Buscar en la Página

RADIO FRANCISCANA

VIDEOS FRANCISCANOS

Loading...

domingo, 23 de octubre de 2011

JUAN CAPISTRANO

es.wikipedia.org


San Juan de Capistrano (en italiano: Giovanni da Capestrano; en húngaro: Kapisztrán Szent János) (24 de junio de 1386 - 23 de octubre de 1456) fue un fraile italiano que predicó de forma ambulante por casi toda Europa, sobre todo en el Este. Fue canonizado en 1690 por el papa Alejandro VIII. Ha sido llamado el "Santo de Europa" y su fiesta se celebra el 23 de octubre.

Biografía

Nació en 1386 en el pueblo de Capistrano, de la diócesis de Sulmona, en la región de Abruzos. Su padre había llegado a Italia como miembro de la corte de Luis I de Nápoles. Estudió de forma secular en la universidad de Perugia y se llegó a casar poco después, aunque no llegó a consumar el matrimonio.

Su primer objetivo fue el de ser jurista, consiguiéndolo con 26 años en 1412. Gracias a su maestro Baldus de Ubaldis, ejercería dicho cargo en la misma Perugia, además de ser gobernador de ella, por orden de Ladislao I de Nápoles, pero la ciudad fue ocupada en las luchas contra Rímini por el ejército de Segismundo Malatesta. Fue hecho prisionero y en este cautiverio reflexionó sobre los aspectos de la vida y llegó a la consecuencia de que el dinero no era lo más importante en esta vida y se dedicó a conseguir la santidad entrando en la orden de los Franciscanos en 1416, y además anuló su matrimonio. Al año siguiente fue ordenado sacerdote y llegó a ser vicario general. Su gran maestro fue San Bernardino de Siena.

Predicando por Europa

Se lanzó entonces a predicar los evangelios por Europa, primero pasando por Alemania, Bohemia (en donde predicó y proclamó cruzadas contra los husitas), Austria, Hungría y Polonia. Predicaba en las plazas, acudiendo gran número de personas en las distintas ciudades donde le llamaban "el padre piadoso" o "el santo predicador". Muchos jóvenes se le unieron en sus labores religiosas y provocaba gran fervor en todos los que le escuchaban, llegándose a producirse espontáneas quemas de libros de brujería. Sus discursos duraban entre dos y tres horas. Su rutina diaria era el de dormir y comer poco y ser siempre amable con los demás. Sufría de cojera por artritis y vestía pobremente.

Después de muerto reunieron los apuntes de los estudios que hizo para preparar sus sermones y suman 17 gruesos volúmenes.

Además de predicar se dedicó a ser consejero personal y legado (embajador) de papas, como Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III, siendo muy prudente y sabio en sus decisiones diplomáticas. Fue enviado, entre otras ciudades, a Milán y a Borgoña. También ejerció de inquisidor varias veces, condenando la herejía, el amor mundano y la vanidad. En Breslau, reclamó la expulsión de los judíos de dicha ciudad e incluso llegó a mandar quemar a 40 de ellos y otros 36 en la plaza del mercado de Berlín, y los persiguió en Sicilia, Moravia y Polonia. Asimismo persiguió a los fraticelli en Ferrara y a los jesuatos en Venecia.

Cruzada contra los turcos

Los turcos habían conquistado la ciudad de Constantinopla en 1453 y se preparaban para invadir Hungría por orden del conquistador Mehmet II. Ya se habían reclutado a 100.000 hombres para tal misión y consiguieron invadir Serbia en 1455 para retomar los territorios húngaros perdidos para el momento. El papa Calixto III predicó una cruzada en la Dieta de Fráncfort en 1454 para defenderse del ataque otomano en el Este de Europa, y su llamamiento fue respondido por Juan Capistrano, que empezó a reclutar a cristianos fervorosos por toda Hungría. Logró reunir un total de 35.000 hombres, aunque en su mayoría eran campesinos, artesanos y estudiantes y estaban mal pertrechados. Se unieron al contingente de 15.000 mercenarios del caudillo de los húngaros, Ianos Juniadi, al que la nobleza había dado la espalda y no podía contar con un ejército regular.

El punto de encuentro entre las fuerzas cristianas y las otomanas se daría en el Sitio de Belgrado, último reducto para que los turcos pudieran pasar libremente a Hungría. Era el mes de julio del año 1456. La ciudad se encontraba medio derruida a causa del bombardeo de los 200 cañones turcos y para colmo se acercaban 50.000 jenízaros. Entonces Capistrano se dedicó a enardecer a las tropas empuñando una bandera en donde estaba bordada una cruz mientras gritaba: "Jesús, Jesús, Jesús". Esto animó a los defensores, que consiguieron rechazar en dos ocasiones las acometidas turcas. En el momento álgido de la batalla, el franciscano pronunció: "Creyentes valientes, todos a defender nuestra santa religión", liderando el contraataque cristiano que provocó la retirada turca, produciéndose 25.000 bajas entre los infieles.

                                                                                                                         
Los oficiales del contingente cristiano dijeron de Capistrano en varias ocasiones: "Este padrecito tiene más autoridad sobre nuestros soldados, que el mismo jefe de la nación". El franciscano fue vitoreado en Belgrado al regresar de la persecución de los otomanos por su gran victoria. Pero poco le duró la alegría, ya que la peste se había desatado en la ciudad y Capistrano se contagió de ella, muriendo pocos meses después, el 23 de octubre de 1456 con 70 años.



SAN ANTONIO MARÍA CLARET

devocioncatolica.blogspot.com


Nació en Sallent (Barcelona) el día 23 de diciembre de 1807, de padres auténticamente cristianos, que, al día siguiente, le llevaron al bautismo. "Me pusieron por nombre -nos dirá en su autobiografía-Antonio Adjutorio Juan: pero yo, después, añadí el dulcísimo nombre de María, porque María Santísima es mi Madre, mi Madrina, mi Maestra y mi todo, después de Jesús".



A los, cinco años de edad aparecieron ya en la precoz inteligencia y en el corazón naturalmente compasivo del niño Antonio las primeras señales y gérmenes de su vocación al apostolado: "Las primeras ideas de mi niñez de que yo teng

o memoria son que, cuando tenía unos cinco años de edad, estando en la cama, en vez de dormir, pues siempre he sido poco dormilón, pensaba en los bienes del cielo y en las penas eternas del infierno, es decir, pensaba en aquel "siempre" que no tiene fin: me figuraba distancias enormes: a éstas añadía otras y otras, y, no alcanzando el fin de ellas, me estremecía por la desgracia de aquellos que tendrán que padecer penas eternas...: esta idea quedó tan grabada en mí que, sea por lo temprano que empezó, sea por las muchas veces que en ella he pensado, lo cierto es que nada tengo más presente".



Son éstos los primeros aleteos del misionero en ciernes: "Esta idea de la eternidad desgraciada es la que me ha hecho, hace y hará trabajar, mientras viva, en la conversión de los pobres pecadores, procurándola en el púlpito, en el confesionario, por medio de libros, estampas, hojas volantes, conversaciones, etc." Ha brotado la semilla del apóstol, del misionero que, en un siglo calamitoso para la Patria, luchará con su espíritu magníficamente universal, abierto, eminentemente apostólico y práctico. Su programa de vida y actuación quedó escrito de su puño y letra: "Trabajando constantemente y aprovechando todas las circunstancias para dar gloria a Dios y atender a la salvación de las almas, valiéndome de todos los medios". El programa, en su ambiciosa sencillez, debía ser una obra perenne, por, que, casi con las mismas palabras, se lo dejó en las constituciones a la codicia apostólica de sus misioneros.



La infancia de Antonio transcurre apacible entre la escuela, su casa, los juegos y la iglesia. Los tiempos eran malos y revueltos, y las circunstancias de la familia no consentían los gastos de pensión en el Seminario. El muchacho hubo de incorporarse de lleno a los trabajos del telar paterno, en espera de tiempos mejores. Golpe duro y definitivo, al parecer, para las ilusiones de Claret. Acató resueltamente y con todo amor la orden de su padre, pasando por todas las ocupaciones y labores de la fábrica de tejidos, propiedad de su familia, y trabajando como el que más en cantidad y calidad. Así, hasta que llega un momento en que el trabajo de la fábrica paterna no tiene ya dificultades ni secretos para él. Por eso, "deseoso de adelantar, dije a mi padre que me llevase a Barcelona. Se extendió por aquélla ciudad la fama de la habilidad que el Señor me había dado para la fabricación. De aquí que algunos señores quisieran formar compañía con mi padre. Me excusé... Y, a la verdad, fue esto providencial. Yo nunca me había opuesto a los designios de mi padre. fue ésta la primera vez, y fue porque la voluntad de Dios quería de mí otra cosa. Me quería eclesiástico. El continuo pensar en máquinas y talleres me tenía absorto. Era un delirio lo que tenía por la fabricación. En medio de esto me acordé de aquellas palabras del Evangelio que leí de muy niño: "¿De qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si finalmente pierde su alma?" Esta sentencia me causó profunda impresión. Fue una saeta que me hirió en el corazón. Pensaba y discurría qué haría".



Hay en su alma una inquietud que no le deja sosegar y que va aumentando su tensión con varios episodios sucedidos en pocos meses, a propósito para desengañarle del mundo y avivar el interés por los negocios del alma. Fueron los siguientes: "Un día que fui a la Mar Vieja, que llaman, hallándome en la orilla, se alborotó de repente el mar y una grande ola se me llevó y, de improviso, me vi mar adentro. Después de haber invocado a María Santísima me hallé en la orilla, sin saber nadar y sin haber entrado en mi boca ni una sola gota de agua".



Un amigo le llenó de amarguras el alma. Había condescendido a tener con él compañía de intereses; pero, cediendo este desventurado a los atractivos del juego, le estafó muchos miles de pesetas y se complicó después en otras acciones delictivas, hasta parar en un presidio. Antonio, aunque libre de toda complicidad, sintió hondamente el percance.



"Iba alguna vez a visitar a un compatricio mío. Un día la dueña de la casa, que era una señora joven, me dijo que le esperase, que estaba para llegar. Luego conocí la pasión de aquélla señora, que se manifestó con palabras y acciones. Habiendo invocado a María Santísima, y forcejeando con todas mis fuerzas, me escapé de entre sus brazos.



Tenía veintidós años. Llevaba cuatro en Barcelona. Durante ellos había llenado el ideal que pudiera proponerse, aun en nuestros días, cualquier trabajador especializado: aptitud para la fabricación, perito en dibujo, en el que consiguió repetidos premios; conocedor del francés y del inglés, que hablaba con soltura; diestro en el manejo de las matemáticas; hábil en la técnica textil, que no tenía secretos para él; propuesto con insistencia para director de fábricas, y, en medio de todo, piadoso, honrado, de bello porte y de un carácter tan amable y alegre que era las delicias de sus compañeros, de sus superiores y de sus subalternos. La vida le sonríe cuando abandona la esperanzas de un porvenir brillante y decide ingresar en la Cartuja. Pero, cuando se encamina al cenobio de Montealegre, una deshecha tempestad puso a prueba la poca robustez de sus pulmones, fatigados por la marcha y heridos por el trabajo, hasta expeler sangre. Por lo visto, Dios no lo quería así. Una vez restablecidas sus fuerzas marcha a sentarse entre los niños en el banco de un Seminario. Es lo que hoy se llama -con frase no tan inexacta- una vocación tardía.



Y pasan los años. Estudia filosofía y teología en el viejo pero glorioso caserón del Seminario de Vich, con Balmes de compañero, y, por fin, el día 13 de junio de 1835 se ordena sacerdote, después de un mes de ejercicios.



Ahora ya es mosén Claret. Tiene veintisiete años cumplidos. Se conserva su retrato de esta época. Bajo de estatura; un tinte amarillento colorea su rostro; ojos grandes y tiernos, que tienden a cerrarse bajo unos párpados carnosos, que naturalmente le inclinan a la modestia; pero cuando miran la lejanía y las multitudes desde la altura del púlpito se abren claros, animados por el alma fogosa de un apóstol, y le brillan como dos brasas.



La parroquia de Sallent fue testigo de los primeros ardores de su celo sacerdotal, de la ejemplaridad intachable de su vida, de sus virtudes y de sus milagros. Pero este campo era demasiado reducido para el corazón grande de mosén Antón. Buscando horizontes más amplios para su celo se encamina a Roma, con el fin de ingresar en el Colegio de Propaganda Fide. Los oficiales encargados no pueden decretar la admisión sin la aprobación del cardenal prefecto, que, por aquellos días, disfrutaba las clásicas vacaciones romanas de la Ottobrata. Frente a este conjunto de dificultades decide Claret hacer los ejercicios espirituales en una casa profesa de la Compañía de Jesús, en espera de que las Congregaciones pontificias reanudaran sus trabajos. El mismo religioso que le dirigió los ejercicios, viendo en él cualidades no comunes, le propuso e insistió que ingresase en la Compañía. Tanto le animaron y tan fácilmente se solucionaron todas las dificultades, que, como él mismo nos dice, "de la noche a la mañana me hallé jesuita. Cuando me contemplaba vestido de la santa sotana de la Compañía casi no acertaba a creer lo que veía, me parecía un sueño.



Pero los designios de Dios son muy distintos: "Me hallaba muy contento en el noviciado cuando he aquí que un día me vino un dolor tan grande en la pierna derecha que no podía caminar. Se temieron que quedaría tullido. El padre rector me dijo: "Esto no es natural. Me hace pensar que Dios quiere otra cosa de usted; consultaremos al padre general". Este, después de haberme oído, me dijo sin titubear, con toda resolución: "Es la voluntad de Dios que usted vaya pronto a España. No tenga miedo. Animo'. El padre Roothan tenía razón.



Regresa a España y, al desembarcar en Barcelona, Claret deja de ser el mosén Antón que partió a Roma para convertirse en el misionero padre Claret. Exonerado de todo cargo parroquial, sus superiores le envían "como nube ligera que, empujada por el soplo del Espíritu Santo, llevase la lluvia bienhechora de la palabra divina a regiones secas y estériles".



El ambiente político no es nada propicio. Hace poco que ha concluido la primera guerra carlista, guerra civil tenacísima y dura, que se ha prolongado siete años, y precisamente Cataluña ha sido uno de los principales teatros de la contienda. Esto no arredra al padre Claret. Más de cien páginas de su autobiografía nos narran sus correrías apostólicas y los estímulos que le movían a predicar incansablemente: "Siempre a pie de una población a otra, por muy apartadas que estuviesen, a través de nieves o de calores abrasadores, sin un céntimo siempre, pues nunca cobraba nada", predicando seis y ocho horas diarias y, el restante tiempo, confesando a miles de personas y, por las noches, en lugar de descansar, la oración, las disciplinas, el escribir libros y hojas volanderas, y sin comer apenas, lo que tenía maravilladas a las gentes. Era un milagro del Señor el que sostenía aquélla naturaleza. Las muchedumbres se agolpaban para oírle y el fruto era enorme. El demonio, por su parte, le hacía una guerra sin cuartel: en esta iglesia era una piedra que se desprendía del techo; en aquel pueblo, un violento fuego que se declaraba mientras predicaba el misionero. Pero éste descubría todas las astucias del enemigo. "Si era grande la persecución que me hacía el infierno, era muchísimo mayor la protección del cielo. Conocía visiblemente -dice él mismo- la protección de la Santísima Virgen. Ella y sus ángeles me guiaron por caminos desconocidos, me libraron de ladrones y asesinos y me llevaron a puerto seguro sin saber cómo. Muchas veces corría la voz de que me habían asesinado. Yo, en medio de estas alternativas, pasaba de todo: tenía ratos muy buenos, otros muy amargos. Habitualmente no rehusaba las penas, al contrario, las amaba y deseaba morir por Cristo; yo no me ponía, temerariamente en los peligros, pero sí me gustaba que el superior me enviase a lugares peligrosos, para poder tener la dicha de morir asesinado, por Jesucristo."



Puede decirse que recorre todas las capitales y pueblos del nordeste de España. Su fama es grande; su predicación produce auténticas manifestaciones de entusiasmo. El fruto es cierto y copioso. Son muchas las conversiones sinceras. Menudean los milagros. El padre Claret, incansable, tiene constantemente a flor de labios esta oración: "¡Oh Corazón de María, fragua e instrumento del amor, enciéndeme en el amor de Dios y del prójimo!".



De este modo pasaron siete años, hasta que, en 1848, fue enviado a Canarias para misionar en aquellas islas. Allí todavía más que en la Península, las multitudes se desbordan, las iglesias son insuficientes para contener a los que quieren escuchar la palabra del Padrito Santo, como cariñosamente le llaman, y el misionero se ve obligado a predicar bajo la bóveda azul del firmamento, en las plazas públicas o a las orillas del mar.



El padre Claret acarició toda su vida, como un bello ideal, la fundación de una Congregación de sacerdotes que se dedicasen a la evangelización, según él la comprendía y practicaba. Mas, por oposición de la política y de las guerras, parecía todo un sueño que nunca habría de tener realidad. A mediados de 1849 regresó a España. El ambiente nacional había evolucionado mucho; los cielos de la política se serenaban; la persecución ahogaba en la lejanía sus últimos rugidos. A favor de todo esto las ilusiones claretianas volvieron a reverdecer. El santo misionero adivinó llegada la hora y, después de vencer no pocas dificultades, el día 16 de julio de este mismo año reúne a seis jóvenes sacerdotes en el Seminario de Vich y queda echada la semilla de la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón de María.



Poco tiempo, sin embargo, pudo vivir con aquélla incipiente comunidad. "El día 4 de agosto -nos dice-, al bajar del púlpito, me mandan ir a Palacio. Y, al llegar allí, el señor obispo me da el nombramiento para arzobispo de Santiago de Cuba. Quedé muerto con tal noticia. Dije que de ninguna manera aceptaba. Espantado del nombramiento, no quise aceptar, por considerarme indigno y por no abandonar la Congregación que acababa de nacer. Entonces el nuncio de Su Santidad y el ministro de Gracia y Justicia se valieron de mi prelado, a quien tenía la más ciega obediencia. Este me mandó formalmente que aceptara."



Mientras que se tramitaba su consagración y preparaba el viaje a América el celo del padre Claret continúa incansable y devorador; sigue sus correrías apostólicas; escribe libros; funda la Librería Religiosa, interviniendo personalmente en el montaje de las máquinas. Recibida la consagración episcopal, nada cambió de su método de vida: el mismo trato sencillo y humilde, el mismo vestido, la misma comida pobre y escasa, y, sobre todo, el mismo celo apostólico. Es su pasión. El gran fuego que le arde en las entrañas. Ninguna frase mejor que la escogida por él para su sello episcopal: Caritas Christi urget nos. Como otras muchas páginas de la autobiografía que nos dejó escrita, esta que transcribirnos puede darnos una idea de su actividad misionera y apostólica: "Arreglados mis negocios en Madrid, me volví a Cataluña. Al llegar a Igualada prediqué. Al día siguiente fui a Montserrat, en que también prediqué. Luego pasé a Manresa, en que se hacía el novenario de ánimas: por la noche les prediqué y, al día siguiente, di la sagrada comunión. Por la tarde pasé a Sallent, mi patria, y todos me salieron a recibir; por la noche les prediqué desde un balcón de la plaza, porque en la iglesia no hubieran cabido; al día siguiente celebramos una misa solemne y, por la tarde, salí para Sanmartí, donde prediqué. Al día siguiente por la mañana pasé a la ermita de Fusimaña, a la que había tenido tanta devoción desde pequeño, y en aquel santuario celebré y prediqué de la devoción a la Virgen Santísima. De allí pasé a Artés, en que también prediqué; luego a Calders, y también prediqué, y fui a comer a Moyá, y por la noche prediqué. Al día siguiente pasé por Collsuspina, y también prediqué, y después fuí a Vich, y también prediqué. Pasé a Barcelona, y prediqué todos los días en diferentes iglesias y conventos, hasta el día en que nos embarcamos".



En Cuba se mantiene el mismo ritmo misionero: persecuciones, puñales, incendios, calumnias, que las fuerzas del mal desencadenaron contra el arzobispo; pero éste siguió manteniéndose intrépido en la misma línea. Con celo infatigable recorrió a caballo cuatro veces, en visita pastoral, toda su diócesis, que era aproximadamente de 60.000 kilómetros cuadrados. Las conversiones fueron innumerables. Los terremotos, la peste y el cólera que azotaron la isla sirvieron al arzobispo para arrancar infinitas almas al diablo, arreglar innumerables matrimonios de amancebados, más de 10.000, y hasta para calmar las revueltas populares. Durante su pontificado los americanos del Norte sirviéndose de elementos revolucionarios, hicieron tres tentativas contra la isla y las tres las desbarató el arzobispo con sólo predicar el amor y el perdón. Los enemigos de España llegaron a pensar muy en serio quitar la vida al que les hacía más daño que todo el ejército. Muchos intentos fallaron. Por fin, uno acertó. El día 1 de febrero de 1856 el arzobispo era herido gravemente en Holguín. "Cuando salimos de la iglesia—es el propio padre Claret quien nos lo cuenta—se me acercó un hombre, como si quisiera besarme el anillo; pero, al instante, alargó el brazo armado con una navaja de afeitar y descargó el golpe con todas sus fuerzas..," Lo que menos importó al herido fue la gravedad de aquellos momentos; a pesar de su presencia de ánimo, estaba muy lejos de su cuerpo: "No puedo explicar el placer, el gozo que sentía mi alma, al ver que había logrado lo que tanto deseaba: derramar mi sangre por Jesús y María".



Restablecido milagrosamente, consiguió el indulto para su desgraciado verdugo y todavía le pagó el viaje para que pudiese regresar a su patria.



También para el Santo había llegado la hora de retornar a España, y con ella el periodo que constituye la plenitud de su vida. El día 13 de marzo de 1857, estando predicando en una misión, recibió un comunicado de la reina de España, Isabel II, que le llamaba a Madrid, sin expresarle el motivo. El arzobispo termina apresuradamente las obras de mayor envergadura que tenía iniciadas, como la Granja Agrícola de Puerto Príncipe y el recién fundado Instituto Apostólico de María Inmaculada para la Enseñanza. Llega a Madrid y se entera en la primera entrevista con Isabel de que ésta le había llamado para hacerle su confesor. El padre Claret, siempre reacio a aceptar dignidades y grandezas humanas, no otorgó su consentimiento sino después de haber consultado a varios prelados y, aun entonces, con la expresa condición de no vivir en Palacio y de quedar libre para dedicarse al ministerio. Ahora iba a ser apóstol de España entera. Efectivamente, no tiene explicación humana lo que hizo en los diez años que fue confesor real: misionó por todas las capitales y provincias de España, aprovechando los viajes de los reyes: las tandas de ejercicios al clero, religiosos y seglares fueron ininterrumpidas; predica incansable: en una sola jornada llega hasta doce sermones; en el confesionario emplea diariamente unas cinco horas; recibe por término medio una correspondencia diaria de cien cartas, a las cuales responde personalmente: publica libros y opúsculos; es presidente de El Escorial, que restaura y donde funda un Seminario modelo: da vida fecunda a la Academia de San Miguel, anticipo de la Acción Católica de hoy. Todo esto sin contar su asistencia obligatoria a los actos oficiales de Palacio y el trabajo que tenía como protector del hospital e iglesia de Montserrat. Una labor, como se ve, capaz de abrumar las fuerzas de muchos hombres.



Además, estaba al corriente del movimiento teológico, filosófico y cultural de Europa. Es ridícula la afirmación de los que presentan al padre Claret como "un hombre que sólo sabía rezar y hablar sin grandes pretensiones; hasta su aire era popular, por no decir pueblerino..." La historia demuestra lo contrario y Pío XII ha podido afirmar del padre Claret que era "un hombre singular, nacido para ensamblar contrastes". Ya desde los primeros años, en la escuela y en la Lonja de Barcelona, y posteriormente en el Seminario, sus calificaciones fueron siempre máximas. A pesar de su vida de actlvidad sorprendente y extensisima, es un lector empedernido. Quedan datos y muestras en su biblioteca particular, que constaba de más de 5.000 volúmenes de última hora, y que es una de las mejores y más completas de su tiempo. Voz corriente en los sectores eclesiásticos contemporáneos era que la ciencia del padre Claret parecía infusa. Tal vez, pero él mismo nos levanta un poco el velo cuando escribe: "A mí me consta que lo poco que sabe ese sujeto (Claret) lo debe a muchos años y muchas noches pasadas en el estudio". Lo que pasaba es que su vocación al ministerio activo no le pedía ni el escribir como científico ni el dedicar horas y horas a investigaciones eruditas, aunque se haya encontrado entre sus papeles alguna lucubración sobre la posibilidad de los vuelos dirigidos. Su misión providencial era de más importancia y trascendencia.



Tiene Claret casi cincuenta años. Durante los diez que estuvo en la corte la actualidad religiosa de España quedó centrada en la persona del santo arzobispo. Su equilibrio humano se manifiesta ante las delicadas circunstancias personales de su regia penitente. La prudencia sobrenatural le mantiene alejado de todos los manejos políticos. Claret tiene una influencia decisiva para el catolicismo español de toda una época. Se ha dicho que su residencia en Madrid fue una verdadera catástrofe para el movimiento revolucionario español", influencia tan decisiva precisamente porque Claret no hizo nunca política. Ante los frutos que reportaba la obra del confesor real no podía Satanás dejar de ensañarse contra él, tratando de inutilizar su ministerio por todos los medios. La persecución se desencadena de manera metódica y perfectamente calculada: periódicos, libros, teatros; hasta en tarjetas y cajas de fósforos se le calumnió de la manera más baja y soez; se escribieron biografías que no eran sino noveluchos indecentes, se falsificaron escandalosamente algunos de sus libros más importantes, publicándolos con su nombre. Todo se ensayó, con el fin de inutilizar su celo. Pero también todo resultó inútil, pues el Señor tomó por su cuenta defender a su enviado e hizo redundasen en bien de las almas los mismos medios que los sicarios ponían en juego para impedirlo. Hasta doce veces intentaron asesinarle y, en no pocas de estas ocasiones, los mismos iniciadores del crimen eran los primeros en experimentar, por una sincera conversión, la benéfica influencia de las virtudes y santidad del calumniado arzobispo.



La conducta del santo padre Claret no puede juzgarse como la de un estoico presuntuoso, sino como venida del don divino de la fortaleza. Se irguió sereno, imperturbable ante la calumnia. No quiso defenderse. Tuvo escrita una defensa sobria, verid'ica; pero se arrodilló ante el crucifijo y prefirió callar, recordando las palabras del Evangelio: Jesus autem tacebat: "Jesús, empero, se mantenía callado" (Mt. 26,63). Es que desaparece el hombre para dejar paso al santo, a quien se exigió el sacrificio de su reputación y de su buen nombre, no sólo durante su vida, sino por largos años posteriores, tantos que, todavía en 1934, cuando Pío XI le beatifica, hay una pluma famosa en las letras patrias que, en son de arrepentimiento, escribe: "Existen dos Claret: uno el forjado por la calumnia, otro el real y efectivo. Aquél es totalmente inexistente. Este, Antonio María Claret, es, sencillamente, un santo de la traza y pergeño de los activos, infatigables, emprendedores".



En esta época de su estancia en Madrid, cuando el trabajo ministerial acapara todas sus horas, es precisamente cuando el padre Claret llega a la cumbre de su vida espiritual, a la unión mayor que se puede dar: la transformación total. Humildemente nos lo refiere el Santo: "El día 26 de agosto, hallándome en oración en la iglesia del Rosario, de La Granja, a las siete de la tarde, el Señor me concedió la gracia de la conservación de las especies sacramentales y así tener siempre día y noche al Santísimo Sacramento en el pecho".



¡Admirable consumación de amor, expresión manifiesta de la unión íntima, transformante de un alma con el Divino Verbo! La revolución de septiembre, que él había profetizado muchas veces, destronó a la reina y arrojó a ella y a su confesor a un país extraño. Desterrado de la madre patria, por la que tanto había trabajado, anciano, cansado, consumido y enfermo, pero indomable, marcha a Francia y, poco después, a Roma, para asistir al concilio Vaticano. Cuando se discute la candente cuestión de la infalibilidad pontificia habla con palabras que conmueven a toda la asamblea. Insinúa proféticamente algunas escisiones en la Iglesia, por causa de esta cuestión, que tuvieron exacto cumplimiento, y, después, señalando las cicatrices que el atentado de Holguín dejó en su rostro y repitiendo la frase del Apóstol: "Traigo en mi ,cuerpo los estigmas de mi Señor Jesucristo" (Gál. 6,7), declara que está dispuesto a morir en confirmación de esta gran verdad: "Creo que el Suma Pontífice romano es infalible".



Es la última llamarada de una lámpara que se extingue. Vuelve a Francia y, camino de París, se detiene, casi moribundo, en Fontfroide, una recoleta y tranquila abadía cisterciense, cerca de Carcasona.



Ni en su agonía le dejan tranquilo las fuerzas del mal. Sólo la muerte le libró de nuevas persecuciones y pesquisas policíacas. Su cuerpo se desmoronaba: pero él, con el pie en las playas de la patria eterna, escribía con pulso a un tiempo inseguro y vigoroso, esta definitiva y para él obsesionante afirmación: "Quiero verme libre de estas ataduras y estar con Cristo (Fil. 1,23), como María Santísima, mi dulce Madre".



Así fue, el día 24 de octubre de 1870. Después, sus funerales, entre el rumor del canto de los monjes y el revoloteo de un misterioso pajarillo sobre el féretro arzobispal, colocado en la severa iglesia cisterciense. Sobre su tumba escribieron las palabras de San Gregorio Magno: "Amé la justicia y odié la iniquidad; por eso muero en el destierro". Bajo aquella losa descansaron los restos del padre Claret durante veintisiete años, hasta que los Misioneros los trasladaron, con afecto filial, a su iglesia de Vich (Barcelona). El cerebro y el corazón habían resistido la acción devoradora de la humedad y de la cal.



El 25 de febrero del año 1934 el papa Pío XI le declaraba Beato y el 7 de mayo de 1950 Pío XII le elevaba al supremo honor de los altares. Su mejor semblanza, la que de él hizo Su Santidad Pío XII en unas palabras pronunciadas horas después de la canonización: "Alma grande, nacida como para ensamblar contrastes; pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo; pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante; de apariencia modesta, pero capaz de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra; fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la austeridad y de la penitencia; siempre en la presencia de Dios, aun en medio de su prodigiosa actividad exterior: calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y entre tantas maravillas, como luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Divina Madre".




SAN ALBERTO HURTADO

SAN ALBERTO HURTADO


www.santopedia.com

En Santiago de Chile, es una figura destacada en la Iglesia católica en Chile. Alberto Hurtado Cruchaga nació en Viña del Mar, el 22 de enero de 1901. El 14 de agosto de 1923 entró a la Compañía de Jesús en Chillán, ordenado sacerdote el 24 de agosto de 1933 en Lovaina, regresó a Chile el 1936. Profesor, escritor y director espiritual, se dedicó con afán a los pobres, promovió el sindicalismo de inspiración cristiana y se despertó en el Señor el 18 de agosto de 1952.

sábado, 22 de octubre de 2011

Beato Jacobo de Strepa

es.catholic.net/santoral



Obispo de la Primera Orden (1340 1409). Aprobó su culto Pío VI el 11 de septiembre de 1790.

Jacobo de Strepa, de noble familia polaca, nació hacia 1340. Muy joven ingresó en la Orden de los Hermanos Menores. Por muchos años ejerció el ministerio en Rusia, fue vicario general de aquella misión y trabajó activamente por la unidad de los cristianos. Elegido obispo de Halicz, cuya sede metropolitana fue luego trasladada a Leópoli.

Como obispo y pastor de almas, Jacobo de Strepa se consagró por entero a las necesidades de la diócesis y se mostró modelo perfecto del pastor de almas. En muchos distritos el número de las iglesias era insuficiente para las necesidades de la población, para remediarlo, hizo construir nuevas iglesias, erigió nuevas parroquias y colocó allí sacerdotes de probado celo. Fundó también casas religiosas para multiplicar los medios de santificación, edificó hospitales, proveyó a los pobres con largueza y generosidad. Las rentas de su obispado eran enteramente destinadas al mantenimiento de los lugares de culto y a la caridad y beneficencia para con los pobres y necesitados.

El celoso pastor se esforzó por infundir la fe en los fieles con prácticas de devoción que produjeron frutos abundantes de santidad. Amó con tierno y filial afecto a la Santísima Virgen. En su escudo episcopal colocó la imagen de la Madre de Dios que también había hecho esculpir en su anillo pastoral. Difundió ampliamente el culto a la Santísima Virgen. Todas las tardes el pueblo se reunía en las iglesias para rezar el Rosario y otras oraciones a la Virgen. La Eucaristía fue el centro irradiador de toda su vida. En Leópoli instituyó la adoración perpetua. Tuvo la alegría de ver reflorecer en su diócesis la piedad y la moral.

Recorrió su extensa diócesis a pie, vestido con el hábito franciscano, sembrando en su camino la palabra de Dios, uniendo a su apostolado activo una vida de austeridad y de penitencia. Nombrado senador en el consejo de su patria, dio sabios consejos e hizo tomar importantes y útiles decisiones. Por su interés se frenaron en el territorio polaco las incursiones de los bárbaros, los enemigos fueron rechazados. Después de 19 años de dinámico episcopado el Beato Jaime fue a recibir el premio de sus trabajos. Murió el 20 de octubre de 1409. Por sus excepcionales méritos civiles fue proclamado defensor y custodio de su patria. Fue sepultado en la iglesia de los franciscanos de Leópoli, vestido con el hábito religioso y con las insignias pontificales. En su tumba se produjeron milagros. Su culto se difundió en Polonia, Lituania y Rusia, de donde en un tiempo venían numerosos peregrinos para invocar su protección. En su exhumación realizada en 1419, su cuerpo fue encontrado incorrupto.



SAN HILARION Eremita



es.catholic.net/santoral


Martirologio Romano: En la isla de Chipre, san Hilarión, abad, que, siguiendo las huellas de san Antonio Abad, primero llevó vida solitaria cerca de la ciudad de Gaza y después fue fundador y ejemplo de la vida eremítica en esta región (c. 371).

Etimología: Hilarión = Aquel que sonríe, viene de la lengua latina.

Fecha de canonización: Información no disponible, la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma, el Papa.

BIOGRAFIA

Conocemos su vida por el testimonio de muy antiguos escritores, sobre todo por San Jerónimo, en su Vita Patrum.

Nació en Tabatha, cerca de Gaza, en Palestina, de familia pagana y rica. Como había muchos bienes, fue a estudiar a Alejandría, emporio del saber humano del tiempo. Allí, entre la vida blanda pagana, el eclecticismo en las doctrinas, el lujo de los palacios, las diatribas en el foro y el bullicio de los mercados, conoció a los cristianos de la comunidad fundada por San Marcos, cuna del gran orador San Atanasio, su contemporáneo. Recibió el don de la fe y se bautizó, sin duda ayudado por la influencia y ejemplo de los buenos discípulos de Jesucristo.

Toma la fe recibida con todas las consecuencias. Esta es la diferencia entre los mediocres y los santos. Cuando oyó hablar del abad Antonio, lo busca en el delta del Nilo, en la Arcadia, convive un tiempo con él y se siente llamado por Dios a imitarle en la vida de oración, cabalgando con la soledad y la penitencia por amor a Jesucristo. Por eso, a su vuelta al hogar paterno, cuando sus padres han muerto y es dueño de una pingüe herencia, nada dificulta el arranque de su nuevo proyecto de vida.

Es la hora de «vender» lo que se tiene y de «darlo» a los pobres para tener un «tesoro en el cielo». Pobreza extrema en el retiro de Majuma, oración profunda, penitencia grande, ayunos, consejos a quien lo pide y servicio amplio al necesitado hasta el milagro.

Tiene deseos de huir del aura popular que lo rodea, ansía la soledad y la busca, embarcándose para Sicilia; pero allí también sus milagros le delatan.

El retorno a Alejandría es inútil porque la persecución de Juliano el Apóstata ha destruido, en el año 362, el monasterio de Majuma. Se traslada a Dalmacia donde se le une Hesiquio. Vivió sus últimos cinco años en Chipre entre paganos que no le facilitan en nada la existencia, pero le respetan por su virtud y por curar al jefe con un milagro. Cuando ve que está cerca su muerte, escribe una carta su discípulo Hesiquio manifestándole que le entrega sus bienes en herencia: el Evangelio, su túnica, su cogulla y un pequeño manto.



viernes, 21 de octubre de 2011

Beata María Angela Truskowska



www.franciscanos.net/santoral

(Sofía Camila) (1825 1899) de la Tercera Orden Franciscana Regular. Beatificada por Juan Pablo II el 18 de abril de 1993.

Nacida el 16 de mayo de 1825, en Kalisz, Polonia, de padres nobles y acomodados, piadosos cristianos y patriotas. Nacida prematuramente, era de salud frágil. Su familia se trasladó a Varsovia en 1837, y allí ella continuó sus estudios en la Academia de Madame Guérin, donde bajo la influencia del poeta Estanislao Jachowicz creció su preocupación por los pobres. A los dieciséis años sufrió de tuberculosis y debió ir a Suiza para curarse. Allí se despertó más profundamente su amor a Dios y aprendió a orar, según ella misma reconoció. Aprovechando la biblioteca de su padre estudió detenidamente los problemas sociales de la época, sus causas y efectos, aprendizaje que completaba con las informaciones que le daba su padre, juez del tribunal juvenil.

Muy dada a las prácticas de piedad, pensó en ingresar a la Orden de la Visitación, pero su confesor le recomendó seguir asistiendo a su padre enfermo. Viajando por Alemania con su padre, en Colonia sintió una iluminación del Señor que le hizo entender que su destino estaba entre los pobres. Ingresó a la Sociedad de san Vicente de Paúl y repartía su tiempo entre el servicio a los pobres, y la oración para confiarse a la voluntad de Dios. Finalmente, a los 29 años de edad tuvo una visión clara de su misión y comenzó a buscar y ayudar a los niños abandonados de los barrios pobres de Varsovia y a los ancianos sin casa. Con la ayuda financiera de su padre y el apoyo de su prima Clotilde se hizo cargo permanentemente de 6 niños, y este centro comenzó a conocerse como el Instituto de la Señorita Truskowska. La habilidad de Sofía y su dedicación atrajeron muchas voluntarias y devotos amigos influyentes, de modo que la obra del Instituto floreció.

En respuesta al consejo del P. Honorato Kozminski, su confesor y director espiritual, se hizo Terciaria Franciscana y tomó el nombre de Angela; el 21 de noviembre de 1855 ante la imagen de María, ella y su prima se consagraron a hacer la voluntad de Dios. Así comenzó la comunidad de las Hermanas Felicianas.

La Madre Angela fue una mujer de una gran visión de futuro, que supo responder a las necesidades nacientes de su tiempo y tuvo un gran sentido social unido a una profunda oración; es la primera Comunidad activa contemplativa en la Iglesia. Al ser suprimidas las comunidades religiosas en Polonia, ella logró mantener en secreto su comunidad; al quedar Polonia bajo el control de Austria, pudo reunir a sus religiosas y enviarlas de nuevo por el mundo. Acarició y logró realizar el proyecto del envío a América, donde se difundieron ampliamente, a partir de 1874, cuando envió y bendijo personalmente a las primeras 5 hermanas. A los 44 años, siendo Superiora General por tercera vez, entregó el gobierno de la Congregación, a causa de la sordera y la enfermedad. Pero no se desentendió de ellas, sino que siguió alentándolas con sus escritos y encuentros.

Literalmente devorada por el cáncer, murió el 10 de octubre de 1899. Pero los últimos treinta años de su vida, que podrían haber hecho que fuera olvidada, realmente fueron vida oculta que fecundó su obra en forma admirable. (Su fiesta se celebra el 10 de octubre).



SANTA ÚRSULA Y COMPAÑERAS MÁRTIRES

es.catholic.net
Autor: P. Felipe Santos
En la ciudad de Colonia, en Germania, conmemoración de las santas vírgenes que entregaron su vida por Cristo, en el lugar de la ciudad donde después se levantó una basílica dedicada a santa Úrsula, virgen inocente, considerada como la principal del grupo (c. s. IV).

Etimología: Úrsula = aquella que es como una osita. Viene de la lengua latina.
Se sabe que  fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma, el Papa.
En el siglo IX se descubrió en Colonia, Alemania, en una iglesia del siglo VI, un epígrafe enrollado que comienza así:" Martirio de Ursula y 11.000 vírgenes".

Es un documento que engloba el martirio de estas vírgenes en el lugar sobre el que se construyó una preciosa iglesia.

En la “Pasión” teatral inventada para narrar su historia, se puede ver que ellas provenían de Inglaterra con Ursula, hija del rey, escapando de los sajones paganos que estaban invadiendo el país.

Cuando su barco llegó a Colonia, Atila el terrible estaba por entonces allí con los Hunos.

Atila, duro, fuerte, de mal carácter y muy pasional quiso casarse con la bella joven Ursula. Las otras se las entregaría a sus soldados para que las violaran o hicieran lo que quisieran con ellas.

Pero el fanfarrón no esperaba la respuesta de estas chicas. Cuando se les acercó y les hizo sus proposiciones, éstas respondieron todas al unísono con la negativa más rotunda que se puede imaginar.

Enfurecido Atila, las mandó matar de la manera más dura posible.

Durante toda la Edad Media corría de pueblo en pueblo un romance en el que se contaba la historia de estas mártires. Tuvo un éxito increíble.

El Instituto de Angela de Mérici, ursulinas, la tomó como patrona de sus obras de apostolado.
Gracias a un cementerio descubierto en Colonia, se pudieron ver los restos de estas valientes chicas que prefirieron la muerte antes que ofender al Señor. Sus reliquias abundan en muchos templos.

El culto a santa Ursula y a sus compañeras se extendió muy pronto, y se levantaron muchas iglesia en su honor.

En el siglo XIII la Sorbona la adoptó como patrona y lo mismo ocurrió en las universidades de Coimbra y de Viena.

jueves, 20 de octubre de 2011

Beato Contardo Ferrini

www.vidasejemplares.org


Profesor de la Tercera Orden (1859•1902). Beatificado por Pío XII el 13

de abril de 1947.

Contardo Ferrini, llamado “astro de santidad y de ciencia”, nació en Milán el 5 de abril de 1859 hijo
de Rinaldo y Luisa Buccellati. Educado cristianamente sobre todo por su padre, de quien
recibió el influjo, sintió crecer en sí el deseo de amar sólo al Señor, en virginal consagración, y le
correspondió con una vida interior alimentada de meditación, oración, comunión frecuente.

Consagrado a los estudios hizo grandes progresos consiguiendo la licencia liceal en 1876
y mostrándose maduro como estudiante y coherente como cristiano, se inscribió en la
facultad de jurisprudencia en la célebre universidad de Pavía. También en el nuevo
ambiente mantuvo su intensa vida de piedad. El apelativo que comúnmente le daban era de
“San Luis”, para indicar su temple. Delicado y cortés, amaba la poesía en la contemplación del
gran libro de la naturaleza, escalando las alturas como valiente alpinista.

Su mayor ascensión fue sin embargo en el campo espiritual, presentándose como modelo de
laico católico en la profunda preparación y competencia profesional. En 1880, a los veintiún
años, se laureó en derecho penal. El jurado calificador descubrió en él una vocación
científica, el estudio del derecho antiguo y bizantino. Obtenida una beca de estudio, fue a
perfeccionarse en la universidad de Berlín, donde cultivó firmes amistades con estudiantes católicos
alemanes. En 1883 tomó la libre docencia en derecho romano y comenzaba la enseñanza en
la universidad de Pavía. En la cátedra tenía toda la seriedad del estudioso unida a la pasión del
docente: se impuso a la admiración de sus colegas y discípulos por la lucidez y claridad de
sus exposiciones, su elocución noble y fluida, su simplicidad sonriente y garbosa.

Profesor en la universidad de Mesina en 1887 y en la universidad de Modena en 1890, regresó a
Pavía en 1894 y enseñó allí hasta su muerte,residiendo con sus padres en Milán. Consagrado
en celibato cristiano, se inscribió en la Tercera Orden de San Francisco y en el franciscanismo
aprendió y perfeccionó su seráfica espiritualidad. Al compromiso de la cátedra Contardo unió una
intensa producción científica: sus escritos ascienden a más de 200. Se conservan de él
elevadas páginas ascéticas. Además tomó parte en las actividades caritativas de las conferencias
de San Vicente. Durante un período de verano en Suna sobre el Lago Mayor, fue atacado por un
violento tifus y el 17 de octubre de 1902 entregó serenamente su alma a Dios. Tenía 43 años. Fue
beatificado por Pío XII el 13 de abril de 1947. La universidad católica del Sagrado Corazón de
Milán, que él había mirado y auspiciado con predilección, lo acogió como su modelo y guía, y conserva y venera sus restos

miércoles, 19 de octubre de 2011

San Pedro de Alcántara.

www.franciscanos.net/santoral

Sacerdote de la Primera Orden (1499 1562). Canonizado por Clemente IX el 28 de abril de 1669.

Pedro, promotor de una reforma en la Orden Franciscana, nació en Alcántara, Extremadura, España, en 1499. Estudió en la universidad de Salamanca de 1513 a 1515. Luego ingresó en la Orden de los Hermanos Menores en Los Majaretes. Poco después, en 1519, aun antes de ser ordenado sacerdote, fue enviado como superior a fundar el convento de Badajoz. En 1524 fue ordenado sacerdote y pasó como superior a Robledillo, de allí a Placencia y nuevamente a Badajoz, hasta que en 1532 obtuvo permiso para recogerse a una vida más retirada en el convento de San Onofre de La Lapa. En 1538 fue elegido Ministro provincial de la Provincia de San Gabriel.

Durante el período en que fue ministro provincial redactó para sus religiosos estatutos muy severos aprobados en el capítulo de Placencia en 1540. Pero el comienzo de su reforma tuvo lugar en 1544 cuando, con el consentimiento de Julio III, se retiró a la pequeña iglesia de Santa Cruz de Cebollas, cerca de Coira. En 1555 construyó el célebre convento de Pedroso, seguido de otros. Desde este momento la reforma prosperó ampliamente, el 8 de mayo de 1559 obtuvo la aprobación de Pablo IV, que le permitió su difusión también en el exterior.

Pedro de Alcántara con su reforma quería volver la Orden Franciscana a la genuina observancia de la Regla. Mediante la suma pobreza, la rígida penitencia y un sublime espíritu de oración alcanzó las más altas cumbres de la contemplación y pudo atraer a numerosos Franciscanos por aquel camino de reforma que se proponía hacer revivir en su siglo el franciscanismo de los primeros tiempos. Siguiendo sólo a Cristo pisoteó todas las demás cosas humanas, feliz de estar crucificado con El.

Fue confesor y director espiritual de Santa Teresa de Avila y le ayudó en la reforma de la Orden Carmelitana. De él escribió la misma Santa: “Modelo de virtudes era Fray Pedro de Alcántara! El mundo de hoy ya no es capaz de una tal perfección. Este hombre santo es de nuestro tiempo, pero su fervor es robusto como el de otros tiempos. Tenía el mundo bajo sus pies. Qué valor dio el Señor a este santo para hacer durante 47 años tan áspera penitencia!”.

Rico en virtudes y méritos, murió dulcemente el 18 de octubre de 1562, a los 63 años. Apareciéndosele después de su muerte a Santa Teresa de Avila, le mostró el gozo que poseía en el cielo y le dijo: “Oh feliz penitencia que me ha merecido tanta gloria en el Paraíso!”. Santa Teresa de Avila fue llamada “honra de España”, pero ella compartió este honor con su contemporáneo y coterráneo, San Pedro de Alcántara.




















martes, 18 de octubre de 2011

San Lucas, Evangelista

Etim.:Del latín, Lucas, del griego, Loukas. "Portador de luz"


Su símbolo es un toro o novillo
El Señor viene detrás de sus predicadores



Autor del tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles, en el que se narran los orígenes de la vida de la Iglesia hasta la primera prisión de Pablo en Roma.

Posiblemente escribió entre 70AD y 80AD. Probablemente en los dos años que San Pablo estuvo preso Cesarea (Hechos 20, 21).

Se destaca como evangelista y como historiador.



Lucas recibió la fe alrededor del año 40. Habrá conocido a Pablo en Antioquía. Ninguno de los dos conocieron a Jesús durante su vida en la tierra. Sin embargo Lucas supo escribir cuidadosamente guiado por el Espíritu Santo, lo que escuchó de los testigos oculares. Es el único que narra la infancia de Jesús y el que trata mas sobre La Virgen María. Quizás porque ella misma le instruyó en Efeso.

Lucas escribe para el mundo gentil. Resalta el aspecto universal de la redención. La predicación a todas las naciones, comenzando por Jerusalén (Cf Lc. 24, 46-47). El está conciente de los peligros de la legalidad judía, las herejías y la frivolidad pagana. Su Evangelio muestra una atención especial hacia los pobres, los pecadores arrepentidos y hacia la oración.

BIOGRAFIA

Lucas nace de padres paganos en Antioquia y es el único escritor del Nuevo Testamento que no es israelita. Es de cultura griega y dirigió su mensaje a gentiles cristianos. Estaba muy bien educado en la literatura y era médico.

San Lucas fue discípulo fiel de San Pablo quién lo describe como "Lucas, el médico querido" (Col 4,14). Desde su prisión de Roma Pablo dice a su discípulo Timoteo: «Lucas sólo queda conmigo». San Juan Crisóstomo le llamó: «Incansable en el trabajo, ansioso de saber y sufrir, Lucas no acertaba a separarse de Pablo».

En los Hechos de los apóstoles, Lucas se incluye en los viajes de San Pablo: "fuimos a... navegamos a..." En uno de esos viajes se embarcaron desde Troas a Fenicia. Otro viaje los llevó desde Fenicia a Jerusalén. Mas tarde fueron juntos a Roma, en cuyo viaje sufrieron naufragio y otros peligros.

Según la tradición murió mártir en Acaya, colgado de un árbol. Sus reliquias se encuentran en la Basílica de Santa Justina, Padua, Italia. Estudios conducidos allí en 1998 concuerdan con los datos sobre San Lucas conocidos por la tradición.

Patrón de: artistas, doctores, cirujanos, solteros, carniceros, encuadernadores, cerveceros, escultores, notarios...

Representado con: libro, novillo alado, médico, pintando ícono de Nuestra Señora.

Según la tradición fue también pintor de la virgen.





lunes, 17 de octubre de 2011

Beato Baltasar de Chiavari.

www.franciscanos.net/santoral


SACERDOTE DE LA PRIMERA ORDEN (1420 1492). PÍO XI CONFIRMÓ SU CULTO EL 8 DE ENERO DE 1930.

Baltasar Ravaschieri, nació en la familia de los condes de Lavagna en Chiavari, rivera de Levante en 1420. Hijo de una devota familia, creció en la inocencia, en la bondad y en la piedad. Ingresó joven entre los Hermanos Menores, estudió, se laureó en teología, fue ordenado sacerdote y se dedicó a la predicación. Era gran amigo del Beato Bernardino de Feltre.

Virtuoso y activo, fue primero elegido guardián, luego Ministro provincial en Génova. Fácil habría sido predecir para él una carrera más brillante aún en la Orden o en la Iglesia si la gota no lo hubiera atacado en forma agudísima paralizando casi del todo sus movimientos.

Del mal que lo tenía postrado hizo un constante ejercicio de gimnasia espiritual quemando las etapas de su carrera hacia la santidad. En el convento de Binasco cerca de Milán era llevado en brazos a la iglesia, allí permanecía largas horas solitario, orando y meditando. O se hacía llevar a un bosque donde confesaba a los fieles, los aconsejaba, los consolaba. En aquel bosque, lo sorprendió un día una fuerte nevada sin que nadie se acordara de él. El primero que lo encontró tuvo la sorpresa de observar que la nieve no había caído sobre su cuerpo, aquel cuerpo dolorido y paralizado que se había convertido en palestra de perfección para el espíritu.

Todos los días era llevado en brazos por los hermanos para asistir a la Santa Misa, tomar parte en la recitación del oficio divino y sobre todo escuchar por larguísimas horas, a veces casi todo el día, las confesiones de los fieles, atraídos por la fama de su santidad.

Baltasar en su inmovilidad intensificó su vida de íntima unión con Dios y ofreció sus sufrimientos físicos y morales al amor misericordioso de Jesús por la conversión de los pecadores, que en gran número supo acercar a Dios. Desde la llanura de Pavía acudían a él los devotos que le llevaban sus enfermos para que obtuviera de Dios su curación, las madres le llevaban sus niños para que los bendijera.

Seis años sufrió con perfecta serenidad de los santos el extenuante martirio de la gota. Pero ya la hermana muerte estaba por llegar para invitarlo al eterno descanso. Consumido por el mal que le había martirizado sus miembros, serenamente expiró el 17 de octubre de 1492, a la edad de 72 años. Fue sepultado en una urna de mármol.



IGNACIO DE ANTIOQUÍA

es.wikipedia.org


No se sabe en qué año nació Ignacio ni tampoco en qué lugar. Se desconoce todo sobre su familia y las circunstancias en las cuales conoció el cristianismo. Se ignora también cuál fue su trayectoria dentro de la Iglesia. Una leyenda del siglo X le supone discípulo de Jesucristo en la persona del niño que aparece como protagonista en el pasaje bíblico de Mateo 18.13

«Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: Os aseguro que si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos».

La primera noticia de sólida apariencia es que fue obispo de la ciudad de Antioquía. Lo afirma el propio Ignacio en una de sus cartas (Ad Rom. 2, 2). Lo aseveran Eusebio (HE III, 22) y otros Padres de la Iglesia, y así se le considera actualmente. No es un dato cualquiera, pues el episcopado de Antioquía era uno de los más prestigiosos de la cristiandad.

Antioquía de Siria, conocida también como Antioquía del Orontes, Antioquía «la Grande» o Antioquía «la Bella», era en aquella época una de las principales ciudades del Imperio romano y la tercera urbe más poblada, después de Roma y Alejandría. Su población se calcula en doscientos mil o incluso medio millón de habitantes. No tenía buena reputación pues gran parte de su economía estaba orientada al ocio y el disfrute. Su carácter libre y cosmopolita atraía a muchas gentes que emigraban de diversos lugares trayendo las costumbres y creencias de su lugar de origen. Se sabe por Flavio Josefo (Bellum 7, 46) que había en la ciudad una sinagoga judía numerosa y antigua15 que gozaba de privilegios especiales.

Poco después de la muerte de Jesucristo, y al margen de esa sinagoga, se fundó en Antioquía otra comunidad religiosa, integrada por judeocristianos helenistas expulsados de Jerusalén. Casi con toda seguridad, Bernabé, el apóstol, se encontraba entre ellos. Años después, Bernabé atrajo a la ciudad a Pablo de Tarso, que pasó allí una parte prolongada de su vida, dejando una profunda huella de la que Ignacio es deudor. Pablo y Bernabé promovieron en Antioquía un cristianismo cuya práctica no exigía el cumplimiento de los preceptos de la Ley judía. Este cristianismo de cuño paulino estaba dirigido a la población greco-pagana de la ciudad y, en la medida en que se toleró en el culto la presencia de paganos, la nueva comunidad se situó cada vez más al margen de la antigua sinagoga. Las tensiones entre la sinagoga judía y la iglesia cristiana por cuenta de la observancia de la Ley condujeron a una ruptura que quedó significada con el nombre dado a la nueva comunidad. Según los Hechos de los Apóstoles (Hch 11, 26), Antioquía fue el primer lugar donde «los discípulos fueron llamados cristianos», es decir, el primer lugar donde dejaron de ser llamados judíos. Con esa denominación, acuñada en el exterior de los círculos cristianos, se constató la aparición de una «tertium genus», una tercera raza de gentes que no eran judíos pero tampoco paganos. Posteriormente, el modelo paganocristiano practicado en Antioquía fue exportado por Pablo a otras ciudades del imperio formando de esta manera comunidades de cristianos gentiles. Se puede decir por eso que Antioquía es «madre de las iglesias de la gentilidad».

Ignacio era obispo de Antioquía cuando fue condenado a muerte en tiempos de Trajano acusado, es de suponer, de profesar el cristianismo.16 En sus cartas, Ignacio se describe a sí mismo utilizando el término griego «katakritos» (condenado a muerte), lo que no aclara las circunstancias de su detención. En otros lugares afirma llevar cadenas «por causa del Nombre» (Ad Eph. 1, 2), refiriéndose a Jesucristo. A finales del siglo XIX, J. B. Lightfoot pensaba que Ignacio había sido detenido en el transcurso de una persecución en contra de los cristianos. Sin embargo, el hecho de que en la correspondencia de Ignacio no se encuentren referencias al respecto y que su principal preocupación parezca ser la organización de las iglesias a las que escribe ha llevado a postular asimismo que Ignacio pudo ser detenido a causa de un enfrentamiento habido dentro de la comunidad antioquena entre dos grupos o facciones cristianas representantes de órdenes eclesiales distintos: los así llamados «ministeriales» y los «carismáticos».17 Como obispo de Antioquía, Ignacio pertenecería a la clase ministerial y la tensión con esos elementos carismáticos pudo generar un conflicto de tal magnitud que las autoridades de la ciudad detuvieran a Ignacio para solucionarlo. Eso explicaría la insistencia con que aboga en sus cartas por mantener la unidad en torno a la jerarquía eclesiástica.





domingo, 16 de octubre de 2011

Beato Tomás Tzugi.

Sacerdote y mártir de la Tercera Orden (1570‑1627). Beatificado por Pío IX el 7 de julio de 1867.
Tomás Tzugi nació hacia 1570 de una familia noble de Sonongai, en la provincia japonesa de Omura. Recibió educación y formación cristiana en el seminario de los Jesuitas y en 1589 se hizo terciario franciscano. Consagrado sacerdote, se distinguió como predicador excelente en la ciudad de Nagasaki, empleando a menudo un lenguaje duro al denunciar escándalos y vicios.
Por esto fue forzado a emigrar a Ficata en el Chicuyen, donde continuó con ferviente celo su apostolado. En 1614 estalló en el Japón una violenta persecución contra el cristianismo y gran parte de los misioneros y sacerdotes fueron expulsados. Tomás se trasladó entonces a Macao, donde permaneció cuatro años.
Hacia 1618 regresó al Japón fingiendo ejercer el oficio de mercader. De inmediato prosiguió el ministerio sacerdotal disfrazándose frecuentemente y ejerciendo otras ocupaciones, especialmente la de fakir. La extenuante persecución, los continuos y dolorosos contrastes, el peligro de los espías provocaron en Tomás una crisis de desconfianza y desesperación, pero luego tuvo una saludable reflexión y superó felizmente la crisis y con hechos demostró haber logrado un sereno equilibrio interior.
En este período se expuso valientemente a continuos peligros con tal de ser de ayuda para los cristianos y ejerció nuevamente su apostolado en Nagasaki, mientras la persecución se hacía cada vez más cruel.
Pero un día fue sorprendido por los guardias del gobernador Feizo en la casa de un cristiano, Luis Maki, después de la celebración de la Misa. Llevado ante el gobernador apóstata, confesó la fe cristiana valientemente. Fue luego trasladado a la prisión de Omura, donde permaneció 13 meses. Las presiones insistentes de los familiares para apartarlo de la fe fueron vanas, por lo cual el gobernador lo hizo trasladar a Nagasaki para ser quemado vivo. Durante el suplicio demostró extremada serenidad confortando a los dos compañeros de martirio, Luis y Juan Maki. Murió recitando el salmo “Laudate Dominum omnes gentes” (Alabad al Señor todas las naciones), el 7 de septiembre de 1627.

sábado, 15 de octubre de 2011

SANTA TERESA DE AVILA


users.ipfw.edu

Teresa de Ahumada nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515.

Desde sus más breves años comenzó a sentir mística exaltación, y a los 7 años huyó de su casa con un hermano, para ir a buscar martirio.

Vuelta al hogar, a los doce años pasó por el dolor de perder a su madre, lo que la afectó en extremo y pareció decidir su vocación religiosa.

A los 16 años entró en el convento de Santa María de Gracia, llevada por su padre a causa de sus malas frecuentaciones, entre ellas la de una su prima, y de las exageradas lecturas de libros de caballerías.

El tres de noviembre de 1534, a los 19 años de edad, profesó en el convento de la Encarnación de Ávila. Poco después cayó gravemente enferma y su padre la llevó a baños minerales: sentía los primeros síntomas de sus neurosis.

En 1537, en casa de su padre, sufrió un ataque de parasismo, y durante dos años estuvo paralítica.

Curó, y durante bastantes años su fe anduvo bastante entibiada, hasta que volvió al pasado ardor religioso por que, según dice ella, Cristo se le apareció con airado semblante.

Entonces creyó que la causa de su frialdad provenía de su demasiado frecuente trato con seglares, y resolvió reformar la orden del Carmelo, a la cual pertenecía, y fundar religiones de monjas descalzas y enclaustradas.

Hora era de que llegaran estas reformas, pues la orden estaba del todo relajada.

En su empresa tuvo grandes dificultades que vencer, pero le ayudaron eficazmente una de sus hermanas, otros parientes, varios señores piadosos y la duquesa de Alba.

Sus principales obras son en prosa: amenas unas veces, especiosas otras, son pruebas de que la santa, que tanto se queja en ellas de su falta de letras, era una gran estilista.

En cuanto a sus poesías, fueron compuestas en ciertos momentos de mayor ardor místico, por la que ella decía que la Divinidad se las inspiraba.

La última de las que aquí damos, el popular soneto, es también atribuido a San Juan de la Cruz. El espíritu de este soneto parece, en efecto, de la santa, pero su forma parece más bien de su gran amigo.

Santa Teresa murió, después de realizada su obra de reforma, el 4 de octubre de 1582, a los sesenta y siete años.

viernes, 14 de octubre de 2011

Beatos Luis, Francisco y Domingo Mihaki

http://www.franciscanos.net/


Mártires japoneses de la Tercera Orden († 1628). Beatificados por Pío IX el 7 de julio de 1867.


LUIS MIHAKI, contraviniendo las leyes de persecución, ayudaba y daba fraterna y cordial hospitalidad en su casa a diversos misioneros. Fue descubierto y apresado junto con sus hijos Francisco, de 5 años, y Domingo de 2, y enviado a la cárcel de Omura, donde se encontró con muchos misioneros y cristianos a quienes había dado refugio.

Después de un mes de dura prisión, por orden del gobernador Cowakindono, fue conducido a Nagasaki donde, junto con sus hijos fue decapitado el 8 de septiembre de 1628 en la Colina Santa, frente a muchos paganos y cristianos que admiraron el valor y la firmeza en la fe de este heroico padre de familia que, como Abraham, inmolaba sobre el altar del Señor a sus dos inocentes hijitos.

Antes de partir para Nagasaki el Padre Luis Sotelo se había dirigido a Luis Mihaki y lo había alentado con estas palabras: “Querido hijo, tú eres querido por Dios y por él has sido escogido, junto con tus dos hijitos para el martirio. ¿Por qué me pides la bendición antes de partir? Yo espero ser bendecido del Señor misericordioso por vuestras oraciones. Yo soy gran pecador, tú en cambio y tus hijos sois inocentes palomas y nunca habéis ofendido al Señor. Para satisfaceros os doy mi bendición. El Señor os bendiga y os dé fuerza para conquistar la corona de la gloria que os espera”.

Así bendecidos y consolados, padre e hijos avanzaron hacia el suplicio de la decapitación. Sus almas purificadas por el sufrimiento volaron junto con las de los otros mártires al reino de la luz, del descanso y de la paz. Luis y sus hijos Francisco y Domingo sufrieron el martirio el 8 de septiembre de 1628















Beato Miguel Carcano

http://www.franciscanos.net/


Sacerdote de la Primera Orden (1427-1484). Aprobó su culto S. Pío X el 9 de octubre de 1909.

Nació en Milán. Muy joven ingresó en la Orden de los Hermanos Menores en el convento del Santo Angel y pronto se afilió al movimiento de la Observancia, movimientoque, animado por San Bernardino de Siena, atrajo muchas vocaciones a la Orden. No se sabe la fecha de su ordenación sacerdotal. Pero consta que, de sólo 22 años participó en el Capítulo General de la Orden de 1449 en el convento de Bosco en Mugello, Toscana. Tampoco se sabe dónde hizo los estudios y adquirió la formación humanística, filosófica y teológica que le permitió afrontar continuamente en sus predicaciones un público exigente y culto. En efecto, fue un insigne predicador de la Palabra de Dios en la difusión del Evangelio, la defensa de los pobres y en contra de la usura y toda forma de injusticia.

La primera cuaresma la predicó en Milán, de apenas 24 años, su principal campo de predicación fue la Italia del norte y del centro. De 1460 a 1462 estuvo en Tierra Santa. A su regreso continuó con el apostolado de la predicación. El Duque Galeazzo Sforza en 1471 lo expulsó de la ciudad a causa de una controversia por el dinero recolectado para la cruzada contra los turcos. En 1476 fue nuevamente expulsado porque al parecer el Duque se sintió aludido por él en sus prédicas contra la relajación de costumbres.

Con su actividad evangelizadora contribuyó a la fundación de los Montes de piedad en Milán, Padua, Bolonia y Perusa, y a la promoción de una organización sanitaria en los hospitales en pro de un trato humano y cristiano a los enfermos. Hombre de profunda piedad era muy solicitado por muchos como director espiritual, entre ellos prelados, hombres y mujeres de la alta sociedad. Fundó hospitales para los pobres en Como, Piacenza y Venecia. Elegido Vicario Provincial, promovió y difundió el movimiento de la Observancia invitando a la disciplina, fundando nuevos conventos, protegiendo los monasterios de las Clarisas y la Tercera Orden. Mientras predicaba en Lodi la cuaresma, enfermó gravemente y pocos días después murió, el 20 de marzo de 1484. Sus restos se conservan en la Basílica de San Antonio, en Milán.

jueves, 13 de octubre de 2011

Cardenal Cipriani ordenará ocho nuevos diáconos para la Arquidiócesis de Lima

UNA DE LAS PROMOCIONES MÁS NUMEROSAS DE LOS ÚLTIMOS AÑOS



El Cardenal Juan Luis Cipriani ordenará ocho nuevos diáconos para la Arquidiócesis de Lima, el próximo sábado 15 de octubre, en una Solemne Misa en la Basílica Catedral de Lima, a partir de las 6pm.

Los seminaristas que serán ordenados diáconos son Oscar Klauer, Guillermo Mejía, Augusto Meloni, César Oré, Paulo Piérola, Daniel Quispe, Franco Rivas y César Valdivia.

Todos ellos se han preparado en el Seminario Santo Toribio de Mogrovejo, han cursado estudios en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima y han realizado, en los últimos años de su formación en el seminario, una labor pastoral en las parroquias de la Arquidiócesis de Lima.

Como se recuerda, el diaconado es el primer grado del Sacramento del Orden Sacerdotal. En tal sentido, corresponde a los diáconos asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad.

----

Oficina de Comunicaciones y Prensa
Jr. Chancay 282. Cercado de Lima. Tlf.: 203-7736
prensa@arzobispadodelima.org
www.facebook.com/arzobispadodelima
www.twitter.com/arzlima
www.yoube.com/arzobispadodelima