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sábado, 14 de febrero de 2015

Papa Francisco pide a los cardenales servir con caridad y huir de privilegios

El Pontífice pidió a los nuevos cardenales de ser: “incardinados y dóciles” al Espíritu Santo, “para que la caridad pueda dar forma y sentido a todo lo que somos y hacemos” indicó en su homilía al presidir en la Basílica Vaticana el Consistorio Ordinario Publico para la creación de 20 nuevos cardenales este sábado 14 de febrero para la imposición del birrete, la entrega del anillo y la asignación del titulo o diaconía.
Antes del rito del juramento, el Papa propuso el «himno a la caridad», de la primera carta de san Pablo a los Corintios (1 Cor 12,31 – 13,13), como pauta para esta celebración y para el futuro ministerio de los prelados que entran a formar parte del Colegio Cardenalicio.
En un discurso excelso llamó a los nuevos cardenales al servicio y a huir de los privilegios. “En la Iglesia, toda presidencia proviene de la caridad, se desarrolla en la caridad y tiene como fin la caridad”.
El Pontífice ha creado cardenales, pastores venidos desde las periferias del mundo, como por ejemplo Mozambique, Isla de Tonga, Etiopía, Archipiélago de Capo Verde. Entre los nuevos cardenales, cinco superan los 80 años y no son electores. La mayoría pertenecen a lugares que históricamente no han tenido un cardenal con frecuencia, como la arquidiócesis de Morelia en México.
Caridad es «magnánima» y «benevolente»
En primer lugar, señaló a los cardenales “cuanto más crece la responsabilidad en el servicio de la Iglesia” es necesario buscar la magnanimidad. Esto indicó “es saber amar sin límites, pero al mismo tiempo con fidelidad a las situaciones particulares y con gestos concretos. Amar lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño; amar las cosas pequeñas en el horizonte de las grandes”.
“Saber amar con gestos de bondad. La benevolencia es la intención firme y constante de querer el bien, siempre y para todos, incluso para los que no nos aman” añadió
Caridad «no tiene envidia; no presume; no se engríe» 
Los cardenales no están inmunes al pecado y por ello invitó a poner en el centro del corazón a Cristo. Precisamente, el Papa citando las palabras del apóstol dice que la caridad «no tiene envidia; no presume; no se engríe». “Esto es realmente un milagro” porque “todos, y en todas las etapas de la vida– tendemos a la envidia y al orgullo a causa de nuestra naturaleza herida por el pecado”.
Caridad «no es mal educada ni egoísta»
“Estos dos rasgos revelan que quien vive en la caridad está descentrado de sí mismo. El que está autocentrado carece de respeto, y muchas veces ni siquiera lo advierte, porque el «respeto» es la capacidad de tener en cuenta al otro, su dignidad, su condición, sus necesidades. El que está autocentrado busca inevitablemente su propio interés, y cree que esto es normal, casi un deber. Este «interés» puede estar cubierto de nobles apariencias, pero en el fondo se trata siempre de «interés personal». En cambio, la caridad te descentra y te pone en el verdadero centro, que es sólo Cristo. Entonces sí, serás una persona respetuosa y preocupada por el bien de los demás”.
Caridad «no se irrita; no lleva cuentas del mal.
El Papa pide a los cardenales de no caer en la tentación de enojarse. “También de esto es la caridad, y sólo ella, la que nos libra. Nos libra del peligro de reaccionar impulsivamente, de decir y hacer cosas que no están bien; y sobre todo nos libra del peligro mortal de la ira acumulada, «alimentada» dentro de ti, que te hace llevar cuentas del mal recibido. No. Esto no es aceptable en un hombre de Iglesia. Aunque es posible entender un enfado momentáneo que pasa rápido, no así el rencor. Que Dios nos proteja y libre de ello”.
FUENTE: ALETEIA.ORG

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