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miércoles, 14 de mayo de 2014

"Las Patronas": en cada inmigrante que sufre está Cristo vivo

"Las Patronas" son un grupo de mujeres campesinas que desde hace 15 años sirven a los inmigrantes en la frontera entre México y Estados Unidos. Estos "ángeles de la frontera" dan de comer y beber a los inmigrantes que colgados en los trenes de mercancía pasan frente a los campos de café y maíz que ellas cultivan. Las mujeres ha declarado que lo hacen pensando en el Cristo vivo dando asistencia lanzando bolsas con víveres y agua a los desesperados, que a veces por deshidratación caen del tren y sufren mutilaciones o heridas graves. 
“Es un proyecto de Dios, no hemos querido perder esa esencia” dijo Norma Romero, de 44 años, nacida en Cordoba, Veracruz, México. Ellas no quieren asociarse en una ONG o una agencia humanitaria, u otra forma jurídica de asistencia. 
La valentía escondida en las cosas pequeñas
“Esto fue en el año de 1995 cuando él nos hizo ver el tren en el que estaban nuestros hermanos que pasaban y nos pedían ayuda. Una mañana cuando fuimos al mercado, de repente nos preguntaron: ´tenemos hambre y sed´. Nosotros optamos por darle la leche y el pan que traíamos. Así empezamos a compartir un poco de lo mucho que Dios ha compartido con nosotros”.
“Un día yo le pregunté a un sacerdote: ‘¿Cómo puedo servirle a Dios?’. Yo pensaba que ir a misa, ir al catecismo, era servir. Estaba equivocada. Y él me contesto y me puso a la prueba” dijo la activista. 
Alrededor de 400.000 personas atraviesan México cada año para encontrar un trabajo o para alcanzar a sus familias en Estados Unidos, de los cuales más de 20.000 son secuestrados. Los hombres son torturados y las mujeres violadas por las mafias, que controlan el tráfico de seres humanos. Los traficantes ofrecen sus servicios y no toleran que los inmigrantes viajen gratis en los trenes de mercancía. 
El Cristo inmigrante apuñalado
Las Patronas se han merecido este apelativo porque también han tenido que luchar contras las resistencias y las criticas de los familiares y de los vecinos para perseverar en su misión por los más débiles. 
Romero explica estas resistencias: “en 1996 una compañera toca a mi puerta junto a una señora que no había visto antes y me dice que hay un hombre muy enfermo que necesita ayuda. Aviso a mi esposo que me responde de no meterme en problemas (En ese entonces, una ley en México penalizaba a quien ayudaba a los inmigrantes ilegales). Yo abrí la puerta de mi casa y la señora se arrodilló a mis pies y me dijo: ‘madre por lo que tu más quieras ayudame´. Nadie es digno de que otra persona se le ponga de rodillas. Por lo tanto, le dije: levantate, yo te voy a ayudar. 
En ese momento, le pedí prestada la camioneta a mi esposo. Nos fuimos a las 10 de la noche durante el camino le pedí a Dios que me enseñara lo que debía hacer. Cuando llegué a las vías le dije a Dios 'si estas conmigo, quien contra de mi'. En ese momento, el grupo de inmigrantes que estaba con el enfermo nos suplicaron ayuda. Luego sentí una sensación de paz que me cubrió de pies a cabeza. Dios me quito la venda para poder descubrirlo allí”. 
Un hombre fue picado (apuñalado) en Tierra Blanca. Venia con su esposa. Unos hombres querían violar a su esposa. El hombre la defendió con lo que podía. Lo picaron en las costillas, en los pómulos, en las piernas. Las heridas ya estaban infectadas. Los compañeros con cuidado lo bajaron del vagón del tren. El cuerpo quedo (postrado) en la forma de un Cristo con sus brazos abiertos. Era un hombre de color. Era la imagen del Cristo negro de Esquipula (Guatemala). 
El hecho de ver la imagen de ese Cristo crucificado allí era la señal que le había pedido a Dios. ´He aquí el trabajo que quiero que hagas por ellos´. Descubrí ahí que Cristo no estaba en la cruz, que Cristo estaba vivo en estos migrantes. Necesitaba ayuda”.
Omisión en el camino del dolor 
Este grupo de mujeres humildes se propone de cambiar una situación que mezcla leyes inhumanas, intolerancia y silencio cómplice del dolor causado a los inmigrantes (Cfr. 1 Corintios 1-27).
“Llevamos el hombre a la clínica del pueblo. ‘No podemos atenderlo porque es ilegal’ nos dicen. Nos salimos con el cuerpo. Visitamos a un médico que nos dijo: ‘no puedo ayudar porque me voy a meter en problemas. Este hombre es un ilegal´. Cómo es posible que siendo un ser humano nadie pueda darle atención. Dios se estaba mostrando en ese cuerpo sangrante. Era una señal. Yo le había preguntado días antes: ¿cómo quieres que te sirva?. Esta era la respuesta” afirmó convencida Romero.
“Dios sabe a quien elige y porque. - prosigue la mujer- Él no se equivoca. Lo que Dios ha elegido para nosotras no es algo fácil porque nos ha preguntado si estábamos dispuestas. Porque trabajar con él no es fácil. Hay muchos obstáculos y dificultades pero tomándolo de la mano todo se resuelve”. 
A lo largo del paso del tren se ha formado una red de centros de asistencia fundados por sacerdotes, religiosos, laicos y laicas, que como Romero han abierto de par en par las puertas de sus casas y de sus corazones a los inmigrantes adolescentes exhaustos por el viaje, o a los adultos apuñalados por los traficantes o mutilados por el tren. 
“Este es un proyecto de Dios. Este no es un proyecto nuestro. Él lo ha iniciado y nos ha invitado a participar como sus servidoras. Al inicio, nuestro trabajo no estaba enfocado hacia el hermano inmigrante. Dios nos hizo dirigir la mirada hacia el Cristo inmigrante. No teníamos idea de lo que teníamos que hacer, pero él nos enseñó” afirmó con voz segura y amorosa. 
“Dios está enamorando a las personas de este proyecto”, así la obra se sostiene recibiendo pequeñas ayudas desde un pedazo de pan hasta una cobija. Además de hacer un trabajo educativo de sensibilización en las escuelas y las universidades. Labor que ha merecido a ´Las Patronas´ en 2013 el Premio Nacional de los Derechos Humanos en México.
FUENTE: ALETEIA.ORG