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miércoles, 7 de marzo de 2012

Crónica franciscana desde la Amazonía del Perú

Misionera de San Francisco Solano. El Ministro provincial, Fr. Mauro Vallejo nos acompañará hasta Requena, es atento y presente, a propósito, todos los hermanos han sido muy atentos y acogedores.2
Para tener una idea de lo que representa Ocopa para las misiones y para la historia de Perú, en la capilla de los Mártires de Ocopa hay una galería con más de 80 hermanos, de 1532 a 1925 (en torno a 50 son los que salieron de Ocopa). Son considerados mártires los hermanos que tuvieron muerte violenta en las misiones (flechados, ahogados, mordidos por serpientes, por las fieras, o perdidos en la selva). Los misioneros de Ocopa fueron fundadores de ciudades, constructores de caminos, escuelas, iglesias, geógrafos, cartógrafos, historiadores, botánicos, lingüistas y limpiadores del suelo peruano. Fueron los misioneros que crearon conciencia de “peruanidad”, conquistaron territorios e impusieron límites a las fronteras brasileñas. Hasta hoy ese mérito es reconocido con gratitud por el gobierno peruano. Los misioneros de Ocopa crearon también un puerto, -Puerto Ocopa-, en uno de los afluentes del Amazonas para tener acceso a la selva. Ocopa estaba conectado directamente al Gobierno general de la Orden y a la Congregación de Propaganda Fide. Su historia fue violentamente interrumpida después de la independencia, el día 1 de noviembre de 1824, por un decreto de Simón Bolívar que decretaba su suspensión, transformándolo en escuela para los hijos de los caídos en la guerra de independencia. Fue restaurado 20 años después con la llegada de nuevos misioneros. Con la creación de la Provincia Misionera de San Francisco Solano, en 1908, fue incorporado a la nueva Provincia. De 1928 a 1972 funcionó como Casa de Estudios Superiores de Filosofía y Teología. Hoy es la Casa Noviciado.
Una visita a Ocopa significa un retiro de reforzamiento misionero.
Saludos a los hermanos,
Abrazos
Fray Atilio Battistuz

ww.ofm.org


Iquitos, 27/02/2012
Hermanos,
¡Paz y Bien!
Estamos en Iquitos, la ciudad peruana a las orillas del Río Amazonas, escuché que la llaman “Manaos peruana”. Estamos en la Amazonia, pero aún no llegamos a Requena. Es la última etapa del viaje. Mañana seguiremos a las 13:00 horas, hemos de llegar al amanecer del día 28 (febrero, martes).
Apenas llegamos a la “selva”, (así llaman el bosque amazónico por aquí), pero quiero compartir un poco las primeras impresiones y experiencias en tierras peruanas. Está siendo un tiempo muy rico de formación, de vida fraterna, de convivencia con los hermanos, de conocimiento de la realidad y de la historia de la presencia franciscana en el Perú, especialmente de la Provincia
Los seis misioneros de la nueva fraternidad llegamos en la fecha prevista. Algunos hasta llegaron antes. La llegada y recibimiento en Lima fueron muy simples, pero muy fraternos y cordiales. Ya el día de la llegada, un hermano ya anciano nos presentó un libro de más de 700 páginas, el VII volumen de una colección sobre la “Historia de las Misiones Franciscanas en el Oriente del Perú”. Nuestro hospedaje fue en el “Centro Misional”. Luego me llamó la atención el hecho de que la Provincia ha creado una estructura (hace parte del estatuto de la Provincia) propia para recibir, hospedar y apoyar a los misioneros y misioneras de los tres Vicariatos de la selva peruana confiados a la Provincia. Al mismo tiempo que tiene una privacidad e independencia física, favorece la convivencia fraterna con la comunidad.
Preparamos la documentación necesaria, participamos al encuentro de formación permanente de los hermanos de la Provincia, con el tema “La Nueva Evangelización con enfoque franciscano”, hicimos exámenes médicos, recibimos las vacunas recomendadas, visitamos las fraternidades de Lima y realizamos algunos paseos para conocer la Ciudad. El convento donde estamos (provincialato y casa de formación) tuvo como primer guardián a San Francisco Solano. Además, Perú ha dado a la Iglesia cinco santos, después de los inicios de la Evangelización: Santo Toribio de Mogrovejo (+1606), San Francisco Solano (+1610), Santa Rosa de Lima (+1617), San Martín de Porres (+1639) y San Juan Macías (+1645). Visitar el lugar donde nacieron y vivieron (San Martín y Santa Rosa nacieron en la misma calle) es impresionante. Es necesario “quitarse las sandalias” porque el lugar es sagrado.
Una visita que quiero destacar fue la que hicimos al convento de Santa Rosa de Ocopa, en la cordillera de los Andes. Viajar por los Andes es un espectáculo aparte. Ocopa está situado en el Valle del Río Mantaro (que es parte de los afluentes del Amazonas), distante 290 kilómetros de Lima y está a 3,000 metros de altura. Mantaro es un gran valle en la cordillera, de 80 kilómetros de largo, muy fértil, muy verde y frío, habitado por los descendientes del pueblo de cultura Wanka, salpicado de pequeños poblados, cultivado por campesinos con agricultura artesanal, en parcelas que vistas desde la cima de los montes forman verdaderos mosaicos con variados tonos de verde. Permanecimos en Ocopa una semana, bebiendo la mística, la espiritualidad, la cultura, la historia misionera y la belleza de su geografía. Ocopa fue fundado en 1725, como escuela de “Propaganda Fide”, con el objetivo de ser un centro  misionero. De hecho, formó generaciones y generaciones de misioneros. De allí partieron
centenares de misioneros para las selvas peruanas, pero también para la “sierra” (cordillera), para Bolivia, Ecuador, Chile y Argentina.

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