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sábado, 27 de octubre de 2012

MINISTRA NACIONAL OFS PERU Y ANIVERSARIO POR LA PAZ EN EL «ESPÍRITU DE ASÍS

EN LA PAZ DEL SEÑOR, UN FRATERNO SALUDO, DESEANDOLES QUE ÉL Y NUESTRA SANTÍSIMA MADRE LA VIRGEN MARÍA, LOS PROTEJAN E ILUMINEN SIEMPRE.

CON EL COMPROMISO DE MIS ORACIONES POR USTEDES A QUIENES SIEMPRE TENGO EN MI MENTE Y EN MI CORAZÓN.

FILIALMENTE,

ANA

LA PAZ EN LA ARMONIA ... Y LA ARMONIA EN EL EQUILIBRIO... SEAMOS CONSTRUCTORES DE UN MUNDO DONDE REYNE LA PAZ Y EL BIEN PARA TODOS.

LA PAZ DEL SEÑOR NOS LLENE DE BIEN!

    FELIZ ANIVERSARIO DEL ESPÍRITU DE ASÍS


                            DÍA 27 DE OCTUBRE








JORNADA DE ORACIÓN POR LA PAZ 
                                                                                                       EN EL «ESPÍRITU DE ASÍS».

El 27 de octubre de 1986, invitados por el papa Juan Pablo II, acudieron a Asís los responsables y líderes de las grandes religiones del mundo, para participar en una «Jornada Mundial de Oración por la Paz». En su discurso de bienvenida el Papa les dijo: «Elegí esta ciudad de Asís como lugar para nuestra Jornada de oración por la paz, debido a lo que representa el Santo que aquí se venera, san Francisco, conocido y respetado por infinidad de personas en todo el mundo como un símbolo de paz, de conciliación y de fraternidad». Desde entonces se han venido celebrando otras jornadas semejantes en diversas ciudades del mundo y los Ministros generales de la Familia franciscana establecieron que en sus fraternidades se conmemore aquel encuentro con celebraciones acordes con el «espíritu de Asís», como lo definió Juan Pablo II.



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EL ESPÍRITU DE ASÍS


Homilía de S. S. Benedicto XVI en Asís,


Plaza inferior de la Basílica de S. Francisco, 17-VI-2007



[El 27 de octubre de 1986 el beato Juan Pablo II celebró en Asís una Jornada mundial de oración por la paz, en la que participaron los representantes de las confesiones cristianas y de las diversas religiones del mundo. Veinticinco años después, el 27 de octubre de 2011, Benedicto XVI renueva aquella vivencia allí mismo en una jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo].

Queridos hermanos y hermanas:

¿Qué nos dice hoy el Señor, mientras celebramos la Eucaristía en el sugestivo escenario de esta plaza, en la que convergen ocho siglos de santidad, de devoción, de arte y de cultura, vinculados al nombre de san Francisco de Asís? Hoy aquí todo habla de conversión. Hablar de conversión significa penetrar en el núcleo del mensaje cristiano y a la vez en las raíces de la existencia humana.

Para evitar equívocos, conviene notar que la misericordia de Jesús no se manifiesta poniendo entre paréntesis la ley moral. Para Jesús el bien es bien y el mal es mal. La misericordia no cambia la naturaleza del pecado, pero lo quema en un fuego de amor. Este efecto purificador y sanador se realiza si hay en el hombre una correspondencia de amor, que implica el reconocimiento de la ley de Dios, el arrepentimiento sincero, el propósito de una vida nueva. A la pecadora del Evangelio se le perdonó mucho porque amó mucho. En Jesús Dios viene a darnos amor y a pedirnos amor.

Queridos hermanos y hermanas, ¿qué fue la vida de Francisco convertido sino un gran acto de amor? Lo manifiestan sus fervientes oraciones, llenas de contemplación y de alabanza, su tierno abrazo al Niño divino en Greccio, su contemplación de la pasión en la Verna, su «vivir según la forma del santo Evangelio», su elección de la pobreza y su búsqueda de Cristo en el rostro de los pobres.

Esta es su conversión a Cristo, hasta el deseo de «transformarse» en él, llegando a ser su imagen acabada, que explica su manera típica de vivir, en virtud de la cual se nos presenta tan actual, incluso respecto de los grandes temas de nuestro tiempo, como la búsqueda de la paz, la salvaguardia de la naturaleza y la promoción del diálogo entre todos los hombres. San Francisco es un auténtico maestro en estas cosas. Pero lo es a partir de Cristo, pues Cristo es «nuestra paz» (Ef 2,14). Cristo es el principio mismo del cosmos, porque en él todo ha sido hecho. Cristo es la verdad divina, el « Logos» eterno, en el que todo "dia-logos" en el tiempo tiene su último fundamento. San Francisco encarna profundamente esta verdad «cristológica» que está en la raíz de la existencia humana, del cosmos y de la historia.

No puedo olvidar, en este contexto, la iniciativa de mi predecesor, de santa memoria, Juan Pablo II, el cual quiso reunir aquí, en 1986, a los representantes de las confesiones cristianas y de las diversas religiones del mundo, para unencuentro de oración por la paz. Fue una intuición profética y un momento de gracia.

La decisión de celebrar ese encuentro en Asís estaba sugerida precisamente por el testimonio de san Francisco como hombre de paz, al que tantos miran con simpatía incluso desde otras posiciones culturales y religiosas. Al mismo tiempo, la luz del Poverello sobre esa iniciativa era una garantía de autenticidad cristiana, ya que su vida y su mensaje se apoyan tan visiblemente en la opción de Cristo, que rechazan a priori cualquier tentación de indiferentismo religioso, que no tiene nada que ver con el auténtico diálogo interreligioso.

El «espíritu de Asís», que desde ese acontecimiento se sigue difundiendo por el mundo, se opone al espíritu de violencia, al abuso de la religión como pretexto para la violencia. Asís nos dice que la fidelidad a la propia convicción religiosa, sobre todo la fidelidad a Cristo crucificado y resucitado, no se manifiesta con violencia e intolerancia, sino con un sincero respeto a los demás, con el diálogo, con un anuncio que apela a la libertad y a la razón, con el compromiso por la paz y la reconciliación.

No podría ser actitud evangélica ni franciscana no lograr conjugar la acogida, el diálogo y el respeto a todos con la certeza de fe que todo cristiano, al igual que el santo de Asís, debe cultivar, anunciando a Cristo como camino, verdad y vida del hombre, único Salvador del mundo.

Que san Francisco de Asís obtenga a todos los que en el mundo se remiten a él, la gracia de una auténtica y plena conversión al amor de Cristo.


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LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ


Del discurso de Juan Pablo II al final de las plegarias por la paz


en la plaza de la basílica inferior de San Francisco (Asís, 27-X-86)




1. A continuación de la última plegaria, la oración cristiana, en la serie que todos hemos oído, yo profeso de nuevo mi convicción compartida por todos los cristianos, de que en Jesucristo, Salvador de todos, se encuentra la verdadera paz: «La paz a los de lejos y la paz a los de cerca». Su nacimiento fue saludado por el canto de los Angeles: «Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que Él ama». Él predicó el amor entre todos, incluso para con los enemigos; proclamó bienaventurados a los que trabajan por la paz, y mediante su muerte y resurrección reconcilió el cielo y la tierra. Usando una expresión del Apóstol San Pablo: «Él es nuestra paz» (Ef 2,14).

2. En efecto, es la convicción de mi fe la que hace que me dirija a ustedes, representantes de las Iglesias y de las Comunidades eclesiales cristianas y de las Religiones del mundo, con profundo amor y respeto. Con los demás cristianos compartimos muchas convicciones y, en particular, lo concerniente a la paz. Con las Religiones del mundo compartimos un profundo respeto y obediencia a la conciencia, que nos enseña a todos a buscar la verdad, a amar y servir a todas las personas y a todos los pueblos y, por consiguiente, a ser artífices de paz entre los individuos y entre las naciones.

Sí, todos nosotros consideramos que la conciencia y la obediencia a la voz de la conciencia es un elemento esencial en el camino hacia un mundo mejor y más pacífico.

¿Podría ser acaso de otro modo, dado que todo hombre y mujer en este mundo participan de una naturaleza común, del mismo origen y del mismo destino?

9. Lo que hemos hecho en Asís orando y dando testimonio de nuestro compromiso por la paz, hemos de continuar haciéndolo cada día de nuestra vida, pues lo que hoy hemos realizado es vital para el mundo. Si el mundo ha de seguir adelante, si los hombres y mujeres han de sobrevivir en él, éste no puede valerse sin la oración.

Tal es la permanente lección de Asís: es la lección de San Francisco, que representa un atractivo ideal para nosotros. Tal es la lección de Santa Clara, la primera de sus discípulas. Se trata de un ideal hecho de mansedumbre, de humildad, de un profundo sentido de Dios y del compromiso de servir a todos los hermanos. San Francisco fue un hombre de paz. Recordemos que él abandonó la carrera militar que había iniciado en su juventud y descubrió el valor de la pobreza, el valor de la vida simple y austera a imitación de Jesucristo, a quien él decidió servir. Santa Clara fue, ante todo, una mujer de oración. Su unión con Dios en la oración sostuvo a San Francisco y a sus discípulos, como nos sostiene hoy a nosotros. Francisco y Clara son ejemplos de paz: paz con Dios, paz consigo mismos, paz con todos los seres de este mundo. Que este Santo y esta Santa inspiren a los hombres y mujeres de hoy a fin de que tengan la misma fuerza de carácter y el mismo amor a Dios y al prójimo para avanzar por el camino que juntos hemos de recorrer.

10. Movidos por el ejemplo de San Francisco y Santa Clara, verdaderos discípulos de Cristo, y fortalecidos por la experiencia de esta Jornada que hemos vivido juntos, nos comprometemos a hacer un nuevo examen de conciencia con el fin de escuchar más fielmente su voz, purificar nuestros espíritus de prejuicios, de odio, de enemistad, de recelo y de envidia. Trataremos de ser artífices de paz con el pensamiento y con la acción, con la mente y el corazón fijos en la unidad de la familia humana. Y hacemos un llamado a todos nuestros hermanos y hermanas que nos escuchan para que hagan lo mismo.

Lo hacemos conscientes de nuestras limitaciones humanas y con la persuasión de que sólo con nuestras fuerzas fracasaríamos. Por ello reafirmamos y reconocemos que el porvenir de nuestra vida futura y de la paz depende siempre del don de Dios.





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