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miércoles, 15 de octubre de 2014

¿Realmente acepta el Sínodo las "situaciones familiares irregulares" sin más?

La “Relatio” de mitad del Sínodo sirve como punto central entre la intensa escucha de la primera semana y el refinamiento del diálogo de la segunda. Esta “relatio” sirve como sinopsis bosquejada de las intervenciones y de los testimonios que se han producido.
Como sucede a menudo en estos esquemas, la terminología puede provocar confusión y ser malinterpretada fácilmente. Un primer ejemplo es el relacionado con el uso del término “gradualidad”, mencionado por primera vez en el informe al principio de la segunda sección, subtitulada “La mirada a Jesús y la gradualidad en la historia de la salvación”.
En la Relatio, el principio de gradualidad se refiere al párrafo 9 de la exhortación apostólica Familiaris Consortio. Este documento de 1981 describe la gradualidad y su importancia en la conversión personal de esta forma:
Se pide una conversión continua, permanente, que, aunque exija el alejamiento interior de todo mal y la adhesión al bien en su plenitud, se actúa sin embargo concretamente con pasos que conducen cada vez más lejos. Se desarrolla así un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios y de las exigencias de su amor definitivo y absoluto en toda la vida personal y social del hombre. 
Está claro que la gradualidad indica un camino que se abre ante cada uno de nosotros mientras nos dirigimos hacia Dios. No es un salto de fe, sino un proceso paso a paso hacia la santidad personal. Es una subida, no un ocaso.
Cuando se leyó en la “Relatio”, yo temí que el término “gradualidad” no sería comprendido por la mayor parte de los lectores, porque son pocos los que siguen el Sínodo y conocen la explicación plena del término de la Familaris Consortio. Mi preocupación es que los lectores igualen “gradualidad” y “relativismo”.
El relativismo es completamente diverso. Está definido por Merriam Webster como la convicción de que cosas distintas sean verdaderas, justas, etc., para personas diversas o en tiempos distintos. De esta forma, el relativismo es la convicción de que todos los puntos de vista son iguales; uno no es mejor que el otro. La verdad está condicionada por el tiempo y el lugar. Nunca es absoluta. La moralidad depende de la valoración individual de la situación.
En el contexto de las enseñanzas de la Iglesia, la gradualidad no es relativismo. La primera implica un camino que lleva a todos a Cristo. Es progresiva, lo que quiere decir que lo que una persona aprende se convierte en un ladrillo sobre el que colocar la siguiente enseñanza y la siguiente experiencia. El segundo sugiere en cambio una variedad de pasos más que un único camino. Se refiere a un conjunto de experiencias y comprensiones que no construyen hacia algo o alguien. Parece más un montón de piedras diseminadas casualmente por un campo.
El resumen de la mitad del Sínodo debe ser interpretado a la luz de la terminología correcta. El principio de gradualidad revela un único camino que cada uno de nosotros está recorriendo. Algunos de nuestros senderos son rectos y estrechos, otros se sumergen en valles oscuros y desmontes rocosos. De todas formas, todos los caminos van en la misma dirección. Todos llevan a Dios nuestro Padre. Lentamente, paso a paso, somos llamados a subir hacia nuestro destino final. Y este es el mensaje de la gradualidad a que se refiere el documento.
FUENTE: ALETEIA.ORG