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jueves, 27 de marzo de 2014

Cómo barrer el tedio y el vacío interior

El autoconocimiento tiene muchas ventajas para el alma que tiene conciencia de Dios. ¿Qué es el autoconocimiento? es el conocimiento de uno mismo, es reconocerse con defectos y virtudes. El autoconocimiento barre con el tedio, los cuales nos seguirán subyugando hasta que dejando de engañarnos a nosotros mismos, pongamos en las manos de Dios nuestras vidas, nuestros pecados y nos dejemos perdonar por él.
A través del descubrimiento del verdadero yo o sí mismo, ya no necesitamos recurrir a la búsqueda de satisfacciones personales, El tedio que venía de la falta de sentido, desaparece. Cuando empezamos a encontrar el sentido de nuestra vida, cesamos de construir defensas, nos volvemos menos susceptibles y tenemos al otro más en cuenta. Ahora que ya no tiene que ocultar su yo vergonzoso ante los demás, la verdadera personalidad pronto se transforma en apóstol del amor al prójimo. Tan pronto como advertimos nuestras fallas nos volvemos de inmediato sensibles a las necesidades y pérdidas de los demás y las sentimos como propias. Ya no hay necesidad de excusarse por lo que somos, cesan los esfuerzos por engañar a los demás con el fin de que piensen que somos mejores de lo que somos en realidad. El autoconocimiento desata los nudos de nuestra naturaleza, permite la expansión de adentro hacia fuera. 
Por demasiado tiempo, el ego había llenado el alma de odios, celos y envidias, como si tirara viejos papeles de envolver al sótano, creando así un riesgo de incendio que pone en peligro la casa de abajo. Más los pecados reprimidos no son como los harapos, papeles y botellas que arrojamos en el sótano; son cosas vivientes que se arrastran y salen a la superficie en las noches de insomnio. Tratamos de olvidarlos pero están siempre allí. No habrá paz para nosotros hasta que nos admitamos en nuestra conciencia y veamos como un pecado esta ligado a otro, y cómo, en el fondo de ellos se encuentra nuestra obstinación. Ahora admitimos que el YO se había instalado como un dios, desterrando al Dios verdadero. Luego que el autoconocimiento ha tenido lugar en lo que llamamos examen de conciencia, el alma esta lista para la confesión. Aquí reúne el hato de pecados y defectos y arroja la suciedad de su vida al fuego del Calvario para que sea quemado y purgado. Las personas que han comprendido la diferencia entre el ego y el yo, y han llegado, finalmente a repudiar sus pecados, poseyéndolos, al vaciarse, se han llenado. La única parte que se muestra al mundo es la más baja, como símbolo de ausencia de orgullo que este acto requiere. Toda persona que ha cumplido con su autoconocimiento antes de entrar en el confesionario ha dicho: "puedo engañar a los demás, pero qué tonto seré si me engaño a mi mismo. Y que tonto si imagino que puedo engañar a mi Dios".
Fuente: Del libro Eleva tu corazón - Mons. Fulton Sheen.