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martes, 24 de julio de 2012

Julio 24: Beata Luisa de Savoya

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"Un Santo al giorno", Fr. Giuliano Ferrini O.F.M. / ducción del italiano, actualización y adaptación:
Fray José Guillermo Ramírez G. OFM

Julio 24: Beata Luisa de Savoya. Viuda, religiosa de la Segunda Orden (1462‑1503). Aprobó su culto Gregorio XVI el 12 de agosto de 1839.

Luisa de Savoya nació en Ginebra el 28 de diciembre de 1462, hija del Duque Amadeo IX y Yolanda de Francia. En 1479 se casó con Hugo de Châlon Arlay, Señor de Château‑Guidon. Su vida en la corte, ya como niña, ya como esposa, estuvo siempre marcada por una gran austeridad y una profunda piedad. Enviudó en 1490 y dos años después se retiró al monasterio de las Clarisas de Orbe, en el cantón suizo de Vaud, donando a aquella iglesia sus propios bienes. En el ejercicio de las virtudes cristianas alcanzó un alto grado de perfección.
Se sometía a las más duras penitencias: todos los viernes se flagelaba, dedicaba largas horas a la oración, a media noche se levantaba para rezar los Maitines, uniéndose en espíritu a la recitación que hacían los Franciscanos del vecino convento.
Su vida fue un perfecto espejo de virtudes. Su unión con Dios era continua, a menudo durante la oración derramaba lágrimas. La prontitud de su obediencia era admirable. Amante de la pobreza, quería para sí los vestidos más burdos. Su ambición era prestar ayuda y asistencia a las cohermanas enfermas. En el monasterio buscaba para sí los trabajos más humildes y pesados, como lavar la vajilla, ayudar a la cocinera o a la despensera, barrer los corredores.
Tenía un gran amor por la Orden Franciscana, y gran respeto y veneración por los Franciscanos, de los cuales dependía la comunidad de Orbe. Cuando se celebró en Lausana el capítulo provincial de los Hermanos Menores, muchos religiosos visitaron a la Beata Luisa. Ella tuvo para todos una palabra para alentarlos a seguir más de cerca el ideal franciscano. Estaba siempre contenta cuando pasaban religiosos por su convento y se afanaba por que fueran bien tratados. Solía decir: “Pienso que el buen Dios nos hace un gran favor cuando nos manda algún religioso para tener conversación con nosotras o para confesarnos. Cuando veo uno de ellos me parece ver a San Francisco en persona”.
Luisa es modelo de todos los estados de la vida: de niña, de esposa, de viuda, y de virgen consagrada a Dios. Se durmió dulcemente en el sueño de los justos el 24 de julio de 1503. Tenía 41 años. Su cuerpo fue sepultado primero en el monasterio, y después, en 1531, trasladado junto a la tumba de su esposo en Noxeroy para sustraerla a la profanación de los protestantes. En 1842 sus reliquias fueron transportadas a la capilla real de Turín.

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