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lunes, 11 de junio de 2012

Material para la formacion. Orden Franciscana Seglar. Abril 2012

pybi.wordpress.com

Via CIOFS

PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS
PROYECTO DE FORMACIÓN PERMANENTE
DOSSIER MENSUAL
ABRIL 2012 – AÑO 3 – No. 28

EVANGELIZADOS PARA EVANGELIZAR
por Fr. Fernando Ventura, OFMCap
Dossier preparado por el Equipo de Formación Permanente del CIOFS
Ewald Kreuzer, OFS, Coordinador
Fr. Amando Trujillo Cano, TOR
Doug Clorey, OFS


EL EXODO COMO LECTURA CLAVE

En este dossier Fr. Fernando nos recuerda que el “Éxodo es la experiencia fundante de Israel”. A pesar que la esperanza parecía estar bajo la arena del desierto, el pueblo de Israel descubrió a Dios.  Así, la historia del Éxodo es una clave importante para descubrir que Dios hace memoria en la historia y que el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob y el Padre de Jesucristo, no es un Dios lejano, de un cielo lejano, sino un Dios del aquí y del ahora.

Descubriendo al Dios de Israel.
El libro del Éxodo se convierte en una clave de lectura: la de descubrir a Dios haciendo memoria en la historia. Ya desde el inicio del libro del Éxodo, (1, 8) cuando empieza toda la narrativa del desastre que fue la persecución en Egipto, se afirma que: “asumió el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José”. O sea, llega al poder un hombre sin memoria del pasado; es decir, llega al poder un hombre sin historia. Es aquí donde parecía que todo se había ido, donde la esperanza estaba bajo la arena del desierto. Es aquí que el pueblo de Israel descubre a Dios. Por eso el Éxodo es la experiencia fundante de Israel. El texto lleva toda la carga simbólica del tiempo y de la memoria. Sólo hemos podido sobrevivir durante dos mil años, porque desde el año 70 hasta el 14/5/1946 fuimos diciendo todos los años: “el año que viene en Jerusalén”. A partir de aquí podemos seguir, porque ya llegamos aquí. Dios es el héroe nacional de Israel. A los judíos y al pueblo del Antiguo Testamento les debemos ésta intuición genial de haber traído el Dios del cielo a la tierra.

Un Dios del aquí y del ahora
El Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Jesucristo, no es un Dios de un cielo lejano, sino un Dios del aquí y del ahora. Un Dios gitano, de la carretera, del polvo, y del viento. Es un Dios de TÚ. (En griego y en hebreo no existe el “Usted”, ni  “Eminencia”). “Bendito eres tú, Señor, Dios de Israel, Rey eterno” así empiezan todas las fórmulas de oración judía. A Dios le tratamos de TÚ, no por falta de respeto, sino porque significa que le pasamos otro tipo de mensaje: el mensaje que es ese Dios convertido a nosotros. Porque mi YO solo puede crecer delante de un TÚ en mi relación. Cualquiera de nosotros delante de una Excelencia, se inclina. Mi YO solo puede crecer, delante de una relación con un TÚ.  Este es el mensaje de la Biblia, este es el mensaje de Francisco. Este es el grito de la fraternidad universal, sin señores ni esclavos, sin dueños y adueñados. Una sociedad de hermanos. ¡Pero qué lejos estamos de esto!  En nuestras culturas originales y originarias, vivimos en nuestras fraternidades tantas veces, la misma falta de respeto que vive la sociedad. Seguimos viviendo a partir de nuestros títulos. A partir de nuestros “dorados”. A partir de nuestras castas. A todos los niveles y en todas las culturas. Y en nuestras fraternidades, en nuestros conventos, monasterios, existe la mentalidad de castas. Nos hemos equivocado. El camino no es este. La meta final no puede ser el poder. La meta final no puede ser hacerme miembro de cualquier organización para arreglar mi vida y la vida de los míos. Servirme de la estructura donde me meto. Y esto lo tenemos. Gente que viene a chupar, parásitos de la Iglesia, parásitos de la Orden, parásitos de las fraternidades, de los conventos y monasterios. ¡Estamos hasta la coronilla de esta gente!

Un Dios que ve, que conoce, que baja para liberar

Volvemos al diálogo entre Dios y Moisés en el Horeb (Éxodo 3, 7- 10) poniendo atención a los verbos del texto.  No se trata de un Dios de un cielo lejano. Se trata de un Dios que ve, que conoce, que baja para liberar. Esto es la kenosis, pero lo que estamos haciendo, lo nuestro, muchas veces no es una kenosis, sino una anastasis. Nos hacemos curas, monjas y frailes (y franciscanos seglares), y esto no significa que bajamos al nivel de nadie, sino que subimos un escalón social. Esto es la vergüenza de la Orden en el mundo. Esto se ve en todos los continentes. Seguimos teniendo muchas vocaciones. Ahí donde el ser cura, monja o fraile sigue siendo una promoción social. Ahí donde no lo es, las cosas se ponen feas. Pero tendría que hacernos pensar.  Si vinimos a hacer una kenosis, o si vinimos a hacer una anastasis. Se dice en mi tierra que los únicos que puedan vivir sin trabajar son los curas y los militares…quizá tengan razón. Este Dios que se convierte, que baja a nuestro nivel, para luego hacernos subir. Dios que baja a mi mundo, que se convierte a mí, para que mi historia se pueda transformar en eternidad. Para que mi inmanencia, se pueda transformar en trascendencia. Este es el camino.

El mensaje y el plan de Dios
Y este es el mensaje: “El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados. Él arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos, el paño tendido sobre todas las naciones. Destruirá la Muerte para siempre; el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo, porque lo ha dicho él, el Señor” (Isaías 25, 6-8). Aquí está el texto eucarístico del Antiguo Testamento. Aquí está el desafío de intimidad soñado. Este es Isaías. ¿Cuál es el tema detrás del texto? Es una comida. ¿Quién es el cocinero? ¡DIOS!  ¿Quién invita a la comida? ¡DIOS! ¿Quiénes son los invitados?  ¡Todos los pueblos, incluidos los católicos! ¿Y el menú cuál es? Carnes gordas y vinos viejos. Consideremos el elemento del tiempo: una vaca para engordar necesita tiempo. El vino para envejecer necesita tiempo. Este es un plan, este es un proyecto abierto a todos sin excepciones, sin excluidos.

Tenemos una Iglesia con gente marcada y excluida porque están fuera. Porque nosotros los santos no podemos convivir con los pecadores. ¡Pero en cambio en ese banquete entran todos! Este banquete preparado con tiempo y para todos. De esta vida vivida junta, de esta experiencia de comunión y fraternidad, ¿qué es lo que va a ocurrir con este velo? ¿Qué es un velo de luto? Es un paño que impide ver y por lo tanto impide la comunicación.   Más allá de nuestras diferencias, es CON nuestras diferencias. ¿Y qué hará Dios a las lágrimas? ¿Dónde tengo que estar yo para secarle las lágrimas a otro? ¿Donde está Dios? No es un Dios en un cielo lejano. Es un Dios a quien no le da miedo decirme, ¡te amo!

Es este Dios delante del cual, también nosotros podemos llegar a la oración de este orante de Isaías, “el espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido”. ¿Quién ha sido ungido? ¡Todos somos ungidos!  ¿Y para qué sirve la unción? Sólo sirve para una cosa, para la MISIÓN. Lo demás es puro folklore. Lo demás es querer seguir discutiendo sobre pañitos calientes, si se los quitamos o se los ponemos…

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN Y PARA LA DISCUSIÓN EN FRATERNIDAD
1. ¿Por qué es tan importante comprender la historia del Éxodo?

2. ¿Cómo podemos nosotros, como fraternidad, vivir en solidaridad con la humanidad indistintamente de nuestra posición en la sociedad, o de nuestras posesiones o de cualquier otro poder que podamos pensar que tenemos?

3. ¿De qué maneras nosotros como franciscanos seglares excluimos a otros en nuestro diario vivir?  ¿De qué forma práctica podemos llegar a ser personas que incluyan en lugar de personas excluyentes?