septiembre de 2011

FIESTA DEL HALLAZGO DEL CUERPO DE SANTA CLARA

http://www.fratefrancesco.org/ 




Clara de Asís, la primera "plantita" de San Francisco y fundadora, con San Francisco, de la Orden de las Hermanas Clarisas, nació en 1193 y murió, con 60 años, el 11 de agosto de 1253 en el monasterio de San Damián rodeada de sus compañeras, entre las que se encontraban sus hermanas Santa Inés de Asís y Beatriz. La madre, Ortolana, que también la siguió con sus hijas, había fallecido unos años antes.


Un día antes de morir, el papa Inocencio IV, que entonces residía en Asís, en el Sacro Convento de San Francisco, le concedió lo que más deseaba: la aprobación de su propia Regla (la única regla aprobada por la Iglesia compuesta por una mujer), cuya base era el proyecto de vida que les redactó San Francisco en los comienzos. El mismo Papa presidió sus funerales al día siguiente, acompañado por toda la curia romana, por los frailes menores y todo el pueblo de Asís y de la comarca. Y la quería canonizar inmediatamente, pero los cardenales le aconsejaron prudencia y que se siguiera el proceso canónico habitual.

El cuerpo de Santa Clara, por motivos de seguridad, fue sepultado dentro de las murallas de la ciudad, en la iglesia de San Jorge, la misma donde San Francisco permaneció sepultado durante cuatro años, desde su muerte (1226) hasta el traslado definitivo a la Basílica construida en su honor en la "Colina del Infierno" (1230).

Dos años después Alejandro IV ordenó la apertura del Proceso de Canonización, del que se conserva una versión en lengua vulgar, que es una fuente preciosa de información acerca de su familia, conversión, vida y muerte. Fue canonizada, pues, en 1255, y el mismo Papa creyó oportuno que en el mismo lugar ocupado por la iglesia de San Jorge, perteneciente a los canónigos de la catedral de San Rufino, se construyera un monasterio y una gran iglesia en honor de la nueva Santa, según el modelo de la Basílica Superior de San Francisco, para que la comunidad de San Damián se trasladase al interior de la ciudad.

La iglesia no tiene la riqueza pictórica de la Basílica del Santo, pero se conservan cosas interesantes, como un gran crucifijo pintado en tabla atribuído a Giunta Pisano y algunos frescos de la escuela de Giotto en la bóveda encima del altar y en el brazo lateral derecho (estos últimos han sido descubiertos recientemente, con motivo de las restauraciones posteriores al terremoto del 1997. Se supone que el autor principal fue Palmerino de Guido, que trabajó con Giotto en San Francisco y residió en Asís en los primeros años del siglo XIV. De gran calidad es también un fragmento de la Natividad, de escuela giottesca, en el brazo lateral izquierdo.


Sin embargo, la mayor riqueza de esta iglesia es el cuerpo de Santa Clara, sepultado en un principio debajo del altar mayor y ahora expuesto en una urna de vidrio en la cripta neogótica que se construyó en 1850, después de la reapertura de la tumba. También son muy interesantes las reliquias que las monjas se llevaron consigo al nuevo monasterio, como el crucifijo de San Damián del siglo XII que habló a San Francisco al comienzo de su conversión; y la reja de la clausura, testigo de tantos coloquios del Santo con Clara y sus compañeras y del llanto de las mismas, cuando se lo llevaron muerto el 4 de octubre de 1226, para que pudieran venerar los estigmas de la Pasión de Cristo que adornaban su cuerpo. También se conservan algunos mechones de la cabellera rubia de Santa Clara que Francisco le cortó el día de su consagración al Señor; una túnica del Santo color gris ceniza; un alba que, al parecer, ella misma le confeccionó para cuando oficiaba como diácono; el breviario-misal con el que fray León leía el oficio y las lecturas de la Misa para el Santo, cuando este ya no era capaz de soportar la luz; una capa de Santa Clara; y un retablo del anónimo "Maestro de Santa Clara" del 1283, con las escenas más antiguas que se conocen de su vida.

Antes del terremoto de 1997, las reliquias se podían ver en la capilla de San Jorge, donde está expuesto del Cristo de San Damián, pero ahora han sido trasladadas a otro lugar, en la bajada a la cripta.

San Francisco María de Camporosso.

Religioso de la Primera Orden (1804‑1866). Canonizado por Juan XXIII el 9 de diciembre de 1962.
Francisco María nació en Camporosso, pequeño poblado del interior de Liguria, en la diócesis de Albenga, el 27 de diciembre de 1804 hijo de Anselmo Croce y María Antonia Gazzo. Pastor, agricultor, un día escuchó la invitación de un fraile e ingresó en el convento en Sestro Ponente, donde tomó el hábito de terciario. Pero no se sentía satisfecho y una voz interior no le daba tregua hasta que por fin tuvo la alegría de vestir el hábito religioso entre los Hermanos Menores Capuchinos. Hechos el noviciado y la profesión en el convento de San Bernabé, inmediatamente fue asignado al convento de la Santísima Concepción en Génova, donde permaneció hasta su muerte.



Destinado a los humildes oficios de ayudante de cocina y de enfermero, se hizo notar por una especial fidelidad a su deber y por una generosidad sin límites. Los superiores creyeron bien encomendarle el oficio de limosnero, que lo obligaba a recorrer todos los días las angostas calles de la ciudad, que transformó en un lugar de incesante coloquio con Dios. Su ejemplo pronto fue motivo de atracción irresistible porque sus palabras sencillas y espontáneas tenían el secreto para aliviar todos los dolores. Cuando la gente llegaba con problemas graves y difíciles, les decía: “Anda donde la Virgen y dile que te manda fray Francisco”.


Francisco María no olvidó su antiguo oficio de pastor. Sólo que desde este momento el rebaño por él guiado y atendido era el de los más miserables y desheredados pobladores de Génova y los potreros eran las calles que subían y bajaban en la Soberbia y sobre todo las “barriadas” de la ciudad vieja y del puerto. Allí el capuchino de Camporosso, limosnero del convento, se convirtió en el “Padre Santo”, como era comúnmente llamado por sus insólitos y a menudo poco recomendables “parroquianos” habitantes de los bajos fondos y frecuentadores de los ambientes más equívocos.


Sereno en todas partes, en la iglesia lo mismo que en las tabernas con olor a humo y vino, siempre igualmente afectuoso, con los cohermanos y con los muchachos, con los braceros del puerto y con los ex presidiarios, el padre santo en sus incesantes giros por la ciudad se esforzaba por realizar una doble tarea: la de pedir la limosna diaria y la otra, más importante y delicada, la de buscar y acercar a Dios a cuantos encontraba en su camino. Poco importaba que los encuentros fueran no raras veces violentos, con personas prontas a la cólera y a las injurias.


Estas dificultades ambientales no disminuían la transparente bondad del fraile capuchino a quien todos, tarde o temprano terminaban queriendo. En 1866 durante una epidemia se ofreció en sacrificio por la incolumidad de los demás. Su plegaria fue: “Señor, tómame a mí y perdona a Génova”. El mal lo agotó en pocos días, mientras la epidemia disminuía en la ciudad. Murió a los 62 años de edad el 17 de septiembre de 1866.





jueves, 22 de septiembre de 2011

NUEVO CONSEJO REGIONAL LIMA CALLAO 2011- 2014


El 20 de agosto del 2011 en la Casa de Ejercicios Espirituales de la fraternidad OFS XII Apóstoles de Lima se congregaron los franciscanos seglares de la región Lima Callao para elegir a su nuevo consejo regional. Presidió la reunión la ministra nacional Ana María Raffo Laos con la participación de la formadora nacional Rebeca Bedoya y la presencia del asistente nacional padre Abel Pacheco Sánchez. La ministra nacional dio el mensaje de bienvenida a los consejos de todas las fraternidades de Lima y Callao. La ministra de la región elevo a la asamblea el informe de su administración. Como se sabe la hermana María Martha Vivanco reemplazó a la ministra elegida para el trienio 2008-2011. Acto seguido la formadora nacional exhorto a la asamblea a meditar en quienes debían recaer la administración del consejo regional 2011-2014. El padre asistente nacional Fray Abel pacheco invito a la asamblea a orar devota y constantemente por los destinos de la Orden franciscana Seglar a la que todos pertenecemos.

La elección que duro un poco más de lo previsto, tuvo como final el siguiente consejo regional de Lima Callao:

1.- Ministra María Martha Vivanco

2.- Vice ministro Juan Porras

3.- Secretaria Eda Villavicencio

4.- Formador Germán Yactayo

5.- Relaciones Mutuas OFS JUFRA Flor escudero


MARÍA MARTHA VIVANCO MNISTRA

JUAN PORRAS, VICE MINISTRO


EDA VILLAVICENCIO SECRETARIA

GERMAN YACTAYO FORMADOR

FLOR ESCUDERO RELACIONES MUTUAS OFS JUFRA

Beatos Mártires Capuchinos Mártires de la Guerra civil española.

www.franciscanos.net/santoral/index.htm
Beatificados por Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.

B. Aurelio de Vinalesa (José Ample Alcaide) Sacerdote. Vinalesa, 3 febrero 1896. Hizo el noviciado en 1912. Ordenado sacerdote el 26 de marzo de 1921. Maestro de los Clérigos en Orihuela (Alicante). Antes de ser asesinado alentó a sus cohermanos a afrontar la muerte, les dio la absolución y los invitó a proclamar: Viva Cristo Rey!. Asesinado en Barranco de Carraixet, el 28 de agosto de 1936.

B. Ambrosio de Benaguasil (Luis Valls Matamales), Sacerdote. Benaguasil, 3 mayo 1870. Ingresó al noviciado en 1890. Ordenado sacerdote el 22 de septiembre de 1894. Muy modesto, su apostolado principalmente fue la predicación, la confesión, la dirección espiritual. Devoto de la Sma. Virgen. Sereno y valiente frente al martirio. Asesinado en la Carretera de Valencia a Barcelona, 24 agosto 1936.

B. Pedro de Benisa (Alejandro Mas Ginestar), sacerdote. Benisa, Alicante, 11 de diciembre 1876. Hizo el noviciado en 1893, ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1900. Su apostolado principal lo desempeñó entre los jóvenes y en la catequesis. Bondadoso y conciliador. “Si vienen por mí, ya estoy a punto”, había repetido a su hermana para expresar su aceptación del martirio. Asesinado en la Alberca de Denia, Alicante, 26 agosto 1936.

B. Joaquín de Albocácer (José Ferrer Adell), sacerdote. Albocácer (Castellón) 23 abril 1879. Hizo el noviciado en 1896. Ordenado sacerdote en 1903 trabajó en Colombia, donde fue Superior Regular. Luego en España fue director del Colegio seráfico. Después de haber puesto a salvo a sus seminaristas, se refugió en Rafelbuñol. Apresado el 30 de agosto de 1936, fue asesinado en la Carretera de Puebla Tornesa a Villafamés, Castellón, el 30 de agosto de 1936.

B. Modesto de Albocácer (Modesto García Martí), sacerdote (Albocácer, Castellón, 18 enero 1880. Hizo el noviciado en 1896. Ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1903. Misionero en Colombia la mayor parte de su vida sacerdotal. Sus principales apostolados fueron la predicación, ejercicios espirituales, dirección espiritual. Religioso amable y cumplidor. Era guardián en Ollería y fue apresado en una finca de sus familia, a donde había buscado refugio. Aceptó el martirio con total entrega. Asesinado entre Albocácer y la finca de la Masá, cerca de ésta, el 13 de agosto 1936.

B. Germán de Carcagente (Jorge María Garrigues Hernández) sacerdote. Carcaixent, 12 febrero Noviciado, en 1911, Ordenado el 9 de febrero de 1919. Vicemaestro de novicios y profesor en una escuela primaria en Alcira. Ejerció su apostolado en el confesionario, la atención a los enfermos y la catequesis. Fervoroso y caritativo. Se refugió en la casa paterna, donde fue detenido el 9 de agosto de 1936, asesinado en la noche del mismo día en Carcaixent, junto al puente del Júcar.

B. Buenaventura de Puzol (Julio Esteve Flors), sacerdote. Puzol, 9 de octubre 1897. Hizo el noviciado en llería, en 1913. Se doctoró en Filosofía en la Universidad Gregoriana, ordenado sacerdote en Roma el 26 de marzo de 1921. Profesor de Filosofía y Derecho Canónico en el teologado de Orihuela. Predicador, conferencista, director espiritual. Pacífico, inteligente y listo, muy educado y correcto. Refugiado en la casa paterna, fue requerido para unas declaraciones y retenido el 24 de septiembre de 1936, y asesinado en el cementerio de Gilet, el 26 de septiembre 1936.

B. Santiago de Rafelbuñol (Santiago Mestre Iborra) sacerdote. Rafelbuñol (Valencia), 10 abril 1909. Ingresó al noviciado en 1924, en Ollería. Ordenado sacerdote en Roma el 26 de marzo de 1932. Doctorado en teología por la Universidad Gregoriana, vice-director del Colegio Seráfico de Massamagrell Sencillo, obediente, devoto de la Sma.Virgen. Bondadoso y vivaz. Ayudó a poner a salvo a los seminaristas y se refugió en su pueblo de Rafelbuñol, donde el comité local lo puso a trabajar en obras públicas del pueblo. Detenidos sus compañeros de comunidad, intentó entregarse en lugar de ellos, y fue detenido el 26 de septiembre de 1936, y con ellos asesinado la noche entre el 28 y el 29, en el cementerio de Massamagrell, al grito de “Viva Cristo Rey”.

B. Enrique de Alzamora (Enrique García Beltrán), Diácono. Almazora, Castellón, 16 marzo 1913. Ingresó al noviciado en Ollería en 1928. Era diácono y se preparaba para la ordenación sacerdotal. Jovial y dócil. Piadoso, muy devoto de San José. Estudioso de la música. Refugiado en su casa paterna, se preparó serenamente para el martirio que aceptó generosamente. Fue asesinado en la Pedrera de Castellón, el 16 de agosto de 1936.

B. Fidel de Puzol (Mariano Climennt Sanchis), Hermano. Puzol, Valencia, 8 enero 1856. Prestado el servicio militar, ingresó como novicio capuchino en 1884. Sirvió en Barcelona, Totana, Orihuela, Massamagrell y Valencia, como portero, cocinero, ayudante del Colegio seráfico. socio del P. Provincial. Tranquilo y apacible, siempre sonriente, hombre de oración. Se refugió en Puzol, en casa de familiares, dada su avanzada edad, 82 años, y su escasa visión, no salía de casa, donde fue detenido el 27 de septiembre y asesinado en la carretera hacia Sagunto, Valencia, el 27 de septiembre de 1936.

B. Berardo de Lugar Nuevo de Fenollet (José Bleda Grau). Hermano. Lloch Nou de Fenollet, 23 de julio de 1867. Hizo el noviciado en 1900. Sirvió en Orihuela, Alicante, como limosnero y sastre, Era bondadoso, humilde, orante, caritativo y paciente. Se refugió entre sus familiares y casi ciego, fue apresado el 30 de agosto de 1936, y asesinado en Genovés, el 4 de septiembre de 1936.

B. Pacífico de Valencia (Pedro Salcedo Puchades), Hermano. Castellar, 24 de febrero 1874. Ingresó al noviciado en 1899. Fue limosnero en Massamagrell durante 37 años. Sencillo y tranquilo, humilde y cumplidor de sus compromisos religiosos. Se refugió en casa de un hermano suyo, donde fue detenido y asesinado en Monteolivete, el 12 de octubre de 1936.

Hermanas Clarisas Capuchinas Mártires de la Guerra civil española: Beatificadas el 11 de marzo de 2001.

Las 3 primeras, del Monasterio de Agullent, hermanas carnales. En su vida religiosa fueron sólidamente piadosas, plenamente integradas en su comunidad, sin distinciones especiales entre ellas y respecto a las demás. En 1931 al llegar la República, debieron permanecer en su casa dos meses. Regresaron al monasterio hasta la revolución de 1936, cuando nuevamente se refugiaron en su casa de Algemesí, hasta que fueron detenidas el 19 de octubre de 1936 junto con su anciana madre, B. María Teresa Ferragud Roig –83 años- y otra hija suya religiosa agustina, B. Josefa Massiá, estuvieron en prisión en el convento de Fons Salutis), y fueron asesinadas el 28 de octubre de 1936, día de Cristo Rey. Los milicianos quisieron dejar a la madre, pero ésta se opuso y quiso acompañar a sus hijas para animarlas en la hora suprema. Asesinadas en Cruz Cubierta de Alzira.

B. María Jesús (María Vicenta Massiá Ferragud), Algemesí, 12 enero 1882. Hizo el noviciado en 1900 y la profesión el 16 de enero de 1902.

B. María Verónica (María Joaquina Massiá Ferragud) Algemesí 15 junio 1884. Noviciado en 1904, profesión solemne en 1907.

B. María Felicidad (María Felicidad Masiá Ferragud). Algemesí, 28 agosto 1890. Noviciado en 1910, profesión perpetua en 26 de abril de 1913.

B. Isabel Calduch Rovira, Alcalá de Chivert, Castellón, 9 de mayo 1882. Hizo el noviciado en 1900, y la profesión solemne el 30 de mayo de 1904. Pacífica y amable, Fue maestra de novicias, y reelegida para otro trienio, que no desempeñó por la llegada de la revolución; entonces se refugió en su pueblo, en casa de un hermano suyo sacerdote. Detenida el 13 de abril de 1937, fue asesinada en Cuevas de Vinromá, Castellón, el 14 de abril de 1937. Del Monasterio de Castellón de la Plana.

B. Milagros Ortells Gimeno, Valencia, 29 noviembre 1882. Ingresó al monasterio en 1902, en Valencia. Allí fue enfermera, refitolera, tornera, sacristana y Maestra de novicias. Caritativa, servicial, piadosa, sacrificada. Al estallar la revolución se refugió en casa de su hermana María, en Valencia, y luego en otra casa donde estaban otras religiosas de la Doctrina cristiana. Detenida el 20 de noviembre de 1936 y asesinada con otras 17 religiosas de la Doctrina Cristiana en Picadero de Paterna, el mismo 20 de noviembre 1936. Del Monasterio de Capuchinas de Calle Ruzafa, Valencia.

Septiembre 22: Beato Ignacio de Santhia’. Sacerdote de la Primera Orden (1686 1770). Beatificado por Pablo VI el 17 de abril de 1968.

Nació en Santhia’, diócesis de Vercelli, Piamonte, el 5 de junio de 1686, hijo de Pier Paolo Belvisotti y María Isabel Balocco. En el bautismo le impusieron el nombre de Lorenzo Mauricio, que luego, al hacerse religioso, cambió por el de Ignacio.

Desde su niñez quedó huérfano de padre y fue educado cristianamente bajo la guía de un piadoso sacerdote. Pronto se distinguió por la integridad de costumbres, por su aprovechamiento en los estudios y por la predilección en el servicio litúrgico como seminarista de la colegiata.

Ordenado sacerdote fue nombrado canónigo de la iglesia colegiata de Santhia’. También le fue ofrecido el oficio de párroco, pero él, contra el parecer de sus parientes, que se prometían para él una brillante carrera eclesiástica, renunció. Poco después, anhelando mayor perfección, dijo adiós a todas las cosas terrenas venciendo toda clase de dificultades, ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, donde en 1717 emitió sus votos religiosos.

Durante 25 años fue confesor asiduo y muy buscado por personas de toda clase, pasaba muchas horas del día en la dirección espiritual y abría a los pecadores los caminos misteriosos de la bondad de Dios. Fue maestro de novicios en el convento del Monte de Turín, haciéndose modelo de todas las virtudes, supo dirigir a los jóvenes franciscanos hacia la perfección seráfica.

En 1743 estalló la guerra y él se distinguió ejemplarmente en la asistencia a los soldados hospitalizados, y en aquel período borrascoso supo ser consuelo y ayuda para cuantos recurrían a él. El resto de su vida lo pasó en la enseñanza del catecismo a los niños y a los adultos con una competencia, diligencia y aprovechamiento realmente singulares. Hizo cursos de ejercicios espirituales especialmente a religiosos, a quienes con la palabra y con el ejemplo supo llevar a la más alta espiritualidad cristiana y franciscana. De él nos quedan las “Meditaciones para un curso de ejercicios espirituales”, que fueron impresas en Roma por primera vez en 1912. A los 84 años, agotado por el intenso trabajo apostólico desempeñado con sencillez y humildad, deseaba retornar a Dios y el 22 de septiembre de 1770 su alma voló de la tierra al cielo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

SAN MATEO APOSTOL Y EVANGELISTA

JESUS MARTI BALLESTER

JESÚS empezaba a llamar discípulos. El Reino de Dios no es obra exclusiva de él. Se ha dignado trabajar en equipo, participar a los hombres tan gran dignidad. Ha querido que compartamos los sudores con él como quiere que llevemos la cruz con él. Los elegidos le acompañaban por los pueblos de Galilea y del mundo y participaban sus más ín¬timos secretos. Ya tenía seis elegidos, frutos de su oración al Padre: los dos hijos de Jonás, los Bar-Jona, los dos hijos del Zebedeo, Felipe y Bartolomé; todos pobres, sencillos, rudos e ignorantes. Vivieron junto al Verbo de vida, escucharon sus palabras, recogieron sus lati¬dos. Eran simples pescadores galileos. Ningún sacerdote, ningún escriba, ningún fariseo, ningún rabino. Hubo, en cambio, un publicano; despreciable y odioso. Los evangelistas dan a San Mateo el nombre de Leví, sólo Marcos lo llama, "hijo de Alfeo". Posiblemente Leví era su nombre original y adoptó el mismo el nombre de Mateo cuando se convirtió en seguidor de Jesús. Era galileo predicó la doctrina de Cristo en oriente, pero nada cierto se sabe de ese periodo de su existencia. La Iglesia también lo venera como mártir, aunque hasta la fecha, se desconocen las causas y el lugar de su muerte.



LOS PUBLICANOS


Los .publicanos del Evangelio no tenían la categoría propia de los recaudadores de Roma. Eran simples subordinados, cobraban, vigilaban y exigían en nombre de las grandes compañías, que por estos empleados extendían sus redes en todo el Imperio. Todos eran mirados con des¬precio y ojeriza. Nadie escogía ese oficio, o muy mal tenía que estar para ganarse la vida ejerciéndolo. Por eso tenían que buscar a gente sin prestigio que perder y sin escrúpulos que sufrir. Gente con entrañas duras, para que no se apiadasen de las lágrimas ni de la miseria. Dice un escritor de aquella época, que eran lobos de la sociedad; y según Marco Tulio, los más viles de los hombres.


SACRILEGOS


En Judea, el cobrador tenía un estigma más infamante aún, porque el pago del tributo a los romanos estaba prohibido por la Ley, era un sacrilegio; el que colaboraba en ese sacrilegio, hacía traición a su patria, se vendía a los gentiles. Jerusalén era una teocracia. Es el pueblo de Dios. Al ser invadida por los romanos, Jerusalén deja de pertenecer a Dios convertida en provincia romana, gobernada por el emperador de Roma. Así es como la condición de los publicanos sólo podía compararse con la de los criminales y las prostitutas. Por eso una de las acusaciones que dirigían contra Jesús, es que andaba con los publicanos y comía con ellos. Y no solamente comía con ellos, sino que sacó de entre ellos a uno de sus apóstoles.


EN CAFARNAUM. “SIGUEME”


Fue en Cafarnaún, después de sus primeras excursiones a través de Galilea, después de su encuentro con la Samaritana. Situado Cafarnaum en un cruce de caminos, centro de las contrataciones entre Tiro y Damasco, entre Séforis y Jerusalén, Cafarnaún era un centro mercantil, residencia de mercaderes y traficantes, de ten¬deros y comisionistas, y, punto estratégico para los cambistas y los recaudadores, oficina importante de los publicanos de Galilea.



Baja Jesús hacia el puerto. Ha visto a Leví, sentado en el telonio, banco de la recaudación de la contribución, se acerca y le dice: "Sígueme." Y él, dejándolo todo, se levantó y echó a andar con el Señor. La llamada la hace el Señor. “No me habéis elegido vosotros, soy yo quien os he elegido". Nuestra vocación desciende de Dios. Seámosle fieles, que es una llamada de predilección. Para Leví fue una llamada inesperada y su respuesta fue una adhesión tan espontánea como la de Pedro, una aceptación súbita, completa, definitiva. Leví deja un negocio lucrativo, una ganancia segura y creciente. Se había hecho rico, y pudo ofrecer un banquete de despedida a todos sus amigos y a sus compañeros nuevos; un banquete presidido por el Señor. Pero la plata había terminado para él, y había dejado los rimeros de siclos y de dracmas y el mostrador donde temblaban los agricultores y artesanos de Galilea. Jesús había sub¬yugado su corazón, y ya sólo recogerá palabras de vida y tesoros de verdad. Ni siquiera será él quien lleve la bolsa del colegio apostólico.


Odiaba su pasado. Ya no se llamará Leví, sino Mateo, don de Dios. En actitud humilde sigue a Jesús por los caminos, admira a Pedro, que había sido un pescador honrado, mira a Juan con envidia porque halló al Nazareno tan joven. Camina en silencio, casi avergonzado de si mismo; no habla, ni se exhibe, ni promete.


Escucha atento las parábolas del Salvador, y la rumia y las pesa, con el cuidado que antes ponía en pesar los dineros. Más tarde las recogerá en un libro; escribirá la historia de aquellos dos años de vida misionera; una historia en que él se oculta, como antes se ocultaba entre el grupo de los doce. Sólo una vez hablará de si mismo, y precisamente para decir que era publicano; para recordar la dignación infinita de Jesús al levantarlo desde el abis¬mo de la miseria hasta las cimas de la gloria.


EVANGELISTA


Además de apóstol, Mateo fue evangelista. A él le debemos, según San Papías, discípulo de los discípulos de Jesús, la más antigua recopilación de dichos y hechos memorables del Señor, que constituirán el primer Evangelio. Antes de separarse de sus compañeros para predicar en tierras lejanas la doctrina que había escuchado con tanta avidez, quiso de¬jarnos un gran tesoro. Debemos estar agradecidos a este recaudador amable. Acostumbrado a los números, hecho a extender letras y recibos, era casi un letrado al lado de Pedro, y tal vez se distinguía también entre los demás por sus relatos de la vida de Jesús, por la facilidad de la palabra, y por el arte de llevar el evangelio a las inteligencias y a los corazones de los hijos de Israel. Pero un día tuvo que alejarse, como los demás, y entonces fue cuando los primeros cristianos de la Ciudad Santa consiguieron de él que les dejase por escrito lo que con tanto gusto le habían oído exponer de viva voz. Así explica Eusebio el origen de la primera historia de la vida de Cristo.


LA LENGUA MATERNA DE JESUS


Mateo la escribió en la lengua de sus com¬patriotas, en arameo, la lengua en que Cristo había pronunciado sus discursos y sus parábolas. Hoy sólo tenemos la traducción griega, un griego correcto y casi clásico: pero delata su origen semita, desde las primeras palabras, desde las genealogías del primer capitulo.
Entre los ritmos de los oradores del ágora saltan de vez en cuando las palabras rudas de los pescadores del lago de Genesaret -raca, córbona, gábba¬ta-: y cuando nos parece oír a un discípulo del Museo alejandrino, nos encontramos sumergidos en aquella Judea orgullosa de sus tradiciones mosaicas y de su ciudad sagrada, en aquella Jerusalén orgullosa de su templo y de sus sacerdotes, en aquel templo donde se pagaba el diezmo de la menta y el comino, donde los des¬cendientes de Aarón se paseaban arrogantes, ostentando sus filacterias de pergamino ante la multitud devota que les rodea y les aclama: "Rabbi, rabbi." Es la Jerusalén de Agripa y de Gamaliel, la que vivía ya entre los primeros presagios de la tormenta, pero aún no presentía el castigo del deicidio. La memoria de Cristo estaba fresca todavía: apenas quince años habían pasado desde que expiró en la cruz, cuando el antiguo publicano recogía en un libro sus hechos y sus discursos.



CONSERVAR LA DOCTRINA


El único objeto que le guiaba era fijar la predicación oral, que, al dispersarse por el mundo los Apóstoles, podría perder la uniformidad y aquella autoridad que habla tenido hasta entonces. Lucas, Marcos y Juan, se propondrán la misma finalidad. Los tres escribirán la vida de Jesús, reproduciendo la enseñanza apostólica y recogiendo las expresiones consagradas durante quince años. Esto explica sus concordancias y divergencias.


El Cristo de San Mateo, se nos figura menos familiar que el de San Marcos, tan indulgente siempre frente a la rudeza de sus discípulos: En Lucas aparece el Salvador dé los hombres; y Juan nos dará a conocer más tarde el Verbo de Dios. Juan es el revelador de la vida interior de Jesús y empieza a destacar la familia de Jesús que en su Evangelio aparece ya con el nombre de la Iglesia. Jesús, Dulce y humilde de corazón, no extingue la mecha humean¬te, ni remata la caña cascada, pero resiste a los hipócritas y los desenmascara. Mateo nos dice que el Mesías es un legislador superior a Moisés, que habla en su propio nombre y con autoridad divina: es el Hijo único de Dios, a quien Israel ha desconocido, perdiendo así sus privilegios para transmitírselos a la Iglesia. Esta tesis hace al primer Evangelio el más didáctico entre los sinópticos. Se trata de demostrar el gran hecho histórico de que el profeta condenado unos años antes por los judíos como blasfemo por usurpar el nombre de Hijo de Dios, era realmente el Mesías, de quien es¬taban llenos todos los libros del Antiguo Testamento. Como consecuencia, los soberbios habían sido rechazados y los humil¬des escogidos para continuar la obra del Crucificado y extenderla por todas las naciones. La preocupación apologética se manifiesta en el afán de señalar la realización de los oráculos proféticos en la vida de Jesús.


DIFERENTES ESTILOS


Pero lo que San Mateo se pro¬pone, ante todo, es enseñar, recogiendo fielmente los discursos de su Maestro.


No tiene el realismo expresivo que Marcos sabe dar a su narración, ni la gracia conmovedora de San Lucas, ni la mirada penetrante de San Juan, pero es más abundante; nos ha conservado más palabras de Jesús, palabras sencillas y directas, y tan vivas, que nos parece oírlas con el acento, con la entonación que tenían al salir de los labios del Hombre-Dios. Sin el sentido cronológico de Lucas, Mateo tiene en la composición una lucidez que no tiene Marcos; menos vida, pero más orden, más lógica, más claridad.


Antes de que Cristo le llamase a ocupar uno de los primeros puestos en el reino de los Cielos, según su expresión favorita, debió de ser apreciado por sus jefes por el cuidado y la regularidad con que llevaba sus cuentas y sus papeles.

Beata Delfina de Glandèves.

www.ofs-rgb2.com.ar/formacion/Sitioinfo/Sant/oct.htm


Virgen de la Tercera Orden (1284 1358). Concedió oficio y misa en su honor Inocencio XII el 24 de julio de 1694.

Delfina de Signe, nació hacia 1284 en Puy Michel en los montes del Luberón, Francia, de la noble familia Glandèves. Una encantadora figura de mujer, que pasa por el mundo llevando a todas partes la luz de su gracia, el perfume de la virtud, el calor de su afecto. No era una santidad ruidosa, que haya marcado la historia de su tiempo, sino una santidad delicadamente femenina que se difundió a su alrededor como linfa silenciosa y generosa para alimentar en el bien a cuantos estuvieron a su alrededor a lo largo de su vida.

Desde niña su presencia fue luz y consuelo para su familia. A los 12 años ya estaba prometida a un joven no inferior a ella por su gentileza, nobleza de sangre y belleza de alma. Elzeario, el novio, era hijo del Señor de Sabran y conde de Ariano en el reino de Nápoles. Desde el nacimiento su madre lo había ofrecido en espíritu a Dios y más tarde un austero tío lo había educado en un monasterio. Las bodas tuvieron lugar cuatro años más tarde. Fue un matrimonio “blanco”, porque los dos jóvenes esposos escogieron la castidad, un medio de perfección espiritual más alto y arduo. En el castillo de Ansouis, los dos nobles cónyuges vivieron no como castellanos sino como penitentes; no como señores feudales sino como ascetas dignos de los tiempos heroicos de la primitiva Iglesia.

Pasados al castillo de Puy Michel, entraron a la Tercera Orden Franciscana. Su vida interior se enriqueció con una nueva dimensión, la de la caridad, mediante la cual ellos, ricos por su condición, se hicieron humildes y pobres para socorrer a los pobres. Delfina y su esposo a más de las penitencias, oraciones y mortificaciones, se dedicaron a todas las obras de misericordia, destacándose en todas.

Cuando Elzeario fue enviado a su ducado de Ariano como embajador en el reino de Nápoles, la actividad benéfica de los dos esposos continuó en un ambiente todavía más difícil. En medio de tumultos y rebeliones, los dos Santos fueron embajadores de concordia, de caridad, de oración. Continuaron sus buenas obras multiplicando sus propios esfuerzos y sacrificios hasta conquistarse la admiración del pueblo.

Elzeario murió poco después en París. Delfina en cambio le sobrevivió largo tiempo y honró la memoria de su esposo del mejor modo posible continuando las buenas obras e imitando sus virtudes. Tuvo la alegría de ver a su esposo colocado por la Iglesia en el número de los Santos. Ella, a los 74 años pudo reclinar su cabeza serena y feliz para el eterno descanso. Murió en Calfières, el 26 de noviembre de 1358



lunes, 19 de septiembre de 2011

Beato Francisco de Santa Marta.


www.franciscanos.net/santoral/index.htm


Sacerdote y mártir en el Japón, de la Primera Orden († 1627). Beatificado el 7 de julio de 1867 por Pío IX.

Francisco de Santa Marta, mártir en el Japón, es nativo de Alvernajo, cerca de Toledo, España. Siendo joven fue admitido en la Orden de los Hermanos Menores, donde fue admirado por sus cohermanos a causa de sus virtudes y su inteligencia. El amor de Dios y de las almas lo movió a ofrecerse como misionero para dedicar su vida a la conversión de los infieles. En 1623 junto con el franciscano mejicano Bartolomé Laurel llegó al Japón, donde desarrolló una dinámica actividad apostólica. Tuvo la fortuna de encontrar un óptimo catequista a quien en la cárcel podría luego recibir en la Orden de los Hermanos Menores en calidad de hermano, y que luego también lo acompañaría en el martirio: el Beato Antonio de San Francisco.

Francisco de Santa Marta pudo realizar un inmenso trabajo con su valeroso catequista, siempre lleno de celo, de valor y de espléndidas iniciativas, asiduo en la asistencia a los enfermos. Con otros terciarios bien formados espiritualmente, tuvo la alegría de bautizar muchos paganos.


Un día en Nagasaki era huésped del terciario Gaspar Vaz junto con el Fray Bartolomé Laurel y algunos terciarios, cuando un grupo de guardias irrumpieron en la casa y arrestaron a los dos religiosos, seis terciarios, a Gaspar Vaz y María su mujer.


Mientras eran conducidos a la prisión encadenados, un joven japonés se enfrentó con valor al gobernador para reprocharle su crueldad y ofrecerse a morir con su maestro, fue recibido por éste en la Primera Orden y alcanzó da gracia del martirio: Fray Antonio de San Francisco.


El Beato Francisco, después de indecibles sufrimientos, sostenido e iluminado por la fe y la esperanza del cielo, fue quemado vivo el 16 de agosto de 1627 en Nagasaki, en la Santa Colina.



domingo, 18 de septiembre de 2011

San José de Cupertino.


José nació en Cupertino (Lecce), en la Apulia, el 17 de junio de 1603, hijo de Félix Desa y Franceschina Panaca. Su familia era humilde, pobre y honrada. Fue educado por su madre y creció en un ambiente sano. Curado milagrosamente por intercesión de la Virgen de una grave y prolongada enfermedad, se consagró por entero a la piedad y a la virtud. Para mejor unirse a Dios pidió ser admitido entre los Hermanos Menores Conventuales. Rechazado una primera vez porque era “bueno para nada”, intentó entre los Capuchinos con igual resultado. Preocupaba su poquedad intelectual y su extraña vida espiritual salpicada de éxtasis y fenómenos extraordinarios. Tanto insistió, que finalmente fue readmitido entre los Hermanos Menores Conventuales como hermano no clérigo. Pero pronto se hicieron evidentes en él los dones de gracia y profunda penetración de los misterios de Dios, y así, en pocos años se planteó el sacerdocio. Fray José quería ser sacerdote. Con gran insistencia convenció a los superiores para que lo admitieran en el seminario. Estudió con empeño durante años, pero al final, de la Sagrada Escritura sabía comentar sólo una frase. En el examen de diácono el obispo abrió el libro del Evangelio y leyó precisamente aquella frase, a la cual respondió con soltura, y fue promovido. Quedaba otro examen mucho más exigente, para el sacerdocio. Los compañeros que lo precedieron respondieron tan bien, que el obispo los promovió a todos en masa.


De sacerdote creció su devoción. Su vida cambió radicalmente: piedad, mortificaciones y penitencias, rigurosos y prolongados ayunos, obediencia ciega, leía en lo íntimo de los corazones. Su Misa era el encuentro de una importancia extraordinaria con el Señor. Entre la gente era inagotable su caridad y su consejo era buscado por muchos. Cultivó la pureza y la devoción a la Santísima Virgen. Por sus frecuentes éxtasis con el fenómenod e la levitación, fue llamado “el Santo de los vuelos”. Precisamente este don sobrenatural fue para él fuente de infinitos sufrimientos por parte de cohermanos y eclesiásticos: cambios de residencia, prohibiciones, sospechas. Citado por la Inquisición a Nápoles, sorprendió a los inquisidores del Santo Oficio por la firmeza de su fe y la seguridad de su doctrina, y delante de los mismos se repitieron sus éxtasis y sus vuelos. Se concluyó que no había ninguna clase de simulación, y se reconoció un signo claro de la intervención divina. Varias veces demostró su humildad y obediencia heroicas. El ministro general de la Orden, antes desconfiado, quedó conquistado por él. Cuando lo presentó al papa Urbano VIII, el Santo se sumió en un profundo éxtasis, lo cual impresionó grandemente a toda la corte pontificia. Pero para evitar fantismos populares, fue trasladado al Sacro Convento de Asís, donde permaneció 14 años, y se siguieron sucediendo los éxtasis y levitaciones. Después de un breve período de aislamiento en un convento de los capuchinos, por intervención de Alejandro VII fue enviado nuevamente entre sus cohermanos al convento de Osimo (Ancona), donde murió.

Se distinguió por una gran austeridad de vida e intenso espíritu de oración. Su vida está marcada por extraordinarios éxtasis. Por la exuberancia de los carismas celestiales, a menudo debió cambiar de convento para evitar los fanatismos populares, pero siempre brillaron en él la humildad y la obediencia incondicional.

A lo largo de toda su vida pasó de un lugar a otro: Roma, Asís, Fossombrone, Pietrarubbia... Cuando querían volverlo a trasladar a Asís, el Papa se opuso: “Para Asís basta San Francisco!”. Es llamado “el Santo de los vuelos”, porque con frecuencia se le vio elevado en éxtasis. Murió en Osimo en las Marcas el 18 de septiembre de 1663, a los 60 años de edad. Los estudiantes lo invocan como benévolo protector en los estudios y en los exámenes.




Sacerdote de la Primera Orden (1603‑1663). Canonizado por Clemente XIII el 16 de julio de 1767.