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domingo, 15 de mayo de 2016

Es Pentecostés: ¡Ven Espíritu Santo!



"De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse". (Hechos de los Apóstoles 2, 2-3)

¡Es Pentecostés, Ven Espíritu Santo! La conclusión del tiempo pascual, se manifiesta con el rebosar del Espíritu Santo, que lleva a los apóstoles a vivir plenamente el proyecto de Jesús.

La Iglesia nos invita a celebrar en este domingo la Fiesta de Pentecostés. Pero esta no es una fiesta aislada e independiente, ella es la culminación del tiempo pascual.

Desde la pasión, muerte y resurrección de Cristo, el Espíritu Santo va tomando cada vez más espacio. O en otras palabras: el tiempo pascual es todo pentecostal, pues si recordamos bien, ya en la cruz cuando Jesús murió dice el evangelio: "e inclinando la cabeza entregó el espíritu." Después en una de las apariciones sopló sobre los apóstoles y dijo: "reciban el Espíritu Santo..." A otros les hizo arder el corazón en el camino, y les abrió los ojos al partir del pan. Todas estas son acciones propias del Espíritu Santo. Por eso no debemos perder la conexión con la Pascua de Jesús, si queremos verdaderamente celebrar esta fiesta.

Pentecostés no es una experiencia mágica de un solo día. Pentecostés es un proceso de apertura a Dios, de entrega, de oración, de revisión de vida, de conversión, de vencer los miedos...
Los Apóstoles y la Virgen María no fueron sorprendidos por el Espíritu Santo, ellos esperaban, estaban en constante oración. Ellos no se hacían ilusiones en cuanto a sus dones pues sabían que tener al Espíritu Santo y actuar según su moción significaba aprender a imitar a Jesús. No es que esperaban al Espíritu Santo para tener aureolas vistosas, para hablar con palabras difíciles, para entender todos los misterios, para hacer milagros y ser aplaudidos por todos o para no tener más dificultades en la vida. Ellos sabían muy bien que era para aprender a lavar los pies de los demás como lo hizo Jesús; que era para poder perdonar generosamente hasta de igual forma a aquellos que nos hieren; que era para ser capaces de dar la propia vida por los amigos; que era para conseguir decir la verdad, aunque por ello tuvieran algunos disfavores; que era para ver en cada persona la impresión de Dios, aun en aquellas más débiles; que era para saber abrazar la cruz de cada día con amor y ternura...

Y, nosotros, ¿qué cosa celebramos en el día de Pentecostés?

Es muy importante que también podamos celebrar esta fiesta no solamente como un recuerdo del pasado, ella debe ser actual para cada cristiano. Nosotros debemos vivirla como nuestra fiesta de Pentecostés. Debemos salir de la Iglesia, este domingo, llenos de este Espíritu, de esta fuerza que nos anima y mueve a hacer lo mismo que hizo Jesús. También para nosotros esta fiesta debe ser la culminación del tiempo de la Pascua, el día en que todas las enseñanzas de estos cincuenta días empiezan a rebosar en nuestros corazones.

Pero si alguien no vivió profundamente el tiempo de la Pascua, no entenderá el verdadero sentido de Pentecostés y no rebosará de sus dones, entonces para estos, esta fiesta podrá ser punto de partida, tal vez no como de los apóstoles, pero sí como el de las personas que en ese día escucharon su predicación y decidieron adherirse a la fe, empezando un nuevo estilo de vida.
¡Coraje!, esta fiesta es para todos.

El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.