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domingo, 23 de junio de 2013

Saludos de la Ministra Nacional OFS por los 35 años de la Regla de la Orden Franciscana Seglar





 Orden Franciscana Seglar del Perú

La Fe, es pues, la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve” Hb.11,1


Ana María Raffo Laos MInistra Nacional OFS

Ica, junio23 del 2013.

 ¡Amados hermanos y amigos, paz y bien!

Los saludo con especial alegría y con gratitud a nuestro  amado Padre Celestial creador y dador de vida, el Dios que jamás ha dejado, deja o dejará a su pueblo, Padre conrostro y corazón de Madre, a Él, agradezcamos aquel gran regalo que a través de S.S. Pablo VI P.P., Franciscano Seglar, nos ha dado, nuestra preciosa Regla (Forma de Vida) fruto de grandes esfuerzos y sacrificios, llena de amor que resalta la esencia  que movió a nuestro Seráfico Padre San Francisco en la construcción de la Familia Universal; Nuestra Regla es una joya que merece toda nuestra atención, cuidado y sobre todo entrega, los exhorto a vivirla en todo momento con especial dedicación.
En esta fecha tan importante como lo es el 24 de junio, en que celebramos los 35 años de la aprobación de nuestra Regla actual, quiero invitarlos a hacer un alto en sus rutinas cotidianas y a ofrecer nuestras oraciones en señal de gratitud al Altísimo, por tal regalo, por el don de la fraternidad, por el Papa, por todos los pastores y guías de la Iglesia esparcidos por el mundo entero, por los Franciscanos Seglares, por quienes viven según  nuestra preciosa Regla, y en especial por nuestra hermana Encarnación del Pozo, por nuestro hermano Benedetto Lino, por nuestra hermana EnmanuelaD´Nunzio (que goza de la presencia de Dios), por los hermanos que contribuyeron y apoyaron en el proceso de aprobación, y por todos los hermanos Franciscanos Seglares que con su entrega diaria mantienen vivo nuestro Carisma único y de gran importancia en la construcción de un mundo más fraterno y evangélico.
En la gracia y amor de Dios, con Francisco, Clara, Santa Isabel, San Luis Rey de Francia, y Beatos Luchesio y Bona Donna, les deseo un especial y alegre día de nuestra Forma de Vida… La Regla…
¡El Señor nos conceda la gracia de servirle cada día con mayor humildad y fidelidad!
Fraternamente,

Ana María Raffo Laos OFS
Ministra Nacional OFS Perú


jueves, 13 de junio de 2013

LOS PANECILLOS DE SAN ANTONIO


La historia del pan de san Antonio se remonta al sigiuiente hecho:
Se cuenta que San Antonio se conmovía tanto con la pobreza que, una vez, distribuyó a los pobres todo el pan del convento en que vivía. El fray panadero se dio cuenta de que no tenían que comer y fue a acontarle al santo lo sucedido. ¨¨este lo envió de nuevo a verificar  donde los había dejado. Las cestas se desbordaban de pan, tanto, que fueron distribuidos a los frailes y a los pobres del convento.

Es tradición popular que en el día de la fiesta de San Antonio, se bendigan los panecillos colocados en canastillas sobre el altar. Las gentes acuden devotamente a recibir este pan, lo cual se suele hacer después de la Misa. Llenando de bendición de San Antonio, la mesa de los devotos en su día. En el Convento San Francisco de Lima se entrega los panes a los fieles luego de la misa y antes de la procesión. A las 12 del medidodia se ofrece el tradicional almuerzo a los ancianos que se congregan en el Comedor San Francisco de Asís, además reciben gratis prendas de vestir en el Ropero San Antonio.


Antonio de Padua






San Antonio de Padua, también venerado como San Antonio de Lisboa, fue un fraile, predicador y teólogo portugués. Nació en Lisboa, el 15 de agosto de 1195 con el nombre de Fernando Martim de Bulhões e Taveira Azevedo, en el seno de una familia de la aristocracia descendiente del cruzado Godofredo de Bouillón.

A Los quince años entró al colegio de Los canónigos regulares de San Agustín en Coímbra, y en sólo nueve meses profundizó el estudio de la Sagrada Escritura. A la cultura teológica añadió la filosófica y la científica, muy viva por la influencia de la filosofía árabe.

En 1220 se convirtió en fraile franciscano, el cambio se debió al deseo de obtener el martirio (ideal irrealizable siendo monje agustino). Fernando conoció y asistió a misioneros franciscanos que visitaron el convento cuando visitaron la península antes de llegar a Marruecos en 1216. Cinco de estos misioneros franciscanos habían sido martirizados en Marruecos, Fernando vio los cuerpos, que habían sido llevados a Portugal en 1220, y resolvió seguir sus huellas: entró al convento de los frailes mendicantes de Coimbra, con el nombre de Antonio Olivares.

Viajó a Marruecos para propagar la fe, pero no pudo estar sino pocos días a causa de su hidropesía, de regresó una tempestad empujó la embarcación hacia Las costas sicilianas. Estuvo algunos meses en Mesina, en el convento franciscano, y en 1221, el superior de este convento lo llevó a Asís para el Capitulo general. Aquí Antonio conoció a San Francisco de Asís.

Lo mandaron a la provincia franciscana de Romaña en donde llevó vida de ermitaño en un convento cerca de Forli. Lo nombraron para el humilde oficio de cocinero. Probablemente en septiembre (otros sitúan el hecho en Coimbra, en 1220) fue ordenado de sacerdote en Forlí, descubriendo también en esta coyuntura su verdadera y relevante personalidad al verse obligado a dirigir la palabra a los franciscanos y dominicos reunidos en un ágape fraterno.

Pronto se divulgó la noticia de la calidad de su sermón que logró la conversión de muchos herejes, consecuencia de su santidad personal, sus dotes de persuasión y a su profunda preparación intelectual, especialmente escriturística.

A consecuencia de su preparación intelectual y de su fervor, el mismo S. Francisco lo designó en 1223 como primer lector o profesor de Teología en la Orden, trasladándose para ello a Bolonia. El profesorado fue breve. En otoño de 1224 fijaba su residencia en Montpellier, respondiendo con ello al papa Honorio III que deseaba se trasladasen a Francia los más fervorosos y cultos predicadores para atajar el alarmante desarrollo de la herejía valdense. En Montpellier alternó la predicación y las conferencias públicas con el profesorado de Teología, recorriendo posteriormente todo el sur y el centro de Francia con el mismo espíritu y los mismos abundantes frutos espirituales recogidos anteriormente en Italia.

Su capacidad de prédica era proverbial, a punto de ser llamado «Arca del Testamento» por Gregorio IX. Sus mensajes desafiaban los vicios sociales de su tiempo, en forma especial la avaricia y la práctica de la usura. Según los escritos de la época, sus últimas predicaciones realizadas en la Cuaresma de 1231 tuvieron un éxito popular notable. Aquejado por continuas enfermedades, perseveraba en la enseñanza y en la escucha de confesiones hasta la puesta del sol, a menudo en ayunas. La multitud de gente que acudía desde las ciudades y pueblos a escuchar las predicaciones diarias lo obligó a abandonar las iglesias como recintos de prédica para hacerlo al aire libre.

Después de la Pascua de 1231, Antonio se retiró a la localidad de Camposampiero, pero decidió retornar a Padua poco después. Ya en las proximidades de Padua, se detuvo en el convento de Arcella donde murió prematuramente cuando todavía no alcanzaba la edad de treinta y seis años. La celebración de las multitudinarias exequias y la multiplicidad de milagros en su tumba que se le atribuyeron promovieron su rápida canonización bajo el pontificado de Gregorio IX en mayo de 1232.

Pío XII, proclamó a San Antonio de Padua «Doctor de la Iglesia», bajo el título de «Doctor evangélico» mediante la bula “Exulta, Lusitania felix” del 16 de enero de 1946.