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jueves, 4 de febrero de 2016

Bodas de Oro Sacerdotales 08.Ene.1966 - 08.Ene:2016


Fray Emilio Carpio Ponce OFM, celebrará sus 50 años de sacerdocio este mes de febrero 2016, las bodas de oro sacerdotales, en el marco del Año de la Misericordia, es un gran regalo del cielo, es una gracia especial del Señor. 
Contigo fray Emilio, nos alegramos y queremos festejar en ti el sacerdocio de nuestra Iglesia. 
Será una oportunidad para acentuar la comunión y la fraternidad de los sacerdotes en su comunidad.
¿Qué es un sacerdote? 
El Concilio Vaticano II, en el decreto sobre el ministerio y vida de los Presbíteros, “Presbyterorum Ordinis”, dice lo siguiente: “Los Presbíteros por la ordenación sagrada y por la misión que reciben de los obispos, son promovidos para servir a Cristo, maestro, sacerdote y rey”. 
“Por el sacramento del orden los Presbíteros quedan marcados con un carácter especial que los configura con Cristo sacerdote, de tal forma que pueden obrar en nombre de Cristo cabeza”. “Consagrados de una forma nueva a Dios en la recepción del orden, se constituyen en instrumentos vivos del sacerdote eterno. Todo sacerdote representa a su modo la persona del mismo Cristo”. “Sobre todo al celebrar el sacrificio de la misa, los Presbíteros ocupan especialmente el lugar de Cristo. En el misterio del sacrificio eucarístico se realiza continuamente la obra de nuestra redención, y por tanto se recomienda encarecidamente su celebración diaria”.
Estas son las expresiones centrales del decreto sobre el sacerdocio. Queda claro que el sacerdocio es totalmente distinto de lo que es una ocupación profesional. En el fondo no es ningún trabajo, no es ninguna profesión en el sentido común, es un sacramento. Lo esencial del sacerdote es la consagración de tal manera que unido de forma sobrenatural a Cristo, éste actúa a través de él y está presente en él. El sacerdocio no es una función sino un sacramento. La representación sacramental de Jesucristo, eterno y sumo sacerdote es lo que caracteriza al presbítero. No son sus capacidades, conocimientos y funciones lo que le da valor, sino la potestad, conferida en la ordenación, de celebrar los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía.
Esta visión libera al sacerdote de la presión de tener éxito. No necesita comprobar ni a si mismo ni a su comunidad sus capacidades y logros. Como dice el apóstol San Pablo los sacerdotes son servidores de Cristo y los encargados de las obras misteriosas de Dios. “Más importante de lo que hacen es lo que son”.
El Presbítero, como explica el Decreto sobre el sacerdocio, toma parte de la triple función de Cristo: Es maestro, pastor y sacerdote. El anuncio del evangelio, el ejercicio del magisterio ocupa el primer lugar. “El pueblo de Dios se reúne ante todo por la palabra de Dios vivo, que con todo derecho hay que esperar de la boca de los sacerdotes. Pues como nadie puede salvarse, si antes no cree, los presbíteros, como cooperadores de los obispos, tienen como obligación principal el anunciar a todos el evangelio de Dios, cumpliendo el mandato del Señor:“Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura”. Su misión no es la decir muchas palabras sino ser portavoces de una sola “Palabra”: la Palabra que se hizo carne. No anuncia a si mismo, ni a sus opiniones personales sino el misterio de Cristo.
Como segunda dimensión fundamental el obrar del sacerdote según el Concilio es “la celebración de los sacramentos sobre todo el de la Eucaristía la cual es el centro de la unión de los fieles”.
La celebración de la Santa Misa es el servicio específico del sacerdote porque en ella realiza, autorizado exclusivamente por la ordenación, en la persona y el poder de Cristo la transformación de pan y vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Sin sacerdote no hay Eucaristía. Por eso el sacerdote en la liturgia no necesita proyectarse a si mismo sino concientemente debe transmitir lo que ha recibido del Señor.
A ejemplo de Jesucristo el Buen Pastor los sacerdotes asumen el importante rol de cuidar las almas de los fieles. “Yo soy el buen Pastor” dice Jesús y envía a sus discípulos en busca de las ovejas perdidas, el mismo se “compadeció de la gente porque estaban cansados y decaídos como ovejas sin pastor”. La grey necesita al pastor. La Iglesia necesita de aquellos que en lugar de Cristo asumen el servicio del buen pastor. “Dejen una aldea durante 20 años sin sacerdote y adorarán animales”, dijo el santo cura de Ars.
La relación entre Cristo y el sacerdote es una relación como entre amigos. “Yo no los llamo siervos sino amigos, así es la promesa de Jesús. Ser amigo de Jesús significa ser hombre de oración. El sacerdote se convierte en amigo de Jesucristo con toda su existencia, así el ministerio sacerdotal puede dar fruto.
Fray Emilio, muchos son los frutos que diste a lo largo de los 50 años sacerdotales. Demos gracias a Dios por habernos regalado a un sacerdote con tantos cualidades humanas, intelectuales y espirituales.
FUENTE: blogMSC/ mlna