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viernes, 22 de agosto de 2014

La ignorancia avala el aborto

Tan solo en los últimos 40 años se han realizado 1,720 millones de abortos en el mundo, así lo mencionó hace ya algunos meses el padre Shenan Boquet, presidente de Vida Humana Internacional. Se sabe por investigaciones realizadas en España y Estados Unidos, que las cifras tan sólo revelarían un tercio de la cifra real, ya que la gran cantidad de "clínicas de aborto" y "consultorios médicos" manipulan disminuyendo las cifras reales para ocultar la magnitud del genocidio, así como para evadir impuestos en aquellas localidades donde esta práctica es legal.

Si asumimos que la cifra es de 1,720 millones: estaríamos hablando de 1,720 millones de mujeres que dieron una espantosa muerte al hijo dentro de sus propias entrañas.
¿Podría explicarse que en los milenios de existencia del hombre sobre la tierra, en tan sólo cuatro décadas haya la humanidad podido cometer tamaño genocidio y seguir conviviendo con él como si nada hubiera pasado o estuviera pasando?
¿Cómo explicar que tan horrendo genocidio se vaya legalizando en cada vez más países y con la aceptación de tan alto porcentaje de la sociedad, y continúe legalizándose?
La explicación a esta dantesca situación sólo puede ser una: la ignorancia. Nada hay más peligroso en el mundo que la ignorancia.
Por ignorancia el ser humano puede cometer los más atroces actos de crueldad. Por eso dicen que el asesino más cruel es la ignorancia. Y es diabólico mantener a las personas en la ignorancia.
A través de la ignorancia se ejerce el control sobre los pueblos y se puede manipular a las personas. O es eso, ¿ó acaso las mujeres son un sexo de fieras desalmadas, despiadadas, inconmovibles ante el sufrimiento?
En Oseas 4,6 Dios dice: "Mi pueblo perece por falta de conocimiento. Es decir, perece por ignorancia.
Sobre el tema que se ha venido discutiendo en el Perú acerca del "aborto terapeútico" se ha podido leer en otros medios de comunicación varios artículos, con razones impecables, en contra de este crimen enmascarado de terapia. ¿Sirvíó de algo? No. Las palabras se olvidan, pero esto no sucede con las imágenes. Ver el cuerpo destrozado de un feto abortado queda grabado en la memoria y cuestiona. Esta imagen no se olvida al día siguiente, tal vez nunca, como nunca se olvidarán las imágenes de los cuerpos de los judíos amontonados en rumas en los campos de concentración. Si no fueran por esas imágenes, el holocausto hubiese sido reconocido ni recordado como uno de los actos más crueles y bárbaros de la humanidad y su condena no hubiese sido unánime en todo el mundo.
Por esta razón, sacerdotes comprometidos en la lucha contra el aborto, como el caso del padre Frank Pavone, director de Sacerdotes por la vida, y el padre Shenan Boquet, presidente de Vida Humana Internacional, insisten en la necesidad de mostrar las imágenes de fetos abortados para que el mundo sepa lo que es en realidad un aborto. Recordemos que no existe verdadera libertad sin conocimiento.
FUENTE. CORREO MARIANO MES DE AGOSTO 2014