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viernes, 19 de febrero de 2016

¿Sabía que la Sierva de Dios Melchora Saravia Tasayco fue Terciaria Franciscana?

Prensa Franciscana del Perú, le presenta en esta ocasión a una peruana, quien decidió seguir a Jesús en un modo de vida franciscano.
Mujer del campo, nacida en un hogar cristiano y pobre el 6 de enero de 1895 en el pueblo de San Pedro de Ñoco Bajo, actualmente Distrito de Grocio Prado, provincia de Chincha, región Ica.
Francisco de Sales Saravia Munayco y doña María Agripina Tasayco Rojas, fueron sus padres. Trascurridos 3 días después de su nacimiento fue bautizada el 9 de enero de 1895 en la parroquia Santo Domingo de Guzmán de Chincha.
Su vida transcurre en el campo, pobre sencilla y sacrificada, por Dios y por el prójimo. Hacía que los demás se expresaran de ella como "era una niña muy buena, de su casa a la Iglesia y de la Iglesia a su casa". Al ir creciendo en edad, aprovechaba las oportunidades para reunir a los niños y jovencitas para rezar el Santo Rosario y enseñarles el Catecismo.
Dios, parece querer sacar del anonimato un alma de pueblo sencilla, campesina, de esa gente tan sufrida, para manifestar una vez más que ante Dios no valen títulos ni riqueza, sino la lucha por la santidad y las virtudes, que se alcanzan en lo ordinario del día a día, en el ejercicio constante del amor a Dios, y por Dios lo demás y los demás.
En el trabajo, se dedicaba a tejer sombreros.
En el pueblo no había en un inicio Iglesia y una vez construida rara vez se celebraba misa, Melchora entonces, todos los domingos y días de precepto se alistaba muy temprano y partía hacia la ciudad, caminando unos cinco kilómetros, para poder participar de ella y recibir a Jesús Eucaristía.
Esta fe, le lleva a la contemplación de este misterio para sacrificarse por amor a Jesús; de ahí su gran aprecio a la Santa Misa, su deseo ferviente de la Comunión y su amor intenso a Jesús en el Santísimo Sacramento.
Además su desvelo en la limpieza y ornato del Templo y su respeto y veneración al sacerdote.
Buscó y trabajó con insistencia para que hubiese algún sacerdote que celebre la Santa Misa en domingo en su pueblo y lo logró.
Dicen que tenía una especial devoción al Divino Niño de Belén, y cuando tuvo oportunidad empezó armando en la iglesia un nacimiento del Niño Dios, arreglándolo muy bien. También era muy grande su devoción a la Santísima Virgen María a quien a la muerte de su madre Agripina le pidió que fuese su madre y en su honor rezaba todos los días el Santo Rosario, dedicándole de manera especial el mes de mayo a honrarla.
Fue terciaria de la Orden de San Francisco de Asís, haciendo suya esta espiritualidad, especialmente en la pobreza y obediencia, llegando a ser formadora de postulantes de la tercera orden.
Unos meses antes de su muerte, manifestó a su hermana su malestar, y luego de ser convencida de ir al hospital le diagnosticaron cáncer al seno el cual estaba muy avanzado, siendo -dicen- muy difícil para ella mostrar su herida por el pudor que sentía.
Fallece el 4 de diciembre de 1951 a las siete de la noche luego de terminar de rezar las letanías del Santo Rosario y mirar a su hermana para entregar en paz su alma a Dios.
Si usted, participa de esta veneración y desea comunicarse con un miembro de la causa por su beatificación puede llamar al (056) 261397, (01) 4276292 (Lima) o escribir a los correos: parroquiasnpedrogrocioprado@gmail.com, pjorgecuadros@hotmail.com
mlna

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