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RADIO FRANCISCANA

VIDEOS FRANCISCANOS

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jueves, 23 de agosto de 2012

CAMPAÑA VOCACIONAL FRANCISCANA

 
 
 


viernes, 17 de agosto de 2012

Vida Nueva



DOCUMENTO
Semanario católico "Vida Nueva"
Director: Juan Rubio
Imprime: PPC Editorial
Ciudad: Madrid

FECHA:
Número: Semana del 21 al 27 de julio de 2012.
Dirección: Impresores 2. Urbanización Prado del Espino - 28660 Boadilla del Monte
Contenido: noticias, reportajes. artículos de opinión sobre el acontecer en la Iglesia y el mundo (Madrid)
Correo electrónico: vidanueva@ppc-editorial.com
Página web: www.vidanueva.es

¿QUÉ ES?
"Somos una voz dentro de la Iglesia. No somos la voz de la Iglesia. Buscamos ser una voz comprometida en la Iglesia, una voz significativa en la sociedad y una voz libre, clara, respetuosa y propositiva."

APRECIACIÓN
Vida nueva pretende ser una voz comprometida dentro de la Iglesia. Tiene vocación universal y mirada a lo particular; boga mar adentro ofreciendo una palabra oportuna, veraz, profesional, conciliadora y siempre alentadora. Después de más de 50 años de trayectoria, Vida Nueva continúa en la brecha de la información religiosa de España y del mundo con rigor, con objetividad; ofreciendo la información, el análisis, la valoración, el enfoque, el punto de vista.

TEMAS DE INTERÉS
Lefevristas 8, Economía en España 14, El grito de Montesinos sigue vivo en Cajamarca 20.

UBICACIÓN EN HEMEROTECA ASFL
1-D-Vi
Biblioeca-Hemeroteca-Archivo San Francisco de Lima
Jr. Áncash 471-Lima, Perú

LECTOR: NN

FECHA DE LECTURA:
17 de agosto de 2012, Lima



miércoles, 15 de agosto de 2012

Peligros de los siete mares

Por: Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, más conocido como "Hugo Wast"

Todo sacerdote joven me parece un buque que parte por primera vez hacia alta mar.
Todo sacerdote viejo me parece un buque que va llegando al puerto.
Me he cruzado en el mar, en uno de los siete mares del mundo, con dos buques, uno viejo y otro nuevo.
No sé por qué razones siempre que veo un buque viejo me pongo a imaginar las aventuras, los peligros, las tormentas que ha pasado; y delante de uno nuevo, todo lo que le aguarda.
Me he cruzado con dos, el uno viejo y el otro nuevo.
El viejo iba llegando al puerto, con su casco despintado, sus velas en jirones, sus masteleros en astillas, pero con su proa tajante y su timón obediente y firme, de modo que se mantenía en la buena ruta.
El otro recién botado al agua, navegaba hacia alta mar, relumbrante, con su arboladura nueva, sus cuerdas blancas, sus velas sonoras y al viento, que le daba en el costado. El agua hervía en espuma, bajo su quilla que abría un profundo surco en las olas.
Todo le sonreía, el sol, el cielo, la brisa, que cantaba en sus obenques, las ligeras nubes que le daban sombra, los delfines que danzaban a su alrededor y las gaviotas que se posaban en sus jarcias. Y él avanzaba libre y ufano, hacia los misterios del primero de los siete mares, seguro de sus lonas, de sus maderas y de sus forros de cobre y de su timón nuevo.
Y yo rogué por él, que antes de llegar al puerto tenía que humillar la soberbia en el Atlántico, cerrar los ojos y oídos a los espejismos y a los cantos de las sirenas en el Mediterráneo; dominar la ira en el Rojo; sobreponerse a la gula en el Índico; desafiar los tifones de la envidia en el Mar de la China; despreciar las mordeduras de la avaricia en el Pacífico; luchar contra el frío del alma en el Ártico; y vencer la pereza en el Mar de Sargazos, que más que un mar es la plaga de todos los mares.
Cuando veo un sacerdote viejo, deslucido en su traje y en su palabra, distraído como quien tiene el corazón en otra parte, sordo a los rumores de la tierra y atento a las voces que le hablan en sueños como a Samuel, pienso que invita a cantar un Te Deum, porque es un navío que ha pasado ya las tormentas de los siete mares.
Cuando veo uno joven, que emprende su periplo, impaciente de surcar los océanos, con demasiada confianza en la altura de sus mástiles y en lo pulido de sus cascos y en la gallardía de sus lonas; que mira poco el cielo para orientar su rumbo y mucho las máquinas que fabrican los hombres, tengo miedo por él.
Y más si es artista; y mucho más si es elocuente; y muchísimo más si es ingenuo y ama el ruido, y cree que le falta tiempo y puede dejar hoy esta rúbrica, mañana este rezo, después esta meditación, ser impuntual en la hora de su Misa; ser distraído en su breviario.
¡Ay! ¡Cuántos mares y cuántos escollos delante de su proa y qué lejos el puerto!
Llegará, sin duda, si deja de mirar la brújula de los hombres y levanta el corazón hasta la Estrella de la Mañana.
Llamamos así a la Virgen, pero es también una de las más preciosas advocaciones de Jesús, que dice de Sí Mismo en el último capítulo del Apocalipsis: “Yo Soy Jesús, la espléndida y luminosa Estrella de la Mañana”.

Oración del sacerdote, por Michel Quoist

De su libro: "Oraciones para rezar en la calle" del sacerdote Michel Quoist

Esta tarde, Señor, estoy solo.
Poco a poco los ruidos en la iglesia se han callado, los fieles se han ido y yo he vuelto a casa, solo.

Yo te lo he dado todo, Señor, pero no es fácil.
Es duro dar su cuerpo:
él querría entregarse a los otros.
Es duro amar a todos sin reservarse nadie.
Es duro estrechar una mano sin querer retenerla.
Es duro recibir secretos sin poder compartirlos.
Es duro sostener a los débiles sin poder apoyarse uno mismo sobre otro...

Pero tú estás conmigo, Señor, por eso heme aquí: He aquí mi cuerpo, he aquí mi corazón, he aquí mi alma.
Dame el ser lo bastante grande para abarcar el mundo, lo bastante fuerte para llevarlo a hombros, lo bastante duro para poder abrazarlo sin intentar guardármelo.
Concédeme el ser tierra de encuentro, pero solo tierra de paso, camino que no conduzca a sí mismo, sino que lleve a ti.
Esta tarde, Señor, mientras todo se calla, yo te vuelvo a decir mi SI, humildemente, solo, Señor, ante Ti en la paz de la tarde.

viernes, 10 de agosto de 2012

SALUDOS DE LA MINISTRA NACIONAL OFS POR EL DIA DE SANTA CLARA

Estimados hermanos y amigos, paz y bien!


Con especial alegría los saludo y a su vez, estando adportas de la Celebración del dia de nuestra ejemplar hermana Santa Clara de Asis, de cuya dulzura, entrega y valor no hay quien pueda hablar de manera acertada por que el lenguaje humano queda corto ante tan grande mujer. Quiero compartir con ustedes un material sobre nuestra amada hermana Clara "plantita de Francisco", obtenido de un hermano nuestro de Venezuela, compartanlo en sus fraternidades/comunidades y adentrémonos en la vida de Clara, orar con ella y decir al Altísimo "Gracias Señor por que me pensaste, por que me creaste gracias!".


                                                                                                                                              .



El Señor nos conceda la gracia de servirle mas fielmente y en humildad.
 Bendiciones,


ANA MARIA RAFFO LAOS
Ministra Nacional OFS Perú




UN CORAZÓN ENAMORADO DE CRISTO
                                                                                                                      

(Tomado del FB de Giovanni Ortiz OFS Venezuela)

¿SABES QUIÉN FUE SANTA CLARA?

Seguramente habéis oído hablar mucho de S. Francisco de Asís, pero menos, mucho menos de Santa Clara. Nosotras que somos hijas de tan insigne madre y seguidoras de su preciosa espiritualidad queremos con este motivo de nuestro centenario daros a conocer a esta mujer excepcional. A pesar de haber pasado ocho siglos de su paso por la tierra, dejó tal rastro de sus huellas y tal atractivo en su vida que ha podido llegar hasta nuestros días con nombres tan sugerentes como “mujer nueva”, “icono de la Virgen María”, a quien siguió tan de cerca que pudo llegar a ser como una imagen de la Virgen por sus virtudes excelsas, derivadas todas de la altísima pobreza que practicó heroicamente, siguiendo a Cristo desde el pesebre hasta la Cruz. Santa Clara podía decir como San Francisco:

“Conozco a Cristo pobre y crucificado, y no necesito nada más”

“Dios mío y todas mis cosas”.

Nació en el año 1193. Fue aristocrática desde la cuna, de un nobilísimo linaje, cuyo castillo de caballeros militares abundaba en bienes de fortuna.

Su madre, Hortolana era una mujer de profunda piedad que, cuando esperaba a su primogénita, estando en oración, tuvo una revelación sobrenatural oyendo las siguientes palabras: “No temas, mujer, porque alumbrarás felizmente una luz que iluminará el mundo”.

Tras haber oído este oráculo tan consolador, Doña Hortolana no dudó en poner a su primera hijita un nombre luminoso que hacía referencia al destino que se le había anunciado. En efecto: Clara, santa Clara ha llenado los siglos con su mensaje de luz y sigue, después de 8 siglos con los mismos fulgores, gracias a la obra de sus hijas, las Clarisas, extendidas por el mundo entero.

Los primeros años de la vida de Clara transcurren en un ambiente de guerra y de inquietud. El feudalismo decadente sustentado por los nobles empezaba a dar paso a una nueva sociedad en que la nobleza ya no tenía la fuerza de los pasados siglos. La burguesía rica que ejercía el comercio y todo tipo de negocios empezaba a tener una gran preponderancia. Así había frecuentes enfrentamientos entre dichas clases sociales.

Corría el año 1200 cuando sucedió una guerra entre el pueblo o burguesía y los nobles de Asís. A estos les obligaron a refugiarse en Perusa.

La familia de Clara tuvo que sufrir este destierro. Cuando vuelve a su castillo de Asís, Clara tiene unos doce años. Es una niña rubia, preciosa y llena de virtudes. Había sido exquisitamente educada por su madre, Doña Hortolana, según su rango y condición. Ella fue siempre una niña muy inclinada a la piedad, a favorecer a los pobres y hacer el bien cuanto podía. Era muy inteligente y aprendió perfectamente a leer y escribir, cosa completamente inusual entre las mujeres de la Edad Media.

Su carácter reúne todas las cualidades de una persona amable y atrayente: es buena, comprensiva, llena de piedad, alegre y agradable con todos, serena y delicada a la vez que firme y fiel en sus propósitos referentes a su entrega a Dios y a su divina voluntad. Así cuando a su tiempo se le propuso el matrimonio, lo rehusó desde luego, pues tenía ya el proyecto de ser toda de Cristo, todo su corazón era de Él.

Su madre se complacía al ver los progresos de su hija en todos los aspectos...

Publicado por Hermanas Pobres de Santa Clara

CLARA MUJER CARISMÁTICA

1.- LA SANTA UNIDAD

De la contemplación y amor tan ardiente de Santa Clara a Cristo Jesús se deriva su amor a la Iglesia, que era muy grande, y también el cúmulo de todas las virtudes que la adornaron.

Clara vive en fraternidad, vive con las hermanas “la santa unidad” y tiene la experiencia de lo que dice el salmo: “Ved qué dulzura, qué delicia convivir los hermanos unidos” (Salmo 132).

Tiene muy en cuenta las palabras de Jesús en el Evangelio sobre el mandato muevo del amor:

“Amaos los unos a los otros como yo os he amado… Padre Santo… que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en mí y yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros…. Que sean completamente uno.”

¡Con qué insistencia suplica Jesús al Padre, para que los suyos estén unidos! Y se lo pide en la última hora de su vida, como una especie de garantía para que todos perseveren en su amor.

San Gregorio de Nisa comenta así este precioso pasaje evangélico:

“El Señor aseguró a los discípulos que así ya no se encontrarían divididos por la diversidad de opiniones al enjuiciar el bien, si no que permanecerían en la unidad, vinculados en la comunión con el sólo y único Bien. De este modo, unidos en el Espíritu Santo y en el vínculo de la paz, habrían de formar todos un solo cuerpo y un solo espíritu… Este es el principio y el cúlmen de todos los bienes”

Son ideas muy afines a las de Santa Clara que insertó en su Regla este consejo:

“Sean solícitas las hermanas de guardar unas con otras la unidad del mutuo amor que es vínculo de perfección”

Ella, viviendo tan hondamente el Evangelio dio siempre una importancia extraordinaria a la “Santa unidad” de las hermanas, y la practicó con el mayor esmero.

En este punto podemos considerar el amor de nuestra Madre hacia el misterio de la Santísima Trinidad, en su esencia de Dios único en TRES Personas: es el modelo acabado de Santa Unidad ¡Dios-Amor!

Así para Santa Clara, cada hermana que recibe en el convento es una gracia del Señor, y en todas ve reflejada la belleza y la bondad de Dios, procurando ser para todas ellas como un mensaje de amor, de sencillez y de alegría. Forman una comunidad evangélica: juntas oran; juntas trabajan; juntas sufren; juntas se recrean oportunamente… Clara precede en todo a sus hijas y con sus ejemplos las arrastra.

Tengamos, por último, en cuenta sus consejos de inapreciable valor, que nos dejó, en este sentido de la “santa unidad”.

En su Testamento, que es uno de los documentos más importantes para nosotras, dice así la Santa Madre:

“Amándoos mutuamente en la caridad de Cristo, mostrad exteriormente lo que interiormente tenéis, a fin de que estimuladas las Hermanas con este ejemplo crezcan siempre en el amor de Dios y en la recíproca caridad.”

2.- LA CARIDAD FRATERNA

Santa Clara se desvivió siempre por las Hermanas.

Fue diligentísima en la exhortación y cuidado espiritual de las Hermanas, manifestándose ante ellas con alegría constante. Nunca estaba alterada, si no con mucha mansedumbre y benevolencia las reprendía con amor. Era admirable la humildad, la afabilidad y la dulce paciencia con que las trataba, según el testimonio de las hermanas que convivieron con ella.

Deseaba ver a todas con alegría y paz, pues “amaba a las Hermanas como a sí misma” y quería imitar en lo posible, que sintieran angustia, soledad o desamparo, pues consideraba que la tristeza y el desánimo eran tan perniciosos para las Hermanas que no quería que ninguna se sintiera bajo su influencia. Por eso, las animaba con estas palabras:

“ ¡Alegraos siempre en el Señor, hijas carísimas! Y no permitáis que nuble vuestro corazón sombra alguna de tristeza”.

Y así se hallaba cercana a todas ellas para animarlas y consolarlas en cualquier pena o amargura, pues: “Era ella la que confortando los corazones de las Hermanas, los reanimaba amorosamente con el antídoto de un consuelo ininterrumpido”.

Por otra parte, su vida estuvo sembrada de prodigios y milagros, también en favor de sus mismas hijas, como ellas mismas han testificado en el proceso de canonización.

Así en una ocasión multiplicó el aceite, e igualmente multiplicó el pan; se mostraba con gran cariño y alegría al hacerlas cualquier servicio, como lavarles los pies, o cubrirlas por la noche en el lecho, visitándolas para que descansaran sin pasar frío. Ella misma las despertaba a media noche para el Oficio de Maitines, y también al amanecer para la oración de la alabanza.

Cuando caían enfermas, Clara apenas tiene medicinas, pero tiene para sus hijas del alma, su amor y su fe: la señal de la cruz salvadora que trazaba sobre ellas, y las curaba de sus dolencias. Recordemos algunos ejemplos:

Sor Pacífica declaró que en una ocasión curó haciendo sobre ellas la señal de la Cruz a cinco Hermanas enfermas, entre ellas a ella misma. Sor Bienvenida dijo que habiendo ella perdido la voz hasta no poder apenas hablar, la visitó la Santa Madre, y haciendo sobre su garganta la señal de la Cruz quedó curada, recobrando la voz completamente. Sor Amada recordó que estando ella gravemente enferma de hidropesía, fiebre y tos, con dolor de un costado, vino Santa Clara e hizo con su mano sobre la enferma la señal de la Cruz e inmediatamente se sintió curada. Preguntada sobre las palabras que decía la santa, respondió que, habiéndola puesto encima la mano rogó a Dios la librase de aquella enfermedad, si era mejor para su alma. Y así de repente, quedó curada.

Son muchísimos los ejemplos de este tipo de curaciones (cfr. Proceso de canonización).

La fama de santidad de Clara era tan grande que se había extendido también fuera de los muros de San Damián; acudían a ella enfermos de todos los contornos de Asís, para ser curados por la santa. Ella llena de compasión y misericordia hacia los pobres enfermos, curaba sus dolencias con el signo bendito de la cruz.

La señal de la Cruz para Santa Clara es el signo de su amor, y ve en ella el signo de victoria de su Dios Crucificado y Resucitado, e hizo mediante este signo incontables milagros. Considera la Cruz no como señal de muerte y de derrota, sino como anuncio de vida y de salvación: señal amorosa, bienhechora, protectora, triunfadora; señal cristológica y trinitaria por la que se alcanza todos los bienes. Ella podía exclamar:

¡Ave, oh Cruz, esperanza única! ¡Árbol de la vida! ¡Iris de paz!

Veamos ahora además otro milagro de Santa Clara con la Cruz, que narra la siguiente encantadora “Florecilla”:

“Cruces y panes de Santa Clara”

“Santa Clara, devotísima discípula de la Cruz y preciosa plantita del bienaventurado Francisco, había llegado a tanta santidad, que no sólo los obispos y cardenales, sino también el Sumo Pontífice deseaba con grande afecto verla y oírla, y muchas veces la visitaba personalmente. Sucedió una vez que el Papa vino al monasterio de Santa Clara para escuchar la conversación celestial y divina de la que era sagrario del Espíritu Santo. Y mientras hablaban ambos largamente de la salvación del alma y de la alabanza divina, Santa Clara mandó preparar panes para las hermanas en todas las mesas, con la intención de guardar aquellos panes una vez que los hubiese bendecido el Vicario de Cristo.

En efecto, terminada la plática santísima, la santa se arrodilló con gran reverencia y rogó al Sumo Pontífice se dignase bendecir los panes preparados. Pero el Papa le respondió: - “Hermana Clara fidelísima, yo quiero que seas tú la que bendiga esos panes haciendo sobre ellos la bendición de Cristo, a quien te has entregado por completo como precioso sacrificio”.

-“ Perdonadme Santísimo Padre -repuso ella,- pero sería digna de muy grande reprensión si delante del Vicario de Cristo me atreviese a dar semejante bendición yo, que soy una vil mujercilla”.

- “Para que no pueda atribuirse a presunción -insistió el Papa- y hasta que te sea de mérito, te mando por santa obediencia que hagas la señal de la Cruz sobre estos panes y los bendigas en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo”.

Entonces ella, como verdadera hija de obediencia, bendijo devotísimamente los panes con la señal de la Cruz. ¡Cosa admirable! Al instante apareció una bellísima cruz sobre todos los panes. De estos panes algunos los comieron entonces con gran devoción y otros los guardaron por milagrosos. El Papa, maravillado por la prodigiosa cruz hecha por la esposa de Cristo dio primero gracias a Dios y luego bendijo a la bienaventurada Clara con palabras de consuelo.”


2.- FRATERNIDAD UNIVERSAL

Se ha destacado ya la caridad de Clara con sus hermanas y demás personas que acudían a ella. Debemos recordar también su vivencia grande y espléndida de fraternidad universal. Su amor se extendía a todos los seres, viendo en ellos un reflejo de la belleza, la misericordia, el amor infinito de Dios, creador de tantas maravillas.

Admiraba la belleza de la creación, los amaneceres dorados, las noches estrelladas, las montañas y valles de su tierra umbra… las flores de las praderas y los pájaros que llenaban el cielo de trinos.

Todas las criaturas le hablaban de Dios y por todas le glorificaba ella, que era la “plantita” de Francisco, el cantor admirable de la creación:

“Loado seas mi Señor por el hermano sol, y por todas las criaturas….”

“Tú eres la hermosura, Tú eres el gozo… Tú eres la quietud y la paz… Tú eres caridad y amor, Tú eres sabiduría, Tú eres el Bien, todo Bien, sumo Bien, Señor Dios vivo y verdadero”.

Entre todas las criaturas es el hombre en el que más se ha centrado el amor de Dios. Él es su criatura predilecta, para salvar la cual dice el Evangelio que “tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único” (San Juan).

Y así concluye viendo Santa Clara más claramente la obra de Dios y su supremo amor a los hombres, en éste mismo Cristo entregado en la Cruz y en la Eucaristía: la Cruz y la Eucaristía fueron los misterios que subyugaron a Santa Clara.

Por eso se ha podido decir que fue su vida cristocéntrica y eucarística, que al fin es igual.

NUEVA FORMA DE VIDA EN POBREZA Y HUMILDAD

Habíamos dejado a Clara instalada en el pobrecillo conventillo de San Damián con sus numerosas hermanas. Francisco las había dado unas normas evangélicas para su vida y así vivían alegres, confiadas plenamente en la Divina Providencia que no las faltaba jamás. Vivían una experiencia de fe muy confortadora.

Todas ellas han encontrado el atractivo supremo en Aquel que sabe cautivar los corazones generosos y llenos de ideales: ¡Cristo-Jesús!, que era el Centro de su vida.

Así con Clara y su grupo de almas orantes, se había dado origen a una nueva forma de vida en la Iglesia: la Orden de las “Hermanas Pobres”, rama femenina del reciente franciscanismo.

Clara es la que anima aquel plantel escogido. Ella con sus enseñanzas trata de que no decaiga nunca el espíritu seráfico que reina entre las hermanas.

El ejemplo y la doctrina de Francisco es para ellas como una senda viva que deben seguir, lo mismo en la pobreza que en las demás virtudes.

Y para que este modo de vivir en pobreza y humildad nunca se les arrebatara, Clara se había apresurado a pedir al Papa Inocencio lll el “Privilegio de la Pobreza”, es decir, que jamás pudieran ser obligadas a tener posesiones. Más tarde pudo obtener del Papa Gregorio lX la “confirmación” de dicho “Privilegio”, firmado en 1228.

Ella instruye a sus Hermanas en lo que se refiere a esta altísima pobreza evangélica:

- Observad que hay que poner constantemente la mirada contemplativa en Cristo Crucificado, cuyo anonadamiento en la Cruz, debe llenarnos de asombro. Es un vaciamiento y una expropiación que dejará nuestro corazón plenamente disponible para llenarse de Dios, y Dios es la máxima grandeza, la máxima riqueza, pues Dios es la única plenitud.

“Es un gran negocio y loable, dejar lo temporal por lo eterno, ganar el cielo a costa de la tierra”.

Ya veis que esta es nuestra vivencia diaria. ¿No sentimos una gran confianza al escuchar al Divino Maestro aquella bellísima página evangélica (Mt 6, 26-34)?

“No os inquietéis por vuestra vida ni por vuestro cuerpo...Mirad cómo las aves del cielo no siembran ni siegan ni tienen graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Mirad los lirios del campo cómo crecen: no se fatigan ni hilan. Yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos...

No os preocupéis, pues... bien sabe vuestro Padre Celestial que de todo eso tenéis necesidad...”

Con estas y otras exhortaciones parecidas, las Hermanas vivían ya lo que Santa Clara más tarde escribirá en su Regla: “Nada se apropien las hermanas, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna. Y como peregrinas y forasteras en este mundo, sirvan al Señor en pobreza y humildad..” (Cap. Vlll) .

Todas en pos de Clara se habían entregado con tal entusiasmo a Jesucristo en este género de vida, que aún las cosas más desagradables y odiosas, como son la pobreza, el trabajo, las tribulaciones, las ignominias, el desprecio del mundo, dice la misma santa, que las tenían por “grandes delicias”. ¡Qué desprendimiento tan admirable! Así podían repetir con su Padre San Francisco:

“¡Dios mío y todas mis cosas!”

Esta breve oración franciscana sintetiza admirablemente este ideal.

VIDA DE ORACIÓN Y RETIRO

Una hermosa mañana de primavera se presentó en el conventito de San Damián un mensajero. Era un fraile, fray Maseo, enviado por San Francisco con un recado urgente:

“Hermana carísima Clara: quiero que ores ante el Señor para que Él te haga saber qué es lo quiere de éste su pobre siervo: ¿Quiere el Señor que dedique mi vida a la oración y contemplación, que tanto me atrae, o quiere que predique de cuando en cuando a los hermanos?”

Francisco esperaba con gran ansiedad la respuesta de Clara. Ella se puso inmediatamente en oración y con toda atención escuchó la inspiración del Espíritu del Señor, que una vez conocida pudo comunicársela a Fray Maseo:

“Esto dice el Señor, para que se lo comuniques a Fray Francisco; que Dios le ha llamado a la predicación, y debe ejercitarla para que haga fruto y se salven muchas almas por él”.

Fray Maseo regresaba muy contento con la respuesta de Clara, que, por cierto, comprobó ser idéntica a la que antes había recogido de Fray Silvestre. Llegó al encuentro de Francisco, quien le dijo con gran interés:

- “Vayamos al bosque y allí recibiré de rodillas la respuesta de lo que me manda hacer mi Señor Jesucristo”.

Fray Maseo le explicó que la respuesta de Jesucristo bendito había sido la siguiente:

- “Es a saber: quiere que vayas a predicar el Evangelio, y lo enseñes por los pueblos y ciudades para la salvación de muchas gentes”.

Entonces Francisco, levantándose enfervorizado y enardecido por la virtud del Altísimo, dijo a Fray Maseo:

- “¡Vamos, pues, en nombre del Señor!”

Entre tanto, Clara ya había comprendido que su vida y la de las Hermanas, era una vida entregada a la oración, en unión esponsal con Cristo para la salvación del mundo. Así ella ayudaría a Francisco y sus Hermanos en la misión de extender el Reino de Dios en el mundo. Desde su vida escondida en San Damián, ofreciendo a Cristo sumamente amado, una alabanza continua y una intercesión constante por los intereses de su Señor; ella y sus hijas serían las lámparas encendidas, que jamás debían apagarse.

Su centro era siempre Cristo Jesús, escondido en el Sagrario con el que compartían su propia vida. Tenían que agradecer al Señor el gran privilegio de tener la Divina Eucaristía, algo que en el lejano siglo Xlll era apenas posible. Pero, en efecto, por algunos restos de monumentos y excavaciones antiguas, se ha podido comprobar que este pequeño convento de San Damián fue el primer Santuario eucarístico de Italia.

Clara es la gran adoradora de la Eucaristía, juntamente con sus Hermanas. Seguramente pondrían en práctica aquellas normas que se descubrieron en unos escritos antiguos del siglo Xll:

“Desde el despertar que vuestros pensamientos se dirijan a la Eucaristía conservada en el altar de la Iglesia, para adorarla de rodillas y vueltas hacia Ella diciendo:

“¡Salve, Principio de nuestra creación!

¡Salve, Causa de nuestro rescate!

¡Salve, Viático de nuestra peregrinación!

¡Salve, Recompensa suspirada y deseada!”


MUJER EUCARÍSTICA

Santa Clara se asoció inmediatamente al movimiento sobre el Culto eucarístico que San Francisco promovió siguiendo la voluntad del papa Honorio lll, y con gran celo se dedicaba a confeccionar corporales, purificadores y todo lo necesario para las iglesias pobres, para que el Cuerpo y Sangre del Señor estuvieran dignamente tratados.

Cuando se preparaba para la Comunión no podía ocultar la emoción y las lágrimas, acercándose estremecida a Aquel por quien suspiraba su corazón.

Santa Clara es un modelo acabado de alma eucarística. Solamente contemplando su imagen ya nos habla de la Eucaristía, ahí la tiene presente en sus manos. Cristo Sacramentado es para Santa Clara y sus hijas como para los discípulos de Emaús: palabra que inflama su corazón; compañía y consuelo en sus tribulaciones; invitación y alimento sustancial para el camino. Ella tiene siempre clara su misión de sostener y edificar la Iglesia de Cristo: poner en la presencia del Señor Sacramentado cada día los momentos felices o atormentados de su historia. Y así con su confianza ilimitada en Jesús Eucaristía, se comprobó la eficacia de su oración en algunos sucesos memorables que se refieren en su vida.

Cuando el emperador Federico ll asolaba Italia con las tropas sarracenas, en una ocasión cayeron sobre los muros de San Damián, intentando saquear el sagrado recinto. Tiemblan las Damas Pobres ante tan terrible peligro y llegan hasta la Madre anegadas en llanto. Ella, aunque enferma se hace conducir hasta cerca de la puerta del refectorio y pide que le traigan la cajita de plata que contiene el Santísimo Sacramento de Nuestro Señor Jesucristo. Postrada en tierra, sumida en oración rogó con lágrimas diciendo:

“Señor, protege Tú a estas siervas tuyas, pues yo no puedo defenderlas en este trance”

Y una voz de maravillosa suavidad se dejó oír diciendo:

“Yo seré siempre vuestra custodia”.

“Mi Señor, -añadió Clara- protege también, si te place, a esta ciudad que nos sustenta por tu amor”.

Y Cristo a ella:

“Soportará molestias, mas será defendida por mi fortaleza”.

Entonces Santa Clara, levantando el rostro bañado en lágrimas conforta a las que lloran diciendo: “Hermanas e hijas mías, con seguridad os prevengo que no sufriréis nada malo; basta que confiéis en Cristo”.

Sin tardar más, de repente, el ejército sarraceno huye escapándose deprisa por los muros que habían escalado, sin causar el menor daño ni al convento ni a sus moradoras. Tal fue el milagro de la fe y del amor de Santa Clara.

El Papa Pablo Vl nos dijo así a las clarisas en una alocución: “Proteged hijas amadísimas a la Iglesia y sostened el Cuerpo de Cristo abrazando la Eucaristía, como lo hizo Santa Clara en su tiempo”. Precioso encargo que tenemos muy en cuenta todas sus hijas que sabemos el amor que tenía Santa Clara a la Iglesia, y con ese mismo amor ardentísimo permanecía en la presencia de Jesús Sacramentado en larga oración.

Así lo atestiguan las clarisas que convivieron con ella. Dicen que “cuando volvía de la presencia del Señor su rostro parecía más claro y más bello que el sol, y sus palabras transcendían una dulzura indecible al extremo que toda su vida parecía por completo celestial” (proceso de Canonización, lV, 4)


PATRONA DE LA TELEVISIÓN

Santa Clara vivió su vida contemplativa siempre en unión con Cristo-Jesús en su sagrario de San Damián (primer santuario eucarístico de Italia). De día y de noche, acompañaba cuanto podía a su Amado Señor Sacramentado, y por eso se había podido decir, que su vida “parecía por completo celestial”.

Estando ya muy enferma no dejaba de pensar

en Aquel que era el Centro de su espiritualidad: el “Espejo sin mancha”, para admirar las grandes virtudes que resplandecen en Él: mirar al Espejo, en la pobreza del pesebre; en la humildad de sus trabajos por el Reino y en la inefable caridad de la Cruz: su Cristo “pobre y crucificado”

En el pesebre: ¡Cuánto amó al “Niño de Belén”, al que S. Francisco había celebrado con tanta alegría!

Y así se narra, que la última Navidad que pasó Santa Clara en la tierra (año 1252) tuvo una visión mística muy admirable, por la que el Papa Pío Xll en 1958, la proclamó Patrona de la televisión.

Veamos la preciosa “Florecilla”:

La devotísima esposa de Cristo, Clara de hecho y de nombre, hallábase entonces retirada en San Damián, gravemente enferma, y no podía acudir a la iglesia con las demás hermanas a recitar las Horas canónicas. Llegada la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo bendito, en la que las hermanas solían acudir a Maitines y comulgar devotamente en la Misa de Navidad, la bienaventurada Clara, cuando se fueron todas a la solemnidad, quedó sola, enferma y con no poco desconsuelo porque no podía estar presente en tan devotas celebraciones.

Pero el Señor Jesús, queriendo consolar a su esposa fidelísima, la hizo estar presente en espíritu en la Iglesia de San Francisco, tanto a Maitines como a Misa y a toda la celebración de la fiesta; y fue de manera que oyó claramente el canto de los frailes, los instrumentos musicales y toda la Misa. Y lo que es más, recibió la Sagrada Comunión y quedó llena de consuelo.

Cuando las hermanas terminado el Oficio en San Damián volvieron a Santa Clara le dijeron:

- “¡Oh carísima hermana Clara, qué gran consuelo hemos tenido en esta Navidad del Señor! ¡Pluguiera a Dios que hubieras estado con nosotras!”

Pero ella les contestó:

- “Doy gracias a mi Dios Jesucristo bendito, hermanas e hijas mías carísimas porque he asistido con gran consuelo a todas las celebraciones de esta Noche, pues estuve presente en la Iglesia de mi padre San Francisco, y con los oídos del cuerpo y del alma lo he oído todo, y además, he recibido allí la Sagrada Comunión. Alegraos pues conmigo por este favor tan grande que he recibido y alabad a Jesucristo bendito, porque estuve aquí enferma en cama y a la vez, no sé cómo, si con el cuerpo o sin el cuerpo, estuve presente en San Francisco durante toda la solemnidad como os he dicho.

HACIA EL PARAÍSO

Encontrándose Clara gravemente enferma, recibe la visita del Papa Inocencio lV, que la amaba como hija predilecta de la Iglesia. Le acompañan sus cardenales.

“Entrando en el monasterio se dirige al lecho y acerca su mano a los labios de la enferma para que la bese. La toma ella con suma gratitud y pide besar con exquisita reverencia el pie del Papa.” “Pide luego con rostro angelical al Sumo Pontífice la remisión de todos sus pecados, y él exclama:

- ¡Ojalá no tuviese yo más necesidad de perdón!. Y le imparte con el beneficio de una total absolución la gracia de una bendición amplísima”.

“Clara, levantando los ojos al cielo, y juntas las manos hacia Dios dice con lágrimas a sus hermanas:

- Hijas mías alabad al Señor, ya que Cristo se ha dignado concederme hoy tales beneficios que cielo y tierra no se bastarían para pagarlos. Hoy he recibido al Altísimo y he merecido ver a su Vicario.”

El Papa estaba muy emocionado viendo a Clara en esta disposición, pues ya la tenía por santa, pero comprobando la paz, la alegría, la belleza de su rostro en esta última etapa de su vida, acabó de confirmarse en su persuasión. Se despidió de ella dejándola muy consolada.

En efecto, Clara se acercaba ya a la agonía. Ella había caminado siempre por la senda del amor y ha llegado a muy altas cumbres. Sufre mucho, se siente crucificada con el Amado de su corazón, con el que siempre ha querido identificarse. Las hermanas la rodean llorosas y muy desconsoladas, pues sienten que la separación de esta madre excepcional es inminente y ya comienzan a sufrir el dolor de su ausencia. La santa las consuela con preciosas palabras de cariño y consejo:

“Hijas mías amadísimas: Os bendigo en mi vida cuanto puedo y más aún de lo que puedo... pido a nuestro Padre celestial que os multiplique, que llenéis el mundo con vuestro amor seráfico y que permanezcáis sin cansancio en ese amor. Recordadme siempre, siendo vosotras enteramente fieles a Dios y tratando de vivir las hermanas en santa unidad y altísima pobreza, como lo habéis prometido. Os aseguro que nunca os abandonaré.”

Las hermanas lloran mucho, pues las parece que no van a saber vivir sin la maternal presencia y vigilancia de una tan querida madre y fundadora, a la que recurrían siempre con la mayor confianza. Ella era su apoyo y su consuelo en todo momento difícil.

Ahora no se apartan de su lecho para recoger todas sus palabras y hasta sus gestos más sencillos.

Parece que sólo sostiene su vida únicamente el deseo de ver confirmada con Bula papal, la Regla que ella había escrito. Deseo que ve cumplido, al firmar el Papa Inocencio lV la aprobación de su Regla, con la Bula Solet Annuere, en Asís el 9 de Agosto de 1253.

Clara la recibe y la besa con gran emoción y gratitud.

Han de pasar aún dos días hasta el desenlace final.


MUERTE PRECIOSA

Han pasado dos días desde que Inocencio lV aprobara y confirmara la Regla de Santa Clara.

También había llegado de Florencia su queridísima hermana Inés, que quería estar a su lado en esta hora suprema. Esta visita la dio gran alegría. Inés lloraba inconsolable y Clara le dijo con inmenso cariño:- No llores, hermana mía; Pronto se acabará ya mi

destierro; pero no te dejaré, pues el Señor tiene dispuesto que muy pronto estemos juntas por toda la eternidad.



- Qué consuelo tan grande es para mí esa revelación; -dijo Inés entre lágrimas- ¡Ah! Sin ti ya no sabría vivir en adelante.

Clara va perdiendo fuerzas. Ahora quiere escuchar el relato de la Pasión del Señor. Allí están llorosos y contristados Fray Rainaldo y Fray Ángel, compañeros de Francisco de la “primera hora”, que tienen a Clara como “la plantita tan querida del “Poverello” y espejo viviente de su Regla. Ven que se va de este mundo y no pueden menos de llorar su pérdida. No falta a su lado Fray León, “la ovejuela de Dios”, que, si no se separó de San Francisco, tampoco puede dejar a la plantita: besa el lecho entre lágrimas en que ella padece y va a morir.

Estando así en la agonía, de pronto se la ve que habla y se la oye decir:

“Parte en paz, parte segura, que tendrás buena escolta. Aquél que te creó... te santificó, e infundió en ti el Espíritu Santo; y luego te ha cuidado siempre como la madre a su hijo pequeño”.

Una hermana, llena de admiración le pregunta:

- Madre ¿con quien hablas? ¿A quien dices tales cosas?

- Hablo a mi alma bendita; afirmó la santa con sencillez.

Y esforzando el acento cuánto podía, añadió:

- Tú, Señor, bendito seas, porque me creaste.

Todavía resistirá algún tiempo en esta gravedad.

Verá al Rey de la gloria y a la Virgen Santísima con un séquito de vírgenes vestidas de blanco y adornadas con sendas coronas de oro; rodean su lecho y la recrean con su cariño y con su presencia celestial.

Quedó como dormida, sonriente y feliz de unirse para siempre en el cielo a su Divino Esposo Cristo-Jesús, al que tan ardientemente amó en este mundo. Era el día 11 de agosto de 1253.



Cantará eternamente las misericordias del Señor;

Cantará eternamente el “cántico nuevo” de las vírgenes en pos del Esposo;

¡Cantará eternamente con júbilo sin fin el cántico del Amor!

En la tierra, se cierne sobre el convento de San Damián, una nube de intensa nostalgia. El dolor de la separación de madre tan querida produce un río de lágrimas, pero a la vez un sentimiento de honda paz embarga el ánimo de cuantos presenciaron muerte tan feliz.

La noticia se propagó por la ciudad y acudieron las gentes al Convento. Todos la tenían por santa.

El Papa Inocencio lV acudió con sus cardenales para celebrar este dichoso tránsito. Él se disponía a celebrar el funeral con el oficio de vírgenes, si no es que algún cardenal escrupuloso le advirtió que no debía hacerlo antes de su canonización oficial.

Con esta fama tan grande de santidad el mismo Papa Inocencio lV, que tanto estimaba a Santa Clara, ordenó que se comenzara inmediatamente el proceso de canonización, aunque no llegó a canonizarla él, por haber muerto el 7 de diciembre de 1254

SUS ESCRITOS

Santa Clara fue una escritora fina y muy delicada . En el siglo Xlll eso de saber escribir y leer las mujeres era muy poco corriente. Pero Santa Clara, de origen noble y aristocrático, tenía una formación completa en todas las artes y enseñanzas de aquella lejana época.

Así fue la primera mujer, en la Historia de la Iglesia, que ha escrito su propia Regla, que tuvo la alegría de ver aprobada por el Papa Inocencio lV estando ella en el lecho de muerte, dos días antes de su tránsito al cielo.

Tiene además otros escritos de gran valor.

LA REGLA

La Regla la escribió Santa Clara al final de su vida, con gran experiencia de la vida religiosa según su propio ideal. Es una Regla muy humana, llena de comprensión y de respeto a la inspiración divina y a la iniciativa personal. El Papa Juan Pablo ll la elogió en el 750 aniversario de su aprobación con unas preciosas palabras:

“... No podemos dejar de destacar que a 750 años de la confirmación pontificia, la Regla de Santa Clara conserva intacta su fascinación espiritual y su riqueza teológica...” (Mensaje a las Clarisas)

Actualmente está dividida en doce capítulos de formulación sencilla pero densa en sus enseñanzas. Toda ella está llena de sabiduría y de amor.

EL TESTAMENTO

Nuestra Seráfica Madre Santa Clara nos ha dejado un conmovedor testamento espiritual lleno de preciosa doctrina y saludables consejos. Lo redactó en 1253, poco antes de morir.

Podríamos hacer un resumen de su contenido:

1º. Gratitud por la vocación que la tiene por uno de los más grandes beneficios recibidos: “¡Grande es nuestra vocación!”...

2º. La atribuye a la aparición en su vida de nuestro Seráfico Padre San Francisco, que ha sido para ella un Profeta, un Maestro e Ideal y un Padre

3º. Exhorta para que seamos fieles a la “Santísima Pobreza”, “a seguir siempre el camino de la santa sencillez, humildad y pobreza, y el decoro de la santa conversación...” y la mutua caridad.

En síntesis este testamento se contiene un llamamiento vehemente de Santa Clara, que nos exhorta a la fidelidad: “¡Sed fieles!”

1º. Fieles a la propia vocación contemplativa, estimando este gran don recibido de Dios.

2º. Fieles a la pobreza, interior y exterior, el gran carisma que ella sigue radical, al estilo de nuestro Seráfico Padre S. Francisco
3º. Fieles a la vida de unión fraterna: vivir unidas, permanecer unidas por el amor.

4º. Fieles hasta el fin, o sea, nos pide la perseverancia.

Este es como el último grito de nuestra Seráfica Madre, que nos quiere fieles a Jesús en todo y siempre.

Tenemos como ejemplo a la Virgen Santísima, siempre fiel: fiel en la búsqueda de Dios; en la acogida a su Palabra; en la coherencia de su vida y de su perseverancia hasta el fin.

La perseverancia es un regalo de Dios a las almas enamoradas. “Sólo puede llamarse FlDELlDAD, a la coherencia que dura a lo largo de toda la vida”.

LA BENDlClÓN

Santa Clara deja a sus hijas una bendición final que refleja el grandísimo interés que tiene de que permanezcan siempre en el amor de Dios y en la recíproca caridad. Y prosigue:

“...Os bendigo en mi vida y después de mi muerte, cuanto puedo y más aún de lo que puedo... con todas las bendiciones del Padre de las Misericordias… Amad siempre a Dios, amad vuestras almas y las de todas vuestras hermanas… El Señor esté siempre con vosotras y que vosotras estéis siempre con Él. Amén.”

LAS CARTAS

Se conservan 5 cartas de Santa Clara; 4 dirigidas a Santa Inés de Praga y 1 a Ermentrudis de Brujas. En todas ellas se manifiesta una mujer enamorada de Jesucristo, a quien desea unirse con el vínculo más perfecto del amor. Clara vive la experiencia de un desposorio místico con Cristo Jesús, y de este amor nupcial habla constantemente en sus cartas, sobre todo a Santa Inés. En ellas pondera la excelencia sobrenatural del Esposo.

En la 1ª CARTA, ante la posibilidad de que Inés se hubiera de desposar con el “ínclito emperador”, cuyas bodas desdeñó por amor a Jesucristo, a quien había consagrado su amor, Santa Clara se congratula vivamente con ella:

“... con enamorado corazón habéis preferido la santísima pobreza... uniéndoos con el Esposo de más noble linaje, el Señor Jesucristo... su poder es más fuerte, su generosidad más alta, su aspecto más hermoso, su amor más suave y todo su porte más apuesto y distinguido.”

Todo esto que indica en sus cartas lo vive Clara con toda intensidad en su vida de oración, de intimidad con Cristo Esposo.

En la 2ª CARTA le dice así a Inés: “Oh reina nobilísima: observa, considera, contempla con anhelo de imitarle, a tu Esposo, el más bello entre los hijos de los hombres hecho por tu salvación el más vil de los varones, despreciado, golpeado,... muriendo entre atroces angustias en la cruz.”

Vemos en este párrafo la espiritualidad de Santa Clara orientada al misterio de la Cruz. El Papa Juan Pablo ll ha escrito: “Clara es la amante apasionada del Crucificado pobre, con el que quiere identificarse absolutamente”.

En la 3ª CARTA aconseja: “Piensa en tu Señor con humildad y en pobreza, pues has hallado el tesoro escondido en el campo y en el corazón de los hombres”.

“Te considero cooperadora del mismo Dios, y sostenedora de los miembros vacilantes de su Cuerpo inefable”.

Esto es así por el ministerio de la oración para el que Santa Clara ha sido elegida. ¡Misión admirable y sublime de la oración contemplativa!

¡Sostener y edificar la Iglesia de Cristo! Poner en la presencia del Señor cada día los momentos felices o atormentados de su historia: sus luchas, sus tristezas, sus gozos, sus esperanzas…

Sigue aconsejando Santa Clara: “Fija tu mente en el Espejo de la eternidad; fija tu alma en el esplendor de la gloria; fija tu corazón en la figura de la divina sustancia y transfórmate toda entera en imagen de su divinidad. Así experimentarás también tú lo que experimentan los amigos al saborear la ‘dulzura escondida’ que Dios ha reservado desde el principio para sus amadores... Ama totalmente a quien totalmente se entregó por tu amor: a Aquél cuya hermosura admiran el sol y la luna.”

La 4ª CARTA, escrita al final de su vida (o sea hacia el año 1252), es expresión madura de su vida espiritual, que ha llegado a la cumbre de la perfección evangélica. Ella representa por escrito la práctica de la vida contemplativa franciscana.

Clara habla del “fuego de la caridad” que causa esta contemplación.

“El saludo o preámbulo es todo un poema de ternura, de delicadeza y de cariño hacia aquella a quien se dirige. La felicita nuevamente por haberse desposado como otra Inés con el ‘Cordero Inmaculado’” (Comentario del P. Helbert, ofm)

Continua Santa Clara: “Dichosa realmente tú pues eres esposa de Aquél cuya hermosura admiran sin cesar los bienaventurados ejércitos celestiales: cuyo amor aficiona; cuya contemplación nutre; cuya benignidad llena; cuya suavidad colma; cuyo recuerdo ilumina suavemente... cuya vista gloriosa hará felices a todos los ciudadanos de la Jerusalén celestial”.

Por último, Santa Clara invita en la más alta contemplación a considerar a Cristo mirándole como Espejo sin mancha: “Mira al comienzo la pobreza, pues es colocado en un pesebre y envuelto en pañales... el Rey de los ángeles, el Señor del cielo y de la tierra es reclinado en un pesebre...Mira y considera en el centro del Espejo la humildad... los múltiples trabajos y penalidades que soportó por la redención del género humano...” “Contempla en lo más alto del Espejo la inefable caridad”.

Este contemplar es un mirar entrañable, plenamente marcado por el Amor. Es un mirar con el corazón.

Y ella, por medio de esta contemplación de Cristo Crucificado, se siente profundamente impresionada e inflamada en el fuego del amor. Es su desposorio en el amor.

Y exclama ante “sus inexpresables delicias”, “forzada por la violencia del anhelo del corazón”: “¡Atráeme! ¡Correremos a tu zaga al olor de tus perfumes, oh Esposo Celestial!”

En esta síntesis de los escritos de Santa Clara, se refleja la espiritualidad contemplativa y esponsal de su autora.


EPÍLOGO
Santa Clara sigue brillando en la Iglesia como una estrella de inmensa magnitud. Su Orden es la más numerosa y extendida en el mundo.

Es patrona de la televisión; patrona de los navegantes y pasajeros en los mares tenebrosos; protectora en los peligros y asaltos injustos, pues ella libró su monasterio y su ciudad del cerco de las tropas sarracenas solamente con su oración y su fe en la Eucaristía, por cuyo hecho prodigioso es también patrona del Culto Eucarístico.

Tenemos así en Santa Clara el testimonio más elocuente de amor a Jesucristo Sacramentado, y una intercesora poderosa ante el Señor en todas las necesidades de la vida.

Los ideales de Santa Clara siguen vivos en sus hijas, que tratan de ser un reflejo, una continuación de todas aquellas cualidades que adornaron a esta gran mujer.

En nuestra oración constante queremos ser en efecto, una luz, una ayuda, una esperanza para todos los hombres. El amor seráfico de Santa Clara a Cristo vive aún en nuestra época en miles de corazones, como un amor nuevo, joven, ilusionado y lleno de vida. Es el amor que no pasa nunca, porque Cristo es inmortal, y en Él lo prolongaremos con Santa Clara todas sus seguidoras en una eternidad feliz.

Clara había estado breve tiempo con las benedictinas, pero no era aquella su vocación. Es verdad que Clara y sus primeras hermanas, vivían con gran alegría en la pobreza y humildad que habían abrazado; pero tenemos que reconocer que ella se vio precisada a afrontar algo desconocido y nuevo en la Iglesia. Seguir a San Francisco en femenino, no era tan fácil en aquella época, pues la mujer en clausura y en pobreza radical como lo exigía esta vocación, iba a tener muchos inconvenientes. Sin embargo, confiada en el Señor, que la había llamado, se lanzó con un valor nada común, a llevarlo a cabo con toda diligencia.

El Santo Evangelio había de ser la norma de su vida. Y seguir a Cristo pobre y crucificado, su ideal.

Mas este seguimiento tendrá una dimensión esponsal.

El Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, recordando este especial carisma de nuestra santa fundadora, nos decía a las clarisas en un importante mensaje:

“…Vosotras, queridas clarisas realizáis el seguimiento del Señor en una dimensión esponsal, renovando el misterio de la Virgen María, Esposa del Espíritu Santo- Mujer perfecta- …. Que la presencia en vuestros monasterios contemplativos sea también hoy “memoria del Corazón esponsal de la Iglesia…” (Agosto, 2003)

Santa Clara ha sido fascinada por Cristo y ¡Cristo es su Vida! Él está en el origen, en el desarrollo y en la meta de su espiritualidad. Atraída de este modo por Jesucristo (pobre y crucificado) ya no puede amar si no a Él y encuentra en su vida virginal una fuente de gozo inextinguible. Su amor divino colma todos sus anhelos.

El amor de Santa Clara es un amor contemplativo que la tiene en una tensión continua de oración, en una mirada silenciosa, admirativa, enamorada, hacia el rostro de Cristo en su Pasión, Crucificado, ¡su Esposo divino!

Así lo enseña y escribe ella a una de sus hijas, Santa Inés de Praga, princesa de Bohemia:

“Observa, considera, contempla, con deseo de imitarlo, ¡oh reina nobilísima!, a tu Esposo, el más bello entre los hijos de los hombres, hecho por tu salvación, el más vil de los varones, despreciado, golpeado, muriendo entre atroces angustias en la Cruz”.

“La sabiduría de la Cruz la elevó al vértice de la espiritualidad franciscana.”

Clara lleva la Pasión de Cristo en su corazón como lo prueba el siguiente suceso.

Una Semana Santa (1225), la conmemora en un éxtasis de amor y de unión a los sufrimientos de su divino Esposo Crucificado. El día de la Cena, hacia el anochecer se retiró en su celda, y puesta ya en oración, con angustiosa tristeza, quedó recostada en el lecho, permaneciendo de jueves a sábado, más de 24 horas abstraída e insensible, sin alimento alguno, con la mirada fija en la visión del Amado sufriente, crucificada con Él, siempre en la misma actitud.

Así la encontró la hermana, hija de su confianza, que alarmada, viendo su tardanza en despertar, la visitó repetidas veces, encontrándola siempre en la misma actitud.

“Llegada ya la noche del sábado, la devota hija enciende una candela, con una seña, no con palabras, trae a la memoria de la madre, el mandamiento del padre Francisco. Porque es de saber que le había mandado el santo que no dejara pasar un solo día sin comer algo. Estando, digo, aquella delante, Clara cual si volviese de otro mundo, profirió esta frase:

- ¿Qué necesidad hay de luz? ¿Es que no es de día?

- Madre –repuso la otra-, se fue la noche, y se pasó un día, y volvió otra noche.

Clara contestó:

- Bendito sea este sueño, hija carísima, porque lo que tanto he ansiado me ha sido concedido. Mas guárdate de contar a nadie este sueño mientras yo esté con vida”.

(Leyenda de Santa Clara, virgen)

Estando así como hemos visto, en la contemplación de los misterios de la Cruz, llegó a la más alta identificación con Cristo. Éste desposorio místico con Él, es lo que dio sentido pleno a toda su vida y pudo exclamar entonces, como la esposa del Cantar de los Cantares:

“…¡Atráeme!, correremos a tu zaga, al olor de tus perfumes, ¡oh Esposo celestial! Correré y no desfalleceré hasta que me introduzcas en la bodega, hasta que me abraces deliciosamente y me beses con el ósculo felicísimo de tu boca.”




















martes, 7 de agosto de 2012

Archivo Histórico San Francisco de Lima

El Archivo San Francisco de Lima, perteneciente a la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú, Este Archivo franciscano está considerado como el más importante de América, juntamente con el de México. Sus importantes fondos son prueba única de la treyectoria y evolución de la Orden Franciscana en tierras de América del Sur.
Los manuscritos que han perdurado a través del tiempo, nos dan referencias magníficas para recrear el pasado histórico no sólo de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú, sino que se constituyen evidencias culturales para la Historia de nuestro país.
Estos documentos se encuentra actualmente organizados en nueve Secciones, respetando los grupos de origen que responden a la modalidad de la administración franciscana, posteriormente se espera poder entregar el Catálogo que se viene trabajando actualmene, con que obtendremos una información más detallada.
Se agradece a las instituciones que posibilitaron en diferentes mometos (1987-1989) el trabajo archivístico necesario en el Archivo San Francisco de Lima: la Organización de Estados Americanos (OEA); las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia, la Tecnología y la Cultura (UNESCO); al Programa de Apoyo al Desarrollo de Archivos Iberoamericanos (Programa ADAI) de Cooperación Iberoamericana y la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú.

RESEÑA HISTÓRICA
En 1553, se fundó la Provincia Franciscana de los Doce Apóstoles del Perú y su jurisdicción abarcaba el Hemisferio Sur, además de las Custodias de Panamá y la de Tucumán.
En 1565 en el Capítulo General de Valladolid, quedaron convertidas en provincias independientes las que fueron Custodias en América. Ellas fueron: La Custodia de San Pablo de Quito en Provincia de San Francisco, la Custodia del Nuevo Reino de Granada pasaba a ser la Provincia de Santa Fe en Colombia; la de la Santísima Trinidad en Chile quedaba como Provincia con el mismo nombre; la Región del Alto Perú tomaría el nombre de San Antonio de Charcas, esta Provincia tuvo este rango en forma permanente a partir de 1607. Anteriormente la sede central de esta región estuvo en el Cusco, aunque su jurisdicción comprendía la zona sur del Perú y lo que hoy es Bolivia.
En esta época, la organización franciscana en América dependía de la Corona y  del General de los Franciscanos en primera instancia, pero a medida que desarrollaron sus actividades y se expandían las zonas evangelizadas también aumentaron el número de religiosos, por ello se nombró un Comisario General para el Perú  y en 1559 se reconoció en forma definitiva a los comisarios Americanos, uno para las Provincia de México y otro para la Provincia del Perú. Estos cargos eran dados por el Ministro General y permanecieron hasta 1769, ambas autoridades residían en México y Lima, respectivamente. Pero también se tenía como autoridad al Comisario General de Indias con residencia en Madrid, el que era nombrado por el Rey y el Ministro General. El cargo de Ministro General de Indias, empezó en 1572 a pedido de Felipe II y su principal responsabilidad era la coordinación del envío de religiosos a la América Española.
Los datos precedentes son de importancia, para tener una idea de la organización administrativa que se instituyó en esos momentos para la realización de los objetivos evangelizadores de la Orden Franciscana en esta parte de América. Es de suponer que debido a las actividades de los franciscanos, así como en otras órdenes religiosas, se estableció una comunicación escrita generando la emisión y recepción de documentos de diferente tipo.
Al paso del tiempo, la Orden Franciscana en el Perú se instaló y fundó conventos. Los primeros en el Perú fueron los de Cusco, Arequipa, Trujillo, Lima y Chachapoyas (1548). Con la fundación de la Provincia Franciscana de los Doce Apóstoles se propició una forma de administración y organización que dio lugar a una mejor atención de los problemas dada la cercanía de las autoridades franciscanas, lo cual también dio lugar a la formación del Archivo de la Provincia.
Se señala que debía existir un Archivo en los años siguientes de organizada la Provincia Franciscana de los Doce Apóstoles del Perú. La documentación que comprueba este hecho está en la patentes con directivas específicas para que se organice el archivo Provincial, así tenemos que: “Las Constituciones de la Provincia de los Doce Apóstoles de Lima, emitidas en Jauja en 1580, a raíz del Capítulo Provincial, nos permiten constatar la preocupación porque exista un Archivo. Se dice en uno de los numerales: “En la casa de Lima este el Archivo de todas las escripturas tocantes a la Provincia así bulas como de otros negocios o provisiones concedidas para provecho della y delos naturales…” (A.S.F.L. Reg. 36, No2, f.24v.)
En 1595 se ratificaron las Constituciones y en el Capítulo Provincial de 1601 se ampliaron respecto a su seguridad “Y por quanto la guarda y conservación de las escripturas importan mucho para los tiempos advenideros, se ordena que en este convento de N.P.S. Francisco de Jesús  de Lima aya un Archivo bien acondicionado con dos llaves una de las quales tenga el P. Guardian y otra el P. Procurador de Corte  en el qual se guarden las escripturas de la provincia assi bulas y Breves Apostólicas como Provisiones y Cedulas Reales, tablas y Constituciones de Capítulos generales y Provinciales y de todas se haga un registro firmado de los O.O. Guardian y Procurador de Corte sellado con el sello del convento el cual trayga consigo el P. Provincial entre los demás papeles de su officio y cuando le acabare le entregue a su sucesor juntamente con las escripturas enterándole en todas ellas para que se conserven…” (A.S.F.L., Reg.4, No 4, No, f.433 r.)
En los Capítulos Provinciales se continúa considerando como algo importante la organización del Archivo de la Provincia, sin embargo, en 1620 Fr. Diego de Córdova y Salinas como Notario Apostólico, no halló la documentación necesaria para escribir acerca de la vida de religiosos muertos en opinión de Santidad. Deducimos que las recomendaciones y directivas dadas por el Superior, no garantizan que sean debidamente cumplidas, por ello ante esta falta el P. Fr. Francisco de Herrera, Comisario General del Perú, encargó al P. Fr. Diego de Córdova, que obtuviera la declaración jurada de los religiosos mas antiguos que vivían en 1620, estas declaraciones le servirían al P. Córdova en 1641 para escribir su Crómica de la Provincia y son también estos documentos los que se conservaron en el Archivo de la Provincia.
En 1642 el P. Fr. Joseph Maldonado, Comisario General de Indias, emitió una Patente en la cual se evidencia la preocupación y deseo de recuperar documentos importantes para la Provincia especialmente la documentación de Lima: “Y para mejor cumplimiento desta nuestra patente mandamos a todos nuestros padres y religiosos assi súbditos como  prelados sujetos a nuestra jurisdicción por santa obediencia en virtud del Espíritu Santo so pena de excomunion mayor Lata setentiae que dentro de quatro días que tuvieren noticia desta nuestra patente si se hallaren con algún libro quaderno declaracion parecer patente apuntamiento Bulla o cedula de su Magestad Chatolica… u otro cualquiera impresso o manuscripto simple o autentico que pertenesca al dicho archivo, lo buelban y restituyan por si o por tercera persona asi supieren  o entendieren quien le tenga lo amonesten en el Señor  que assi lo haga por ser cosa grave y tocante a toda una Provincia. Yassi mismo ordenamos que en el dicho archivo se ponga tres llaves distintas una tendrá el P. Provincial otra el P. Guardian de Lima y otra el P. Procurador de Corte y cuando el P. Provincial saliere ala Visita la dejara al P. de Provincia más antiguo que se hallare en los dichos Conventos.m (A.S.F.L., Reg.4, No 4, f.43 lr.)
Por la Patente del P. Maldonado podemos observar que existía el interés de salvaguardar la documentación de la Provincia Franciscana, por lo cual también se especifica que debe haber un libro destinado a registrar la documentación que se guarde en el archivo. “Y mando al P. Procurador de Corte tenga hecho un libro nuevo enque se hacienten todos los papeles del dicho archivo en partes diferentes en una la primera las escripturas de fundación deste convento citio y donaciones hecho a el. En la segunda las bullas de su santidad y su breve assi passadas como no passadas por el concejo de Indias. En el tercero las cedulas y provisiones Reales que se han dado en favor de las doctrinas o de otra cualquiera manera quesea. En la quarta parte las patentes de los Reverendisimos quean embiado aeste reyno. En la quinta parte se ponga las patentes de los prelados y superiores que an venido aca y entre las que ande ponerse de los Reverendisimos se ponga esta que embio…” (A.S.F.L., Lib. No 59, f. 16 r.)
En 1654, el P. Fr. Gonzalo Herrera en su decreto relacionado al archivo, manifiesta una actitud más drástica en cuanto a la devolución de los documentos faltantes, el P. Herrera se dirige a toda la Provincia en calidad de Ministro Provincial, haciendo notar el perjuicio de no contar con la escrituras tan necesarias para sus gestiones a favor de la Provincia, sobre todo cuando se trata de reclamar los derechos o privilegios obtenido, e insiste en hacer nuevos inventarios y recoger todos los papeles que faltan en el archivo en un plazo de 24 horas. (A.S.F.L., Libro. No 33 / A.G., f)
De esta manera, los superiores de la Orden franciscana, para América y específicamente para el Perú, se preocuparon por dar las directivas necesarias para organizar el Archivo de la Provincia y mantenerlo con sus papeles y libros en buenas condiciones, porque consideraban que la documentación eran de suma importancia para la administración de la Provincia así como de cada casa franciscana o Convento, Podemos deducir que por estos años el archivo de San Francisco de Lima incrementó sus fondos, porque en otra Patente dada por el P. Fr. Gonzalo tenorio en 1651, ordenada por los P.P. Guardianes, Presidentes o Vicarios de los Conventos de la Provincia, debían remitir los documentos originales al Convento de Jesús de Lima, quedándose ellos con una copia. 
En el devenir del tiempo se persiste en recomendar el cuidado de la documentación de cada convento y que exista igual documentación en el archivo de la Provincia, “Que no solo se reconoscan todas las escrituras mas tambien despues de integrar todas las que faltaren para ponerse en el archivo particular de cada convento, se saque un traslado y tanto authorisado  de todas para que se guarden en el archivo de la Provincia para que en cualquier caso de incendio inundación o rovo aya recurso y fácilmente se recuperen”, Capítulo Provincial del 1743. 
Durante el siglo XVIII, el Archivo permaneció, bajo el cuidado del P. Procurador de Corte, en cumplimiento de lo ordenado en las Constituciones de la Provincia. En 1777, el P. Fr. Fernando Rodríguez Tena, Lector Jubilado, Doctor Theologo en la Universidad Mayor de San Marcos, Ex Custodio y Regente del Colegio San Buenaventura de Guadalupe, la organización de los documentos de la Provincia.
El P. Rodríguez Tena, organizo el Archivo formando gruesos volúmenes con los documentos que en origen estuvieron sueltos. La encuadernación de éstos “Registros”, - así se denominó a los volúmenes- fue realizada en piel de cordero, tratada de tal manera que tienen una apariencia de pergamino. En el lomo se anotó el tema de los manuscritos y también se colocó un número de orden, hoy estos libros, se constituyen en la información más antigua que conserva el Archivo y conforman la Primera Sección. 
Suponemos que se adoptó esta manera de encuadernar los documentos, para evitar que los manuscritos en su forma original pudieran perderse, por ello los siguientes Ministros Provinciales, continuaron el mismo ejemplo. Al paso del tiempo, el fondo documental franciscano fue incrementándose, en tanto que sus actividades misioneras se expandían. Otro motivo por el cual se generó documentación fue la propia administración interna de los conventos y de los religiosos y también debido a las transacciones en el campo económico por el que se contrajo ciertos compromisos y se estableció relaciones con instituciones y personas.
A modo general podemos ver que hubo preocupación por la existencia del Archivo, en mayor medida cuando se trató de Superiores con sentido estricto no sólo de cumplimiento de las Constituciones Generales y de la Provincia, sino porque tuvieron un claro concepto de lo que significaba el Archivo para la Historia de los Franciscanos.
Contemporáneamente podemos constatar la preocupación por conservar la documentación del Archivo, en la gestión del P. Fr. Jorge Bustamante en 1948. El P. Bustamante, al igual que otros Superiores que le antecedieron hizo encuadernar la documentación, dando lugar a la existencia de libros que hoy agrupamos en la Tercera Sección del Archivo.
Pero además, este Ministro Provincial se informó acerca del estado de los Archivos y Bibliotecas de los diferentes conventos franciscanos, a través de una encuesta por la cual sabemos que el Archivo tenía su ubicación en la celda del P. Provincial por lo tanto estaba bajo su vigilancia y no permitía que saquen fuera los libros, pero si daba facilidad de consulta a los religiosos de la casa. Nos da a saber también que hay faltantes en el Archivo, que algunos libros se encuentran en la Biblioteca Nacional, y otros al parecer fueron sustraídos en tiempos anteriores. Los libros que se conservan, según este informe, básicamente tratan sobre el Gobierno de la Provincia, existen Bulas, Cédulas Reales, Vidas de Siervos de Dios, Escritos sobre Bienes de los Conventos, etc. (10ACTA ORDINIS, FratrLXV1, 1947, p. 178.)
La labor resaltable del P. Bustamante es en relación a las solicitudes insistentes que hizo al Ministerio de Relaciones Exteriores, para pedir la devolución de los libros y documentos faltantes de los Archivos y Bibliotecas de los Conventos de Lima y del Cusco.
El interés del P. Bustamante obedeció a la recomendación que hizo el P. Ministro General Fr. Pacífico Perantoni O.F.M., en su Carta Encíclica de 1947 acerca de la Reorganización de Archivos y Bibliotecas Conventuales. 
Los libros solicitados a las Relaciones Exteriores no se han devuelto hasta hoy, salvo la fotocopia de uno de los libros de la Crónica Inédita del P. Fr. Fernando Rodríguez Tena, lo cual es un logro significativo para la información que ofrece este Archivo franciscano, pero aún continúan dispersos los otros libros que componen la Crónica del P. Rodríguez Tena: en el Convento de Ocopa, en el Convento de los Descalzos, en la Biblioteca Nacional, debemos agregar que en esta última se encuentran además los Registros de la Primera Sección del Archivo (Reg.35 y 38), así como la Crónica de la Provincia de San Antonio de los Charcas. Lo que sí obtuvo el P. Bustamante en 1948, fue la copia mecanografiada de un índice del Archivo fechado en 1875.
La ausencia de algunos documentos del Archivo y libros de la Biblioteca, está relacionada a las circunstancias políticas del país tales como los conflictos de la Guerra con Chile y los problemas del carácter limítrofe de 1904 entre Perú y Bolivia. Es de suponer que también hubo pérdidas por exceso de confianza de los  Padres y por la falta de medidas de seguridad que no se tomaron en esos momentos. Entre los libros importantes que no se hallan en el Archivo, están los Libros de Fábrica, también algunos sobre Misiones y los Registros de Defunciones. En el caso de los Libros de Fábrica es de lamentar que no existan, ya que a través de ellos tendríamos mayor información en cuanto a la construcción y reconstrucción de las edificaciones de la Provincia Franciscana, tan importantes, cuando se trata de la Conservación y Restauración de los mismos.

ACCIONES DE ORGANIZACIÓN REALIZADAS EN EL ARCHIVO
Se sabe que el Índice más antiguo es el que elaboró P. Fr. Fernando Rodríguez Tena, quien hiciera la primera organización de los documentos franciscanos en 1777, pero no existe como tal. Sin embargo el Índice que se confeccionó en 1875 se hizo en base a los Índices por el P. Fr. Rodríguez Tena elaboró para cada “Registro”. 
Por mucho tiempo se tuvo en uso la copia mecanografiada (1948) del Índice de 1875, la cual a pesar d que sólo registra los documentos de la Primera y Segunda Sección del Archivo fue un Instrumento de buena referencia para los usuarios.
En 1973 se realizó un inventario del Archivo, a cargo del personal del Archivo General de la Nación, por el Convenio entre la Dirección Técnica de Conservación del Patrimonio Monumental y Cultural del Instituto Nacional de Cultura y la Provincia Franciscana de los Doce Apóstoles del Perú,  en dicho Inventario también se tomo en cuenta solamente los libros de la Primera y Segunda Sección y se publicó a mimeógrafo.
Desde 1975 contamos con un índice en fichas que mejora la información acerca de los documentos encuadernados en los Registros. También tenemos reunidos los Índices de los libros de la Tercera Sección, que fueron realizados por el Mons. Federico Richter, durante sus periodos de Ministro Provincial.
En 1983, se dio inicio a la Reorganización del Archivo, con la intención de dar a esta valiosa fuente documental, el orden necesario para ponerla al servicio de quienes requieran de ella, en forma amplia y eficiente. 
El proyecto se emprendió contando con la comprensión y el apoyo del Ministro Provincial Fr. José Lobatón Heredia O.F.M., quien posteriormente gestionó ante la O.E.A. y la UNESCO el apoyo económico para que prosiguiera el trabajo iniciado en 1983. Gracias a esta ayuda entre 1987 a 1989 se avanzó con las primeras etapas previstas en la organización de todo archivo, (clasificación, selección, etc., incluyendo la elaboración del Índice antiguo en fichas). Este trabajo se prolongó  en los años siguientes en menor medida, pero se mantuvo el acceso a la consulta de los fondos del Archivo. 
A partir del año 2000 y con el objetivo de lograr su total organización, se creó la Base de datos referencial,  para atender el estado de conservación de los manuscritos y propiciar la difusión de los mismos. En ese sentido entre Agosto del 2001 y 2002  nuestro Archivo tuvo un avance significativo con la realización del Proyecto “Organización y Recuperación del Archivo de San Francisco de Lima”.
A partir del año 2003 se ha realizado el índice descriptivo general del Archivo San Francisco de Lima se realizó una labor de implementación de anaqueles y cajas especiales diseñadas para contener los documentos y libros, de acuerdo a nomenclatura de la Base de datos referencial.
Entre Agosto 2001-agosto 2002, gracias a la puesta en marcha del Proyecto de Organización y Recuperación del Archivo de San  Francisco de Lima , auspiciado por Cooperación Iberoamericana en su Programa de Apoyo al Desarrollo de Archivos Iberoamericanos ( PROGRAMA ADAI).
- Renovación e implementación del mobiliario de archivo, puerta de acceso al archivo propiamente dicho, nuevos anaqueles de madera y de metal. reordenamiento del fondo documental del Archivo.
- Se reubicaron varios libros de la Biblioteca en la biblioteca auxiliar del Archivo.
- En cuanto a la organización del archivo, se realizó la descripción documental de los registros correspondientes a la primera sección a través de formatos especialmente diseñados para este fin. Se contó con la participación de historiadores que de manera conjunta realizaron con gran responsabilidad la descripción documental. 
- En cuanto a la conservación y restauración del fondo documental del archivo, historiadores y restauradores unieron esfuerzos bajo la dirección de la Srta. Ana María Vega. Se restauró al menos de manera superficial documentos correspondientes a los registros N° 6, N° 27 (bulas y Breves Apostólicos), entre otros.
- Publicación de la Guía del Archivo.
  
En el año 2007, el padre Abel Pacheco Sánchez asumió la dirección del Archivo San Francisco de Lima, en momentos en que la Sra. Ana María Vega, por enfermedad, paso a descanso. El padre Abel retomó el proyecto que se había pedido a la Universidad de Harvard, el cual inició  en 2008. El proyecto denominado DESCRIPCIÓN DOCUMENTAL, trata sobre la: 
- DESCRIPCION DOCUMENTAL de cinco de las nueve secciones, a saber segunda, cuarta, octava y novena sección. 
- Se ha organizado la documentación y se ha conservado el fondo documental en cajas archiveras, salvo las secciones VI  y  VII.
- Se ha establecido un sistema de catalogación virtual, que permite encontrar los archivos con mayor rapidez. Se tiene un inventario por cajas archiveras y otro por documento y sección correspondiente. Para un mejor servicio esta información se compilado en una colección de Catálogos que informan sobre la ubicación y contenido del Fondo Documental del Archivo. Esta colección está organizada en 14 volúmenes, de los cuales 10 volúmenes describen el fondo del archivo y los 4 últimos describen el fondo documental de la biblioteca y está dispuesta tanto en estos catálogos en físico como en archivo Excel.
A partir del año 2008 se han ido creando bibliotecas especializadas según la necesidad y se tiene 
- La divulgación y el uso de la Guía del Archivo San Francisco de Lima, como elemento de apoyo a los  investigadores que nos visitan.
- Se ha organizado la documentación y se ha conservado el fondo documental en cajas archiveras, salvo las secciones VI  y  VII.
- El sistema de catalogación permite encontrar los archivos con mayor rapidez. Se tiene un inventario por cajas archiveras y otro por documento y sección correspondiente.
- Se ha creado como apoyo al Archivo, las bibliotecas auxiliares B, C y D.
- Se ha establecido una relación más personal con el investigador  a quien se le invita a conocer la realidad de nuestra oficina y de manera voluntaria nos informan acerca de las dificultades que tienen para acceder a nuestro archivo.
- Se ha concluido la obra ESQUEMATISMO, publicación que recopila datos históricos y actividades informa sobre la actividad de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú, desde la llegada de los franciscanos 
- Se ha continuado la edición del Boletín del Archivo san Francisco de Lima, se está elaborando ya el Boletín N° 37. Presento la lista de boletines:

FONDOS DOCUMENTALES
Tanto el Archivo como la Biblioteca del Convento de San Francisco de Lima cuentan con un considerable número de documentos invalorables, de libros incunables y joyas bibliográficas que incluyen ediciones en griego, latín, francés, también diccionarios en varios idiomas; resaltan los mapas desde el siglo XIV hasta nuestros días. La mapoteca es de valor relevante, lo mismo que las partituras musicales y colecciones de filosofía, teología, historia de la Iglesia, además de documentos y actas reales de la época del Virreinato del Perú.
El Archivo de San Francisco de Lima está organizado en Nueve Secciones, las cuales se han agrupado respetando la organización del Siglo XVIII.
 1era. SECCIÓN     
Libros Registros del Nº 48, del Siglo XVI al Siglo XIX
Libros de Novicios del Nº 1 al Nº6, del Siglo XVI al Siglo XIX
2da. SECCIÓN
Libros del Nº 1 al Nº 65, del Siglo XVII al Siglo XX
3era. SECCIÓN 
Libros con Documentos del Siglo XVII al Siglo XX
4ta. SECCIÓN
Libros de Administración del Convento de San Francisco de Lima, del Siglo XVII al Siglo XX
5ta. SECCIÓN
Registros de Misas, del Siglo XIX al Siglo XX
6ta. SECCIÓN
Partituras Musicales, del Siglo XVIII al Siglo XX
7ma. SECCIÓN
Material Grafico, del Siglo XX
8va. SECCIÓN
Libros Inéditos, del Siglo XVII al Siglo XX
9vna. SECCIÓN
Documentos Sueltos
 10ma SECCIÓN
Documentos de la Curia Pro