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miércoles, 16 de marzo de 2016

SOBRE EL «CÁNTICO DEL HERMANO SOL»

Las biografías antiguas y modernas de Francisco de Asís son innumerables. Ellas nos presentan y comentan ampliamente, aunque con frecuencia sin espíritu crítico, su figura y los acontecimientos de su vida. Menos conocida es su obra escrita, poco extensa, es verdad, pero lo bastante consistente como para revelar un mensaje rico y coherente, distinto a veces de la imagen que se tiene de Francisco. Su escrito más conocido por el público en general es el Cántico del Hermano Sol, objeto de nuestra meditación. Esta presentación y breve comentario querrían ayudar a intuir las profundas perspectivas sobre la relación entre Dios y el mundo de las criaturas que el Cántico contiene.
Un poema muy estructurado
El Cántico, pronunciado y redactado en dialecto umbro, es uno de los primeros textos literarios de la lengua italiana. Una simple ojeada a su presentación tipográfica descubre una articulación muy elaborada: una estrofa introductoria, dirigida a Dios; ocho estrofas que empiezan con la aclamación «Loado seas, mi Señor» y que se reagrupan, a su vez, en cuatro pares (masculino-femenino los tres primeros); un estribillo final, que es una llamada a las criaturas. Aunque las circunstancias en que el Cántico fue dictado hacen que parezca una creación espontánea, hay sin embargo motivos para pensar que fue madurando y perfilándose lentamente en el consciente-inconsciente de su autor, cuya dimensión poética revela.
Un canto surgido al final de la noche
Es un tópico bastante corriente presentar a Francisco como un juglar alegre, despreocupado, músico y bailarín. El Cántico del Hermano Sol sería expresión de su forma ligera de ser. Ahora bien, los testimonios más antiguos y fiables sobre el origen de este poema fijan el momento de su composición al término de una noche oscura. Estamos en el año 1225, uno antes de la muerte de Francisco. Éste yace gravemente enfermo y casi totalmente ciego. En el jardín del monasterio de San Damián, donde Clara lo ha acogido, llega a tocar, durante el transcurso de una mala noche, el fondo físico y psíquico del sufrimiento. Sumido como en agonía, compadecido de sí mismo -escribe el biógrafo (LP 83d)-, se vuelve mediante la oración a Dios y, en un arranque de esperanza, se abre a la certeza de la vida futura que le espera. El Cántico que va a dictar Francisco a continuación es un canto de victoria sobre la desesperación que acaba de superar, una mirada todavía bañada en lágrimas, pero ya sosegada, a la bondad y armonía que Dios crea en el universo.
Alabanza a Aquel que nadie puede nombrar
El título que se da comúnmente al Cántico (de las Criaturas o del Hermano Sol) puede inducir a error y dar a entender que es un canto de alabanza a la creación. La verdad es que todo el texto está completamente centrado en Dios. Salvo el estribillo final, todos los versículos se dirigen a Dios, no a las criaturas. Los paralelos bíblicos con los que se compara este poema, el salmo 148 y el Cántico de las criaturas (Dan 3,57-90), se dirigen a las criaturas, a las que invitan a la alabanza. Francisco, en cambio, habla directamente a Dios.
Y Dios es invocado ante todo en su supereminencia, en su distancia (¡transcendencia!): es Señor (diez veces se le designa con este nombre), Altísimo y omnipotente, suyas son la alabanza, la gloria, el honor y toda bendición (enumeración inspirada en Ap 4,9-11); la creación debe alabarlo, bendecirlo, darle gracias y servirlo. Su grandeza no excluye, sin embargo, la cercanía y la ternura, pues es «buen Señor». Con todo, tras atribuirle esos cuatro títulos, consciente de la inaccesibilidad de Dios y de la incapacidad del hombre de adueñarse de Él nombrándolo, Francisco concluye con la afirmación: «ningún hombre es digno de hacer de ti mención». Esta frase traza un límite. Todo, en la creación y en el hombre, apunta y muestra a Dios, todo habla de Él, todo lo revela, pero nada puede jamás abarcarlo en una palabra, en una imagen o un concepto. Dios está siempre allende, más lejos, en la otra ribera.
FUENTE: DIFRAN/Thadée Matura, OFM/mlna