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martes, 15 de abril de 2014

La Iglesia canoniza a los dos grandes papas del siglo XX

Es la primera vez en la historia que en presencia de dos papas (Francisco y Benedicto XVI) son canonizados a otros dos papas (Juan XXIII y Juan Pablo II)

Dos gigantes de la historia de la segunda mitad del Siglo XX van a ser proclamados santos por el Papa Francisco el domingo 27 de abril próximo, festividad de la Divina Misericordia, instituida por Juan Pablo II tras enfrentarse al parecer de liturgistas y teólogos. Es precisamente la Misericordia Divina uno de los pilares en que se asienta la catequesis del Papa Francisco. Es la primera vez en la historia que en presencia de dos papas (Francisco y Benedicto XVI) son canonizados a otros dos papas (Juan XXIII y Juan Pablo II).
Juan XXIII, el “Papa bueno”, como era conocido, fue un hijo de familia campesina, una familia con 14 hijos. Ángelo Roncalli, el cuarto, fue al seminario y tras varios cargos en su diócesis fue representante de la Santa Sede durante la segunda Guerra Mundial en Bulgaria, Turquía y Grecia y posteriormente Nuncio en París, donde acreditó su talante dialogante, comprensivo, de bondad no natural sino acrisolada por su fe y por la práctica de las virtudes cristianas. Fue un servidor de la paz en las dos guerras mundiales que le tocó vivir, y sufrir, como después le tocó sufrir la persecución del comunismo de Stalin y también los restos del nazismo francés (1944). También conoció las relaciones con otras religiones, como los ortodoxos y el Islam, así como el protestantismo y el ateísmo.
La obra fundamental de Juan XXIII fue el anuncio, convocatoria y celebración del Concilio Ecuménico Vaticano II, cuando tenía 78 años. Fue este concilio el que acercó más la fe católica y la vida cristiana al pueblo a las otras religiones cristianas y no cristianas, con la reforma litúrgica, el reconocimiento de la libertad religiosa, el reconocimiento de la vocación universal a la santidad de todos los fieles, y los dos grandes documentos: la Constitución Dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, y la Constitución Pastoral Gaudium et Spes. También publicó dos encíclicas sociales: Mater et Magistra y Pacem in Terris.
El Concilio abrió una gran esperanza para la Iglesia y para el mundo, por su espíritu renovador consistente en un mejor entendimiento del mensaje de Jesucristo y del Nuevo Testamento ante el mundo. El Concilio no cambió nada en materia de fe, porque fue un Concilio de carácter pastoral y su propósito no era definir o promulgar dogmas, sino presentar la fe de siempre, la Revelación y la Tradición y la vida cristiana en general, de modo más comprensible al mundo moderno.
En la diócesis de Bérgamo, de donde era originario el Papa Roncalli, no han querido monumentos, sino obras de caridad: quieren recaudar 1.900 millones de euros para obras sociales en tres países, Italia, Albania y Haití. Nada de monumentos y suntuosidades, han dicho en la diócesis bergamasca, el dinero servirá para obras de caridad, para aliviar a los que más sufren. Los sacerdotes donarán su salario de 1.000 euros este mes de abril al fondo creado para esta obra de beneficencia.
Juan Pablo II
Fue el papa Juan Pablo II el primer papa propiamente postconciliar, pues Pablo VI terminó el Concilio y Juan Pablo I duró solo 33 días. Juan Pablo II resultó ser el gran papa reformador que aplicó el Concilio y en sus 26 años de pontificado estableció las bases sólidas para la mejor comprensión de la fe y del cristianismo en el hombre moderno.Juan Pablo II, llamado “el Grande” por su sucesor Benedicto XVI, empujó las reformas que luego continuaron este papa y el papa Francisco. Con más de un centenar de viajes fue realmente pastor de toda la Iglesia universal. Tenía una fe grandísima, confiando todo su ser, su saber y su ministerio petrino a Jesús y a la Virgen María (Totus Tuus), y con esta fe extendió el Reino de Cristo por todos los continentes y casi todos los países del mundo. Algunos calculan que en sus viajes se convirtieron al catolicismo más de un millón de personas. 
Además, en palabras del líder soviético Mihail Gorbachov, contribuyó de manera decisiva a la caída del Muro de Berlín y del comunismo en Europa, revolucionando de este modo el mapa geopolítico del mundo. Cuando murió la gente dijo: “Santo Súbito”. La calle lo había elevado a los altares, pero la Iglesia, con el papa Benedicto XVI al frente, quiso seguir los pasos establecidos por el derecho eclesiástico para todas las canonizaciones, con los procesos sobre sus virtudes personales y el requisito de los dos milagros.
Más de un millón y medio de personas inundó Roma el día de su beatificación que tuvo lugar también en la Fiesta de la Misericordia, en mayo de 2011, seis años después de su traspaso. Y tres años después de ser proclamado Beato, el papa Francisco lo canonizará. Ahora se habla de más de tres millones de personas que acudirán a Roma el 27 de abril próximo. Es una exageración. La Santa Sede ha dicho que la asistencia a la ceremonia será gratuita para evitar la picaresca de la venta de entradas de algunos poco aprensivos organizadores de viajes.
Roma, con la canonización de estos dos papas, ha vuelto a ser la capital del mundo, de un mundo animado por la fe en todos los continentes, aunque con una fe, en la vieja Europa se haya empequeñecido a causa de la decadente por la secularización, del relativismo y del ateísmo teórico y práctico. El mundo entero reconoce las grandes aportaciones de los dos papas en la vida de la Iglesia y del mundo, aunque no falten los detractores, pues siempre los ha habido y los habrá. Fue Juan Pablo II, quien antes de ser Papa ya escribió el libro “Signo de contradicción”, como anunció Jesucristo a sus discípulos, que serían perseguidos por el mundo como lo fue él mismo.
FUENTE: ALETEIA.ORG


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